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viernes, 21 de noviembre de 2014

ÓSCAR ARAUJO LEÓN CUENTOS MÁS ALLÁ DEL REALISMO


ÓSCAR ARAUJO LEÓN CUENTOS MÁS ALLÁ DEL REALISMO
Por Winston Orrillo

 “A través de su ventana atisbaba, ahora, una cordillera que lejos de
  ser ondulante y soleada como la del pueblo en que se encontraba
  el colegio, el cine y el hotelilto, era crispada, ríspida y erizada de
 edificios grises y azoteas llenas de trastos polvorientos…¡Y habitantes
  polvorientos”
  O.A. L.

                                              
Sí, más allá del realismo, pero también más acá, porque Óscar nos hace ingresar a los meandros de la criatura humana, desde su ubérrimo mundo interior, el que se proyecta en sus relatos, en sus cuentos, y, de este modo, participamos en su enjundia poética: y, en el mismo texto que hemos usado como epígrafe, un poco más adelante, leemos lo siguiente:

“Claro, qué tontería, cómo se le podía ocurrir que la diosa del ecran  se iba a desprender del lienzo luminoso de aquel cine lejano para venirse a pasear bajo el alero de su ventana, en una ciudad gris, de edificios grises, entre gente impía y gris…Era la suya –sin duda- una imaginación gris.”

Y, hasta hay un cuento, “Un horizonte gris” que tiene como leitmotiv esta atmósfera depresiva, en la que verbi gratia, asistimos a una clásica enfermedad que se produce en el deletéreo invierno de humedades limeñas, que ataca especialmente a los niños. Y, en efecto, es un niño la víctima en este cuento... Pero mejor sigamos leyendo las palabras dilaceradas de Óscar Araujo León, en este su nuevo libro La agonía de Nuria (Editorial San Marcos, Lima, 2014), motivo de nuestro comentario.

“Se oía en el silencio su trabajosa respiración trajinando sus bronquios; luego parpadeó, desvió la visa y se quedó mirando la fotografía en la mesa de noche sobre un horizonte gris de amanecer o atardecer…”.

Es una pareja, de las millones que tenemos, cuyas vida –insulsas, grises- no tienen salida alguna, y que tan bien retrata OAL. Esta suerte de desesperante inercia es, pues,  muy bien delineada por el narrador, cuya alma lírica nos captura de sobremanera. Veamos, pues, en este caso, a la mujer en la soledad de su convivencia con un hombre igualmente opaco, en medio de una vida desdibujada por la rutina y la falta de horizonte, de perspectiva, de porvenir. Ah, y no se crea que es, solamente, una perspectiva malograda económicamente: no. Hay algo como un fatalismo, como un peso mucilaginoso que envuelve a esta cohorte de personajes tan magistralmente presentados por Araujo.

“…ella se dedicaba, como única actividad relevante, a observar encima de la cómoda del cuarto, su foto sobre un horizonte gris, sin arrancar la huella de una edad de oro, como si su matrimonio, su vida, fueran una inmensa y prolongada foto sobre un horizonte gris que ya duraba años, sin transición, sin pasado feliz. Y el hombre sabía todo eso y no tenía fuerzas para incluir a la mujer en las palabras dirigidas al niño…”

Hemos recurrido a estas largas citas, para adentrarnos, sin intervención  de nosotros, en la atmósfera que tan bien delinea Óscar Araujo León, por otro lado ya un maestro en las inmersiones en la realidad, mayormente desolada o desabrida, de sus personajes, que se repiten y nos conducen a lo que podría ser la atmósfera prevaleciente en su narrativa (por lo menos en este volumen) de nuestro autor.

Así, en el cuento “La primera vez” la estupenda descripción del ambiente del prostíbulo chalaco  – el popular “Trocadero”- es admirable:

“Entramos al local que estaba en el centro y caminamos por el largo pasadizo; allí todas las caras eran soñolientas y brillaban de aburrimiento, y cuando miraban lanzaban relámpagos de burla o desprecio. No había sonrisas. Solo muecas tristes, iracundas, desesperadas, cínicas…”

Éste el mejor OAL. Aquí es donde penetra inmejorablemente el alfanje de su narrativa desmitificadora, donde hay niños, adolescentes o adultos permanentemente en situaciones conflictivas, o acosados por un mundo adonde ellos no dijeron los traigan (mejor sería decir, acarreen).

Estamos, pues, claro que sí, en un realismo nada mostrenco, ya que, más allá de él, Araujo nos entrega humor, ironía, rica imaginación y una sápida descripción de Lima-centro y de Lince y de Jesús María, es decir de un contorno urbano no muy bien trabajado por la narrativa ad usum. (Vargas Llosa y Bryce, por ejemplo, tienen, es obvio, otros horizontes urbanos)

Elemento fundamental, y sine qua non, es el uso, por el autor, de un lenguaje coloquial que acerca, al lector, a personajes totalmente vivos, dinámicos y nada acartonados.

Nos complacen, de sobremanera, las descripciones en las que el autor tiene uno de sus mejores hándicaps. Veamos, apenas, una de ellas:

“En el centro del perfume barato, Teodoro olfateó un aroma sutil a labores domésticas: extraña mixtura de ajo-cebollas, aceite de frituras, estropajo, detergente, pero demasiado tenue para ser repulsiva y sintió alivio”.

Una permanente travesía, es, asimismo, la que el autor nos permite hacer en lo que podríamos llamar una suerte de permanente autoscopia: todos sus personajes son, mutatis mutandis, él mismo: sus preocupaciones, sus conflictos, sus obsesiones, sus manías, sus paranoias, sus devenires bipolares.

Por ello no deviene extraña la presencia de psicólogos, psicoanalistas, psiquiatras y hasta el propio ambiente alucinante del Hospital “Víctor Larco Herrera”, que tanto tiene que ver con la cultura peruana ( y si alguien duda de esto, pregúntenle a Francisco García Calderón, Juan Francisco Valega y/o Martín Adán, para solo citar a los más conocidos. Y, en cuanto, a los mismos especialistas, no olvidemos los casos de Mercedes Cabello y José María Arguedas, entre varios otros).

Y, en este sentido, y para finalizar, una pieza maestra, entre varias otras (como “Sofía & Sofía”) es “El síndrome del narrador (una poética)” que recomendamos sin reservas como obra de antología y que debe ser leída, exhaustivamente, en los “talleres” de narrativa que se han puesto de moda.

Óscar Araujo León  (1951) es uno más de los brillantes escritores que ha parido limalahorrible, y muchas de las profundidades de su literatura nos las explicamos cuando sabemos que su grado académico –en la primera Universidad de América, San Marcos- no es en Literatura, sino nada menos que en Filosofía...

Él ha publicado libros de cuentos, una novela y dos importantísimas antologías, una de prosa, Cuentos peruanos. Generación del 80, y una de versos Como una espada en el aire, que contiene textos de la Generación del 60, con su prólogo y muy valiosas notas. Asimismo, Excluidos del festín, es su recopilación de artículos de crítica literaria.


Actualmente dicta talleres de narrativa y sigue, sin prisa pero sin pausa, una obra creativa y crítica ciertamente paradigmática.

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