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lunes, 14 de julio de 2014

Banqueros: primero el oro

Banqueros: primero el oro
Juan J. Paz y Miño Cepeda

EL TELÉGRAFO - Primer Diario Público

Ecuador, lunes 14 de julio de 2014

Desde 1860, cuando se fundó el primer banco particular en Ecuador, los banqueros gozaron de absoluta libertad económica, y los bancos de emisión dominaron las finanzas y condicionaron la vida política, hasta que llegó la Revolución Juliana (1925).

Los banqueros se opusieron a la creación del primer Banco Central (BC) en 1925. “El oro de la Costa se [lo] quieren llevar los serranos”, clamaban los de Guayaquil. En las Conferencias Bancarias de 1926 boicotearon nuevamente su creación. Tuvo que llegar la Misión Kemmerer (EEUU) para que se concretara la creación del BC (1927), a pesar de que dicho banco no era estatal, sino una sociedad anónima con los mismos bancos privados. La reforma de 1948 creó la Junta Monetaria (JM). Los banqueros aprendieron pronto a utilizar la nueva institucionalidad estatal, logrando llegar a la gerencia y dirección del BC y de la JM. La dolarización de 2000, promovida inicialmente por empresarios y banqueros, mató, en los hechos, al BC nacido con la Revolución Juliana.

Pero hay otros episodios. En 1931 Alfredo Baquerizo Moreno, Encargado del Poder (y reconocido miembro de la plutocracia guayaquileña), promulgó una ley que obligó a los bancos privados a invertir por lo menos el 70% de sus depósitos, bajo control de la Superintendencia; que ninguno cobre un tipo de descuento o interés mayor que el fijado por el BC y ninguna comisión por sus préstamos; y adoptaba otras medidas complementarias. El propósito fue direccionar recursos a los “sectores productivos”; pero los banqueros supieron frenar esas intenciones y la ley no se aplicó.

Lo paradójico es que en 2005 el diputado socialcristiano León Febres Cordero, expresidente y empresario, propuso al Congreso un proyecto de ley para que al menos el 75% de los depósitos bancarios obligatoriamente se coloquen como créditos para los “sectores productivos”, asunto que lo fijaría trimestralmente el Directorio del BC, institución que establecería la tasa máxima de interés convencional, por encima de la cual habría un “delito de usura”. Además, se prohibía a los bancos cobrar valores adicionales al interés. Los banqueros clamaron otra vez contra semejante “despropósito” y el proyecto no pasó.

Nada raro es que los banqueros coincidan nuevamente en oponerse al “estatista” proyecto de Código Orgánico Monetario y Financiero que discute la Asamblea Nacional, y que contiene disposiciones para direccionar créditos en función del cambio de la matriz productiva en el país.

NOTA ADICIONAL:

Revista "LA BALSA DE PIEDRA".

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