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domingo, 13 de septiembre de 2015

Apuntes en torno al imperio incaico o Tahuantinsuyo: Distribución y uso de la tierra

Apuntes en torno al imperio incaico o Tahuantinsuyo.
Distribución y uso de la tierra
Manuel Moncada Fonseca
  
Segunda parte

El Tahuantinsuyo fue un estado centralizado y el poder del Inca o Sapa Inca, en él, era casi omnímodo. Sin embargo, el papel de lo comunitario tuvo mucha significación. Así como el imperio se dividía en cuatro suyo, éstos, a su vez, se dividían en provincias, las provincias en sectores y estos últimos en ayllus. En todos ellos, el servicio militar tenía carácter obligatorio.

Se registraron marcadas jerarquías: estaba encabezado por el Inca que ejercía un poder, como ya se dijo, relativamente omnímodo; le seguía la nobleza a cuyos miembros los españoles daban el nombre de orejones, dada la deformación de sus lóbulos, originada “por llevar pesados ornamentos que los diferenciaban de los demás.”

Luego venían los hatun runas o mitiomaes, que constituían el común de los habitantes. Ellos desempeñaban tareas obligatorias en las mitas. Se dedicaban a la ganadería, agricultura, pesca y artesanía.

En el más bajo nivel jerárquico se encontraban los yanaconas o yanakunas, que fungían como sirvientes de la casa.[1] Se escogían de entre la población para ejecutar algún servicio especial, en correspondencia con sus habilidades, en metalurgia, en los cultivos de maíz. De igual forma, se asignaban a los curacas para realizar servicios especiales, en cuyo caso hacían lo que les ordenara la persona que estaba a su cargo. Tenían derecho a recibir tierras para su sustento.[2]

En principio, las tierras pertenecían al estado inca, se entregaban en usufructo y se dividían en tres partes: las del Sol, pertenecientes al clero; las del inca y las del ayllu. Las dos primeras eran del Estado y se cultivaban por los miembros de las comunidades, distribuyéndose proporcionalmente.

Al sistema de trabajo obligatorio se le llamó mita, tanto en la época incaica, como en la de la conquista de América. Este sistema de trabajo se realizaba a favor del Estado incaico; se destinaba a las tierras del Sol y cubría, entre otras cosas, la construcción de centros administrativos, templos, acueductos; la realización de labores tales como la de cargueros del Sapa Inca, músicos, chasquis y danzantes. A este tipo de labor se obligaba a adultos, hombres casados, pero no a las mujeres, cuya edad oscilara entre los 18 y 50 años.[3]

La tierra se asignaba en dependencia de las necesidades de fuerza de trabajo que hubiera en el ayllu. Éste era una forma de comunidad familiar extensa, originaria de los andes, misma que se fue transformando en una comunidad rural (marca) que poseía en común la tierra de cultivo. El curaca (suerte de cacique) era el jefe de la misma.[4]

El tupu o Topo[5] era la porción de tierra dada en usufructo a cada varón y a cada esposa. Cubría un poco más del mínimo necesario para satisfacer las necesidades vitales. Al nacer, el varón recibía un topo; la mujer, medio topo. No siendo recibida en propiedad porque pertenecía al estado, la tierra no podía ser objeto de compraventa ni de herencia; por lo mismo, cuando una persona moría su tierra se entregaba a otro habitante.[6]

Los comuneros cultivaban primero su propio tupu; luego, las tierras del Sol; más tarde las de ancianos e inválidos; por último, las del inca. Partiendo de la existencia del trabajo obligatorio, se ha estimado procedente hablar de la explotación de la fuerza de trabajo por el estado y, por lo mismo, de relaciones de clase esclavista de corte aristocrático tribal. Compartimos que hubiera, en efecto, relaciones de clase, pero no que  fueran, forzosamente, de orden esclavista. Ello se constata toda vez que, a la par de mencionarse las relaciones de clase esclavista, se admite que, no obstante ello, los hombres libres conformaban la mayoría de la sociedad (hatunruna), aunque por otra parte se hable igualmente de los yanaconas, estimados sirvientes hereditarios.[7]

En agricultura y en ganadería, los incas producían en abundancia, hecho reconocido por cronistas españoles; mismos que igualmente alaban la distribución equitativa de los productos entre la población. 

La base de la alimentación entre los incas fueron la papa y el maíz, lo que se complementaba con carne de llama y alpaca. A ello se sumaban vegetales como el olluco, oca, tomate, frijol, ají, maní, quinua y frutas. Se sembraba la coca en las sierras de la selva alta. Pescaban diversidad de especies de peces y cazaban aves silvestres.[8]

Jerarquización social y superación de la disparidad cultural en el mundo incaico

Los incas pudieron mantener unidos a sus conquistados no sólo ejerciendo autoridad, sino también imponiendo una cultura que proporcionó un cuerpo religioso y conceptual expresado en la introducción de ritos y costumbres propias del imperio. A ello se sumó la utilización de diversos mecanismos que permitieron conciliar la disparidad cultural: a) la implantación del Runa Simi o Quechua como idioma oficial en todo el Tahuantinsuyo; b) el establecimiento de una organización social cimentada “en principios morales de obediencia y modelación de la convivencia”, resumidos en lo siguiente: “Ama Súa (no seas ladrón), Ama Llulla (no seas mentiroso) y Ama Kella (no seas perezoso).” 

Ahora bien, pese a que la autoridad del inca era unipersonal, lo que la hacía comparable con cualquier  monarquía europea de esos tiempos, se sabe que “la población del imperio nunca pasó hambrunas ni privaciones.”[9] Por más objeciones que a ello se opongan, esto supone un estado de naturaleza esencialmente socialista.

Como sostiene Carlos Midence, culturas originarias como la incaica, dieron a los pueblos subalternos un trato, preferentemente, libre de ataduras y de colonialismos. Así las cosas, contrariamente a las concepciones que pretenden legitimar la imposición del dominio europeo sobre las culturas de Abya Yala, partiendo en parte del supuesto de que éstas se explotaban unas a otras, como lo ha hecho y lo sigue haciendo el eurocentrismo con ellas, los pueblos que la poblaban, en lo esencial, fundaban las relaciones conflictivas entre sí en la potestad y no en la explotación. De esta suerte, en el Tahuantinsuyo, por ejemplo, el poder se compartía. 

Como dice Mann, citado por el autor señalado: “Cada vez que el Tahuantinsuyo engullía una nueva región, los incas llevaban a la fuerza colonos de otras regiones distantes […] y les concedían la tierra.” Por si fuera poco, se les animaba a conservar sus vestidos, sus costumbres, etc. En consecuencia, no se imponía a los sometidos la religión del vencedor, ni otra organización productiva; ni se alteraba su política interna. Por el contrario, los vencedores practicaban formas de expansión-inclusivas plantea Midence.[10]

De esta suerte, pese a que los incas orientaron gran parte de sus esfuerzos a imponer una política general de asimilación de las tribus sometidas y a que tuvieron el propósito de unificar la religión a todo lo largo del estado, con frecuencia permitieron a los otros pueblos inclinarse ante sus propios dioses.[11]
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[1] HISTORIA DEL IMPERIO INCA o TAHUANTINSUYO. Ob. cit
[2] Wikipedia. “Imperio Incaico”. https://es.wikipedia.org/wiki/imperio-incaico
[3] Wikipedia. Mita. https://es.wikipedia.org/wiki/Mita
[4] Wikipedia. “Ayllu”. https://es.wikipedia.org/wiki/Aillu
[5] En el Imperio inca, parcela de 2700 metros cuadrados que se repartía entre los cabezas de familia. http://www.significadode.org/quechua/Tupu.htm
[6] HISTORIA DEL IMPERIO INCA o TAHUANTINSUYO. Ob. cit.
[7] Wittman, Tibor; Kiadó, Corvina. ob. cit. p. 42
[8] Wikipedia. “Imperio Incaico”. ob. cit.
[9] Wittman, Tibor; Kiadó, Corvina. ob. cit. p. 42
[10] Manuel Moncada Fonseca. “Sandino y el Pensamiento Otro” de Carlos Midence. http://librepenicmoncjose.blogspot.com/2010/02/sandino-y-el-pensamiento-otro-de-carlos.html
[11] Gavricov, YP. Ob. cit. p. 16.

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