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martes, 24 de febrero de 2015

Elecciones 2015: Dale la vuelta a tu argumento


Elecciones 2015: Dale la vuelta a tu argumento
Carlos Molina Velásquez (*) 
Lunes, 23 Febrero 2015

Carlos Molina Velásquez

¿Votarías por quien no conoces bien, solo porque te gusta su rostro, porque es joven (y no viejo) o porque es un desconocido (o no tan conocido) aspirante a diputado? Quizás estés convencido de que si un diputado “es malo” se debe a que obedece a una “línea partidaria”; por el contrario, si sus decisiones en la Asamblea fuesen “independientes” estaría garantizado que al país le iría mejor. En ese caso, ¿conoces realmente lo que cada diputado ha hecho en la Asamblea, si sus decisiones te favorecieron o no? ¿Sabes cuáles son los intereses (partidarios y no partidarios) de los nuevos aspirantes? Si no quieres botar tu voto, más vale que tengas respuestas razonables a estas preguntas. Más te vale. 

También fuera bueno que consideres otras cuestiones. La idea gratuita y peregrina de que votar por la bandera de un partido es algo poco democrático aparece, precisamente, cuando ARENA está en crisis. Ya es un cuento viejo: cuando a la derecha le va mal, comienza a criticar el sistema que ella misma ayudó a construir y a decir que es mejor cambiarlo. Claro, eso le resulta más sencillo que aceptar sus errores y enmendarse. Podemos entender que esto último no lo tiene fácil, pero no tenemos por qué tragarnos sus patrañas. No hay que confundirse: más que un aluvión de “demócratas desinteresados”, en el fondo de todo esto se agazapa la derecha taimada de siempre. ¿Estás dispuesto a seguirle el juego?

Por otro lado, el desprecio del voto por bandera es inseparable de la crítica “desquiciada”, poco fundamentada y visceral a los partidos políticos, a los políticos de carrera y a la política en general. A tal punto ha llegado este desatino que algunos profesores de ciencias políticas (o algo así) piensan que ser político e inmoral es lo mismo, y algunos políticos repiten (en serio) que no deberíamos considerarlos como tales. El último caso de este desorden mental es el candidato del lema “un político menos”. ¡Con este mismo lema anda pidiendo nuestros votos!

Bajo ciertas condiciones, el voto por rostro podría ser bueno, pero esto no es razón suficiente para descalificar el voto por una bandera que, más allá de los colores, representa una historia, un proyecto y un programa que puede convencernos e ilusionarnos (o quizás no). En realidad, no existe ninguna “maldad esencial” en la política, tampoco los partidos son instituciones perversas a priori. Al estar constituidos por personas, es a la condición humana compleja y lábil a la que debemos interpelar.

Realmente, es más seguro y recomendable evaluar la labor de los partidos y tomar decisiones políticas responsables marcando su bandera. Por el contrario, y considerando nuestra realidad política, atacar el voto por bandera con argumentos débiles y propuestas dudosas —como la supuesta superioridad del voto “por rostro” o ese disparate llamado “voto cruzado”— solo puede obedecer a una estrategia maliciosa, un acto desesperado o pura distracción.

(*) Académico y columnista de ContraPunto


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