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martes, 6 de marzo de 2018

Las políticas de género mataron al erotismo

Las políticas de género mataron al erotismo 
Cuca Casado



Presentación de Revista Libre Pensamiento

La crisis del sistema de Libre Empresa  -nombre eufemístico  que, entre  muchos otros, adopta el capitalismo para ocultar su naturaleza proterva-, crisis que éste en apariencia puede resistir sin límites, se traduce como terrible pesadilla para las naciones del mundo, debido ante todo a la virulencia que el Capital está reasumiendo a escala global, con repercusiones en los diversos ámbitos que la vida social comprende, desde lo económico, lo político, lo cultural, hasta los planos ético y moral.

Abarca, incluso, las relaciones normales de pareja que, hoy, prácticamente, se proscriben por estimárseles cual si de algo anómalo y retrógrado se tratara. En este campo tan complejo de las relaciones entre el hombre y la mujer, lejos de colocarse  los diversos asuntos que a ambos atañen en el terreno de la reflexión madura, en vez de eso, en lo que respecta, póngase por caso, al machismo, simplemente, se estima al hombre en general su único portador y se exime de ello a la mujer en general. Y lo peor, se libera de esta terrible lacra al sistema opresor que la concibe, alimenta y promueve: el Capital. 

Mas las cosas están llegando a desbordar el conjunto de límites existentes entre el hombre y la mujer, para pasarlos a una dimensión de divorcio declarado entre ambos, anatematizando al hombre en absoluto, a quien se le enjuicia y se le culpa de cuanto ocurra. Todo eso mientras el capital sonríe gozoso por  el colosal embrollo que provocan sus medios abundantes y diversos en la psiquis del ser humano, destinado a generar la guerra pervertida entre los géneros para apartar, de modo decisivo, a las personas de la lucha en su contra.   Esa guerra es parte consustancial de la guerra de todos contra que genera el mundo de las trasnacionales

Fin de la presentación
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Las políticas de género, esta ola de corrección política y puritanismo, afectan tanto a los hombres como a las mujeres. Destruyen a los hombres, en tanto que hombres, con igual fiereza que a las mujeres. Éstas se envilecen cuando se desentienden de los problemas que afectan a los hombres, caen en una falta de empatía que las degrada como mujeres y, sobre todo, como personas, algo que induce a los hombres a despreocuparse de los problemas de ellas. Y así entramos en un circuito perverso que nos divide. 

Pero esta construcción de dos mundos separados, hombres y mujeres, no es nuevo; se materializó ya en la Conferencia de Beijing (1995), en cuya resolución aparecen mujeres y hombres como dos especies sin conexión entre ellas. La conferencia aprobó por unanimidad la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, con la incorporación de un nuevo mecanismo de actuación denominado “gender mainstreaming” o transversalidad de la perspectiva de género. Esto quiere decir que se adoptarían todo tipo de medidas políticas para reorganizar la vida de las personas, adoptando siempre una perspectiva de género. Así comenzaron a decaer las relaciones intersexuales y a debilitarse el erotismo, llegando a un punto de casi no retorno. 

Masculinidad y feminidad: en vías de extinción 

Estas políticas ya no admiten la existencia de hombres y mujeres: se decreta la estricta igualdad. Pero no una igualdad sociopolítica sino una igualdad psicobiológica que impone una androginia general. Al mismo tiempo, se persigue la masculinidad, se asocia todo lo masculino al mal y se confunde con el machismo. 

Incluso en países como España, la ley castiga con especial virulencia al hombre por el hecho de serlo (Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género). Todo ello ha creado un estado de inseguridad y miedo entre los hombres, que resulta destructivo, con diferentes manifestaciones, una de las cuales es la disfunción sexual. Profesionales, como la psicóloga clínica Alejandra Godoy, califican esta disfunción como la inminente epidemia del siglo XXI entre hombres jóvenes. La virilidad está en peligro. 

Por su parte, la mujer también va siendo despojada de su naturaleza sexual, convirtiéndose en mano de obra de un mercado de esclavitud disfrazada. Los actuales movimientos sociopolíticos transforman a las mujeres en eternas víctimas resentidas con los hombres. Se fomenta un rencor y un odio hacia lo masculino que se han convertido en androfobia. Incluso se intenta convencer a las mujeres de que es necesario “deconstruir” lo masculino. Y esta deconstrucción es aceptada por muchos hombres como forma de resarcir, no sus pecados, sino los cometidos supuestamente por algunos de sus antepasados, opresores y misóginos. 

A su vez, ciertos sectores feministas fomentan el lesbianismo político o lo que es lo mismo, abogan por que el lesbianismo sea una alternativa positiva a la heterosexualidad para las mujeres. Hasta la propagación de la vida (la maternidad) es considerada ya un freno, un conflicto que impide la expresión libre de la vida, toda una paradoja. La feminidad también está en peligro. 

Masculinidad y feminidad se quiebran. El fundamento de los vínculos primarios o pre-políticos falla. La conexión con nuestro cuerpo y la vida afectiva horizontal se pierden en esta lucha sociopolítica. Lucha animada por el sistema que nos segrega y nos confina a ser un colectivo de lo igual, de personalidades neutras, simplificadas, sin aristas, sin conflicto ni originalidad. 

Se trata del principio de lo igual como norma, que destruye todo rastro de alteridad, mientras crea un sujeto narcisista en grado superlativo. Esta obsesión por lo igual y por disociar al hombre de la mujer, el cuerpo del espíritu, la razón de la emoción, no solamente empobrece al individuo; también establece una barrera infranqueable para el Eros. 

La agonía del Eros 

En su ensayo, La agonía del Eros, Byung-Chul Han se pregunta el motivo del actual enfriamiento de la pasión. Considera este filósofo que el Eros está amenazado por las enormes oportunidades y por la idea ilusoria de libertad sin fin. Hoy día no se buscan las mejores experiencias sino el mayor número de ellas, con el objetivo único de rendir sexualmente hasta satisfacernos al máximo. El axioma de la abundancia en el proceso de selección implica que prestemos escasa atención a lo que ya tenemos y a lo que vendrá. 

Eros siempre significó una movilización total del yo, una capacidad esencial para entrar en conexión con otras personas, mejorando así la existencia propia y ajena. Pero la actual organización social conduce al enfriamiento del erotismo por considerar el amor como un sostén social del yo, en el marco de una cultura emocional guiada por el discurso psicoterapéutico, la cultura de la autoayuda, las políticas, la publicidad y el consumo. 

Como señala Juan M. Blanco en Disidentia, “los modernos medios de comunicación, como la televisión y más recientemente Internet, actúan como potentes cajas de resonancia de una cultura del ¡mírame!”. Por un lado, se maximiza la autoadmiración y, por otro, se elimina la otredad: rasgos propios de la sociedad narcisista del yo. 

Valores como la igualdad, la autonomía y la razón, centrales en la modernidad, censuran el Eros hasta el punto de contemplarlo con repulsión e, incluso, cinismo. Los efectos de Eros, el amor, que nos confirman como seres humanos y sociales se están debilitando en la era moderna, conduciendo al fracaso. 

Toda búsqueda de la pareja, de la relación ideal, suele ir acompañada de fracasos, que hoy día no se aceptan: tan sólo el éxito constante. Pero estos fracasos no se deben generalmente a una inmadurez derivada de pérdidas tempranas (infancia) sino a la infantilización de la etapa adulta, a la creación de una sociedad de personas “que exigen cada vez más de la vida pero entienden cada vez menos el mundo que los rodea“. 

La infantilización está causada por el exceso de información y de consumo, por el repetido mensaje de “si quieres, puedes”. Se trata de una cultura de constante comparación igualatoria, que rechaza lo distinto y lo negativo: una sociedad positivista que no contempla el fracaso. 

En realidad, son las órdenes institucionales las que generan nuestros caprichos y sufrimientos, a través de un cambio profundo en las reglas del amor. Por un lado, se radicalizó la idea de igualdad y de libertad personal; por otro, se separó lo sexual de lo emocional. Y este cambio se apoyó en un modelo que prioriza el bienestar emocional y sexual, sacando partido de las relaciones sin vivir los sentimientos. 

En palabras de Eva Illouz “la competencia sexual generalizada transforma la estructura misma de la voluntad y del deseo, y este último asume las propiedades del intercambio económico, o sea, que empieza a regularse según las leyes de la oferta y de la demanda, de la escasez y la sobreabundancia”. 

Recuperar lo vinculante 

Cómo no va a decaer el erotismo si vivimos en una era en la que la vida horizontal se encuentra ausente, se mercantiliza y tecnifica la búsqueda de relaciones, se presenta la biología de la mujer como inferior y se tacha al hombre de violento y agresivo. Lo erótico ha dado paso a una hipersexualización donde han desaparecido los rituales de cortejo, galanteo y seducción. Y se reprime el instinto de procreación en aras de un trabajo asalariado, vendido como ideal de éxito pero que destruye la vida interior. 

Cómo no va a debilitarse el erotismo si la legislación y las estructuras del Estado impulsan sexismos políticos victimizando a la mujer y persiguiendo al hombre. Si se lleva a cabo un adoctrinamiento institucional y se construyen patrones cerrados de conductas sexuales de lo igual. 

En esencia, Eros es el encontrarse con el otro, recibir al otro y entregarse. Si nos quitamos las lentes politicistas de la moderna sociedad ideológica, tal vez entonces recuperemos los vínculos con Eros. Y tal vez así recuperemos la capacidad de dialogar, de entablar una relación con lo distinto y de salvar lo bello. Salvar a Eros es, en definitiva, recuperar lo vinculante. 

jueves, 13 de abril de 2017

"El Capital" tras la edición histórico-crítica


12-04-2017


"El Capital" tras la edición histórico-crítica
Viento Sur


Un libro, más o menos conocido, de Jacques Bidet se intitula de manera significativa Que faire du Capital?


Creo que se podría ser más radical e ir un paso atrás para preguntar ¿Qué es El capital? A través de esta obra, Marx quería hacer comprensible el funcionamiento de la sociedad burguesa. ¿Pero cuál? ¿La de la Revolución Industrial? ¿O quería elaborar un modelo general que fuese más allá de la contingencia o la limitación de una fase determinada y que sirviese como cuadro general de referencia para subperiodos o para articulaciones posteriores? Pero en realidad el problema no consiste únicamente en establecer cómo entender el texto desde un punto de vista teórico: la pregunta puede ser orientada hacia la existencia misma del texto, sobre todo si se considera la nueva edición histórico-crítica de las obras de Marx y Engels, la segunda Marx-Engels-Gesamtausgabe (Mega 2).

Así, un texto de Marx publicado en tres volúmenes que por más de un siglo ha sido leído como El capital no existe como tal. Se ha leído en realidad la edición engelsiana de una serie de textos de Marx que se encontraban en un nivel de elaboración muy dispar entre sí. Mientras que para el primer volumen Engels podía contar tres ediciones cuidadas por Marx mismo (la primera y segunda alemanas y la francesa) y por material preparado para la tercera, para el segundo libro disponía de ocho manuscritos, ninguno de los cuales podía considerarse listo para imprimirse. No hablemos ya del tercer libro, del que había un único y gran manuscrito y algunas exposiciones parciales con argumentos específicos. También en este caso hablar de versiones listas para la imprenta sería, por mucho, inapropiado.

De acuerdo con lo expuesto, el discurso se complica: en vez de preguntar “¿Qué hacer con El capital?”, limitando el debate a la obra impresa que lleva este título y sugiriendo, cuando menos implícitamente, que ésta existiese en versión definitiva. Es más apropiado entonces hablar de “¿Qué hacer con la teoría marxiana sobre el modo de producción capitalista?” o de la “teoría marxiana del «capital»”, con la “c” minúscula y sin cursiva. Afrontar de esta manera la cuestión amplía el cuadro de referencia: los volúmenes por estudiar, de hecho, no son sólo 3 sino al menos 15. Veamos de lo que se trata.

Las reconstrucciones filológicas más acreditadas han mostrado cómo Marx comienza a desarrollar su teoría del capital y de la mercancía, desvinculándose de la teoría cuantitativa del valor de Ricardo, hasta después del Manuscrito de 1857/58, conocido como Grundrisse (volumen II/1 de las Mega), donde Marx por primera vez redacta toda o casi toda la teoría del capital. Posteriormente tenemos el así llamado Urtext, manuscrito preparatorio de la Contribución a la crítica de la economía política; esta obra fue impresa en 1859 (II/2). Al escribir la continuación, por segunda vez Marx redactó una nueva exposición (en parte en forma de investigación histórico-teórica) de toda la teoría. Los Manuscritos de 1861/63 constituyen entonces el segundo gran esbozo de la teoría de la producción capitalista (II/3). En 1863/65, Marx redactó todo por tercera ocasión, esta vez con la intención de imprimir la obra. Este tercer gran manuscrito comprende el volumen II/4. En 1867 salió la primera edición alemana del primer libro (II/5), seguida de un interesantísimo manuscrito preparatorio para la segunda edición alemana y para la francesa en la que Marx reescribe el primer capítulo fundamental sobre la mercancía (en II/6). Tenemos entonces la segunda edición alemana (II/6), la edición francesa (II/7), la tercera edición alemana, la primera al cuidado de Engels (II/8), la edición inglesa (II/9) y, por último, la cuarta edición alemana, la leída históricamente (II/10). Y esto no termina aquí, pues fueron recientemente publicados los manuscritos sobre los que trabajó Engels para dar a la imprenta la obra “definitiva”: los restantes siete manuscritos redactados entre 1868 y 1881 para el segundo libro (II/11), el manuscrito de redacción engelsiana para el segundo libro, utilísimo para entender sus intervenciones al texto (II/12); y, después, el segundo libro, que salió en 1885 (II/13). Finalmente, los manuscritos marxianos posteriores para el tercer libro y los materiales de redacción de Engels aparecerían en el volumen II/14, y el volumen II/15 correspondería al tercer libro como fue dado a la imprenta en 1894.

No entraré en los detalles por los que me remito a la bibliografía ahora disponible también en castellano /1. Subrayaré únicamente cómo éste sería hoy el objeto de investigación para quien quisiese ocuparse de la teoría marxiana del capital. Se trata de un material riquísimo, en buena parte inédito, a partir del cual se arrojarían nuevas luces sobre una teoría que, con demasiada rapidez, se ha querido tratar como fierro viejo.

Para dar una primera indicación del resultado de la reconstrucción filológica, puede abordarse el trabajo marxiano de esta teoría a partir de dos periodos:

1. El primer periodo precede a 1857, cuando Marx “se foguea”, primero estudiando a los clásicos de la economía política, luego criticando a los falsos críticos (Proudhon), después buscando explicar la realidad y dar razón de lo manifestado en la superficie: las tempestades monetarias.

2. El segundo periodo inicia en 1857 y corresponde a la construcción del modelo teórico del “capital” articulado a su vez en cuatro fases cronológicamente sucesivas: los manuscritos de 1857/58, los manuscritos de 1861/63, los manuscritos de 1863/65 y el lapso iniciado en 1867. Esta última fase se desarrolla en tres direcciones entretejidas: publicación y reelaboración del primer libro de El capital (manuscrito Ergänzungen…, segunda edición alemana, edición francesa, material para la tercera edición alemana y para la edición estadounidense que no llegó a realizarse); manuscritos para el segundo libro y manuscritos para el tercero.

A continuación expondré los resultados de mi investigación sobre la teoría marxiana del “capital” que presento aquí en forma de tesis, a falta del tiempo necesario para profundizar /2.

El concepto de tronco se impone a propósito de la teoría general del capital. Se sabe que el plan general que Marx se proponía realizar consistía en escribir seis libros: Capital; Propiedad de la tierra; Trabajo asalariado; Estado; Comercio exterior y Mercado mundial (carta a Lasalle del 22 de febrero de 1858 mew 29, páginas 550-60 y Prefacio a Contribución a la crítica de la economía política). De éstos pudo concluir sólo el primero sobre el capital (y no por completo) y redactar los lineamientos generales del segundo y tercero (esto es, en la medida en que formaban parte de la teoría general del capital, aunque no se excluye la necesidad de escribir otros textos para tratar el argumento en específico). Pero los textos sobre el Estado, el Comercio exterior y el Mercado mundial, así como el asunto de su conexión con la teoría general, correspondiente al nivel de abstracción en que se situarían, permanecieron prácticamente sin respuesta orgánica por Marx, entendiendo que no hay un tratamiento ni una conexión sistemáticos con la teoría general del capital.

La teoría marxiana del modo de producción capitalista aparece entonces como un gran inicio de una teoría general de la sociedad burguesa a la que, sin embrago, faltan aún muchos ladrillos. El autor no pudo colocarlos en cuanto individuo psicofísicamente limitado (aunque extraordinariamente dotado). El proyecto trascendía, cuando menos, la disponibilidad de tiempo. Marx hizo la elección teórica de pensar la complejidad; tal vez en la aplicación de su teoría se ha optado por la vía del reduccionismo y la simplificación.

1. Estructura lógica y su nivel de abstracción

A la luz de los resultados alcanzados en el ámbito de la publicación de la nueva edición histórico-crítica y del debate desarrollado en torno a ésta, cabe concluir que el nivel de abstracción en que se sitúa la teoría marxiana sobre el modo de producción capitalista es muy alto: allí se describe a muy grandes rasgos la dinámica “epocal” de esta forma específica de reproducción humana en la naturaleza.

1.1. Líneas tendenciales y logros (productividad, mundialización, reducción del trabajo necesario como condición del reino de la libertad)

En este nivel, las adquisiciones “históricas” obtenidas gracias al modo de producción capitalista son, según Marx, principalmente tres: 1. Una extraordinaria productividad del trabajo que no tiene precedente y constituye la base material imprescindible para una nueva (posible) organización racional de la producción, como quiera llamársele; 2. A través de esta reducción del tiempo de trabajo necesario a un mínimo tal que permitiría la existencia de un tiempo para el libre desarrollo de los individuos (autodirección y no heterodirección de las necesidades); 3. A través de la reproducción social total a escala mundial, la unificación efectiva de la humanidad; por primera vez en la historia, este concepto no indicaría simplemente la abstracción del género sino que, gracias a la universalización del trabajo individual y viceversa, se indicaría el resultado de un proceso real, incluso como un hecho empíricamente existente.

1.2. Capacidad de predicción y verificación

Si éstos son los resultados epocales que, según la teoría marxiana del modo de producción capitalista, esta fase histórica de la reproducción humana en la naturaleza permite alcanzar, vemos que tales predicciones teóricas distan mucho de ser contradichas por la realidad empírica. Hoy, más que en el tiempo en que Marx escribió, los fenómenos previstos son una realidad. Esto confirma la fuerza extraordinaria de una teoría científica que, formulada hace ya 150 años, permitiría pensar en procesos cuyo desarrollo efectivo se verificaría sólo mucho tiempo después.

La ubicación de la teoría marxiana en un nivel de abstracción muy alto, de la época histórica en general, salva el sistema teórico general, lo que perdemos es la apropiación en el nivel sociológico, político, siempre reconocido en esta teoría. El movimiento político o los varios movimientos políticos que se sienten interpelados por la teoría marxiana tal vez han buscado en El capital indicaciones no generales sino concretas, cuando no concretísimas, preceptos políticos por seguir rigurosamente para transformar la actual en una sociedad socialista o comunista.

Cuando en la edición impresa del primer libro de su obra Marx insistió tanto en la descripción de la manufactura y la fábrica, y enfatizó también en determinados aspectos de la condición obrera e introdujo el concepto de Extrañamiento, sin duda pensaba en el uso político de su texto; sobre esto volveré en breve, pero ahora me interesa resaltar cómo la aplicabilidad, más o menos legítima, de ciertas fórmulas no agota el alcance teórico general.

1.3. Límites relacionados con el nivel de abstracción y teorías “de mediación”

Lo anterior no significa por supuesto que El capital tampoco pueda utilizarse con fines políticos. No obstante, para alcanzar un nivel de abstracción en el que este tipo de problemas pueda ser tratado es necesario proceder al descenso de lo abstracto a lo concreto, así como escribir los textos que Marx no escribió, pero que habría querido escribir, contextualizando la teoría general del modo de producción capitalista en los capitalismos empíricos, histórica y geográficamente cualificados. O evaluar en qué medida podrían situarse en las subfases, etcétera.

2. Política inderivable mecánica y automáticamente. Formas y figuras

Lo francamente impracticable hoy es derivar de la letra de El capital una doctrina política. También el papel del obrero en la fábrica es recontextualizado en este escenario. La teoría de la subsunción del trabajo bajo el capital puede interpretarse como una descripción histórico-sociológica del capitalismo situado en la Revolución Industrial. Éste es en verdad un aspecto presente, pero reducir a éste todo el sistema disminuiría mucho el aporte teórico. En realidad, Marx desarrolla con la subsunción una teoría de la transformación formal del proceso de trabajo en su concreción capitalista y distingue tres elementos formales fundamentales: el carácter cooperativo, el ser-parte y el ser-apéndice del trabajo vivo. Estas determinaciones formales son expuestas después en el contexto de su configuración determinada, la de la Revolución Industrial para ser exacto. Pero aquí no se agota el valor formal que permanece vigente también en otras figuras, siempre que se ajusten a las determinaciones de la forma mencionada. El fin de la fábrica no significa el de la apendización del trabajo individual, menos aún de la cooperación o del ser-parte, salvo determinadas figuras que aquellas formas han personificado. Me parece que hay un horizonte de investigación abierto a la valoración científica sobre cuáles figuras encarnan hoy aquellas formas.

Por otra parte, en la reducción histórico-sociológica, considerando las fases de subsunción como una sucesión cronológica ocurrida, y ahora sustancialmente concluida, se pierde de vista que aquellas categorías son funcionales al proceso de producción del plusvalor relativo y que, por tanto, varían –entran en juego y desaparecen, se reproducen, etcétera–, como variables dependientes del proceso de valorización. Por ello, nada impide que en determinadas configuraciones o, más concretamente, coyunturas se pueda retroceder; esto no genera ningún problema si se entiende dialécticamente la construcción del capital. En realidad, Marx expone aquí estas figuras en forma pura (aunque impuramente hablando también de determinadas figuras concretas) y sólo después, en el nivel de la dinámica general, se hablaría de su alternancia y concreción, de su dinámica efectiva.

Me parece que el esfuerzo gramsciano de los Cuadernos de la cárcel se entendería como el intento por tomar las figuras como concreción de las formas; es decir, de buscar la especificidad de subperiodización a la luz de una teoría general del capital y de la hegemonía. Éste es en efecto el nivel de la teoría política y de la acción, como decía, en un nivel de abstracción más bajo, al que debe descenderse a través de las teorías de mediación. Hoy, por tanto, me parece que desde un punto de vista político, la teoría del capital puede dar indicaciones de este tipo: 1. No derivar de ella, de manera inmediata, praxis alguna; 2. Usarla como presupuesto conceptual para una posterior concreción.

Así pues, no hay problema alguno en que Marx se haya dirigido a los obreros, pues en aquel momento ésta era efectivamente la figura. Pero las potencialidades políticas de la teoría marxiana son mucho más fuertes que la propia aplicación que pudo hacer el autor.

3. Teoría del modo de producción capitalista como teoría de la historia

El modelo teórico de la producción capitalista tiene su temporalidad: como fue concebido por Marx, tiene un inicio, una dinámica de desarrollo y una finitud intrínsecos. En el curso de este desarrollo emergen las formas (encarnadas en figuras) que anticipan, a su vez, formas de una sociedad futura, tal como en su inicio el capital heredó sus condiciones de partida no planteadas por él mismo. Hay por tanto una doble direccionalidad: hacia el pasado y hacia el futuro.

Que el capital tenga una finitud conceptual –consistente en crear una productividad impresionante aunque vinculada a la valorización y, por tanto, a partir de cierta fase de desarrollo y en adelante, aunque la quiera ya no la pueda utilizar– no significa, por sí, que éste colapse espontáneamente ni nada por el estilo. La contextualización de estas líneas tendenciales abstractas se halla de nuevo en un nivel muy bajo de abstracción.

3.1. Hacia el pasado. Tronco: falta la teoría de los otros modos de producción

El materialismo histórico, como teoría general de la historia, permaneció como un tronco o esbozo. Permanece en El capital como teoría de la fase capitalista de la producción humana en la naturaleza –por más que sea una notable exposición, confirmada por los hechos, sobre sus tendencias generales–, mas para las otras famosas fases, indicadas someramente en el prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política, no cabe hablar siquiera de delimitaciones generales (prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política: asiático, antiguo y feudal).

La teoría del modo de producción capitalista permite establecer un punto de partida lógico idóneo que es, a su vez, el punto de llegada de un periodo precedente. Si se sabe lo anterior, pueden hacerse al menos dos cosas: 1. Reconstruir historiográficamente cuáles acontecimientos han llevado a la posición de estos presupuestos iniciales en determinadas circunstancias y lugares, lo cual Marx lleva a cabo en la exposición de la así llamada “acumulación originaria para Inglaterra”; y 2. Tratar de elaborar una teoría en la que se reconstruya teóricamente el funcionamiento del modo de producción precedente cuyas líneas tendenciales llevan a la posición de lo que se presupone como modo de producción futuro. Esta última no tendría naturalmente una coincidencia empírica inmediata, pero describiría los modelos teóricos de explicación, como hace la teoría marxiana del capital. En esta dirección, sobre todo respecto a la tendencia de la disolución, Marx se sitúa en las formen (formas).

Gian Mario Cazzaniga /3 ha mostrado en general y de manera eficaz las cualidades y los límites de la investigación marxiana en este sentido. Me parece sostenible que en Marx no haya una teoría del modo de producción feudal o asiático. Esto no significa que tampoco podrían existir sino, más bien, que éstas estarían aún por elaborarse. Sólo aquella elaboración permitirá evaluar efectivamente, con certeza teórica equiparable a la de la teoría del capital, así como se da en esa época la lucha de clases.

3.2. Hacia el futuro

Si la teoría del modo de producción capitalista da las indicaciones hacia el pasado, es decir, señala el punto de llegada del modo de producción precedente, ésta nos da también las indicaciones hacia el futuro: muestra las líneas de tendencia que llevan a la formación de figuras de subjetividad nuevas que representan en la forma capitalista los gérmenes del futuro modo de producción.

3.2.1. Figuras de subjetividad (capital accionario y cooperativo)

¿Cuáles son estas figuras? En primer lugar, la nueva forma histórica del trabajo instaurada gracias al modo de producción capitalista y que representa una adquisición histórica de importancia fundamental es la del trabajador colectivo. Con esto no se entiende de manera reduccionista al obrero-masa, sino que ésta podría ser sólo una figura de aquella forma; sin embargo, la realización del proceso socionatural de manera cooperativa con el fin general que subsume los fines parciales y con el trabajador individual como parte o apéndice o potencialmente ausente o presente sólo como supervisor de un proceso automatizado. La potencialidad productiva surgida gracias a esta nueva forma de subjetividad, el nuevo contenido material instaurándose gracias a la forma capitalista de producción, es lo que el modo de producción capitalista aporta como bueno a la historia mundial (aun cuando lo haga de modo cruento y contradictorio). La sociedad futura no debería volver atrás a la producción individual sino superar la forma capitalista contradictoria. El problema, que no es menor, consiste naturalmente en establecer cómo se supera tal forma y, sobre todo, qué la sustituirá.

Marx indica para este propósito una forma fundamental: la cooperativa. Ésta encarna ya, en el modo de producción capitalista, la forma autogestiva de la producción. Por otro lado, cuando nos referimos a la emergencia del trabajador colectivo en sentido amplio, ésta puede entender a la humanidad integrada que cooperativamente gestiona el intercambio orgánico con la naturaleza como sujeto integrado.

3.2.2. Desde Marx, sólo indicaciones de carácter muy general y, a lo más, un vínculo de diferenciación respecto al modo de producción capitalista

¿Pero cómo funcionará esta sociedad futura? Marx brinda para este propósito indicaciones generales y a menudo con relación de diferenciación respecto al propio modo de producción capitalista. Parece difícil, si somos realistas, obtener una teoría. Al proceder de esta manera, el concepto surgido con mayor frecuencia es el del plan como alternativa a la reproducción caótica en forma mercantil del capitalismo. Ateniéndonos entonces a las líneas fundamentales, diríamos que Marx vería en el trabajo cooperativo en la presencia de un plan y en la sustancial superación del mercado los factores determinantes para distinguir la sociedad futura de la actual. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la fuerza de la nueva sociedad consistiría justo en la superación de las contradicciones de la sociedad capitalista en la cual a la infinita productividad potencial corresponde el vínculo de la valorización: en la nueva sociedad, tal potencialidad debería poder ser disfrutable sin límites. La nueva sociedad vencería porque es más productiva.

Si pensamos en el llamado “socialismo real”, por el contrario, lo evidente es la amarga derrota respecto a este aspecto. Cierto, puede discutirse si tal resultado dependía de la realidad histórica rusa o si derivaba justo de la sociedad planificada como tal. Parece que diversos clásicos del marxismo han subestimado la complejidad y los problemas ligados a la planificación. Se ha sostenido con tono de autoridad que justo en la planificación estaría el germen de la ineficacia y de la burocratización, más allá de los excesos contingentes de naturaleza histórica o vinculados al carácter particular de una nación.

Sin embargo, si nos situamos en el método marxiano, no podríamos formular una teoría de la realidad futura hasta que ésta hubiese alcanzado cierto grado de desarrollo, cuando –por tanto– sus leyes hubiesen ya comenzado a actuar sobre el presente o estuviesen en acto. Quizás en los tiempos de Marx era demasiado pronto para llegar a este punto de vista; los albores de futuro no eran entonces más que destellos.

4. Conclusiones

La teoría marxiana del capital es más actual hoy que en los tiempos de Marx. Sus líneas tendenciales se confirman con los hechos, y esto ratifica su gran capacidad de predicción. Su nivel de abstracción es sin embargo muy alto. Para ofrecer una política y un análisis contemporáneos no basta “aplicarla”; para hacerlo, ésta sólo puede servir como premisa conceptual, pero resulta necesario descender hacia niveles de abstracción más bajos que tengan en cuenta subperiodizaciones, fases, sistematización analítica posterior (en el campo económico, por ejemplo), y aún está por escribirse y por actualizar lo que Marx comenzó a realizar.

Si tenemos esto presente, la teoría marxiana del modo de producción capitalista no es fierro viejo sino la única teoría en condiciones de explicar las tendencias históricas de lo que acontece todavía hoy. Si se pretende, por el contrario, que ésta sea todavía la palanca para todo, nos arriesgamos a cometer errores. La conclusión es que resta mucho por hacer y estudiar para llevar adelante lo que Marx “sólo” ha comenzado.

Traducción: Araceli Mondragón

Notas

1/ R. Fineschi. “Karl Marx después de la edición histórico-crítica (Mega 2): un nuevo objeto de investigación”, en Dialéctica, nueva época, año 37, número 45-46, enero-junio, julio-diciembre de 2013. Véanse también los libros clásicos de Enrique Dussel.

2/ Un desarrollo más articulado se halla en R. Fineschi. Ripartire da Marx, Nápoles, La Città del Sole, 2001; y en Marx e Hegel, Roma, Carocci, 2006.

3/ G. M Cazzaniga. Funzione e conflitto. Forme e classi nella teoria marxista dello sviluppo, Nápoles, 1981.

Fuente original: 


Tomado de: 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=225259


jueves, 30 de marzo de 2017

Stalin, historia y crítica de una leyenda negra


05-07-2011

Stalin, historia y crítica de una leyenda negra
Michelcollon.info

Traducido para Rebelión por Guillermo F. Parodi y revisado por Caty R.

“Pero nosotros no somos estalinistas”. Un poco como los católicos contemporáneos que no tienen nada más urgente que rechazar al Papa, los comunistas actuales se despegan tanto como pueden del período durante el que el comunismo, no fue una simple “hipótesis”, sino un movimiento que reunía millones de personas, con un peso real en la historia, y que fue el período de Stalin. El filósofo italiano Domenico Losurdo no comparte esta forma de fuga de la historia o de autofagia de los comunistas, como lo llama, y es seguramente por eso que consagró un libro al hombre que fue a la vez uno de los más adulados y uno de los más odiados del siglo XX y que personificó más que cualquier otro carácter prometeico [1] de su tiempo.

Reflexiones sobre Stalin, a partir del libro de Domenico Losurdo, Stalin, historia y crítica de una leyenda negra; traducido del italiano por Marie-Ange Patrizio, con un epílogo de Luciano Canfora; Aden, Bruselas, 2011.

Aunque el autor desmonta la “leyenda negra” forjada entre otros por Arendt, Conquest, Kruschev y Trotski, este libro no es una apología de Stalin (aunque se le acusará de serlo) sino que más bien es una tentativa para sacar a Stalin de la demonología occidental, donde ocupa un lugar destacado al lado de su “hermano gemelo” Hitler, y hacerle entrar en la historia, una historia ciertamente trágica, pero que no se resume en la lucha del Bien democrático contra el Mal totalitario. El autor aborda de frente varios temas sensibles, como la conducción de Stalin de la guerra patriótica (1941-1945), la hambruna en Ucrania, los campos, la industrialización forzada, también el antisemitismo, y lo interesante es que el autor se apoya para ello en fuentes no comunistas.

Losurdo pone de manifiesto que las prácticas de deportación o trabajos forzados denunciadas como “monstruosas” cuando se debían a los estalinistas, eran perfectamente aceptables para el Occidente liberal cuando éste las aplicaba a los pueblos colonizados. Este libro ofrecerá quizá un antídoto a la culpabilización en la que se encierra a muchos comunistas desde hace décadas.

Debería sobre todo permitir ver al régimen soviético como una dictadura desarrollista, para utilizar las palabras de Losurdo, cuyo objetivo principal no tenía nada que ver con el socialismo tal se entendía antes de 1917, sino que apuntaba a que Occidente fuese alcanzado por un país atrasado. Toda la obra de Stalin puede resumirse en estas frases de Isaac Deutscher (que no le tenía el menor aprecio: “encontró una Rusia que trabajaba la tierra con arados de madera y la dejó propietaria de la pila atómica… Un resultado similar no habría podido obtenerse sin una profunda revolución cultural con la que se enviase a todo un país a la escuela para darle una amplia instrucción”. (Citado por Losurdo, p.12). Deutscher habría podido añadir que todo se hizo en un clima de hostilidad internacional y sabotaje inaudito y fue acompañado por la creación de un potente ejército que venció prácticamente solo al fascismo. Por supuesto fue el resultado de una dictadura feroz, ¿cómo podríamos imaginar que se hubiese realizado de una manera diferente? ¿Y cómo habríamos podido imaginar que todo eso fue realizado por el loco sanguinario, estúpido e inculto descrito en la “leyenda negra”?

¿Qué conclusiones políticas sacar del libro de Losurdo? Bertrand Russell [2] observaba, ya en 1920, que “los bolcheviques pasan por ser los aliados del socialismo occidental avanzado, y desde esa posición son propensos a serias críticas…. Pero como gobierno nacional, una vez eliminado su camuflaje y al considerarlos como los sucesores de Pedro el Grande, realizan una tarea necesaria, aunque ingrata.” El error fundamental de los comunistas occidentales fue dejarse engañar por el “camuflaje”, y hasta de pervertir así la idea del socialismo, definiéndolo como la obra de “sucesores de Pedro el Grande”. Así, inauguraron una tradición, que continúa, la desconfianza de la izquierda hacia las libertades democráticas (entre otras la libertad de expresión), percibidas hoy como “burguesas”, dado que se habían suprimido en la URSS, mientras que antes de 1917, los socialistas, sin distinción de tendencias, tanto reformistas como revolucionarios, habían defendido estas libertades.

Pero en lo que la izquierda occidental “radical” se convirtió, con la “desestalinización” y sobre todo después de mayo de 68, es una mezcla de subjetivismo y utopía que es, en muchos aspectos, peor que lo que eran los partidos comunistas occidentales en la época “estalinista”. Esta izquierda admitió progresivamente la idea de que el final de la URSS significaba el final del socialismo (lo que equivalía a perpetuar bajo forma invertida el error fundamental de los estalinistas) y la renuncia a todo proyecto radical de transformación socioeconómica. De esa manera, abandonó poco a poco a la mayor parte del pueblo, concentrándose exclusivamente en los “excluidos”: minorías sexuales, sin papeles, personas carenciadas provenientes de la inmigración. El discurso transmitido a la mayoría ya no fue un discurso vuelto hacia el futuro (“construir el socialismo”) sino hacia el pasado, y no pretende unir sino culpabilizar: sobre el holocausto, el colonialismo, el racismo, la degradación ecológica o, con respecto a los raros partidarios de la izquierda clásica, a culpabilizarlos por el estalinismo. Los propios mitos europeístas o alter-europeístas, justificados por la culpabilización antinacionalista, eliminaron toda reflexión política real y nos encierran en una regresión social sin final. El internacionalismo “proletario” fue sustituido por el “derecho de injerencia humanitaria”. El control del discurso, en nombre del antirracismo y el antifascismo, es aún más totalitario que antes: para la izquierda actual, es bien más grave pronunciar una frase racista que privatizar un banco público.

A pesar de todos sus defectos, los comunistas occidentales “estalinistas” peleaban por causas generalmente justas: la lucha contra el fascismo, las políticas de progreso social y la descolonización. En la actualidad, la izquierda occidental está -con su retórica grandilocuente sobre los derechos humanos- sin proyecto, sin futuro y completamente al margen de la historia real.

El libro de Losurdo quizás permitirá a los comunistas, apropiándose nuevamente de una visión realista de su historia, comenzar a reinventarse un futuro.

Notas:

[1] Rasgo prometeico: ambición, prepotencia o abuso de cualquier práctica. (Nota del traductor).

[2] Bertrand Russell, La pratique et la théorie du bolchevisme, traducido al francés por André Pierre, La Sirène, París, 1921, p. 43.

Fuente: 


http://www.rebelion.org/noticia.php?id=131660

domingo, 12 de junio de 2016

La desaparición de la URSS 25 años después: Algunas reflexiones (IV)


Konstantin Chernenko.

La desaparición de la URSS 25 años después: Algunas reflexiones (IV)

10 junio 2016 

Al morir en marzo de 1985 (Konstantin Chernenko) fue promovido como Secretario General del PCUS Mijail Gorbachov. Con 54 años de edad era el secretario general más joven elegido después de la segunda guerra mundial y también el primero que no había participado en la misma.


En enero de 1988 fue seleccionado “hombre del año” por la Revista Time. En 1990, le concedieron el Nobel de la Paz. En 1991, la URSS desapareció.

Gorbachov se había graduado como jurista y había desarrollado su carrera trabajando en diferentes estructuras del Partido, donde ocupó cargos en la dirección del mismo en la región rusa de Stavropol desde 1962 y como secretario general entre 1970 y 1978. Ingreso al Comité Central del PCUS en 1971 y en 1978 fue promovido a miembro del Secretariado del Comité Central a cargo del la agricultura, -anteriormente había obtenido el título de agrónomo en estudios por correspondencia- siendo promovido a miembro del Buró Político en 1980.

Ya bajo la dirección de Andropov, Gorbachov había venido destacándose como un cuadro en ascenso. Se trataba sin dudas de una persona inteligente, con capacidad de dirección y facilidad de comunicación rasgo, este último, que contrastaba con la personalidad de sus antecesores.No obstante, su experiencia práctica en la dirección del Estado y su formación en temas de política económica y relaciones internacionales resultarían muy limitadas para el cargo que ocuparía en 1985.

El panorama que enfrentaría el nuevo dirigente era complejo. La URSS sufría un significativo desgaste sociopolítico como resultado del estancamiento económico, el deterioro de indicadores sociales básicos y también como consecuencia de las secuelas –solo parcialmente superadas- de un sistema político que había fallado en dar una respuesta estable para trascender adecuadamente el capitalismo. Esto último se evidenciaba en la burocratización de los procesos de dirección, la falta la renovación en los dirigentes y la consecuente carencia de movilidad social, así como la falta de una cultura socialista plenamente desarrollada y la ausencia de participación efectiva de los trabajadores en la gestión democrática de la sociedad.

Precisamente en lo referido a estos últimos aspectos, llamaba la atención la pasividad de la sociedad soviética ante los problemas de la vida cotidiana, fenómeno que se manifestaría también en los últimos años de existencia de la URSS. En lo referido a la necesidad de una nueva forma de vida, el politólogo ruso Serguei Kara-Murza brindaría una interpretación interesante sobre el tema al señalar:

“…la vida del pueblo soviético con su bienestar garantizado (¡incluso si este hubiera sido grande!) se convierte en una existencia sin objetivos (…) Para una persona promedio era aburrido vivir en el socialismo soviético desarrollado. Y nuestro proyecto no propuso salida alguna a ese tedio (…) El socialismo que construyeron los bolcheviques era efectivo como proyecto para personas que habían sufrido desgracias (…) Pero el proyecto no respondía a las exigencias de una sociedad próspera que ya había sufrido y olvidado la desgracia.”

Por otro lado, estaba presente el crecimiento de una economía privada ilegal, también llamada segunda economía, que –según estimados ya mencionados anteriormente- alcanzaba un nivel equivalente al 20% del PIB en 1988. La presencia de estas ilegalidades se vinculaban a la extensión de la corrupción en el aparato estatal soviético durante el mandato de Brehznev, fenómeno que fuera inicialmente objeto de atención priorizada por Yuri Andropov en su breve período de mandato.

Derribo y destrucción de una estatua de Lenin en Ucrania, en 1991.

En el ámbito de la política económica y el sistema de dirección de la economía, la zigzagueante evolución de las reformas de los últimos 20 años no habían brindado los resultados esperados. No obstante, es preciso aclarar que –a pesar de las dificultades apuntadas- la economía soviética no se encontraba entonces en medio de una crisis irreversible y si bien es posible hablar de un estancamiento en esos años, el mismo hay que referirlo a la necesidad –no satisfecha- de consolidar un crecimiento intensivo mediante el incremento de la productividad del trabajo. A pesar de las dificultades, debe señalarse que el nivel de existencia material del ciudadano soviético promedio había aumentado notablemente entre 1965 y 1985.

Tampoco debe pasarse por alto que desde finales de la década de los años 70 la URSS se enfrentaba a una reforzada ofensiva política y militar de Occidente, encabezada por Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Gran Bretaña. Se buscaba –por diferentes vías- exacerbar las dificultades económicas del país mediante una política de sanciones; romper el equilibrio militar, especialmente en el teatro de operaciones europeo, a través de la instalación de nuevas armas estratégicas –particularmente el Sistema de Defensa Antimisiles- en lo que se conocería popularmente como “la guerra de las galaxias” y elevar las contradicciones internas en los países de Europa oriental, así como sus diferencias con la Unión Soviética. Un impacto evidente de estas presiones se manifestaría en el gasto estimado de entre 3 000 y 4 000 millones de dólares anuales para sostener la presencia de tropas soviéticas en Afganistán –de donde solo se retirarían en 1989- y la transferencia de entre 1 000 y 2 000 millones anualmente para apoyar el gobierno polaco frente a la ofensiva antisocialista del Sindicato Solidaridad a partir de 1981.

Como es lógico, los temas económicos concitaron la inmediata atención de Gorbachov y su equipo. De hecho las primeras medidas adoptadas en 1985 plantearon una reconsideración de las metas de crecimiento para el quinquenio 1986-1990.

Curiosamente a solo dos meses de ocupar el cargo, el Secretario General plantearía un criterio que contrastaba con los que predominaban a partir de las reformas económicas anteriores: “Muchos de ustedes ven la solución de sus problemas acudiendo a mecanismos de mercado en lugar de a la planificación directa. Algunos de ustedes ven el mercado como el salvavidas para los problemas económicos, pero, camaradas, ustedes no deben ver al salvavidas sino el barco y el barco es el socialismo.” Pero estos criterios –así como muchos otros- cambiarían rápidamente en la visión del máximo dirigente soviético.

En la evolución de la política interna de la URSS durante los últimos años de su existencia, pueden delimitarse claramente tres etapas: 1985-87, 1988-89 y 1990-91.

Durante los dos primeros años del mandato de Gorbachov se dio continuidad a la mayoría de las líneas trazadas por su antecesor, mediante una política en la que se pretendía perfeccionar la gestión económica en los marcos del socialismo. Muchas de las ideas acerca de la necesidad de profundos cambios se había formulado ya por Gorbachov en el Pleno del CC del PCUS de diciembre de 1984 –donde ya se hablaba de la perestroika- y en el Pleno correspondiente a abril de 1985. El énfasis sería puesto en el desarrollo mediante la utilización del potencial científico técnico del país.

La presentación de un programa económico más amplio se hizo en el XXVII Congreso del PCUS en febrero de 1986, que –en síntesis- contemplaba hacer más eficiente la dirección centralizada de la economía, extender resueltamente la autonomía a las empresas, pasar a métodos económicos de dirección, utilizar para la administración las estructuras orgánicas modernas y democratizar todos los aspectos de la administración.

Un aspecto que incidiría en los resultados de la dirección de la sociedad soviética, fue la decisión inmediata de sustituir dirigentes a todos los niveles, lo que –si bien podía justificarse desde diferentes puntos de vista- en la práctica contribuiría a la inestabilidad que se observó en los procesos de dirección durante esos años. De tal modo, en el plazo de un año se sustituyó al 50% de los miembros del Buró Político, cinco de los 14 secretarios del partido a nivel republicano, se dio baja a 50 de los 157 secretarios del partido a nivel de regiones y distritos y en total se sustituyeron unos 15 000 administradores. Simultáneamente se promovieron sucesivamente al Buró Político tres dirigentes que ejercerían una gran influencia en Gorbachov y en el devenir de la sociedad soviética en los años siguientes.

Estas personas fueron Alexandr Yakovlev, que había ocupado cargos de importancia en la esfera de la propaganda y los medios en el Comité Central, el cual también había sido embajador en Canadá durante 10 años y que devendría secretario del Comité Central y uno de los asesores políticos más importantes de Gorbachov; Eduard Shevardnadze, que había dirigido el partido en Georgia y que pasaría a ocupar el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores; y Borís Yeltsin, dirigente del partido en la ciudad de Sverdlovsk que fue designado para el importante cargo de secretario del PCUS en la ciudad de Moscú. Los tres eran conocidos –con diferentes matices- por sus posiciones críticas y reformistas de corte socialdemócrata, que derivarían hacia expresiones claramente anticomunistas y antisoviéticas a lo largo de estos años.

Durante este período inicial, se sucedieron rápidamente un conjunto de medidas de carácter socioeconómico.

En primer término y para impulsar el desarrollo, en junio de 1985 se crearon 23 nuevos complejos científicos y se modificó el plan quinquenal en octubre para priorizar la producción de equipos tecnológicos avanzados. Para tener una idea del cambio que se gestaba, debe tomarse en consideración que entonces más del 70% del potencial científico de la URSS estaba vinculado directamente al complejo militar-industrial, por lo que una transformación a corto plazo en el empleo de ese potencial era una tarea de enorme complejidad para intensificar la producción y al mismo tiempo, asegurar la defensa del país.

En una decisión de elevado impacto social, Gorbachov lanzó una campaña contra el consumo de alcohol en mayo de 1985, un problema que –efectivamente- durante muchos años había incidido negativamente en la salud y en la disciplina laboral soviética. Para ello disminuyó la producción de vodka y limitó los horarios de venta de la bebida, medidas que –sin embargo- no atacaron las complejas y profundas raíces del fenómeno en la historia del pueblo ruso, no contaron con el necesario apoyo social y a la larga resultaron inefectivas, ya que se produjo un notable incremento de la producción del aguardiente casero en alambiques clandestinos.

Igualmente en mayo de 1986 se implementó una nueva legislación para controlar los ingresos no provenientes del trabajo, en un proceso que tampoco profundizó las causas de la existencia, desarrolló la economía informal y no produjo resultados socialmente favorables. Por otro lado, en noviembre de ese año se aprobó una nueva legislación sobre el trabajo individual que contribuiría a formalizar un conjunto de actividades que se desarrollaban al margen de la ley. Curiosamente, en esta legislación no se autorizaba el trabajo asalariado, principio que se abandonaría posteriormente. Finalmente en noviembre de 1987 se aprueba una legislación que permite la entrega en arriendo de bienes estatales, preámbulo de la privatización de bienes públicos que se abriría paso poco tiempo después.

También como ejemplo de los cambios institucionales que, con un enorme alcance se emprendieron a toda velocidad en la estructura del gobierno, a finales de 1985 se creó una especie de superministerio para gestionar la producción agroindustrial bajo la denominación de GOSAGROPROM, que flexibilizó la producción agrícola con una orientación mercantil, pero que tampoco produjo los impactos esperados y se disolvió con la misma rapidez con que se creó en abril de 1989.

En el ámbito del cambio en las relaciones de propiedad se aprobó la creación de las cooperativas no agropecuarias en octubre de 1986, que -según el criterio de varios analistas-, sirvió más para cubrir actividades ilegales que para crear una nueva forma de gestión social. De igual modo, en enero de 1987 el país se abrió nuevamente a la inversión extranjera, fenómeno que no había estado presente desde los años de la NEP y que tuvo una fría acogida en el exterior, pues a finales del año solo se habían invertido 89,3 millones de dólares bajo este concepto.

Una trasformación de enorme trascendencia en el ámbito de la propiedad estatal fue la aprobación de una nueva ley de la empresa estatal en junio de 1987 bajo los principios de la autonomía, la autogestión y el autofinanciamiento que abría un espacio mayor al mercado reduciendo el papel de la planificación y la dirección central de las empresas. En esta legislación se percibía una clara influencia de la reforma económica que sobre el tema se había desarrollado desde inicios de los años 80 en Hungría.

Finalmente, el Pleno del Comité Central de junio de 1987 aprobó lo que se denominó como Programa para la Reforma Económica Radical, que –en síntesis- sentaría las bases para transitar hacia el socialismo de mercado en la URSS.

A lo largo de este proceso puede apreciarse cómo durante el período que va de 1985 a 1987 se va operando una trasformación de la política económica que rompe con las premisas de las reformas económicas anteriores y comienzan a aparecer señales claras de cambios que se alejan de las premisas esenciales adoptadas para perfeccionar el socialismo.

En este punto debe señalarse que hubo dos conceptos cuyo contenido presidiría las transformaciones a emprender, pero que irían transformándose con el tiempo. El primero era la perestroika, que puede traducirse como reconstrucción o reestructuración y el segundo fue la glasnost o transparencia. En ambos casos inicialmente el alcance de los cambios a introducir se enmarcaba en los marcos del socialismo, uniéndose al reclamo de una democratización de los procesos de dirección social con ese mismo referente.

Sin embargo, ya a partir de los acuerdos del Pleno del Comité Central del PCUS de enero de 1987 se introduce un concepto de democratización con referentes liberales propios de la sociedad burguesa y se van desdibujando los márgenes socialistas de actuación de la perestroika y la glasnost como instrumentos para perfeccionar el socialismo, transformándose gradualmente en elementos para su cuestionamiento.

Simultáneamente –en el ámbito de los medios de comunicación- la exigencia de mayor transparencia en la gobernabilidad social se enfoca hacia una revisión histórica del desarrollo de la URSS y –particularmente- a una valoración crítica del fenómeno del stalinismo. En este proceso se abrieron paso enemigos declarados del socialismo y nunca se realizó un análisis ponderado de la compleja historia del país, todo lo cual condujo a una campaña que terminaría cuestionando los indiscutibles logros del socialismo en la sociedad soviética y a crear una enorme confusión en la sociedad.

Al cierre de estos dos primeros años los resultados económicos mostraron una tendencia al retroceso con un crecimiento de ingreso nacional que bajó de 2,3% en 1986 a 1,6% en 1987; la producción industrial descendió de 4,4 a 3,8% y la producción agropecuaria de 5,3% se contrae un 0,6%.

A partir de ese momento el debate oscilaría en torno a la aplicación de las reformas por un lado y a la adopción de medidas inmediatas de estabilización económica por otro.

(Continuará)

http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/06/10/la-desaparicion-de-la-urss-25-anos-despues-algunas-reflexiones-iv/#.V121cvl96M8

miércoles, 8 de junio de 2016

Latinoamérica: La misma tormenta, distintos caminos



08/06/2016 :: VENEZUELA, ARGENTINA

Latinoamérica: La misma tormenta, distintos caminos
No hacer nada, aguantar en las peores condiciones, también es una manifestación de la lucha de clases
Una distinción indispensable

Cuando se analiza la cuestión de la coyuntura latinoamericana, caracterizada por una enorme ola reaccionaria y de avance del capital contra la mayor autonomía de los pueblos, los gobiernos y las conquistas populares obtenidas en los últimos quince años en distintos países latinoamericanos, me parece necesario hacer algunas precisiones.

Es verdad que la ofensiva del capital viene para todos, pero "todos" no son lo mismo.

A modo de ejemplo. En los año 60 y 70 una ola revolucionaria recorrió America Latina, y como muy bien lo precisó Ernesto Guevara en "La influencia de la Revolución Cubana en America Latina". (1962), esa influencia se manifestó de forma diferente en los distintos países de acuerdo a las condiciones preexistentes en cada lugar, al desarrollo particular de sus contradicciones internas.

Con respecto a las condiciones preexistentes debemos reconocer que todos los países de Latinoamérica, incluidos los que alineados en la Liga del Pacifico siguieron proyectos neoliberales, disfrutaron de una década excepcional de valorización de sus productos de exportación, que se derramó mejorando salarios y bajando los índices de desocupación.

Quienes se apartaron del neoliberalismo, aquellos países latinoamericanos a los que se los unifica con la denominación de "progresistas", tienen rasgos comunes como son los de promover:

- una mayor participación del Estado

- la ampliación del consumo interno

- una mayor inclusión social y la creación de nuevas clases medias

- una integración política de los países del continente ampliando los márgenes de autonomía frente a los poderes hegemónicos mundiales.

Pero hay una distinción básica que no puede ser obviada, que es la que separa a aquellos proyectos políticos que se propusieron un horizonte socialista, de la de aquellos que no superaron la idea de un capitalismo inclusivo, o "serio".

Esa distinción básica rompe aguas, y permite deslindar territorios diversos de la crítica.

A modo de ejemplo: criticar que en función del objetivo de mantener la adhesión política se descansó mas en la ampliación del consumo que en estimular la formación política revolucionaria de las masas, es una crítica que corresponde a procesos que apostaron a un horizonte socialista.. ¿Desde cuándo el capitalismo va a preocuparse por la formación política revolucionaria de las masas?

Para los procesos como los de Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y Paraguay, el punto de partida es que canalizaron condiciones de rechazo popular a las formas de dominación imperantes del capitalismo, el neoliberalismo, hacía otras propuestas que no evaden los límites del sistema, el neodesarrollismo. Los cambios que se propusieron nunca incluyeron como etapa superior un cambio de sistema.

Para los procesos que han apostado a un horizonte socialista: Cuba, Venezuela y Bolivia, el territorio y la preocupación de la crítica debe centrarse en los errores cometidos en avanzar en esos objetivos.

Explicar porqué no se pueden confundir manzanas con melones parece innecesario, pero ha habido intereses diversos para alimentar esa confusión. Al relato nacional populista le resultaba muy agradable afirmar que Chávez era lo mismo que los Kirchner, al gobierno venezolanos le servía la confusión para no tener que admitir que su experimento se desarrollaba en soledad, a un sector de la izquierda totalmente ajeno a la aparición de los nuevos emergentes revolucionarios le era útil para descalificar una experiencia que los había sorprendido, y el imperio a cualquier forma de resistencia la caratula como enemiga.

Retomando al Che (y a Lenin) es imprescindible agudizar el análisis de los procesos históricos y de las contradicciones concretas presentes en un país determinado para hacer determinados diagnósticos.

Resumiendo, podría decirse que viajeros que han emprendidos caminos diferentes son sorprendidos por la misma tormenta. Lo que les va a suceder depende de las características de la tormenta, pero sobre todo del rumbo que llevan esos caminos, y en consecuencia de sus descuidos, pero también de las provisiones y reservas que fueron acumulando.

Algunas características de la tormenta

Habiendo identificado que sí es importante la tormenta, lo externo, es mucho más importante lo interno de cada país, los proyectos en juego, la acumulación de fuerzas y el desarrollo de sus contradicciones; quisiera hacer algunos comentarios sobre esta ofensiva mundial reaccionaria del capital (sobre las características de la tormenta).

El gran protagonista de la ofensiva reaccionaria en Latinoamérica es EEUU y sus burguesías locales asociadas. Es indiscutible que EEUU esta ejerciendo una enorme presión para dominar totalmente a Latinoamérica, a quien considera su patio trasero. Pero también es indiscutible que EEUU se está replegando en Latinoamérica porque esta siendo desplazado de otros territorios. Es un imperio en su ocaso. Las propuestas de los dos candidatos a suceder a Obama, la Demócrata Hillary Clinton y el Republicano Donald Trump, expresan esa crisis. Mientras Hillary insiste en seguir disparando hacia delante con aventuras militaristas cada vez mas peligrosas, Trump propone un repliegue sobre sí mismo, apuntando a reconstruirse como potencia. Los dos expresan delirios de un imperio en retirada, pero también la conciencia de que algo deben cambiar para evitar seguir perdiendo carreras y batallas, como lo han hecho en la última década.

Las carreras: China se ha consolidada como la primera potencia mundial; el eje económico del mundo se desplaza de Occidente (EEUU y Europa) a Eurasia (Rusia, China y la India); hay un proceso creciente de desdolarización de la economía mundial. Una muy mala noticia para el país que tiene la mayor deuda externa del mundo.

Las batallas: Tratando de acorralar a Rusia con su política de sanciones, no ha hecha otra cosa que fortalecer su alianza con China. Rusia no solo ha sobrevivido sino que ha extendido su influencia política en Medio Oriente. En esa parte del mundo EEUU se propuso aniquilar a Siria y acorralar a Irán. No ha conseguido sus objetivos y en su retroceso ha sido criticado duramente por Israel que los acusa de abandonarlos.

La última guerra que han empezado a perder es la batalla del petróleo donde impulsó la baja de precios junto a su aliada Arabia Saudita, para tratar de arruinar a Rusia, Irán y Venezuela. Hasta el momento lo único que han arruinado han sido las compañías petroleras de EEUU que hacen 'fracking' y a Arabia Saudita que ha perdido su posición de principal abastecedor de China.

En ese escenario mundial los tres países que han manifestado su vocación de enfilar su rumbo hacia el socialismo: Cuba, Venezuela y Bolivia, tienen recursos que los valorizan para el imperio que se repliega. En particular Venezuela que posee las mayores reservas de petróleo del mundo y las segundas reservas de oro (recordar que China y Rusia promueven una vuelta al patrón oro).

Esa competencia intercapitalista por la hegemonía mundial, pone algunos límites a las agresiones externas (invasión militar directa, bloqueo financiero, sanciones en las Naciones Unidas), y abre una fisura que mejora las posibilidades de sobrevivencia de los proyectos populares más avanzados.

Distintos proyectos, distintas resistencias

Hay un dato poco reconocido por los movimientos populares y analistas de izquierda que se han expresado y opinado sobre la crisis brasileña, que es el hecho de que Dilma, antes de perder su cargo en el parlamento, había perdido la calle. Dicho en palabras mas precisas: la resistencia en la calle fue muy débil e incluso algunos aseguran que las manifestaciones de la oposición eran más masivas que las oficialistas.

Algunas explicaciones sobre este asunto hacen recaer esta responsabilidad en la escasa conciencia del pueblo brasileño. "Faltó formación".

Lo que no dicen es que en el momento del golpe contra Dilma el pueblo estaba movilizado, no había ausencia de lucha de clases. Como lo han consignado muchos analistas, en Brasil en los últimos dos años se ha producido un reverdecimiento de la lucha de clases, llegando a niveles solo comparables con los de 1968. El pueblo brasileño estaba luchando, había numerosas huelgas de trabajadores, movilizaciones territoriales, ocupaciones de escuelas por parte de los estudiantes secundarios. Estaban movilizados, pero no para defender a Dilma.

No puedo dejar de recordar lo sucedido en la Argentina en el período 74-75, que comprende los últimos días de Perón, que fallece el 1 de julio de 1974 y el gobierno de su mujer "Isabelita". El pueblo argentino estaba movilizado. Por esos años protagonizó el pico de luchas obreras más importante de la historia argentina, estableciendo récords mundiales en cantidad de trabajadores en conflicto sobre el total de ocupados. Pero esos trabajadores no estaban dispuestos a defender a "Isabelita", que compensaba sus debilidades haciéndoles crecientes concesiones a la derecha y homenajes a los mandos militares.

Me parece necesario distinguir la sana costumbre de repudiar todos los golpes, sean duros o blandos, protagonizados por militares o civiles, de la actitud de hacernos cargo de gobiernos que con su accionar pavimentaron el regreso de las derechas.

Incorporando en nuestra análisis una perspectiva de lucha de clases debemos observar y preguntar "qué hicieron los trabajadores", o en tiempo presente "qué están haciendo los trabajadores", como un componente imprescindible para sacar conclusiones.

Tuve el privilegio de estar en Cuba en 1993, en pleno período especial. Faltaba casi todo. Y recuerdo la rabia de un gusano de la oposición que se quejaba amargamente: "Este es un pueblo de indolentes, de serviles", "Fidel les ha quitado todo y nadie protesta, nadie prende una candela". No hacer nada, aguantar en las peores condiciones, también es una manifestación de la lucha de clases.

No sé exactamente a cuanto se compra un Kg. de pollo en Venezuela, pero teniendo en cuenta los 850 bolívares establecido por Sundee he hecho las cuentas, y considerando un salario mínimo de 33.000 bolívares calculo que alcanza para comprar 39 Kg. de pollo. En Argentina, el salario mínimo alcanza para comprar 150 Kg. de pollo.

En Argentina el pueblo esta movilizado. Se suceden las movilizaciones de la oposición. En los últimos tres meses, tres movilizaciones han superado las 150.000 personas. Hay miles de conflictos, cortes de rutas, protestas, contra los despidos y el hambre que trae Macri.

¿Porqué en Venezuela un pueblo que padece la escasez y precios muy elevados, no se insurrecciona? ¿Porqué no se produce un Caracazo como desde hace tiempo lo viene fogoneando la oposición? ¿Porqué si en cada cola hay uno o más opositores agitando para armar una guarimba, el pueblo no los acompaña?

¿Esto sucede porque se trata de un pueblo de indolentes y de serviles?

Es difícil asegurarlo, porque precisamente el pueblo venezolano protagonizó la hazaña de derrotar un golpe de Estado.

No hacer nada, aguantar en las peores condiciones, también es una manifestación de la lucha de clases. Agregaría que, aún menguada, la movilización chavista sigue en la calle. Lo suficiente para superar por mucho a las "escuálidas" manifestaciones opositoras.

A veces me pregunto si será consciente el propio gobierno bolivariano, de que la única explicación de su sobrevivencia es el aguante popular, que la lucha de clases sigue jugando a su favor.

Hay algunas señales positivas, por ejemplo que se haya asignado que la distribución de la comida se haga con intervención de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, los CLAP, que se constituyen aparte de los Consejos Comunales, de las organizaciones populares de base. Es un punto de partida, seguramente habrá que ampliar y diversificar los canales de distribución para garantizar llegar a todo el territorio.

La furia de la oposición porque el pueblo organizado se ocupe de distribuir comida -las municiones en plena guerra- es explicable.

Al fin de cuentas se trata de dónde depositar la confianza, y confiar en el pueblo es el principal rasgo distintivo que distingue a los proyectos de horizonte socialista

Para concluir: la tormenta es la misma, pero los caminos son diferentes. Sobrevivirla, depende de las opciones que cada proceso nacional ha elegido, de contenidos que tendrá que reafirmar o descartar y de reservas que pueden o no ser convocadas.


Texto completo en: 

http://www.lahaine.org/latinoamerica-la-misma-tormenta-distintos

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