Reformas
laborales del gobierno
Juan
J. Paz y Miño Cepeda
EL TELÉGRAFO - Primer Diario Público
Ecuador, lunes 01 de
diciembre de 2014
Las reformas
laborales que impulsó el exministro Francisco Vacas tuvieron una clara
orientación proempresarial y afectaban a los trabajadores. Pero no se puede
decir lo mismo de las que ha presentado el nuevo ministro Carlos Marx Carrasco,
pues es evidente que dan un giro a favor de los trabajadores.
En efecto, se propone, en resumen: que el contrato de trabajo
normal sea indefinido (subsisten otras modalidades contractuales); la
solidaridad común, en materia laboral, de las ‘empresas vinculadas’; que el
desahucio o notificación para cesar el trabajo solo sea de iniciativa del
trabajador; que sea ineficaz, y por tanto nulo, el despido intempestivo de
dirigentes sindicales y de trabajadoras embarazadas (antes solo se les
indemnizaba); que las directivas sindicales se elegirán por el voto directo y
secreto de los trabajadores; y la mensualización de las remuneraciones
adicionales (13.º y 14.º sueldos), pero a voluntad del trabajador. Se
suma la importante reforma de la seguridad social, porque incorpora al régimen
de pensiones por vejez, invalidez y muerte, a las trabajadoras del hogar; y,
aunque no se las incluye para las prestaciones en salud (algo que habrá que
modificar con el tiempo), el Gobierno ha aclarado que seguirán atendidas por el
Ministerio de Salud.
Los empresarios han puesto el grito en
el cielo porque una de las reformas propone que las remuneraciones de los
gerentes y directivos no podrán exceder un máximo que determinará anualmente el
Ministerio rector del trabajo. Algunos dirigentes laborales han puesto el grito
en el cielo porque otra reforma propone limitar el reparto de
utilidades a no más de 25 salarios básicos unificados (SBU), al mismo tiempo
que el excedente (por ley hay que repartir el 15% de las utilidades) servirá
para financiar el régimen de las prestaciones solidarias del seguro social.
Me parece ‘tibia’ la limitación de
remuneraciones de gerentes y directivos empresariales. Es discutible la
limitación de utilidades, aunque también implica un cambio de conceptos a favor
de la solidaridad colectiva sobre el beneficio individual. A pesar del rescate
de la seguridad social, deteriorada durante la vigencia del modelo
empresarial-neoliberal (1982-2006), es lento el avance de su universalización,
algo dispuesto por la Constitución de 2008. A su vez, es urgente comenzar a
controlar y regular a las aseguradoras privadas, que con frecuencia obran
impunemente solo a favor del capital. Una
acelerada redistribución de la riqueza requerirá incrementar el impuesto a la
renta de las capas más ricas. Será importante proponer un nuevo Código del
Trabajo, que imponga la hegemonía del ser humano sobre el capital, en lugar de
introducir simples reformas parciales.
Sin embargo, aunque las reformas
propuestas por el Gobierno aún quedan cortas frente a lo que hay por
conquistar, no es justificable el rechazo total, en bloque, de todas ellas, sin
hacer siquiera distinciones y análisis, con objetividad y sin pasiones, de lo
que cada una significa para los mismos trabajadores.


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