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jueves, 31 de agosto de 2017

Educación, instrucción, alienación y conflictos en la familia patriarcal



Educación, instrucción, alienación y conflictos en la familia patriarcal

Revista Libre Pensamiento



¿Es la formación universitaria y técnica la base del desarrollo social?



Como expresamos en un escrito del 2009, es frecuente la idea que atribuye a la instrucción universitaria y técnica potencialidades que, por sí misma, no posee, presentándola como el factor determinante del desarrollo social y, más aún, como carente de toda contradicción interna. 



A partir de prejuicios contra el determinismo histórico -que no debe entenderse como asunto teleológico-, se elude que la instrucción, como parte de la superestructura, sea secundaria respecto a la base económica; que debe a esta última su surgimiento y, en gran medida, su desarrollo, porque no puede negarse que la misma influye recíprocamente en su base material.  

De igual modo, se hace a un lado el carácter clasista que este componente social posee y que su fomento o no en función del bienestar de la sociedad en su conjunto, no se realiza partiendo de la supuesta posibilidad de persuadir a los gobernantes de las bondades que dicha formación posee para alcanzarlo, sino en función de los intereses de la clase que detenta el poder del Estado.

En lo esencial, al opresor no le interesa formar al oprimido salvo cuando ello afianza su poder respecto éste. Por eso, por geniales que sean las ideas o proyectos de formación profesional y técnica presentados ante un poder estatal opresor, éste jamás los asume como necesarios a menos que le sirvan para reproducir las relaciones sociales de producción prevalecientes, mismas que acusan en manos de quién se concentran las riquezas. [1]

Sin embargo, no debemos absolutizar las cosas. Marx, en Las tesis sobre Feuerbach, criticaba que todo el materialismo anterior, contemplaba la realidad sólo como “objeto de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo”, sin llegar, por consiguiente, a la comprensión de “la importancia de la actuación "revolucionaria", "práctico-crítica".”[2] Decimos esto porque el aspecto subjetivo de las cosas es, justo, lo más esquivado en los procesos de cambio. A él le corresponde, sobre la base del mundo real y de las posibilidades que de él se desprendan, la transformación social más profunda. Lo contrario, significa cruzarse de brazos. 

Así las cosas, la relación base económica (fuerzas productivas y relaciones de producción) y superestructura (régimen social, instituciones políticas y las diversas formas de la conciencia social) que estudiaron Marx y Engels no guardan un nexo mecánico entre sí. Por eso, su crítica al materialismo contemplativo de Feuerbach y su insistencia en la práctica como criterio supremo de la verdad.

Por lo mismo, apuntamos que los cambios sociales no responden ni han respondido, jamás, a recetas. Obedecen a acciones, a luchas organizadas, a denuncias persistentes y mancomunadas, a resistencias contra todo tipo de opresión; en suma, a lucha de clases. Ello pasa, entre otras cosas, por sacudir la modorra, la indolencia, el derrotismo y la falta de ánimos para actuar en pro de esos cambios. 

Lo que expresamos es sólo un intento de repuesta a algo que en nada se parece a una receta. Nos referimos a cómo desterrar o superar la enajenación del ser humano en todos los campos, incluyendo la que se refuerza en los centros de formación técnica y profesional. 


El vaciamiento deliberado del cerebro humano 

Hay muchísima ignorancia, crasa en verdad, respecto a la forma en que se está enajenando al ser humano, sin que nos preocupe para nada, o muy poco, a dónde pueda conducirnos este fenómeno. No se tiene noción de que el mundo actual, tan moderno como es (es decir, burgués), lejos de educar, está arrebatando la capacidad pensante y crítica de los seres humanos.

Como acota José Saramago, a la instrucción se le llama erróneamente educación, con lo que, en ese ámbito, se aleja a las personas de la adopción consciente de valores de fraternidad, verdadera cooperación y hermandad; añadiendo que la escuela no tiene ni tiempo ni vocación para educar.

“Estamos confundiendo cosas complementarias, que son educación e instrucción. Hoy nadie habla de instrucción, sino de educación, lo cual nos llevaría a pensar que vivimos en una sociedad perfectamente educada”. Desde su óptica, “…el problema es la familia, que no educa, no sabe, no puede, y entonces se transfiere la obligación de la educación para aquellos que sólo pueden instruir”. Según él, “la escuela no tiene condiciones para educar”.[3]

Y en este detalle, para nada insignificante, de acentuar la instrucción a costa de la educación, radica la causa inmediata de la enajenación reinante, misma que tiene su raíz profunda en lo que Marx llamó enajenación del trabajador por el capital. Para él, el asunto estriba en lo siguiente: 

“En primer lugar, en que el trabajo es algo exterior al trabajador, es decir, algo que no forma parte de su esencia; en que el trabajador, por tanto, no se afirma en su trabajo, sino que se niega en él, no se siente feliz, sino desgraciado, no desarrolla al trabajar sus libres energías físicas y espirituales, sino que, por el contrario, mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. El trabajador, por tanto, sólo se siente él mismo fuera de su trabajo, y en éste se encuentra fuera de sí. Cuando trabaja no es él mismo y sólo cuando no trabaja cobra su personalidad. Esto quiere decir que su trabajo no es voluntario, libre, sino obligado, trabajo forzoso. No constituye, por tanto, la satisfacción de una necesidad, sino simplemente un medio para satisfacer necesidades exteriores a él.”[4]

La enajenación de hoy en día ha arribado a extremos increíbles. Si bolívar dijo que nos dominaban más por ignorancia que por la fuerza, ahora a esto se le suma el severo vaciamiento del cerebro humano, lo que eleva a una escala sin precedentes el fenómeno que estamos abordando, puesto que el actual sistema opresor se apropia, cada vez más, de la mente humana con todo lo dañino que ello encierra.

En este campo, el llamado conocimiento instrumental es quizá el mecanismo más eficiente para alcanzar ese nefasto objetivo del Capital de vaciarnos la mente.

Las escuelas, las universidades, los mal llamados medios de comunicación y todo tipo de instituciones, lo quieran o no, son parte esencial del problema acusado. Igual se puede afirmar de los coachings, expertos en estas malas lides, cuya naturaleza es indiscutiblemente pavloviana.

Y basándonos en el psiquiatra chileno Claudio Naranjo -a cuyos planteos haremos referencia en breve-, planteamos que la educación va mucho más allá de los buenos modales y del mero conocimiento instrumental. Aunque, nuevamente inspirados en Saramago, añadimos que va incluso mucho más allá de las aulas de clase.

Por algo el cine, la radio la televisión y ya no se diga Internet y sus redes se utilizan en demasía para remachar la enajenación del ser humano.


La anulación del pensamiento mediante los “Emojis”

Un ejemplo muy reciente de lo que sostenemos es esta producción cinematográfica: “...la película (Emojis), resulta ser una apología sin paliativos de la eliminación del lenguaje escrito e incluso hablado, en favor de sus sustitutos digitales como expresiones de todo tipo de emociones, sentimientos o ideas, vacías de contenido y desprovistas de los caracteres propios con los que ha contado la comunicación humana desde sus orígenes.”

Estamos a las claras, ante “el despojo al que se somete el lenguaje en la actualidad de sus caracteres y propósitos más esenciales y, por ende, al propio pensamiento, volviéndolo banal, superficial, dócil, manipulable y, por consiguiente, controlable.

“Y todo ello queda de manifiesto en esta película infantil, patrocinada por las grandes multinacionales de la era digital y dirigida a captar pequeños adeptos a esta nueva forma vacía de comunicación y, por extensión, de entretenimiento, igualmente vacío y destinado a la anulación del pensamiento.”

En la película, “se acepta casi de buen grado por parte de los profesores el uso constante del móvil en clase que los alumnos utilizan de manera permanente para intercambiar mensajes carentes de palabras entre ellos; y se defiende el éxito final al que conduce este tipo de comunicación artificial, en detrimento del contacto humano y de la palabra para con las relaciones interpersonales.”

La autora de lo expuesto arriba alerta, claramente, que “la principal característica de esta inmediatez y vacuidad en el lenguaje reside en el papel que juega como mecanismo adormecedor de conciencias utilizado por el sistema como su principal y más eficaz arma y recurso en el dominio de la sociedad.”[5]


Postulados esenciales del psiquiatra chileno Claudio Naranjo en torno a la educación

Para él, el problema de la educación -que él a primera vista pareciera circunscribir a la formación profesional y técnica-, no es de modo alguno la que piensan los profesores, creyendo que los estudiantes ya no desean lo que se les imparte. A su modo de ver, el problema real es otro: “A la gente se le quiere forzar a una educación irrelevante y se defiende con trastornos de la atención, con desmotivación.”

A su parecer, la instrucción sólo sirve “para domesticar a la gente de generación en generación” para volverla “fácilmente manipulable por los medios de comunicación.” Esto equivale a un gran daño en el plano social. Se le usa así como forma de meter en la cabeza de la gente una visión de las cosas que conviene al sistema y a su burocracia. 

Se la quiere usar como medio de meter en la cabeza de la gente una manera de ver las cosas que le convienen al sistema, a la burocracia, cuando su mayor necesidad es la de una educación en función de evolucionar y de ser lo que se pueda ser. 

Naranjo estima que esa pretendida educación, lejos de ser una más entre las muchas crisis que soportamos, es el centro del problema. La crisis profunda del mundo es corolario de la ausencia de “una educación para la conciencia”; de una “que en cierto modo le está robando a la gente su conciencia, su tiempo y su vida. El modelo de desarrollo económico de hoy ha eclipsado el desarrollo de la persona.” 

En los centros de formación profesional, técnica y en la escuela, se enseña a pasar exámenes, no a que los estudiantes piensen por sí mismos. En un examen se mide la capacidad de repetir, no la de comprender, con lo cual se pierde una gran cantidad de energía.

En vez de una “educación” centrada en la información, se necesita una educación que se ocupe del aspecto emocional y de la mente profunda. 

Estamos presos, prosigue, entre una enseñanza laica y una religiosa que se muestra autoritaria. Aunque estime bien la separación Estado Iglesia, rechaza que ello se haga a costa de echar por la borda el espíritu, igualando a éste con la religión.

La formación en los centros señalados no trata la mente profunda; esto es lo relativo a la conciencia, al sentido de la vida. Por otro lado, la pretendida educación de valores es excesivamente retórica e intelectual.

Otro aspecto soslayado en los centros acusados es el terapéutico. “Desarrollarse como persona no se puede separar del crecimiento emocional. Los jóvenes están muy dañados afectiva y emocionalmente por el hecho de que el mercado laboral se traga a los padres, y éstos ya no tienen disponibilidad para los hijos. Hay mucha carencia amorosa y muchos desequilibrios en los niños. Una persona que está dañada emocionalmente no puede aprender intelectualmente.

De esta suerte: “Lo terapéutico tiene mucho que ver con devolverle a la persona la libertad, la espontaneidad y la capacidad de conocer sus propios deseos. El mundo civilizado es un mundo domesticado y la enseñanza y la crianza son instrumentos de esa domesticación. Tenemos una civilización enferma…” 

Para Naranjo, la civilización se liga de modo indisoluble a “la toma de poder por el cerebro racional.” Desde que el hombre predomina en lo político, se inició la llamada civilización. Se juntaron así no solamente su dominio y el de la razón, sino también el de la razón instrumental y práctica, asociada a la tecnología. Y justo el predominio de lo instrumental sobre el afecto y la sabiduría instintiva es lo que nos tiene muy empobrecidos. 

El ser humano necesita de una educación holística o integral. No en vano, el sistema siente mucho miedo de que la gente tenga voz y conciencia. Por ello no le conviene que ella esté en contacto consigo misma, ni que piense por sí misma. 

Para ser plena, la persona requiere de algo más que alimentarse de conceptos forzados. Debe darle importancia a la belleza, por ejemplo. Debe poseer la capacidad de reverencia, de asombro, de veneración y de devoción, que no se vinculan de manera forzosa a una religión o a un sistema de creencias. 

Tanto en la ecología como en la economía y otras cosas, hemos deseado desechar la conciencia y valernos sólo de argumentos racionales, lo cual nos está conduciendo al desastre.

La crisis ecológica puede superarse cambiando de corazón - no se refiere al novelesco y ridículo "corazón" que la televisión y las revistas como Vanidades ofrecen en abundancia. Esto sólo nos lo puede brindar un auténtico proceso educativo.

Sin embargo, enfatiza que no tiene mucha fe ni en las terapias ni en las religiones. Por ello apuesta a una educación holística como medio para “prevenir el deterioro de la mente y del planeta.”

Y finalmente nos deja esta enseñanza: “A veces vamos en busca del ser y a veces nos confundimos en la búsqueda de otras cosas menos importantes como la gloria.” [6]

En lo que hasta ahora ha planteado Naranjo, aunque no hace mención directa del capitalismo, sí se refiera a él al llamarlo sistema, civilización, patriarcado, burocracia y lo hace para rechazarlo.

En este sentido, el suyo es un llamado implícito a rebelarse contra el modo de existencia que imponen al mundo las fuerzas del Capital. Ello a pesar de que en sus planteos no habla, para nada, de lucha de clases.

Deja en claro, eso sí, que la ausencia de una auténtica educación es la causa esencial del eclipsamiento de la persona.


La conflictiva relación familiar en el mundo patriarcal

En una entrevista concedida a RT, Naranjo expone una serie de ideas interesantes respecto a las relaciones en la familia, lugar donde se anida un conflicto, abierto o no, entre el padre, la esposa y los hijos. 

Para comenzar, expone que toda criatura nace en un mundo para el cual no está hecha, el patriarcal. Es apropiado para quienes tienen ética de guerreros que se disputaban el mundo de forma violenta, pero no para el niño, quien sufre por el sólo hecho de vivir en él. 

Esto no ocurría entre los pueblos precivilizados. Ellos no conocían el alejamiento de la naturaleza, ni tampoco entre sí mismos. Discutían todo en grupos. Colaboraban unos con otros. Desconocían la competitividad absorbente y dañina de hoy en día. No tenían jefes.

Estos hechos fueron incomprensibles, por ejemplo, para los ingleses que llegaron a conquistar a los nativos de Norteamérica. Entre ellos, las tierras no eran objeto de compraventa, no tenían dueños, porque quienes las habitaban y las trabajaban estimaban Madre a la Tierra. 

Sin embargo, lo que hoy ocurre es por completo distinto, hemos matado lo primitivo. Desde que hace unos 7000 años se impuso el patriarcado y la civilización; con ello, aparecieron la injusticia, la esclavitud y las guerras continuas. Comenzó asimismo el espíritu protector de la madre hacia sus hijos ante los peligros del medio circundante. Pero ellas se vieron psicológicamente amordazadas.

De esta suerte, hoy todos somos, en mayor o menor medida, cómplices de la brutalidad del sistema. Nos hemos acostumbrado a ejercer cierta violencia porque no sabemos cómo relacionarnos con los hijos, ni con la pareja. 

Un niño es un ser que nace libre. Pero pronto se le infunde el miedo, no puede hacer lo que le gusta. La primera palabra que escucha es “No”.

Se le dice “no toques eso”, “esto se puede romper”. Hasta cierto punto, hemos sido inocentes. Pero nos ha faltado creatividad para tratar los problemas del hogar. 

El niño es domesticado. Sin embargo, no queremos reconocer lo que hemos hecho malo. La ideología del padre severo domina las relaciones al seno de la familia. Así las cosas, si la criatura se equivoca se le debe amenazar. La madre busca comprenderlo, castigarle de forma más humana.

El padre aumenta la severidad del castigo en dependencia de su afán de domesticarlo y doblegarlo. Así el niño va a querer obedecer. El padre severo piensa que hay en él una maldad que no se le debe auspiciar. 

Como es de esperar, Naranjo sostiene que una conducta indebida debe castigarse. El problema es cómo hacerlo sin dañar a la criatura, de modo cariñoso, comunicándose con ella.

Por ejemplo diciéndole: “Esto no te lo voy a dejar pasar”, “hoy no vas a salir”, “no te vas a ver con el vecino”. En síntesis, se trata de no generarle pánico, ni una repuesta de respeto temeroso; sino de tener mano dura pero usando guante de terciopelo. 

Empero predomina en los padres el deseo de ser “respetados”, el de hacer sentir que ellos mandan.

Existe un mandamiento cristiano que llama a honrar a padre y madre, pero esto debe hacerse colocando el amor de por medio. Sin hacerle ver a la criatura que sus padres son autoridades intocables, a las que se respeta por temor. 

Los padres somos el conducto por el que pasa la sociedad. A ellos les duele que los niños lloren y sufran. Sin embargo, se refugian en una actitud represiva porque no saben cómo actuar de otro modo. Lo cierto es que todos salimos de la infancia muy resentidos de las heridas por las frustraciones y la carencia de amor. 

A ellos les resulta difícil la atención al niño porque deben ganarse la vida duramente. Y no les alcanza con que los dos trabajen. Su situación económica perjudica mucho al niño.

Con todo, cada generación busca ser amada, pero la madre al no haber recibido suficiente amor, se ve imposibilitada de darse entera. Corolario indiscutible de una sociedad enferma.

Hoy no queda nada qué conquistar en el mundo, pero seguimos siendo conquistadores, lo que constituye una actitud inmoral, bandida, canalla, malvada. No se quiere al prójimo, por más que se proclame lo contrario.

Las personas se ocupan de lo que -a fuerza- hay que hacer y no de sí mismas. La esclavitud laboral es cada vez más fuerte, impone menos ocio. El mundo empuja a cada quien a que no se ocupe de sí mismo, sino de lo que debe forzosamente hacer. 

Preguntado sobre si en el mundo de hoy los niños tienen mucho poder, señala que él vive actualmente en EEUU. Y aprovecha para acusar que el ambiente en este país es muy ambivalente, mentiroso.

Se le hace mucha fiesta al niño, pero hay mucho negocio detrás de ello. Las navidades son muy espléndidas. La televisión parece venderles a los niños, pero son los padres los que compran. 

Sobre los problemas de los adultos refiere que cuando un psicoterapeuta les ofrece ayuda, en ellos aparecen las carencias que en la niñez no se vieron superadas. Se requiere que se sientan con permiso de descargar su rabia, para que vuelvan a estar enteros.

Debe devolvérseles el dolor y la rabia que llevan dentro desde la niñez, porque sólo así pueden recuperar el amor. 

Críticamente señala que la sociedad inculca en cada quien que no se ame a sí mismo, bajo el supuesto de que ello es egoísmo. Y en verdad no hay amor al prójimo sino hay amor a uno mismo. Así se busca esclavizarlo a lo que hace laboralmente. 

Valora como altamente positivas las iniciativas de inversión en el cuido de la niñez y los viejos.[7]

Ojalá, decimos nosotros, ello no se vuelva afán de negociar a su costa, como hartamente ocurre con todo lo que pueda generar más y más ganancias a los empresarios, presentados como los grandes héroes de nuestro tiempo. 
__________

[1] Manuel Moncada Fonseca. Una falsa concepción sobre la educación. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=62283
[3] El País. José Saramago critica la confusión entre la educación y la instrucción. https://elpais.com/diario/2006/05/06/cvalenciana/1146943088_850215.html
[4] Marx, C. Escritos de juventud. FCE. México.1982. Trad. Wenceslao Roces citado en Ágora. El concepto de "enajenación" en el joven Marx. http://agorapoliticafilos.blogspot.com/2011/04/el-concepto-de-enajenacion-en-el-joven.html 
[5] Patricia Terino. "Emoji" o la anulación del pensamiento. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=230694
[6] Alberto D. Fraile Oliver. La educación que tenemos roba a los jóvenes la conciencia, el tiempo y la vida Entrevista a Claudio Naranjo, psiquiatra chileno. https://www.webislam.com/articulos/60921-la_educacion_que_tenemos_roba_a_los_jovenes_la_conciencia_el_tiempo_y_la_vida.html
[7] RT. Cómo curar las heridas de la infancia para que no nos amarguen la vida (ENTREVISTA). https://actualidad.rt.com/programas/entrevista/223572-psiquiarta-heridas-infancia-amargar

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