Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

viernes, 11 de febrero de 2011

El FSLN tras la segunda y definitiva independencia

El FSLN tras la segunda y definitiva independencia
Manuel Moncada Fonseca

La independencia, esa formidable conquista de los pueblos del continente americano contra el dominio colonial europeo, fue usurpada por doquier por los criollos, quienes entregaron la suerte de nuestras naciones a nuevos amos foráneos. Así se explica que ella, aunque por sí misma podía generar condiciones para que la región y sus diversas naciones despegaran al desarrollo, no hiciera posible la superación del atraso impuesto por el dominio colonial. Por el contrario, las condiciones de sometimiento establecidas por los nuevos amos de Latino América y el Caribe insular (ingleses, estadounidenses y otros) han permitido, hasta el presente, la reproducción constante del subdesarrollo en que aún se encuentra sumida nuestra región, en grado considerable. Y, precisamente sobre esta base, surge la necesidad imperiosa de una segunda y definitiva independencia.

El comienzo del mal

Los pueblos originarios de Nuestra América vivían esencialmente en armonía. Como línea dominante, no existía entre ellos el “Yo vivo si Tú mueres”, sino el “Yo vivo si Tú vives”, conceptos de los cuales habla con toda profundidad Franz Hinkelammert. (1) La base de todo esto era la propiedad común sobre los medios de producción y, desde luego, la fuerza de sus tradiciones. Al producirse lo que se dio en mal llamar descubrimiento, conquista y colonización de América, se impuso, como fenómeno predominante, la propiedad privada, lo tuyo y lo mío, la desigualdad social, la explotación del hombre por el hombre, el conflicto antagónico; en fin, el “Yo vivo si Tú mueres”.

Diferenciando la forma de ser de los pueblos originarios del continente americano de lo que impusieron en él los conquistadores europeos, Carlos Midence señala que mientras el eurocentrismo basa sus procesos de dominio en las diferencias imperiales y coloniales, los pueblos originarios forjaron sus relaciones con base “en la potestad y no en la explotación”. Dice Mann, citado por el autor, que cuando los incas llevaban a la fuerza colonos de regiones distantes, les concedían la tierra y les animaban a conservar su vestimenta, costumbres, etcétera. De esta suerte, no se imponía a los sometidos la religión del vencedor, ni otra organización productiva; ni se alteraba su política interna. Por el contrario, los vencedores practicaban “formas de expansión-inclusivas, muy al estilo de la interculturalidad”, plantea Midence. (2)

Reflejando la igualdad que concebían y conciben en su relación con la tierra y entre sí mismos, los pai tavytera (grupo guaraní que habita en Paraguay, Brasil y en alguna medida en Misiones, Argentina) (3) sostienen que “La tierra da gratuitamente todo lo que el hombre necesita para su vida; no nos vende el aire (soplo de la tierra), el agua y las plantas. De su seno extraemos los tubérculos, en su seno se sostienen las raíces que producirán los frutos, las semillas y las savias que dan y conservan la vida. Sobre su superficie nacen y crecen los animales que son alimentos vitales. Por eso la tierra es madre como las humanas”. (4)

En contraste con esto, los pretextos europeos para imponerse sobre los nativos de América, arrebatarles sus riquezas, sus tierras y su cultura, fueron supuestos de idolatría, incivilización, incultura y carencia de toda capacidad de comunicación y raciocinio entre ellos. Se asumió que los mismos debían agradecimiento -como de hecho pensaba Juan Ginés de Sepúlveda- a sus conquistadores europeos, por estar reducidos a dominio imperial dizque en su propio beneficio (5), por la implantación de la cultura cristiana europea negando las suyas (6) y por el establecimiento de la lengua castellana a costa de la negación de sus lenguas.

De esta suerte, se comprende que la conquista no sufriera modificaciones substanciales de un país a otro partiendo de la geografía, la cultura y el gobierno de cada lugar. Se tomó de modelo lo impuesto en La española, isla en la que tuvieron lugar las primeras rebeliones y querellas para disputarse la riqueza y el poder; allí mismo se registraron los primeros enfrentamientos sangrientos contra los enviados por la corona, así como las primeras condenas oficiales de muerte; sobre su suelo se perfeccionó y legalizó la trata de seres humanos y se instauró el repartimiento de hombres y tierras. (7) No se debe soslayar, por otra parte, que los hombres de espada no actuaron solos, sino en contubernio con muchos de sotana. Al respecto, José Dolores Gámez plantea que los miembros del clero, en su mayoría, por codicia, no se oponían a la obra de iniquidad o esclavitud contra el indio, al contrario, la ayudaban “atentos únicamente á tomar su parte en el rico botín de los despojos.” (8)

En un plano diametralmente opuesto a todo esto, se encontraban la cultura y la religión de los nativos del Nuevo Mundo. Otorgándole al hombre un lugar privilegiado, estimándolo un ser perfectible y educable, y resaltando valores como el amor al trabajo, la familia, la comunidad, la sabiduría, la valentía y otros semejantes, ellas eran esencialmente humanistas, desalienantes. Por ello jugaron y juegan un papel fundamental en el desarrollo de los pueblos nuestroamericanos. (9)

El dominio colonial se impuso a sangre y fuego. Negó al nativo por completo, lo sometió a la esclavitud, la servidumbre, a diversos sistemas de sometimiento que entremezclaban éstas y otras formas de explotación. Y lo que el coloniaje significaba para él quedó reflejado meridianamente en lo que Bartolomé de Las Casas refiere de un cacique que preguntó a un religioso español si los cristianos iban al cielo: “El religioso […] respondió que sí, pero que iban los […] buenos. Dijo luego el cacique […] que no quería él ir allá, sino al infierno, por no estar donde estuviesen [los cristianos] y por no ver tan cruel gente.”(10)

No por casualidad, la repuesta de los nativos a todo lo que para ellos implicó el colonialismo se tradujo en todas partes en una constante resistencia multifacética que se prolongó los tres siglos que duró este dominio.

El criollo frustró la independencia y se entregó a nuevos amos externos

Aunque la independencia fue alcanzada gracias a la resistencia de los pueblos, esta lucha fue hegemonizada por los criollos. De ahí que el fin del dominio colonial no significó cambios esenciales para aquellos sobre los cuales recayó la conquista de la misma, propiamente, indios, mestizos -en todas sus variantes- y negros. Así, tras el dominio colonial, se impuso un régimen de colonialismo sin España. Ésta debió abandonar por doquier el escenario americano, derrotada por los pueblos del continente. Pero, tras ello, las estructuras de sometimiento sobre las mayorías se mantuvieron incólumes. Persistió así el “Yo vivo si Tú mueres”, el individualismo, el egoísmo, la ausencia de solidaridad entre las personas.

El autor colombiano Ignacio Torres Giraldo escribe, respecto a lo que la independencia significó para su país, algo que, en esencia, se puede aplicar, sino a todas, a buena parte de las naciones latinoamericanas: “[…] el pueblo en armas esperaba, además de la Independencia Nacional, la revolución de las estructuras y la mentalidad de la Colonia […] la libertad de los esclavos, la distribución de las tierras bien situadas a los campesinos pobres, el rescate de comunidades indígenas, la abolición de privilegios religiosos y de casta y la institución real del Estado de derecho”. (11)

Las desgracias de nuestras naciones independizadas no pararon allí. Porque quienes tomaron el poder a escala local no fueron capaces, siquiera, de mantenerse unidos presentando proyectos de clase únicos. Sobre los sectores dominantes se impuso la desunión, el afán de lucro, los intereses particulares, el localismo.

Y aunque las cosas estaban complicadas no sólo por la nefasta herencia de atraso generalizado impuesto por el colonialismo, sino también por la inevitable destrucción generada por las guerras de independencia que, por doquier, se libraron en el continente americano; también es cierto que en la clase criolla jamás hubo, en parte alguna, una clara posición independentista; aunque al final, por temor al empuje espontáneo de las masas contra el dominio español, se convirtiera en la fuerza hegemónica de los procesos desatados contra este dominio.

De este modo, si su apuesta en la colonia fue lograr un entendimiento con la metrópoli para preservar sus intereses frente a la resistencia popular; tras la independencia, su afán por entregarse al dominio extranjero como medio de protección de sus privilegios, se expresó, en el caso de Centroamérica por ejemplo, en su anexión, así fuera efímera, al imperio mejicano de Agustín de Iturbide (enero de 1822, julio de 1823). No es de extrañar que, tras el colonialismo español, como algo permanente, se impusiera el dominio del capitalismo mundial sobre nuestro continente, liderado primordialmente, primero por Inglaterra; luego, por Estados Unidos.

El nuevo dominio externo redujo prácticamente a nada la independencia de nuestras naciones. Y los grandes perdedores fueron, otra vez, los pueblos del continente. Los criollos en el poder podían lucrarse entregando la suerte de los mismos al capital internacional. Sobre estas bases que imponían el correlato colonialidad (sobre los territorios de América y África) y modernidad (en Europa y Estados Unidos), la persistente resistencia de sus pueblos llevó, en un momento dado, al planteo de una segunda y definitiva independencia, que debía y debe aún enfilarse, en contra de toda explotación ejercida desde adentro o desde afuera, por explotadores criollos o foráneos; en contra del “Yo existo si tú mueres”, fórmula invariable de todo sistema opresor.

No es extraño que, tras la independencia de Nicaragua (proclamada el 15 de septiembre de 1821), el nuevo dominio externo dictara al país los términos de su relación con el mismo, sujetando el comercio de León y el Realejo que pasó a ser controlado por empresarios ingleses, quienes prestaban dinero al gobierno a condición de monopolizar el tabaco y las rentas de aduanas del Realejo, así como los derechos exclusivos sobre las importaciones en el Pacífico. (12)

 
Mentalidad imperial y sumisión cipaya


Pero interesa remitirse a la expresión ideológica que ha marcado el dominio foráneo postcolonial. Asomémonos, pues, al lenguaje imperial que, en relación con América Latina, los gobernantes yanquis han expresado, abierta o solapadamente, en distintos momentos. Conocemos la frase “América para los americanos” que formulara James Monroe en 1823, al oficializar la doctrina que, desde entonces, lleva su nombre (como repuesta a las pretensiones europeas de restablecer el orden colonial en todo el orbe). De paso, digamos que, aunque suene a perogrullada, dicha frase jamás ha significado otra cosa que América para los gobernantes estadounidenses y no para todos los habitantes del continente.

Inspirándose en esta doctrina, el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) se arrogaba el derecho de “proteger a las naciones débiles del continente”, particularmente del Caribe, interviniendo en ellas para “arreglar sus economías internas antes que otras naciones no-americanas se vieran forzadas a hacerlo, con gran riesgo para la seguridad del canal y del continente americano…” (Entiéndase para EEUU). En pasta decía: “Malestares crónicos […] pueden en América y en cualquier otra parte, requerir en último caso la intervención de las naciones civilizadas y en el Hemisferio Occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina de Monroe puede forzar a esta nación, aunque sin ganas, a ejercer un poder de policía internacional en los casos flagrantes de esos malestares o impotencias políticas.” (13)

William H. Taf (1909-1913), por su lado, siendo mucho más franco anotó: “No está muy lejos el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestros territorio: una en el Polo Norte, otra en el canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro como, en virtud de nuestra superioridad racial, ya es moralmente nuestro.” (14)

Veamos ahora cómo se reflejó en los ideólogos de los explotadores criollos su sumisión ante los viejos y los nuevos amos foráneos. Bastara para ello una referencia, así sea breve, al pensamiento de Carlos Cuadra Pasos, un conservador; y al de José María Moncada, un liberal.

En el primero de ellos, se puede constatar que el conservatismo, cuya ideología él abraza decididamente, es una añoranza del pasado colonial que le sirve de base para su defensa a ultranza del presente de las élites. Dejando fuera de duda la legitimidad del colonialismo, sustenta la legitimidad del dominio imperial yanqui. No es fortuito que, partiendo de la tesis según la cual la independencia al venir “quitó bruscamente esa base [la legitimidad] al edificio de la autoridad” que él le atribuye al dominio español, pase a hacer lo mismo con EEUU, al decir: “En las ansiedades de hoy, todavía con la cuerda de la legitimidad en la mano, se busca de qué bastión atarla. Se piensa en el reconocimiento o no reconocimiento de los Estados Unidos, que legitime poderes o los anule.” (15)

Lo dicho por Cuadra Pasos no difiere esencialmente de lo que expresa el ex presidente Moncada (1929-1932), quien presenta la intervención yanqui como hecho fatal; de ahí deriva, según él, la imposibilidad de frenarla. Ante ello, a su parecer, los gobernantes talentosos deben convertirla en algo moderado que permita la mezcla y no a la destrucción de unas razas por otras. (16) Pero este personaje sirvió a la causa imperialista no solo en el plano local, sino también en el ámbito americano en general. Su “aporte”, se concreta en una declaración suya, del 17 de diciembre de 1936, hecha en Buenos Aires, Argentina. En efecto, al intervenir como delegado de Nicaragua en un encuentro interamericano celebrado en este país sudamericano, en contra de la propuesta de desarme que la delegación chilena hiciera en dicho cónclave, Moncada dijo:

“Nosotros en América estamos trabajando por la paz; […] con toda buena voluntad y corazón […]. Pero […] no estamos sólos en el mundo: hay otros continentes que cada día se arman más. Nosotros podemos llegar en ciertos momentos difíciles para nuestra historia, a una lucha frente a Europa y Asia. Podríamos […], como amigos de la paz [...] decir a Estados Unidos de Norte América: limite sus armamentos. La idea es hermosísima, pero […] no podemos hablar de limitación de armamentos en los momentos en que el antiguo continente está armado hasta los dientes. Hay que estar listos y preparados por causa de América y particularmente para el guardián del mundo occidental, los Estados Unidos.” (17)

Como puede apreciarse, este personaje liberal criollo brindó un caro servicio a la causa imperialista estadounidense en los marcos de toda América; hizo una contribución a la Doctrina Monroe, al hispanoamericanismo, que han favorecido siempre única y exclusivamente los intereses de Estados Unidos, sin guardar vínculo alguno con los ideales de unidad e integración latinoamericana de Bolívar. (18)

El proyecto de Sandino y la continuidad de su lucha


En Nicaragua, históricamente, la primera fuerza organizada que se planteó la lucha desde perspectivas populares fue el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN) creado y comandado por Augusto C. Sandino en el período 1927-1933. Y aunque tras su asesinato (el 21 de febrero de 1934), la lucha contra la opresión decayó sensiblemente, ya que el movimiento revolucionario se vio desarticulado ante su desaparición física, las bases ideológicas sobre las cuales se erigiría el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en 1961, estaban incólumes:

a) El nacionalismo revolucionario que daba sentido popular, en fondo y forma, a la lucha contra el régimen existente; b) consecuentemente, la concepción de un poder nacional revolucionario que fuera más allá del simple cambio de hombres en el poder; c) el antiimperialismo integral que concebía y concibe la lucha contra el imperialismo internacional no sólo como lucha contra el dominio externo, sino también contra el dominio interno; d) el principio de internacionalismo y solidaridad entre los pueblos. (19)

Todo ello legado, como una suerte de síntesis de las ancestrales tradiciones de lucha del pueblo nicaragüense, por Sandino y su Ejército Libertario. Y fue toda esta herencia de verdadero patriotismo la que el FSLN rescató y ha aplicado a plenitud desde su surgimiento hasta la fecha, con su lucha decidida en contra del somocismo -de ayer y de hoy-, régimen que encarnaba, en sí mismo, la doble explotación, el doble dominio, sobre la nación, su riquezas y sus tierras; por parte, tanto del capital imperialista, sobre todo estadounidense, como de los explotadores criollos, representados por el capital somocista y el capital de la llamada oposición burguesa.

El FSLN alumbró nuevamente la lucha del pueblo. Como apuntamos en otro momento, enseñó que la dictadura somocista era “un régimen de fuerza y no de ley”, porque quienes controlaban la dictadura eran los que controlaban la Guardia Nacional. Era absurdo, por consiguiente, que el pueblo levantara “la ley contra la fuerza, el código contra la bayoneta", como bien dijera Carlos Fonseca Amador. (20) En consecuencia, en lo esencial, sólo mediante las armas se podía derrocar a la dictadura somocista, junto con todo lo que ella encerraba: opresión de clase, dominio interno y externo, el “Yo vivo si tú mueres”.

Derrota sandinista y vuelta del FSLN al poder


El 19 de julio de 1979, en Nicaragua, todo comenzó a cambiar de forma radical: un poder popular se estableció en el país; sobre su base, se redujo muy sensiblemente el analfabetismo; se realizó una profunda reforma agraria; comenzó a redistribuirse la riqueza sobre bases justas; la salud y la educación se tornaron gratuitas; se multiplicaron las cooperativas, las organizaciones sindicales en el campo y la ciudad, etc.; el país amplió extraordinariamente sus vínculos internacionales; estableció relaciones diplomáticas con todos los países socialistas. La dignidad de la nación se multiplicó, sobre todo en el pueblo humilde que, por primera vez en su historia, adquiría derechos y era objeto y sujeto real de preocupación por parte del poder estatal.

No obstante, debido primordialmente al desgaste impuesto por la intervención imperial contra el país en la década de los ochenta del siglo pasado, la derecha criolla ganó la justa electoral de fines de 1990, interrumpiendo por largos dieciséis años los avances populares. Así las cosas, las políticas neoliberales hicieron pasto de las transformaciones revolucionarias. De este modo, 1990-2006 fue un período de retrocesos; un período en el que se desmantelaron grandemente las conquistas populares.

Mas, este paréntesis neoliberal no podía estar llamado a resolver nada en absoluto sino, por el contrario, a profundizar sobremanera las contradicciones socio-económicas de la nación, despojando a la gente de sus derechos, sus tierras, empleos; imponiéndole más de 15 horas diarias sin energía y otro tanto sin agua potable; cobrándole por todos los servicios públicos, vendiendo por nada los bienes del estado, porque todo, o casi todo, se sometió a privatización y la suerte de la nación entera se entregó, nuevamente, a los designios yanquis.

Mientras tanto, sin abandonar la vocación de poder que nació con él, el FSLN cobraba cada día mayores fuerzas; inspirando la resistencia popular contra tan nefasto y entreguista orden de cosas. Bajo estas condiciones, las cosas debían volver a su curso emancipador y volvieron: con el triunfo sandinista en las elecciones de noviembre de 2006, el poder popular fue, en medida importante, restablecido. El resultado de este relanzamiento de la revolución ha significado para el pueblo alimentación, salud y educación gratuitos; calles adoquinadas o asfaltadas por primera vez, reparación de las ya existentes; rescate y profundización de la alfabetización; viviendas dignas; reducción de la pobreza; menos niños y niñas en las calles; fin de los apagones; más agua para la población del país; economía recuperada; en fin, cada vez más calor humano, más solidaridad, más amor al prójimo.

No obstante, se está aún lejos de la plena transformación social del país en función de toda la población. Ante ello, el proceso deberá gradualmente profundizarse hasta sus últimas consecuencias, sin dejar que nada ni nadie, ni dentro ni fuera del país, lo vuelva a interrumpir.

Nicaragua y el ALBA

Mas resulta incompleta toda referencia a la Nicaragua Sandinista actual sin hacer referencia a que la Revolución Popular que en ella se desenvuelve, se ubica dentro de un marco internacional caracterizado por la creciente presencia del ALBA en el ámbito de Nuestra América, así como por el desarrollo de los complejos procesos de integración que en ella se están desenvolviendo.

Actualmente, no es posible consolidar ningún proceso de transformaciones internas fuera de esos marcos; fuera de la unidad cada vez mayor de nuestras naciones. Por ello, no extraña que, al no más tomar posesión de la presidencia del país, en enero de 2007, Daniel Ortega Saavedra decidiera la incorporación inmediata de Nicaragua en el ALBA, lo cual le ha significado múltiples beneficios para su población, sobre todo en el campo de la salud, educación, alimentación y energía.

En definitiva, se viven momentos históricos en los que ninguna revolución se puede seguir concibiendo aislada del resto de las revoluciones que hoy se desarrollan en el mundo y, sobre todo, en Nuestra América. Porque, en efecto, las revoluciones que se operan en Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Venezuela y otras naciones de la región (21); los movimientos populares del ALBA, los proyectos que esta alianza nuestraamericana promueve, no son realizables sin un sólido proceso de unidad e integración gradual de nuestras naciones que ponga en el centro de todo su quehacer al ser humano, su plena realización individual y social. Sólo así se podrá hacer realidad la segunda y definitiva independencia de las naciones que conforman Nuestra América. Y sólo sobre estas bases se podrá hacer plenamente real el “Yo vivo si Tú vives”.

Notas:

1. Hinkelammert, Franz. Hacia una crítica de la razón mítica El laberinto de la modernidad. Materiales para la discusión. Fundación Editorial el Perro y la Araña. Caracas, Venezuela, octubre de 2008.
2. Midence, Carlos. Sandino y el Pensamiento Otro. Managua, Amerrisque 2009. pp. 25-27.
3. Wikipedia. “Paí tavytera”. http://es.wikipedia.org/wiki/Pa%C3%AD_tavyter%C3%A1
4. Conapi. “El Buen Vivir de los pueblos originarios del Paraguay como alternativa a la crisis actual”. http://www.conapi.org.py/interna.php?id=145
5. Sejourne, Laurette. I. Antiguas Culturas Precolombinas. Siglo veintiuno. Cuarta edición en castellano. Diciembre de 1973. pp. 72-74.
6. Coe, Snow y Benson. Atlas Cultural de la América Antigua. Civilizaciones precolombinas. p. 22. Editorial Óptima. Sin fecha de edición.
7. Sejourne, Laurette. Ob. cit. p. 14.
8. Gámez, José Dolores. Historia de Nicaragua. Madrid, 1955. p. 129.
9. Valdés Ponciano, Cecilia N. “Mariátegui, la religión y el mito en América Latina”. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=110116
10. de las Casas, Fray Bartolomé. Brevísima relación de la destrucción de las Indias [Crónica de Indias: Texto completo]. http://www.ciudadseva.com/textos/otros/brevisi.htm
11. Torres Giraldo, Ignacio. Síntesis de Historia Política de Colombia. Editorial Margen Izquierdo. Colección Pensamiento. Primera edición. Julio de 1972. p. 11.
12. Burns, Bradford E. Nicaragua: Surgimiento del Estado-Nación 1798-1856.. Instituto de Historia de Nicaragua. Talleres de Historia. Cuaderno Nº 5. Managua, Nicaragua, 1993. p. 22.
13. Sansón-Terán, José. El interamericanismo en marcha. De Bolívar y Monroe al Rooseveltianismo. Washington D.C. 1949. University Press Inc., Cambridge, Mass. p. 20.
14. Tejada Ripalda. “El americanismo: consideraciones sobre el nacionalismo continental”. En: Cuadernos Americanos 82. Nueva Época. Julio-Agosto del 2000. p. 200.
15. Cuadra Pasos, Carlos. Obras I. Colección Cultural Banco de América. Serie Ciencias Humanas. No. 4 1976. pp. 148-149, 362,364.
16. La revolución contra Zelaya. Memorias del Gral. José María Moncada. Masaya, Nicaragua 193(?). Original. Mecanografiado por Apolonio Palacios, durante la administración Moncada. Fondo Moncada IHNCA. pp. 138-139.
17. Morales, Carlos A. Moncada III. San Francisco, California 1946. Impreso en los Talleres Nacionales. pp. 7-27.
18. Deliberadamente se ha pretendido vincular el Panamericanismo y la Doctrina Monroe con la lucha y el pensamiento de Simón Bolívar. Pero debe decirse que El Libertador no es ni creador ni seguidor del Panamericanismo, invención netamente estadounidense orientada a crear la ilusión de unidad y solidaridad continental que, de hecho, no ha tenido otro objeto que imponer la hegemonía yanqui sobre Latinoamérica. Por otra parte, el Congreso de Panamá de 1826, no fue tampoco el momento de creación del Panamericanismo, sino el del Hispanoamericanismo, opuesto a la hegemonía estadounidense. En su discurso de Angostura, Bolívar aclaró: "Debo decir, que ni remotamente ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de dos Estados tan distintos como el Inglés Americano y el Americano Español". Y, en Octubre de 1825, categóricamente dijo que él no había sido de la opinión, ni le había agradado, que al Congreso se hubiera invitado a Estados Unidos, y que si este país intervenía en él sería conveniente no realizarlo. Salcedo-Bastardo J. L. Bolívar: Un continente y un destino. Ediciones de la Biblioteca. Colección Temas Nº 49. Universidad Central de Venezuela. Caracas 1978. p. 317.
19. Moncada Fonseca, Manuel. “El legado Histórico de Sandino”. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67595Fonseca, Carlos.
20. Obras. Bajo las Banderas del Sandinismo . Tomo I. Editorial Nueva Nicaragua, Managua 1982.p. 28.
21. Como denuncia Eva Golinger, “Venezuela figura como el país donde la agencia estadounidense NED (Fundación Nacional para la Democracia) más ha invertido dinero en grupos opositores en América Latina durante el año 2009, con 1.818.473 dólares, más que el doble del año anterior. De segundo está Cuba, con una inversión por encima de 1.5 millones de dólares, destinados a grupos y medios contrarrevolucionarios, y sus contrapartes en Estados Unidos. También 1.36 millones de dólares fueron otorgados a organizaciones y medios de comunicación bolivianos, que principalmente están en contra del gobierno de Evo Morales. Entre Ecuador y Nicaragua, más de 1.7 millones de dólares fueron invertidos en grupos políticos, medios y la llamada “sociedad civil”. Eva Golinger: “EEUU otorga más de 6.4 millones de dólares para la oposición en países de la ALBA. http://www.aporrea.org/tiburon/n162603.html

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