Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

domingo, 15 de febrero de 2015

EL ALUCINADO y JORGE NÁJAR - EVOCANDO A JUAN CRISTOBAL


EL ALUCINADO y JORGE NÁJAR
Por Rosina Valcárcel

"¿Para quién son estas serpientes que silban sobre nuestras cabezas?"

Racine, (Andromaque, V, 5)

PUBLICADO: 2014-10-30 

Evoco a Jorge Nájar a inicios de 1974, sonriente, escuchando "Construcción" y otros cantares de Chico Buarque en la casa de los vates amigos Ricardo Falla y Sonia Luz Carrillo. Él tenía menos de treinta años. A ambos nos unía el aprecio por Armando Rojas, Manuel Morales, Antonio Claros, Ricardo Silva Santisteban, poetas insulares. Los rebeldes hilos visibles, la magia, los libros, los brindis, las caminatas con Óscar Málaga, Elqui Burgos, Jorge Pimentel, estrecharon nuestras manos. El quimérico viaje a Huancayo con Chacho Martínez, José Luis Ayala, nos permitió dar recitales, cultivar amistad con el noble Nicolás Matayoshi, con el pintor mítico Josué Sánchez y el cálido Sergio Castillo, a fines de 1974, bailar waynos y cantar taquiraris (del Sur), contemplar el valle del Mantaro y saborear dulces capulíes. Ahí Jorge me contó de su adolescencia en diversas ciudades de la Amazonía, del paisaje, de los ríos, de las leyendas y cuentos de Pucallpa. 

El Alucinado es una novela lanzada por Editorial Summa, representada por el joven escritor Harold Alva, que se celebró el viernes 25 de noviembre del 2013 en el Auditorio del Colegio de Abogados de Lima (Miraflores). Una vez más, Jorge Nájar, poeta integrante de la generación del 70, sorprende con su escritura fecunda, con su imaginación y gran talento. Aquí Nájar se impulsa con su prosa ingeniosa, bella, perspicaz, logrando –cual brujo de la palabra- atrapar al lector (a). Jorge ha escrito una novela, realmente, fulminante.

Esta puede ser la historia de un ejemplo de peruano perdido en la ciudad cosmopolita. Entonces, ese hombre en esta urbe monumental, desea recalcar su procedencia y pertenencia al terruño, su identidad, sus raíces. En aquel realce de esas características propias alcanza el delirio, visiones, una suerte de locura. Por ello, el título El Alucinado, un individuo que ve espectros, de la historia; que ve apariciones de las identidades asesinas, porque, de un modo u otro, estamos obsesionados por nuestra identidad nacional, cultural, multiétnica, por los conflictos profundos, la violencia a ultranza. Por eso es que este es un interlocutor hipnotizado, un gran personaje, un alucinado.

Uno de los relatos cardinales toma forma con la alusión de lo acaecido el15 de abril. Veamos:

EL DÍA 15 DE ABRIL, AL CAER LA NOCHE, un joven francés de origen africano, había salido a pegar carteles en las cercanías de la estación de trenes Saint Charles, en Marsella, en defensa de los derechos humanos. Lo hacía cantando el rap “Menelik está en la plaza, / seguro que habrá camorra…”, homenaje a la vida de los suburbios y crítica al comportamiento de cierto sector policial. No había terminado de cantar cuando recibió una descarga de rifle en la espalda y cayó al suelo. (JN)

En la confabulación de El Alucinado nos hallamos, pues, ante la puesta en escena de una historia narrada con belleza, frescura, a la vez poética y realista sobre el drama de la migración que padeció el Perú en los últimos decenios. Un poeta afincado en París, ex militante de una célula ultra izquierdista peruana es violentado impetuosamente a orillas del Sena por unos militantes de la extrema derecha francesa. La veloz intervención de la Cruz Roja y de la policía permite componer no sólo la vida de Pedro Toledano desde sus orígenes en la Amazonía, atravesando Lima, la India y París, sino también transitar junto a él su peregrinaje por las orillas del Río de la Iluminación en exploración de una extraviada serenidad. En ese cruce asoma el 1° de mayo, día internacional de los trabajadores; y van brotando los fantasmas del pasado; los operativos del Núcleo Invisible, las tácticas de la lucha anti terrorista, el amor en los tiempos de la ira, el odio y la venganza. Esta novela El Alucinado, deviene en un aullido, una exclamación de alarma y prevención contra las identidades asesinas.

Hay quienes creen que dicho personaje se parece un tanto al real Jorge Nájar, aunque el autor no esté de acuerdo totalmente. Esparte de los misterios por indagar.

¡Un ramito de alelíes, un abrazo y congratulaciones!

-000-

EVOCANDO A JUAN CRISTOBAL 
Por Rosina Valcárcel

¿AL MARGEN? O LA DEFENSA DE LA CONDICION HUMANA


“Hay que endurecerse sin perder la ternura”.

CHE

Acerca de la primera y última noticia del autor

Hurgando en las páginas hallé un curioso testimonio biográfico de Marcelina Parra. Veamos algunos pasajes: «Cuando abrió los ojos, Juan Cristóbal vio una callejuela por donde volaban luciérnagas y duendes aldeanos. Cuando tuvo uso de razón, es decir cuando su padre le dijo: "Eh, idiota, ven aquí", era el tiempo de Huancayo y la Guardia Civil. Después Juan Cristóbal entristeció (a pesar de su madrina) y reconoció trenes y ríos en Chosica. ¿Cuál fue su desdicha? El asma, dicen varios; mas él trató de descifrarla como algo útil, pero fracasó, y ello lo condujo a la bancarrota de las simpatías. Acabó de estudiar a los 16 años: ya bebía y eso fue (para él y su familia) como si el primer hombre de las cavernas hubiese sonreído.

Luego voló a España a estudiar medicina. ¿Cuál fue su mejor examen? Fue en una tasca, junto a "bellas prostitutas"; pero una noche de espanto de conciencia perdió el diploma. Después lo recuperó gracias a tahúres y toreros.

A su retorno, el avión casi cae en el país de los dulces cocodrilos. Algunos suspicaces creen que fue el miedo el que lo llevó a la pudorosa poesía.

En Lima conoció a un estudiante a quien le llamaban El Tulipán Negro, el cual le habló de Marx y Engels como buenos conocedores de almas y de vinos en sendas desconocidas, y que alguna vez habían dicho "Proletarios del mundo, uníos". Lo cierto es que, sin conocer esto de los camaradas, JC ya había repartido volantes clandestinos por las plazuelas de Madrid ayudando a un viejo carnicero.

Fruto de todo ello conoció un banco, pero no de madera. Al final de su vertiginoso viaje por las porosas calles de nuestra capital, los diarios empezaron a llamarlo "el chofer de los ojos almendrados", y esto mientras JC cantaba a dúo (con su conciencia y un amigo) "A la Molina no voy más... Y como no le dieron posibilidades de seguir buscando documentos antiguos Bajo el Puente, se marchó a Chile donde era aún el tiempo de la lluvia. Ahí supo del poeta Teillier, quien vivía arruinado por la poesía, lo cual es un honor. Tres veces estuvo a punto de viajar a los lagos del sur, pero tres veces se quedó en la Estación Central, porque "justamente acababa de salir el tren".

A su vuelta amó, pero de poco le valió: igual fue a conocer la sensación medieval en las paredes. Allí entendió mejor que antes que el pueblo vencerá algún día a los enemigos del pueblo.

Al concluir El Osario de los inocentes, JC residía en la palabra del mudo, pero expresó alborotado "¡Abajo Trotsky! ¡Viva el cholo Sotil! ¡El deber de todo poeta es hacer la revolución!, y, claro empezó de nuevo a vivir. Ahora sabe que la lucha es de todos los pobres del mundo... Cree, por supuesto, en el internacionalismo proletario, y se identifica con el Che en toda la extensión de la palabra (y a veces escondido lee a Trotsky).

De Piélago y otros datos

JC nació el 20 de octubre de 1941. Ingresó a San Marcos en 1960. Se presenta a Medicina, pero no ingresa. Entonces se va a España y allá estudia un año de Medicina. Como no le gustó a pesar que le regalaron un esqueleto regresó e ingresó a Letras a estudiar Literatura. Paralelamente militó en el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y fue integrante y activo animador de la revista Piélago. Entre sus amigos: Juan Ojeda, Paco Espinosa, Hildebrando Pérez Grande, Julio Nelson, Adriana Palomino, Carlos Burgos Rivera, Alfredo Portal, Aníbal Marcazolo, Chacho Martínez, Chaska, Patricia del Valle...

Disquisiciones

La obra En los bosques de cervezas azules (Antología poética personal 1971-1999; San Marcos, Lima 2001) de Juan Cristóbal (seudónimo de José Pardo del Arco), está dividido en tres: 1 Libros éditos, desde El osario de los inocentes (1971) hasta Los rostros ebrios de la noche (1999); Libros inéditos: Memoria de lo infame y Las armas de la memoria; III Inéditos (no reunidos en libros). En cada uno de sus libros (como en la propia existencia de este aeda) se mezclan bipolares dimensiones/obsesiones, diversos astros y fantasmas, claveles y barro, nobleza y soledades, solidaridad y machismo, logros e interrogantes. Los personaje individuos devienen en ese reflejo que el mismo sujeto proyecta con frecuencia por instinto de sobrevivencia o rechazo, más allá del cual el hombre real vive y fallece en el complejo desafío que es la vida, fundamentalmente la de los condenados de la tierra.

A propósito de este libro, platiqué con el autor y él confesó que escribe para vivir y morir buenamente y no dejarse morir en vano como un simple "inquilino en la tierra" al decir del gran turco Nazim Hikmet.

Juan Cristóbal desde hace años es profesor de literatura y por razones de enseñanza ha tenido que aprender las características, nacimientos, desarrollo de las escuelas o movimientos literarios, pero cuando comenzó a escribir (desde 1955 aproximadamente) no conocía nada de eso, así que escribió y escribió y no sabía en qué orilla estaba; ahora tampoco lo sabe, cree que su poesía tiene de todo un poco como en la botica de la abuela buena para el dolor de cabeza. Empero en testimonio que asoma en las solapas del citado libro JC enfatiza: Mi poesía tiene dos vertientes: la poesía onírica, lárica y la marginal. Onírica por la influencia surrealista. Lárica, por el Dios Pan: vuelta a la tierra, a la naturaleza, al hogar paterno, a la infancia, rebelión contra la ciudad. Marginal, por vivir solo, encerrado en uno mismo, al lado de los seres y lugares más olvidados de este mundo, junto a las hipocresías y traiciones de los hombres, viviendo la esperanza desde el oscurantismo y la desesperanza. Y la del compromiso políticoideológico, que es el compromiso con la humanidad y el socialismo; que aún existe a pesar que algunos desean desaparecerlo, infructuosamente.

¿Juan Cristóbal acaso es un poeta Intempestivo e inmenso? Cuya inmensidad naciera en los intersticios de la marginalidad, presente en su discurso poético, el cual, asumiendo la poesía popular, va abriendo los pétalos de la vida, para decirnos que la vida no es sólo una sino múltiple, y que en ella hay que buscar la esencia del vivir.

En su obra, no sólo hallamos el vacío y el horror que sienten aquellos poetas que ven que el mundo les es cada vez más ancho y ajeno. Como todo poeta de la acción colectiva, descubrimos fundidos en sus letras el sol de la calle y la metáfora de las esquinas orladas de cerveza. Como miembro de un sector de la generación del 60, crecida entre la estoica militancia, él nos entrega un discurso poético que vertebra la vida cotidiana con la remembranza, la visión de los vencidos y el amor.

Es tributario de poetas de gran aliento como Nazim Hikmet, Bob Marley, Martín Adán, Gustavo Valcárcel, Jorge Teillier, Juan Gonzalo Rose, entre otros. Y, a veces, su expresión llega a momentos épicos. ¿Acaso no es épica la vida de los marginales y de los revolucionarios? Es por eso que su pluma trasunta el vuelo del sol, en la búsqueda de los caminos que permitan tomar el cielo por asalto. He aquí el motivo esencial por el cual el poeta asume el riesgo de plasmar vida y obra.

A pesar que en su poesía existen matices pesimistas sobre la existencia, hay que reparar que no es el escepticismo de aquellos que perdieron la visión de la esperanza. Tal vez al igual que Baudelaire en Las flores del mal, el pesimismo de Juan Cristóbal sea respuesta ante el horror del capitalismo, el cual convierte a los seres humanos en objetos.

Ante esta cosificación el poeta arremete, en última instancia es la voz de los marginales, es el grito de protesta que nace tanto en las usinas como en los bares. Como si interpretando el mundo pudiéramos transformarlo, he allí la piedra filosofal de este alquimista de la palabra.

Las huellas del fuego, nacida en los extramuros de la existencia marginal es la clave para comprender a Juan Cristóbal, el cual en todos estos años de muerte y desolación ha seguido persistiendo en los sueños de la edad de oro. Quizá esta sea una de las razones por las que él es soslayado en varias antologías, y no sea parte del Partenón de la cultura oficial. Más bien, él es integrante de toda una tribu que ha comprendido que el elan vital se origina en la lucha constante del gueto.

Toda la obra de este poeta se haya cruzada por la esperanza y el infortunio, por la amistad y la remembranza, por la vida y la muerte. Antinomias que nos retrotraen hacia las sendas de la filosofía del arte, entendiendo que esta no es sólo un concepto vacuo y erudito, más bien es todo lo contrario, puesto que su significancia se puede encontrar en la historicidad de las contradicciones sociales.

Es esto lo que marca a su yo poético, lo que da valor a sus formas particulares de interpretar el mundo, es la razón que enciende la sangre de las utopías y que halla en la vertebración de los múltiples discursos de la calle, la razón única de su existencia.

Esto lleva a preguntarnos ¿cómo entender a un poeta?, ¿cómo sentir su poesía? La respuesta puede ser dada sólo en la medida que en su obra se sientan las hondas confluencias de la humanidad, la tragedia y la épica. La raíz que permita encontramos con nosotros mismos, formando parte de una colectividad creativa.

La cultura dominante y sus mediadores nos dan una percepción de los marginales, propia del sensacionalismo y de las páginas amarillas. Incluso ha creado toda una serie de términos para graficarlos de "fatalistas, anómicos, anodinos, etc." Sin embargo al igual que Gonzalo Rojas, Juan Cristóbal los reconceptualiza desde categorías verdaderamente humanas. Existe en su poesía, la lucha constante contra "la verdad oficial", por darles su real contenido. Es la otra parte de la humanidad, ergo la mayoritaria, la cual a pesar de la catástrofe de la dominación sigue soñando y haciendo su camino propio.

Aunque sus líneas estén, llenas de desvaríos y horizontes suicidas, la poesía de Juan Cristóbal no es un canto de la desesperanza, es lo opuesto, en ella se palpa la adhesión racional y emotiva a los ideales que dan vida, a la lucha por un mundo mejor para todos y que de individuos podamos convertimos en seres humanos.

Coda ¿Búsqueda de la lámpara o la defensa de la condición humana?

Pareciera a veces que tras la voz poética de JC se oculta la sutil búsqueda de una lámpara mágica, pero no nos confundamos, lo que el autor enfatiza en las variadas inflexiones de su misma voz es más bien la defensa suprema de la condición humana. Por ello hallarnos en la obra de JC. una predisposición para recibir y hacer suyo lo que estima auténtico o válido en el universo de las culturas populares, elevando así la condición históricamente marginal (por la dominación de la cultura hegemónica sobre las culturas subalternas) a la condición humana (desalienada), como si la energía de la poesía tuviera tal fuerza capaz de purificarnos y ennoblecernos. La poesía nacida de los hechos cotidianos y de las emociones o estados de ánimo de angustia, dolor, soledad, desesperanza y locura nos redescubre, nos reconoce así como seres humanos y nos libera. Sólo el que ha sufrido bajo las tinieblas puede saltar y alcanzar la luz; sólo el que ha soportado el vacío puede acariciar los valores y de este modo puede desenajenarse, recuperar su condición humana y trascender.


C/f: “Caballo de Fuego”, Huancayo, Perú, pags. 8-9. Abril 2002. II Epoca.

Director: Nicolás Matayoshi. Ahí se editó la versión original.

2 comentarios:

  1. Apreciado colega Manuel, reunir a dos voces fuerte como Jorge Nájar y Juan Cristóbal es obra de magos. Quedamos agradecidos y
    contentos justo en el mes que se celebra la amistad. Abrazos fraternos y que nuestros ideales libertarios se cristalicen. RV

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  2. Rosina Valcarcel16 de febrero de 2015, 3:04
    Apreciado colega Manuel, reunir a dos voces fuertes como Jorge Nájar y Juan Cristóbal es obra de magos. Quedamos agradecidos y
    contentos justo en el mes que se celebra la amistad. Abrazos fraternos y que nuestros ideales libertarios se cristalicen. RV.

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