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jueves, 9 de octubre de 2014

Occidente y la extendida crisis de lo obvio

Occidente y la extendida crisis de lo obvio
Toni Solo

Enviado por tortilla en Jue, 09/25/2014 - 21:37

tortilla con sal, 25 de septiembre 2014

Desde hace diez años, los rasgos generales de la crisis del capitalismo norteamericano y europeo han sido bastante obvios. Fue evidente que el relativo declive del poder productivo del Occidente chocaba contra el creciente poder económico de Rusia y China, contra los límites ambientales del crecimiento al estilo capitalista y contra el fenómeno de la integración de una América Latina cada vez más independiente. La respuesta de los antiguos poderes imperiales del Occidente ha sido el asalto económico contra sus propias poblaciones y, en ultramar, el fomento de cruentas guerras y del terrorismo al por mayor. 

Históricamente, la prosperidad de los países occidentales se lograba por medio de siglos de conquista, de genocidio y de esclavitud. En el siglo pasado, la fachada de la democracia y la libertad en los países norteamericanos y europeos se mantenía en base a la colaboración de las poblaciones occidentales con las crueles políticas imperialistas de sus élites. El ejemplo clásico de esa verdad fue la votación del Partido Comunista francés en 1956 por los "poderes especiales" que en efecto aprobó el uso de la tortura por las autoridades coloniales franceses en la guerra de independencia de Argelia.

Casi el único ejemplo de prolongada protesta masiva contra las guerras de agresión occidentales fue el movimiento contra la guerra en Vietnam, principalmente porque estaban muriendo demasiado jóvenes estadounidenses. Esa protesta no paró una masacre de millones de civiles casi igual en su barbarie que la guerra genocida contra el pueblo de Corea en los años 1950s. Durante más de cincuenta años, los pueblos occidentales han aceptado el bloqueo contra Cuba y la constante limpieza étnica sionista para colonizar Palestina. Desde 2011 las guerras contra Iraq, contra la Costa Marfil, contra Libia, y las agresiones contra Siria y Novorossia, entre otras campañas de agresión militar, han continuado la larga tradición genocida de los países y sociedades occidentales.

Ahora lo que se ve con cada vez más claridad es el rompimiento del tácito contrato social que permitió a las élites occidentales mantener su sistema imperialista en ultramar en cambio por la garantía de una relativa prosperidad para sus poblaciones domésticas. Ahora aumenta en Europa y Norte América la criminalización de la protesta democrática legítima contra las políticas de austeridad económica que resiste el uso del gasto público y otras medidas para fomentar el empleo. Estas políticas represivas neoliberales ocurren contra el fondo de un estancamiento en los salarios y un aumento en la desigualdad.

Recientemente, se han publicado dos gráficos sobre la desigualdad en Estados Unidos, los reproducimos aquí gracias al blog Naked Capitalism. Los dos se basan en datos publicados por los economistas Thomas Piketty y Emmanuel Saez. El primero indica que la desigualdad en Estados Unidos ha crecido desmesuradamente en cada expansión económica desde el gobierno de Ronald Reagan en la década de 1980s, en términos de la distribución del crecimiento promedio de ingreso. (El 90% de la mayoría en azul, el 10% de la élite en rojo)


El segundo gráfico demuestra que bajo el "progresista" Barack Obama la ventaja sesgada a favor de la oligarquía estadounidense, en términos porcentuales, ha sido todavía mayor que bajo el "conservador" George W. Bush en términos del crecimiento del ingreso real de la población. El porcentaje del crecimiento de ingreso bajo Obama en el período 2009-2010 fue de 93% para la élite rica. La cifra es sesgada en comparación con las cifras para los períodos de George W. Bush y de Bill Clinton porque solo se trata de dos años en vez de seis años en el caso de Bush y ocho años en el caso de Clinton. Sin embargo, aún así es extremo el contraste entre la ventaja de la oligarquía estadounidense contra la situación de la mayoría.
  

Este es el contexto en que los cabezones económicos neoliberales del Occidente han empezado a argumentar que podría ser una buena idea asegurar un mayor aumento en los ingresos de la población más empobrecida de sus pueblos. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico en su "Perspectivas para el Empleo en la OCDE 2014" reconoce  que "Muchos de quienes mantuvieron su empleo han visto que sus ingresos reales crecen con mayor lentitud o que incluso disminuyen por la crisis. Un aumento persistente en el desempleo en muchos países de la OCDE ha ejercido una considerable presión a la baja en el crecimiento del salario real." 

Sin embargo, los autores piensan que esto es positivo porque, "Eso ha ayudado a frenar los costos laborales unitarios y, por consiguiente, a promover la competitividad externa en algunos países, en particular en la zona euro." Reconocen que, "Otro ajuste salarial, especialmente considerando la baja inflación, exigiría recortes salariales dolorosos y podría aumentar el número de trabajadores pobres." Pero, aún así, la respuesta para estos economistas no es aumentar los salarios sino, de manera mágica, encontrar políticas "para promover la competitividad, el crecimiento y la creación de empleo."

De manera explícita, las políticas recomendadas por la OCDE excluyen aumentos salariales en general a favor de "reformas para aumentar la competitividad en los mercados de bienes y servicios; ayudar a los trabajadores desplazados a cambiarse a nuevas áreas de empleo; y apuntalar el ingreso de los trabajadores mal remunerados." En otras palabras, en términos de las políticas salariales, la OCDE solo considera apropiado un aumento del salario mínimo. 

No podría ser más claro lo que ha sido evidente desde el inicio de la crisis económica en el Occidente en el verano de 2007. Las élites occidentales están determinadas a resolver la crisis en sus economías por medio del ataque a los niveles de vida de sus poblaciones, asegurando de esta manera que sus economías lleguen a ser economías de bajos salarios en nombre de "la competitividad, el crecimiento y la creación de empleo". De esta manera, esperan frenar su declive económico relativo a rivales globales como Rusia, China, los países de ASEAN, Brasil e India. 

Vale la pena recordar que varios economistas progresistas en Estados Unidos advirtieron del dramático colapso de la economía estadounidense en 2008. Entre estos, economistas destacados como Dean Baker, Michael Hudson y Henry C.K. Liu han argumentado consistentemente y precisamente en contra de las deliberadas políticas represivas de "austeridad" promovidas por economistas como los de la OCDE. Fue el equipo de la OCDE entre otros economistas torpes neoliberales, el que en 2007 argumentó que todo iba a estar bien y que el maravilloso quehacer del - de hecho inexistente- mercado libre iba a resolver todo con un poco de cuidado de parte de los gobiernos y los bancos centrales. Ahora abogan por economías de bajos salarios para promover "la competitividad externa".

En cambio desde hace una década Henry C. K. Liu, por ejemplo, ha argumentado que los bajos niveles salariales condenan un país al subdesarrollo. Volvió a explicar su punto de vista en 2010 : 

"En el estudio de la economía del desarrollo existe una regla férrea que "el ingreso es todo". La regla quiere decir que la eficacia de las políticas, programas y medidas de desarrollo deben evaluarse por su efecto en aumentar el ingreso salarial de las y los trabajadores y que una economía de bajos salarios es una economía subdesarrollada porque mantiene la demanda de consumo en su agregado por debajo de su óptimo nivel. Así provoca sobre-capacidad en la economía que tiene que ser absorbida por las exportaciones. El ingreso de los trabajadores es el factor clave para generar la riqueza en un país. La exportación por medio de la producción en base a los salarios bajos meramente exporta la riqueza sub-valorada hacia afuera de la nación exportadora sin una recompensa adecuado porque, dentro de la nación, se sub-valora la labor de sus trabajadores."

En América Latina, los países del ALBA apuestan por la solidaridad y la complementariedad precisamente para escapar de la camisa de fuerza del marco económico promovido por las entidades neoliberales como la OCDE con su espurio sangreal de la "competitividad externa". La necesidad de ser "competitivo" enfocado en las exportaciones en base a mano de obra barata es una absurda y cruel imposición ideológica del capitalismo occidental que durante décadas ha condenado las grandes mayorías del mundo al subdesarrollo. Ahora las élites occidentales quieren condenar al subdesarrollo a las mayorías de sus propios países.

Parece que lo único que ha tenido buen crecimiento en los países de la OCDE es la torpeza de sus economistas que siguen promoviendo una política económica de "austeridad" que condena sus pueblos a la desigualdad y la pobreza para apremiar a las corruptas élites corporativas. La cara inversa de esa moneda es la agresión militar del Occidente a nivel mundial para impedir el desarrollo de sus rivales globales en base a la cooperación complementaria y pacífica. El desgaste moral y económico del Occidente no podría estar más obvio.


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