Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

miércoles, 30 de julio de 2014

LA ORGÍA IMAGINARIA Más allá de lo Imposible

LA ORGÍA IMAGINARIA
Más allá de lo Imposible
Luis Britto García

Libro de relatos 

El primer rayo de sol me dio en la cara. Desperté, moviendo la cabeza sobre la bolsa de semillas que me había servido de almohada. Allí, en la tierra húmeda que había sido mi lecho, planté el primer árbol de sombra. Sobre el surco fue creciendo mi sombra, como un árbol.

A medida que el sol se elevaba, dibujé otro sol con mis pasos. Cada diez de ellos planté una semilla de árboles de sombra. Concluido el sol, dibujé su corona sembrando un cinturón de semillas de árboles frutales. Y alrededor de él otro. Y otro aun alrededor de él. Cada hora que pasaba me permitía completar un nuevo cinturón de frutos cada vez más pulposos. Hasta que el gran mediodía, con su incandescencia, me echó por tierra. 

Allí empecé, arrodillado, la siembra del primer cinturón de plantas medicinales. Entre ellas intercalaba las semillas de las tiernas plantas que aromatizan con las piretrinas insecticidas. La tarde empezó con un viento bonancible, que me hizo grato sembrar el primer cinturón de flores. Y alrededor de éste otro, y otro alrededor de éste, hasta que la primera estrella clavó en la tarde su fulgurante dalia —y yo con mis manos cubiertas de tierra sembraba las dalias que habrían de florecer como una constelación. Siendo así que el orden de las coronas florales estaba de tal manera dispuesto que a cada hora del día se abrirían capullos diferentes. Por modo de un reloj de oleadas de color que marcaría el tiempo por aromas. Cayó el sol y se elevó el cuerno de la luna. Siendo éste el momento para las otras siembras secretas. Las de las plantas que ahuyentan la mala suerte. Y purifican de las aberrantes estratificaciones de la estupidez. Hasta que caí sobre el surco, vencido por el fulgor de las estrellas, semillas que florecían cada una en delicados árboles planetarios. Cuyas hojas no por desconocidas dejarían de existir. Sembré mi cabeza sobre el saco de las semillas. Sentí como si mis miembros echaran raíces. El primer rayo del sol me despertó.

Sembré otra vez la primera semilla. Y las demás, en círculos concéntricos.

No sé ya cuántos círculos dentro de cuántos círculos. Ni en cuáles de ellos enhebradas las exquisitas veredas de las alucinógenas. Hasta que un día me despertó, no el primer rayo de sol, sino el sol de la primera floración de Villaverde. Ahora cada hora una cintura vegetal, un aroma, una flor o un fruto. La sincronía del jardín viviente entretejía a cada instante los cantos de los pájaros. Esa noche, copas frondosas me cubrieron de la lluvia. Arrojé al arroyo mi última vestimenta, mi último utensilio, mi último alimento. Subí a los árboles. Sus ramas se hundían en dimensiones inauditas del tiempo. Comunicaban con las ramas de los árboles que cabeceaban en las más perdidas estrellas. Me despertó el fulgor de millones de soles. Sembré entre ellos las semillas de la noche. El primer cinturón de constelaciones de árboles de sombra. Y el segundo de estrellas alimenticias. Y el tercero de cometas aromáticos.

Y el cuarto de nebulosas germinativas. Aún debía andar mucho en todas las direcciones. Hasta los torbellinos de los mundos de las magníficas estrellas de las flores.

SOBRE LA ORGÍA IMAGINARIA:

De Los Fugitivos a Abrapalabra, pasando por Rajatabla, Vela de Armas, Me río del mundo, Golpe de Gracia, Pirata, Anda Nada, Arca y numerosos otros libros de narrativa, e incluyendo realizaciones puntuales en el ensayo, el dibujo, el guión de cine y el dibujo animado, Luis Britto García construye una obra vasta y fascinante, hecha de imaginación, humor, erudición y sentido crítico. Las variaciones imaginarias sobre el tema  de la utopía que ahora ofrece pertenecen a una tarea parcialmente emprendida en toda su narrativa anterior: la de borrar los límites entre lo concebible y lo inconcebible: entre lo posible y lo imposible, la creación de mundos imaginarios vertiginosos y amenazadores no sólo por la audacia de su invención, sino por la posibilidad real de que se materialicen. En estos relatos aborda lo cruel, lo tentador, lo terrible de la utopía entendida como exceso de perfección, de orden, de sistematización, y en suma, de absoluto. En ellos encontramos torres que consumen la materia de todo un planeta, filósofos que ordenan la persecución de los poetas, exámenes destinados a destruir a los capaces, ciudades vegetales, seres que se convierten en el sujeto amado, astros que existen simultáneamente en todos los tiempos gramaticales, revoluciones que nacen porque parecían imposibles, seres perdidos en laberintos de espejos o de dolor o de combinaciones genéticas. Sade, Platón, Fourier, Bach, Lenin, Marx protagonizan algunas de las historias; en otras el personaje central es el lector o seres inimaginables.  La orgía imaginaria es un libro alarmante, que revela el plan secreto del milenio que comienza y nos prepara para sus monstruosas sorpresas.

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