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lunes, 9 de junio de 2014

“Quieren crear una situación de guerra permanente en Venezuela”

ROSA MÍRIAM ELIZALDE PERIODISTA E INVESTIGADORA

“Quieren crear una situación de guerra permanente en Venezuela”
 CCS.info

LA COMUNICADORA EXPLICÓ QUE LA INTENCIÓN DE GENERAR UNA CRISIS INSTITUCIONAL EN EL PAÍS “TIENE COMO ASIDERO FUNDAMENTAL LAS REDES SOCIALES Y TODA LA CAPILARIDAD INTERNA DE REDES DE TELECOMUNICACIONES PORQUE LOS MEDIOS TRADICIONALES SON CADA VEZ MENOS CREÍBLES”

La periodista cubana Rosa Míriam Elizalde considera que fortalecer la unión entre los pueblos es una de las tareas en las que se debe avanzar para hacer frente a la campaña mediática que ejecutan las trasnacionales de la comunicación contra las naciones que deciden asumir un rumbo distinto al pensamiento hegemónico capitalista, como ha sucedido con Venezuela desde 1999 y con una campaña que se ha intensificado en 2014.

En su paso por el país, a propósito de la invitación que recibió para participar en el foro  internacional llamado Conjura Mediática contra Venezuela, en el que compartió con otros especialistas en el área, nacionales y extranjeros, como Carlos Alberto Almeida, Raymundo Reynoso Vásquez, Luis Bilbao, Maurice Lemoine, Eleazar Díaz Rangel, la investigadora sostuvo que la información es un recurso estratégico en estos tiempos.

Además, ante la aparición de nuevas formas de comunicación digitales, como las redes sociales, la entrevistada argumenta que se hace necesaria la reinvención constante y el aprendizaje continuo para que los pueblos tengan las herramientas que les permitan defenderse en esos escenarios que no son neutrales, pero que sí son importantes, sobre todo, en las naciones que tienen acceso masivo al Internet.

Elizalde alertó también sobre la falta de soberanía que existe en el ámbito tecnológico, pues más de 90% de la información que circula en Latinoamérica a través de la Internet pasa por los servidores de los Estados Unidos, ya que allí se encuentra la infraestructura inherente a estos servicios.

—A pesar de que los ataques mediáticos contra Venezuela no son nuevos, desde comienzos de 2014 la campaña se ha recrudecido. ¿A qué se atribuye este ataque reiterado y sin reposo?

—Hay dos objetivos en eso. Primero, crear un proceso de desestabilización interna y de neurotización de la sociedad que lleve a una situación de ingobernabilidad política en el país para lograr los objetivos estratégicos de los grandes intereses imperiales aliados con la burguesía nacional. Eso es evidente. Es evidente también que lo que ha pasado a inicios de año, aun cuando es parte de la misma guerra, tiene características particulares. Uno perfectamente se da cuenta de que la emergencia de esta situación y el intento de crear una crisis institucional tiene como asidero fundamental las redes sociales y toda la capilaridad interna de redes de telecomunicaciones del país porque los medios tradicionales son cada vez menos creíbles, cada vez se les nota su debilidad, mientras que en esos escenarios, sobre todo en las redes, las bases de la Revolución Bolivariana han sido muy fuertes y la idea es tratar de liquidar también la presencia de las bases bolivarianas allí y romper un equilibrio que hasta ahora se había mantenido. Quieren crear una situación de guerra permanente en Venezuela que justifique cualquier plan de intervención, cualquier medida de endurecer las relaciones y el aislamiento político del gobierno de Nicolás Maduro. Es parte de una trama que no es nueva, Cuba la ha vivido por 50 años, se ha vivido prácticamente en todos los procesos recientes, como la guerra de Iraq, la guerra de Afganistán, y los de antes, como la guerra de Yugoslavia, que fue incluso la primera guerra cibernética. Es parte de esa artillería que antecede la artillería real. Entonces es un proceso que está escrito en un manual, pero que, a la vez, se adapta a la propia circunstancia histórica de Venezuela que es un país de una alta penetración de Internet, de un dominio muy amplio de las redes de telecomunicaciones, sobre todo de teléfonos, y que ha colonizado a su favor el Twitter, que es escenario importantísimo de esta guerra.

—¿Cómo los pueblos pueden resistir esa arremetida de las empresas de comunicación trasnacionales?

—Generalmente, cuando hablan de medios y guerra mediática, la gente tiene la representación de los medios tradicionales fundamentalmente. Estamos en una nueva era marcada por las redes de telecomunicaciones con una infraestructura que es trasnacional. Por lo tanto, los esfuerzos nacionales no bastan. Usted puede tener la mejor política pública para dirimir los conflictos internos sobre el tema mediático y su relación con el sistema político y no ser suficiente porque depende de unas redes que su infraestructura física está fuera muchas veces de los países que las utilizan. Somos muy vulnerables. No se puede hablar de soberanía tecnológica, no se puede hablar de soberanía cuando 90% por ciento de todos los datos que circulan en América Latina pasan por Miami, por los servidores en Estados Unidos. Los escenarios donde se están produciendo estos conflictos como Twitter, por ejemplo, no son neutrales. Por lo tanto, es muy importante hacer alianzas estratégicas internacionales, particularmente regionales, para ir buscando elementos en común e ir protegiendo los datos e ir creando las plataformas que sean nuestras para ir preparando a nuestra gente en esos contextos, para generar los contenidos que permitan que las representaciones en esos espacios sean las nuestras y no las que otros nos fabrican, para que la verdad pueda existir. Hoy es muy fácil esconder complejísimos procesos sociales detrás de estereotipos, de una imagen que, a veces, no sólo es falsa, no sólo está fuera de contexto, no sólo resume cosas que no existen sino que ni siquiera es nuestra. Hemos visto circulando en las redes y movilizando a gente en función de la represión en Venezuela con imágenes que se generaron en Ucrania, en Chile. Frente a eso es muy importante esa concertación y es muy importante también generar un pensamiento crítico que le permite a la gente tener conocimientos para ver los medios y para desentrañar cuándo nos dicen la verdad y cuándo nos mienten.

—Usted ha dicho que las redes sociales no son un campo neutral. El Internet y sus mecanismos son parte de una arquitectura que nació en Estados Unidos. ¿Es acertado entonces ir a la batalla de las ideas en esos espacios?

—Claro. Y ustedes (los venezolanos) han dado una lección de que hay que hacerlo. ¿Tú te imaginas a Venezuela en los meses en que Chávez enferma y tiene que ir a Cuba a operarse, sin @chavezcandanga?@chavezcandanga se convirtió en ese hilo de enlace entre el pueblo venezolano y su Presidente sin romper el vínculo porque la gente se comunicaba con él. Creo que fue muy paradigmática la construcción y la intervención que hacen las fuerzas bolivarianas de un escenario que no es neutral como Twitter para seguir articulando y seguir dialogando con su fuerza y darle participación a su fuerza. Yo te puedo decir que sin esas fuerzas preparadas allí probablemente la historia de la guarimba de febrero hubiera sido otra. No llegó a más porque hubo realmente un equilibrio de fuerzas y cuando trataron de intervenir ese escenario se encontraron con una población preparada para su uso. Eso está bien. Y como táctica defensiva es importante en esta coyuntura histórica. No obstante, tiene que llevarnos a la reflexión de que tenemos que crear nuestros instrumentos y que tenemos que crear instrumentos que se parezcan a nosotros, a nuestras realidades, que pasen por nuestras culturas. Esa es la única manera de hablar hoy en una sociedad que ha cambiado tanto, una sociedad altamente mediatizada por las tecnologías de la información y de las comunicaciones.

— ¿Cuáles son los retos que tienen los pueblos de Latinoamérica en la construcción de políticas comunicacionales?

—Unirnos, pero no solo en las palabras, no solo en los buenos oficios. Son importantes los espacios diplomáticos y los foros internacionales. Hay que concertar políticas públicas nacionales interrelacionadas entre sí para poder defendernos en estos escenarios, para generar los financiamientos que sean necesarios, para generar las estrategias tecnológicas que necesitemos, para interconectarnos entre nosotros, para ser visibles nuestros contenidos, para darle voz a nuestros pueblos desde nuestra realidad frente a un mundo muy asimétrico en el que 95% de casi toda la tecnología informática, de los servidores y las redes son norteamericanas. Sobre esa base es muy difícil hablar hoy de soberanía. Por lo tanto, los esfuerzos y las estrategias tienen que avanzar hacia políticas que aterricen con recursos económicos, con financiamientos con infraestructura, los nuevos modelos para enlazarnos a este nuevo mundo.

— ¿Parte de eso podrían ser los medios alternativos y comunitarios, una experiencia que se viene fortaleciendo con la Revolución Bolivariana?

—Han sido esenciales para dar a conocer la voz de la gente que se silencia y, en coyunturas noticiosas, para generar versiones alternativas de la información. Pero, a veces, se tiene la idea de que un medio alternativo es una especie de medio segundón o de segundo orden en los escenarios mediáticos internacionales. Por eso, los medios alternativos tienen que ser los medios de primer orden y para eso tienen que estar insertados con estrategias de gobierno que puedan de alguna manera reorganizar y conducir estos escenarios para que sean los hegemónicos, para que los valores que están allí sean los centrales en nuestros gobiernos, en nuestros países, y para eso hay que construir esas estrategias. La impresión que uno tiene es que los medios comunitarios es esa cosa que está allá pobrecita. ¡No, no, no! Tiene que haber una dignificación y tienen que tener una construcción que pueda ser realmente competitiva en la actualidad. Estoy pensando, por ejemplo, en un medio público estatal como el canal Encuentro de Argentina que es estatal, que es público, que es alternativo frente a los contenidos hoy hegemónicos en el mundo y, sin embargo, es uno de los de más raiting en Argentina, es decir, no están peleados con una construcción de calidad del ejercicio de la profesión con todos los componentes y recursos expresivos para hacerlo. La idea no es que por tener la verdad y tener medios alternativos resolvemos el problema, si tenemos la verdad y no somos capaces de llegar a emocionar a la gente, tenemos la verdad y no hacemos nada con ella. Si eso es así, solamente dialogamos entre nosotros y no hay manera entonces de propiciar, desde el Gobierno, desde el poder revolucionario, un cambio del viejo orden por el que queremos construir.
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Enamorada del oficio

La entrevistada es una mujer enamorada de la escritura y tímida de carácter. Así se define ella misma al ser consultada sobre el por qué decidió estudiar periodismo: “Te permite un poco asumir las otras identidades. Los periodistas son mediadores entre la realidad y las personas”.

Este oficio, el mejor del mundo, según escribió Gabriel García Márquez, siempre se reinventa. Es un ser orgánico en constante desarrollo que mantiene a quien lo ejerce en un vértigo que termina al final del día, pero que comienza con el albor del siguiente. En palabras de Elizalde: “Vivir el periodismo es como vivir una gran aventura, uno no sabe nunca a qué se va a exponer, te obliga a redefinirte todo el tiempo y a preguntarte sobre tus valores y tus pasiones y tus realidades”.

“Siempre el periodista es un testigo de cosas que ve. Si además de eso participa y puede traducirla a otro ser humano está haciendo un servicio extraordinario. Yo he disfrutado mucho mi carrera, desde que empecé y no me puedo pensar en otra cosa”, concluye.
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Chávez nuestro

La periodista Rosa Míriam Elizalde es autora, junto a Luis Báez, del libro Chávez nuestro, una radiografía de la vida del líder de la Revolución.

— ¿Qué la motivó a realizar esa investigación sobre Hugo Chávez?

—La absoluta ignorancia de nuestros pueblos de lo que era Venezuela. Cuando Chávez surge a la palestra internacional nosotros no sabemos quién es ese hombre y veníamos de un estereotipo, de un pensamiento, donde todo militar que salía de América Latina era un gorila y, sin embargo, no tenía nada que ver con la realidad. Entonces, Chávez nuestro  responde a la pregunta: ¿Quién es este hombre? Increíblemente, nosotros haciendo esa pregunta simple, descubrimos cosas que ni el mismo Chávez sabía o recordaba (…). El caso venezolano no cabe en una ecuación simple de la izquierda, y yo creo que eso es lo que está detrás de ese libro: la ignorancia de las claves de un proceso complejo, cercano en los afectos, pero a la vez desconocido.

— ¿Qué característica de Hugo Chávez le llamó más la atención?

—Su extraordinaria sensibilidad humana. Entre tantas cosas que inauguró en América Latina, inauguró una manera muy diferente del diálogo y la relación del líder con su pueblo. En Cuba no lo vivimos así tanto, pero, en general, en América Latina, el protocolo presidencial era tan rígido, tan acartonado, tan distante, y yo vi que Chávez, incluso cuando lo entrevisté, se comportaba igual en público y en privado, y que era un hombre tan cálido y cariñoso. De pronto tú dices: esto es otra cosa. Se acabaron esos estiramientos y esos protocolos. ¿Después qué vimos? A Evo que es así, a Correa que es así, a Cristina, que tiene otra manera, pero que es así. De pronto tú no ves a una persona de cartón, de mármol blanco, sino ves a un ser humano que se parece muchísimo a su pueblo.

— ¿Tiene pensado escribir otro libro relacionado con Venezuela o con su presidente Nicolás Maduro?  

—Tengo pensado, pero prefiero no adelantar.


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