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domingo, 15 de febrero de 2015

JULIO BENAVIDES Y UNA NUEVA ANTOLOGÍA DE NARRACIÓN- LENIN SOLANO Y SU "CEMENTERIO PÈRE LACHAISE"

JULIO BENAVIDES Y UNA NUEVA ANTOLOGÍA DE NARRACIÓN
Por Winston Orrillo

Como primera entrega conmemorativa del cuarto año de vida del joven y pujante sello,“Vicio Perpetuo. Vicio Perfecto”, su director, el poeta y narrador Julio Benavides, ha lanzado La nueva ola, una selección de 33 autores de cuentos, casi todos peruanos, pero con algún nombre foráneo..

El volumen pertenece a la serie Narrativa, Colección Bicentenario, y tiene, como todos los que él publica, gran calidad editorial, muy bella presentación, y su característica de ser un volumen caleidoscópico, que no solo ofrece nombres con obra consagrada –como los de Eduardo González Viaña, Jorge Díaz Herrera, Ricardo Sumalavia, Cronwell Jara, Paco Moreno, Maynor Freire, Mario Guevara Paredes, Jorge Luis Roncal , Eduardo Arroyo y Samuel Cavero Grimaldi, entre varios otros- sino que nos permite dar un vistazo a los que, recién iniciados, ya apuntan, con sus trabajos, a escalar posiciones hasta las antologías de consulta obligatoria.

En el libro que reseñamos hay de todo: desde un lenguaje francamente poético (el de Díaz Herrera), las referencias al dilacerado Perú de la década de la violencia (vid los relatos de Paco Moreno o Pedro López Ganvini), hasta la incursión en los meandros de “la Lima que se va” –o ya se fue hace rato- en el texto “Vamos a jironear”, de nuestro conocido y plural, Eduardo Arroyo Laguna.

Uno de los temas que más sobresalen es el de las reminiscencias de la etapa escolar y de la recién abandonada infancia, vigente en textos como los de Jorge Luis Roncal “La Promo”, o en el excelente de Mario Guevara Paredes, “Patrick”, y, asimismo, en “La moneda”, de Luis Fernando Cueto, o el de Javier Gonzalo Bernal Aguedo, “Mi ropa de domingo” y “Mi amigo Aldo”, de Héctor Rosas Padilla.

Mas, también encontramos profundizaciones en el misterio, una cala en el suicidio del autor de Por quién doblan las campanas (imprescindible cuento de C. Jara Jiménez), un poco de terror, con el surrealismo adobado, en “La duquesa en el castillo”, de Maynor Freire o “Abril”, de Pedro Carlos Vargas Nalvarte; hasta arribar, aunque parezca mentira, al cuento de Diana Lizeth Benites Meneses y su “El regreso del conde” , que es, nada más y nada menos, que el conocido y espeluznante Conde Drácula, chupasangre, paradigma de la oligarquía peruana, por decirlo de un modo edulcorado.

Otro acierto de esta antología es la inclusión de los nombres femeninos, que tanta presencia tienen en la literatura peruana ad usum.

Así, acá tenemos a Maia Brisa del Mar, Lourdes Mendoza Neyra, Viviane Schul, Patricia Guisse y la ya mencionada Diana Lizeth Benites.

Muy relevante el cuento del colega ecuatoriano, médico anestesiólogo, Patricio Domingo Guzmán.

Otra virtud del libro que reseñamos, es que arremete contra el odioso centralismo capitalino, e incluye textos de autores de Ayacucho, Arequipa, Huancavelica, Cusco, Caraz, Cañete, Chimbote, Cajamarca, Piura, La Libertad, el Callao, entre otros puntos del vasto territorio nacional.

Asimismo, los autores no todos provienen del venero de los estudios literarios, sino que los hay de Bellas Artes, Electrónica, Sociología, Lingüística, Arqueología, Medicina, Administración, aunque –suena obvio- hay varios que profesan el bienamado Periodismo.

Los temas son igualmente plurales, desde el fútbol, los sueños (o pesadillas), la vida sórdida de los sectores marginales, los paisajes provincianos, el amor y sus inevitables frustraciones, el advenimiento del Apocalipsis, la ludopatía (en el texto de Julio Benavides), etc. etc.

Como colofón queremos manifestar que, no una sino muchas antologías –como ésta- son necesarias para difundir la obra de nuestros prosistas, la que, por otro lado, cada vez alcanza más relevancia.

Nos parece una gran iniciativa de la Editorial “Vicio perpetuo. Vicio perfecto” , al lanzar selecciones tan plurales y necesarias como la que llegó, ahora mismo, a nuestro escritorio.


Y, además, muy bien que se ponga la obra de los consagrados junto a la de los bisoños: esto les enseñará mucho a los nuevos narradores, y servirá, asimismo, para hacer más ubérrimo el panorama de la prosa de ficción que no por gusto, sea como fuere, ya nos ha dado un Premio Nobel.



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LENIN SOLANO Y SU "CEMENTERIO PÈRE LACHAISE"
Por Winston Orrillo


De Lenin Solano Ambia habíamos, ya, comentado su anterior novela, “No les reces a los muertos”, en la que destacábamos la facilidad del autor para conducirnos –en el ubérrimo terreno de la novela policial- al ámbito del suspenso, de las pistas falsas, en suma, del interés narrativo que él maneja con cada vez mayor solvencia.

Ahora, con su Cementerio Père Lachaise (ediciones Altazor. Colección Anatema), hace gala -mejorada- de las virtudes que le habíamos anotado con referencia al texto precitado.

Para comenzar, el haber escogido el emblemático cementerio parisino, ya es todo un acierto, pues –como parece- Lenin se halla en su garbanzal cuando de muertos –y muertes- se trata; porque de policías e investigaciones, se compone, mayormente, su universo narrativo.

En el precitado camposanto se suceden una serie de asesinatos, con la sui generis característica de que ellos acaecen, siempre, al lado de las tumbas de conspicuos hombres de letras o artistas, como Óscar Wilde, Moliere, la ecuménica cantante, Edith Piaf, y el controvertido Premio Nobel guatemalteco, Miguel Ángel Asturias.

Todos estos crímenes (contra una pareja de Irlandeses, un grupo de escolares parisienses, dos borrachines y un par de lúmpenes latinoamericanos) poseen una característica común: son ejecutados con una particular sevicia, con extrema crueldad, lo cual le da pie -al autor- para demostrarnos una cierta proclividad por las descripciones naturalistas.

Veamos algunas de ellas.

"El informe dice: muerte por trauma cardiaco. ¡Le atravesaron el corazón con una rama, Martínez! ¡Con una rama! Es algo inverosímil. Si hacerlo con un cuchillos resulta dificultoso, ¿cómo es posible que hayan podido atravesarle el corazón con una rama?"

Y este otro: 

“Thomas volteó con la intención de mojar a Mustafá, pero al hacerlo un dolor insoportable lo dominó. No entendía qué había pasado hasta que sintió la abundante sangre caliente que se deslizaba por sus piernas. Solo allí vio, con horror, que su miembro viril había sido arrancado sin que él se diera cuenta. Cayó hacia adelante, golpeándose la frente contra el suelo e intentando parar la hemorragia que lo debilitaba con rapidez. Puso ambas manos en el orificio que le había quedado en donde antes había estado el miembro con el cual orinaba…"

Y al describir la siniestra acción de unos maras centroamericanos, que asaltan a una joven francesa, leemos una espeluznante situación que, para darnos cuenta –siquiera aproximadamente- es un ámbito en el que nuestro autor parece moverse con particular delectación: 

“…ocho de los doce se habían abalanzado sobre ella. Le chupaban las tetas con violencia, le mordían los pezones hasta hacerla gritar, otros le metían la verga por la boca y otros le absorbían el clítoris con violencia. Lo que más me desagradó fue que uno de ellos le metía la lengua en el ano y luego el dedo medio con extrema violencia…”

Los crímenes, en el cementerio emblemático, se siguen sucediendo para desesperación de la policía francesa que designa a dos de sus mejores miembros, el oficial Chacaliasa (de origen peruano) y el teniente Martínez, quienes utilizan toda la ciencia criminalística para develar el misterio de estos asesinatos prácticamente en serie.

Ellos hasta pernoctan en el cementerio, pero la conclusión es ambigua (una virtud del estilo de nuestro autor), ya que el hombre calvo y gordo que parecía ser el que ellos buscaban, se desvanece, pero antes había salido “de debajo de la tierra” (¿o del cuerpo del joven?) y se ocultaba detrás de esa extraña piedra o imagen que producía escalofríos, lo que hizo perder el conocimiento al teniente Martínez, quien fuera el que tuvo aquel extraño “encuentro”.

Martínez es, pues, hospitalizado y, cuando llega a visitarlo el oficial Chacaliasa, se entera por boca de éste que nada de lo vivido fue real, el “encuentro” de marras, entre otros sucesos acaecidos durante la noche en que pernoctaron en el camposanto. Y por eso le dice: “-Creo que todo fue producto de nuestra imaginación y cansancio” con lo cual nos pone en duda acerca del criminal o criminales, culpables de los asesinatos, tema de la novela.

Al final, como una paradigmática “lavada de manos” los crímenes –todos- le son atribuidos al par de lúmpenes latinos quienes habían entrado al cementerio solo para robar en las tumbas. Con esto se descarta, pues –un policía que se respete a sí mismo no podría admitirlo- la participación de elementos sobrenaturales

El caso habría sido solucionado, pero todo se complica cuando, en el epílogo, se da cuenta de la desaparición –no resuelta- de los dos policías, que habían sido los encargados de la investigación de este espinoso caso.

Pero nosotros, los lectores acuciosos, nos quedamos con la sensación terrorífica de la intervención de una meta realidad. 

Y ése es un buen recurso técnico, que maneja, con solvencia, nuestro joven autor, quien afianza su calidad narrativa en cada una de sus entregas creativas: ésta, como la vez anterior, en el terreno, muy de actualidad, de lo policial, con su dosis –no menos vigente- de horror.

Lenin Solano, con grados y postgrados en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, reside en Francia y allí ha complementado sus estudios (nada menos que la Maestría en Literatura francesa en La Sorbona).

Antes de éste había, ya, publicado tres libros de narración. Posee numerosos galardones por su obra y se ocupa de tareas inherentes al periodismo cultural, en la modalidad de entrevistas a escritores peruanos y latinoamericanos

La presente obra obtuvo la única Mención Honrosa, en el VI Premio de novela (2014) de la Cámara Peruana del libro.



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