Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

martes, 22 de julio de 2014

LA TRAMPA DE LA COMPETITIVIDAD

SOLIDARIDAD Y COMPETITIVIDAD CONCEPTOS Y DIMENSIONES CONTRAPUESTOS DE LA REALIDAD
LA TRAMPA DE LA COMPETITIVIDAD
Manuel Moncada Fonseca

 “La familia, la escuela, los juegos, los medios de comunicación, las normas sociales y las metas que este modelo cultural nos obliga a imponernos nos empujan a una carrera sin fin por poseer, por acumular, por competir y sobresalir en todas y cada una de las facetas de nuestra existencia. Se nos enseña a despreciar o a ignorar el placer de hacer los cosas únicamente por el gusto de realizarlas, por la íntima o compartida satisfacción del trabajo bien hecho o por el esfuerzo realizado, siempre ese trabajo, esfuerzo o logro se medirá en términos de mejor o peor con el que otro ha obtenido o realizado; la solidaridad, la cooperación y la falta de agresividad son deslegitimadas y etiquetadas como obstáculos que estorbarán o impedirán ser “alguien” en la vida.…”. Joel Sangronis Padrón[1]

El capitalismo con sus mil y un nombres, transfigura absolutamente todo lo que tiene o pueda tener a su alcance. Ello incluye no sólo lo estrictamente material, sino también lo cultural en toda su complejidad y, dentro de este campo tan abarcador, los diversos conceptos acuñados en función de designar la compleja realidad que envuelve al ser humano. Entre muchos, subrayamos, el concepto competitividad que ha cautivado, a estas alturas, a millones de personas de diversas concepciones y, particularmente, a muchísimas instituciones educativas del mundo, siguiendo así los preceptos neoliberales de la UNESCO.[2]

De paso, digamos que otro concepto desvirtuado por la esclavitud asalariada es el de productor, usado no sólo para hacer referencia al trabajador (hombre primitivo, esclavo, sirvo de la gleba, campesino, proletario con todas sus variantes -generador auténtico de toda riqueza social-) del campo, la ciudad y de otros ámbitos de la producción material, sino también al empresario capitalista que no produce un ápice de valor; ni paga ese valor creado durante una parte de la jornada laboral llamada trabajo adicional. Con él se queda, entonces, el empresario, por honesto que quiera ser o parecer. Se apropia, pues, de la plusvalía, un valor que sobrepasa siempre el propio valor de la fuerza de trabajo que, por lo mismo, no se remunera jamás.

En ello radica la esencia de la explotación del hombre por el hombre en el modo de producción capitalista. En el presente escrito, sin embargo, nos centraremos, en mostrar la contraposición entre solidaridad y competitividad.

1. Fenómenos y dimensiones de la realidad que se excluyen mutuamente



Solidaridad y competitividad son fenómenos, conceptos y dimensiones que se excluyen mutuamente. El primero potencia al máximo las capacidades del ser humano; el segundo, por más que se pregone lo contrario, las reduce a su mínima expresión. El primero, busca incluir sin exclusiones a todos los seres humanos; integrarlos plenamente en la vida social; el segundo, enfrenta y margina a la inmensa mayoría de los mismos; los estima parias, seres inferiores, esclaviza siempre su fuerza de trabajo y domina sus mentes usando las ciencias, las tecnologías y todo el aparataje mediático[3] y cultural del que dispone el sistema capitalista global, sin excluir, para nada, el uso más brutal de la fuerza.

La solidaridad sirve de medio destinado a la búsqueda incesante de la felicidad de los seres humanos; la competitividad es la competencia misma vuelta un fin en sí mismo. No por casualidad se ha vuelto una obsesión, una suerte de pandemia mundial. Durante el capitalismo premonopolista, la competencia sirvió para promover el crecimiento constante de la productividad -que no es sinónimo de competitividad,[4] como tampoco ésta lo es de ser competente-;[5] ahora, la segunda se destina al empeño enfermizo de colocar cada vez más porciones de riqueza y -de permitirlo los pueblos- la totalidad del planeta, en manos de las élites globales, una porción insignificante de la humanidad.

2. La competitividad es un hecho forzoso impuesto por las grandes corporaciones


Que la competitividad funcione en los mercados globales y se adopte por todas las naciones, no es un hecho positivo, sino forzoso. Mientras esos mercados estén por completo monopolizados,[6] los países todos se verán arrastrados por ella, buscando su sobrevivencia, más que su desarrollo, porque ello reporta el único medio de intercambio que el capital internacional admite. Ello en razón de que le brinda a éste descomunales ventajas; sobre todo por el imperio del dólar,[7] una divisa nula que funciona como juez y parte en las transacciones internacionales y se mantiene a flote absorbiendo los valores reales creados por los llamados pueblos del Tercer Mundo y, ahora, de varios que se han tercermundializado en el primer mundo.[8]

Derivado del hecho que la competitividad promueve una distribución cada vez más desigual e injusta entre los seres humanos, siguiendo a Thomas Piketty, el sociólogo panameño Olmedo Beluche sostiene que al medirse patrimonialmente, la riqueza, comprendida como “conjunto de bienes muebles e inmuebles privados netos”, se concentra de este modo: “en Francia, el 1% más rico de la población posee el 22% del patrimonio; en el Reino Unido el 30%; y en Estados Unidos el 32%”. Y sigue: “Si en vez del 1% se toma el décil más rico de la población tenemos que éste posee en Francia el 60% del patrimonio; en el Reino Unido el 70%; en Estados Unidos el 70%. Por [el] contra[rio], el 50% más pobre de la población de esos países sólo posee el 5%.” [9]

3. Necesidad de abrirle paso a un comercio no competitivo

Fuera de la aceptación forzada de la competitividad, porque las reglas del juego las dictan las grandes corporaciones del orbe, marcando los dados para sus propias conveniencias, los pueblos regidos por gobiernos progresistas y revolucionarios deben emprender los esfuerzos necesarios para, de forma progresiva, ir abriéndole brecha a un comercio internacional no competitivo entre las naciones, ello si la gravedad de los acontecimientos globales no termina, antes, en un holocausto nuclear que volatilice la existencia en el planeta.

Por otra parte, si la competitividad se impone como realidad por las corporaciones en el comercio mundial, nada debe impedir que, en el ámbito ideológico, se desate una contraofensiva contra ese pensamiento de corte estrictamente neoliberal. Aferrarse a ella, como valor omnipotente, es negar rotundamente la igualdad real entre los seres humanos, la hermandad y el amor como valores por excelencia entre ellos, así como a todos los seres que comparten con los mismos la tierra como madre de todo lo vivo que en ella existe. Más aún, sólo estos valores son capaces de conducir a los pueblos a preservar a plenitud el medio ambiente, mismo que brinda lo dignamente necesario para el bienestar de todas las criaturas del planeta.

Esa naturaleza competitiva que impera en el mundo -que desprecia profundamente los auténticos valores humanos-, como acusa con razón el padre Miguel D’Escoto Brockmann, ha hecho que el mundo pierda su espiritualidad:

“Lo que nuestro mundo ha perdido, pero ojalá muy pronto vuelva a encontrar, para su propia supervivencia, es la espiritualidad. […] Cuando esta falta, se atrofia, o simplemente no se desarrolla simultáneamente con las otras características humanas esenciales, el resultado es un ser inhumano, o una nación monstruosa, motivada solamente por la codicia de lo material y lista siempre, como los Estados Unidos de América, a cometer cualquier crimen para saciar sus desorbitados deseos de poseerlo todo y de someter a todo el mundo bajo su diabólica voluntad imperialista. El cosmos retrocede al caos y muy probablemente hasta la extinción de nuestra propia especie.”[10]

4. Espíritu de competitividad contagia gran parte del quehacer humano

A nuestro parecer, el desmedido afán de conquistar naciones, riquezas, geografías; el propósito de un nuevo orden mundial para lograrlo, con un gobierno y un estado único; la acción de los diversos grupos terroristas como los que han completado la destrucción de Iraq como estado; la destrucción de Libia, Afganistán y varios otros países del orbe; la guerra imperial impuesta a Siria, país que resiste con asombrosa ejemplaridad los embates de mercenarios esencialmente foráneos; la guerra de Kiev (léase EEUU) contra los pueblos de Ucrania, particularmente contra los rusoparlantes a los que Poroshenko -mandatado por Obama- pretende aniquilar o avasallar para cercar a Rusia; el deseo imperial de emprenderla también contra China continental; los planes de torpedear los esfuerzos de unidad e integración de Nuestra América; las amenazas cada vez más abiertas contra las naciones de la misma que se rigen en correspondencia con sus propios intereses; y, ya no se diga, la autoproclamada exclusividad de EEUU como nación, base para imprimirle carácter extraterritorial a las leyes de este país y, por lo mismo, para justificar de antemano las acciones más criminales, rapaces e inhumanas que registra la historia; todo esto -y mucho más- es inseparable del espíritu competitivo que contagia gran parte del quehacer humano.

5. Competitividad y precariedad de la fuerza de trabajo


Internacionalmente, el concepto del que estamos hablando, se presenta como sinónimo de calidad, eficiencia y cosas similares. Nada está más lejos de la realidad que esta presentación de la competitividad. Ésta está, indisolublemente, vinculada con competencia desleal, cálculo, ventaja, especulación, racismo, xenofobia, rapiña, apropiación de bienes, intercambio desigual, destrucción de naciones trampa, marrulla, intriga, infundio, servilismo, prepotencia, arrogancia, y “reconstrucción” inacabable de las mismas, etc., etc.

Y, de una vez por todas, digamos lo que el capital entiende como lo medular de la competitividad: la desregulación, desreglamentación, flexibilización, precarización y un montón de términos que denotan esencialmente lo mismo: dejar al trabajador, por completo, sujeto a los propósitos del empresariado local o internacional; volverlo dúctil a las necesidades del mercado; privarlo de derechos laborales, prestaciones sociales; arrebatarle convenios colectivos y, por si fuera poco, reducir su salario (su valor como fuerza de trabajo), lo mayormente posible.

Citado por Jorge Parrondo, Bill Black acota al respecto: “La Unión Europea invita a la clase obrera a tomar el camino de Bangladesh. Irlanda está bajando salarios para competir con Italia, pero Italia está bajando salarios para competir con España, pero España está bajando salarios para competir con Portugal, pero Portugal está bajando salarios para competir con Grecia.”[11]

En la misma tónica, Benjamín Bastida, plantea: “La competitividad como objetivo empresarial ineludible enmascara el asalto del capital mundial en su conjunto y de cada una de sus fracciones para echar abajo las pequeñas pero importantes conquistas de los trabajadores y de las clases populares en períodos anteriores de la lucha de clases. Es la estrategia actual para recuperar y aumentar la tasa de plusvalía, de explotación: ser competitivo consiste en rebajar los costes salariales y deteriorar las condiciones de trabajo en un grado mayor que los contrincantes.”[12]

Compartimos la valoración que daba, en 2007, el teólogo Ildefonso Camacho: «competitividad es la palabra que mejor expresa […] la clave de todo el sistema de valores vigentes en nuestra sociedad: una concepción de la existencia donde el otro es vivido ante todo como obstáculo para mí (e incluso como potencial enemigo)».[13]

Igual hacemos con esta otra de Abaco en Red: "La cooperación genuina se disfruta, el competir provoca celos y malestar".[14]

Notas:


[1] Joel Sangronis Padrón “Desacreditar el mito de la competitividad”.http://www.rebelion.org/noticia.php?id=26228
[2] No obstante hay exclusiones honrosas al menos en ciertas fuerzas gremiales. Refiriéndose a la evaluación competitiva la argentina Unión de Trabajadores de la Educación expresó su rechazo a la misma, acotando: “Este tipo de experimento –agregó– se ha utilizado en otros países de América latina y ha demostrado que estos modelos de evaluación no resuelven problemas estructurales ni promueven una educación de excelencia; por el contrario, los agrava ya que se genera un ámbito de competitividad entre los educadores, quienes se esfuerzan más por conseguir buenos puntajes en la evaluaciones que en mejorar el rendimiento y la calidad de la información para con sus alumnos. Página 12. “Rechazo a la evaluación competitiva.”http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-221311-2013-06-01.html
[3] Al respecto del dominio mediático de las mentes, Noam Chomsky aporta un análisis de lo que el denomina “Las 10 Estrategias de Manipulación Mediática”. La sexta de dichas estrategias consiste en “Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión”. Y lo explica de esta forma: “Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…”http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/09/15/noam-chomsky-y-las-10-estrat...
[4] Ricardo Medina. “La falacia de la competitividad”. “La competitividad, entendida como mejorar la posición del país o de las empresas nacionales en tal o cual listado mundial, se suele convertir en una coartada para reforzar el intervencionismo del gobierno y el fracasado del modelo mercantilista. Lo que debe importarnos es la productividad que se mide muy fácil: Mayor bienestar para los consumidores.”http://www.asuntoscapitales.com/articulo.asp?ida=3014
[5] Una repuesta no académica, si se quiere, pero a nuestro entender acertada en relación con la diferencia radical entre ser competente y competitivo: “Competente es que se tiene el potencial, para hacer algo, se tienen los conocimientos pues para una determinada tarea. Mientras que competitivo, es que compite que trata de sobresalir que hace un esfuerzo por estar en el juego, aunque no sea competente y no tenga el potencial... / Todos podemos ser competitivos por el mero hecho de quererlo, pero competentes no.” https://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20080923161937AAP9ZEf
[6] Según un “ reciente y único estudio que ha evaluado la red global que conforman las transnacionales […] que ha analizado las redes de 43.060 transnacionales, apenas un 737 de ellas controlan el valor accionarial del 80% total. Esta distribución de poder es mucho más desigual que la distribución de riqueza y renta. Además, el 40% del valor de todas las transnacionales del mundo está controlado por un pequeño núcleo -core- de 147 transnacionales. Y, más interesante si cabe, de ese núcleo de trasnacionales tres cuartas partes son entidades financieras.” Alberto Garzón Espinosa.http://www.cubadebate.cu/especiales/2012/05/04/quien-controla-la-economi...
[7]"1) El dólar es la moneda de cambio y de reserva internacional, y los países de todos los continentes […] la utilizan en sus transacciones comerciales y tienen la mayoría de sus reservas en dólares […]. / 2) Más de un 70% de las reservas mundiales están en dólares, frente a un 25% en euros de la Unión Europea, que también utiliza el dólar. China, la tercera economía mundial, después de EEUU y la UE, tiene sus reservas en dólares […]. / 3) El dólar está involucrado en el 86% de los US$3,2 billones […] de transacciones diarias de divisas en el mundo, a menudo como paso intermedio en el intercambio de otras dos divisas […]. /4) Casi dos terceras partes de las reservas de los bancos centrales del mundo están denominadas en dólares […]. Según el Banco Internacional de Pagos, […] el dólar […] representa un 55% de sus activos y pasivos en moneda extranjera. /5) Un 80% de las transacciones internacionales, un 70% de las importaciones mundiales y la casi totalidad del comercio petrolero se realizan en dólares […]. /6) El sistema financiero especulativo internacional está "dolarizado", y las bolsas y los mercados internacionales del dinero operan mayoritariamente con la divisa estadounidense […]. La Bolsa de Nueva York, o NYSE, es el mayor mercado de dinero del mundo y concentra el mayor volumen de operaciones financieras en dólares que realizan empresas trasnacionales cotizantes a escala global. En la bolsa neoyorquina cotizan las principales empresas trasnacionales de los EEUU y del mundo, y si colapsara el dólar como divisa, estallaría Wall Street y arrastraría consigo a todos los mercados del dinero a escala global./7) Los países emergentes y las potencias económicas desarrolladas generan más del 75% del PBI mundial en dólares (el resto se genera en euros y otras monedas) […]. El dólar también está profundamente arraigado en el comercio mundial. […]. 8) Las empresas y los grupos financieros transnacionales que controlan los sistemas financieros especulativos y los sistemas económicos productivos a escala mundial (por encima de los gobiernos) realizan mayoritariamente sus volúmenes de negocios, inversiones y tomas de ganancias en dólares, por lo cual un colapso terminal de la moneda estadounidense […] produciría una parálisis de la actividad económica mundial en cuestión de horas.” Manuel Freytas. “Por qué EE.UU. y el dólar no se pueden caer”.http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133432
[8] De este fenómeno no escapa siquiera el pueblo estadounidense. En EEUU, en efecto, se observa se el enriquecimiento cada vez mayor de la oligarquía financiera y el empobrecimiento creciente de la población que ello lleva aparejado. Ello, plantea Ismael Hossein-Zadeh, “se asemeja al crecimiento de un parásito en un organismo vivo a consta de la sangre o los alimentos esenciales para la vida de dicho organismo.” Y más adelante sostiene: “Con más de 25 millones de estadounidenses desempleados o trabajando solo a tiempo parcial que buscan y necesitan trabajos a tiempo completo, las empresas estadounidenses acumulan más de 2 billones de dólares en efectivo, negándose a invertir en actividades productivas o puestos de trabajo, y dedicándose, en cambio, a la especulación y la recompra de acciones que son más rentables para sus altos directivos. La recompra de acciones de las empresas no financieras se dio a un ritmo anual de 427 mil millones de dólares en el primer cuatrimestre, según la Reserva Federal.” Ismael Hossein-Zadeh. “Capital financiero parasitario y desigual”.http://regeneracion.mx/opinion/capital-financiero-parasitario-y-desigual/
[9] Olmedo Beluche. “Capitalismo, globalización y desigualdad social”.http://www.argenpress.info/2014/07/capitalismo-globalizacion-y-desiguald...
[10] Miguel D’Escoto Brockmann. “Naturaleza y origen del imperialismo”.http://tortillaconsal.com/tortilla/es/node/14717
[11] Citado por Jorge Parrondo, en “Fetichismo de la competitividad”.http://capitaclismo.com/2013/05/15/fetichismo-de-la-competitividad/
[12] Benjamín Bastida El fetiche de la competitividad.http://blog.cristianismeijusticia.net/?p=11152&lang=es
[13] Ildefonso Camacho (Teólogo) Solidaridad frente a competitividad.http://www.ciudadredonda.org/articulo/solidaridad-frente-a-competitividad
[14] AbacoenRed. https://www.facebook.com/groups/175885945831254/?fref=ts

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