Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

miércoles, 4 de junio de 2014

La nueva servidumbre: microeconomía de las publicaciones científicas

La nueva servidumbre: microeconomía de las publicaciones científicas
José Carlos Bermejo Barrera

Enviado por admin1 o Mar, 27/05/2014 - 12:26

Intentaremos llevar a cabo a continuación un análisis microeconómico del proceso real de publicación de los artículos científicos. De acuerdo con los principios de la microeconomía analizaremos el comportamiento de los agentes económicos en el mercado de las publicaciones de tipo científico, en el cual, como en todos los mercados, debemos distinguir dos tipos de actores: las empresas y las personas físicas. Este análisis no presupone de ninguna manera que el contenido de las publicaciones científicas carezca de valor, ya que no se trata de analizarlas desde los diferentes puntos de vista propios de cada una de las ciencias, labor propia del trabajo científico, sino que solo intentará comprender los patrones de conducta económica de los distintos tipos de agentes que interactúan en este tipo de mercados, basados como todos los demás mercados en dos elementos clave: la producción y el consumo, y tendentes a la búsqueda del equilibrio entre lo que se produce: la oferta, y lo que se consume: la demanda.

Hay que comenzar por señalar que es necesario aplicar el concepto de mercado al campo de las publicaciones científicas, pues todas ellas, o su inmensa mayoría, se venden y se compran, ya sea de modo individual o mediante el sistema de suscripciones. El mercado de las publicaciones científicas delimita el campo de lo que puede y lo que no puede ser llamado ciencia, en tanto que se considera de un modo prácticamente unánime que toda aquella publicación que no esté contenida en una revista científica o avalada por una editorial con prestigio científico no debe a priori alcanzar el estatuto de publicación científica.

En la producción de publicaciones científicas los agentes básicos del mercado son las revistas y editoriales, que se comportan del mismo modo que cualquier otro tipo de empresas y que utilizan lo que el derecho mercantil se llama marca. Entendemos por marca un concepto jurídico que avala y protege la comercialización en exclusiva de un determinado tipo de producto dentro del espacio delimitado de un mercado. Las editoriales científicas y las revistas científicas especializadas en un tema concreto actúan como marcas en un mercado porque su nombre avala y garantiza a priori la calidad de los productos que ofrecen a la venta, a la vez que excluye de esa categoría a aquellos otros productos no avalados por su marca exclusiva. El valor de la marca se incrementa en tanto en cuanto una revista se aproxime al logro del monopolio de un sector del mercado editorial y ese valor se suele concretar en el precio de su suscripción, más elevado cuanto más exclusiva sea la revista. Comprender la importancia del concepto de marca en el mercado de las publicaciones científicas permite entender porqué el valor de los artículos depende a priori del nombre de la revista en la que están publicados y del número de citas que cada artículo posee en el campo de esa revista o de otras similares, que interactúan con la revista en la que el artículo está publicado en el sector editorial correspondiente a uno o unos determinados temas. La contabilidad de las citas mide el grado de integración de un producto, el artículo, en el mercado de las publicaciones científicas y funciona del mismo modo como marca comercial, ya que en este mercado como en todos los demás, las empresas y las marcas forman redes en las que interactúan constantemente, ya sea mediante la competencia entre diferentes marcas o la interacción entre ellas, una interacción que permite incrementar el valor comercial de una marca gracias a su interrelación con el valor comercial de otras.

Las empresas editoras son los agentes exclusivos en la producción del mercado editorial científico porque solo ellas tienen derecho reconocido al uso de la marca. Los individuos o editores aislados no pueden por esta razón competir con ellas a la hora de ofrecer un producto a la venta en este tipo de mercados. Estas empresas, como todas las demás, ofrecen sus productos a unos determinados precios, que serán muy poco flexibles en tanto que dichas empresas tiendan a actuar casi en régimen de monopolio. Y como todas las demás empresas tienen que trabajar con unos determinados costes de producción. Desarrollaremos a continuación un análisis micro del coste de uno de los productos que estas empresas venden por millones: un artículo.

Una empresa editorial maneja un capital fijo, invertido en la compra de sus medios informáticos, instalaciones, y medios materiales de diferentes tipos, y un capital circulante necesario para mantener la actividad de la empresa cada mes con el pago de sus nóminas y la compra de los productos que tiene que transformar, para ofrecer en el mercado, convertidos en mercancías. Como el número de mercancías, artículos, es elevadísimo, la repercusión de los costes de amortización del capital fijo, de los costes financieros es casi despreciable, y lo mismo ocurre con los gastos de capital circulante: nóminas, gastos de mantenimiento y funcionamiento de equipos…

Centrémonos en una mercancía adquirida: el artículo. Un artículo tiene unos costes de producción que se estructurarán del modo siguiente:

Coste (a) = capital fijo + capital circulante + compra de cantidad de información + fuerza de trabajo.

El capital fijo sería el capital necesario para construir, por ejemplo, los laboratorios en los que se realizó la investigación necesaria para lograr producir el artículo, sumado a los gastos en edificios y medios materiales de todo tipo, añadidos a los costes financieros correspondientes.

El capital circulante sería el necesario, por ejemplo, para ejecutar el proyecto de investigación necesario para producir ese y otros artículos, tanto en lo que se refiere al gasto de reactivos, materiales de todo tipo y equipamientos ad hoc necesarios para ese proyecto, sumados al coste de las horas de trabajo de todos y cada uno de los científicos que han trabajado en todas las fases del proceso que ha permitido producir el artículo.

La compra de la cantidad de información sería el coste de la compra de libros y suscripciones de revistas sin los que no se puede trabajar, ya que en ellos está contenida la información previa, necesaria para poder desarrollar el proyecto y elaborar el artículo. Esa información se tiende a medir en cuantos de información, unidades mínimas de medida, de la que la más pequeña sería el artículo aislado.

La fuerza de trabajo sería el coste de todas las plantillas que hay que mantener de modo permanente para que un equipo, o una persona, pueda llegar a elaborar el artículo que se va a ofrecer a la revista. Ese coste será siempre superior al de las horas de trabajo concretas necesarias para la realización de un proyecto, pues aunque se pueda contratar ad hoc y temporalmente a personas para realizarlo hay otras personas fijas en las plantillas científicas, administrativas y de gobierno de las instituciones de investigación científica sin las cuales dichas instituciones no podrían funcionar.

El coste total del artículo será aproximadamente la suma de todos estos conceptos, ya que resulta imposible calcular los gastos de amortización del capital fijo, del circulante y de las horas de trabajo para un artículo concreto. De todos modos el coste estimado siempre sería menor del real, ya que solo podremos utilizar los parámetros claramente computables en el proceso de producción, a los que se sumarán a mayores los demás no claramente imputables en la producción del artículo, pero no por ello menos reales.

Siguiendo la lógica del mercado la empresa editora ha de comprar por un precio determinado un artículo que tiene un determinado coste, que habrá de ser amortizado por parte del proveedor que vende el artículo a la empresa. Sin embargo nada hay más lejos de la realidad en el mercado editorial real de las publicaciones científicas, pues el proveedor asume todos los costes de producción y ofrece gratis al comprador el producto elaborado, o bien incluso paga por transferirlo, con lo cual el vendedor sería a su vez comprador del producto que está vendiendo, violando todo la lógica del mercado.

La violación de esa lógica se volverá a repetir cuando el proveedor compre su propio artículo en la revista que posee el control de la marca, junto con la totalidad de la revista, de la cual solo utilizará una mínima parte para sus investigaciones futuras, tras haber asumido todos los costes de producción de su trabajo junto con todos los demás coautores que compartirán el correspondiente número de esa revista.

Desde el punto de vista de la empresa vendedora la rentabilidad de la publicación de un artículo sería la ratio entre su precio de venta, o sea, la parte alícuota del valor de la suscripción del número en el que el artículo ha sido publicado, y su coste. Pero como el coste del artículo para la revista que lo publica ha sido cero, o incluso le ha supuesto otro ingreso, la rentabilidad de la publicación de un artículo sería la siguiente:

R(a) = precio de venta/ coste = precio venta/ 0 = ?

O bien si imputamos como beneficio el dinero cobrado por la publicación, tendríamos:

R(a) = precio de venta + tasa de pubicación/ coste = precio de venta + tasa de publicación /0= ?

Si por el contrario nos situamos en el punto de vista del proveedor, la rentabilidad de su inversión al publicar su artículo sería la ratio entre el precio al que lo ha vendido y sus costes de producción. Es decir:

R(a) = 0/ coste = 0

R(a) = 0/ coste + tasa de publicación = 0

La cuestión que se plantea es la siguiente: ¿cómo es posible que los científicos de todo tipo, que son personas altamente capacitadas e inteligentes, sigan unas pautas de comportamiento económico claramente absurdas?

Si lo planteamos desde el punto de vista de la teoría económica solo cabe una respuesta, y es que los científicos que han publicado su artículo han intercambiado capital real por capital simbólico, es decir, por prestigio, por el prestigio que otorga el monopolio de la posesión de un marca comercial. Pero a su vez tendremos que preguntarnos: ¿cómo consigue una empresa editorial monopolizar un prestigio científico que solo los científicos pueden otorgar, pues solo ellos saben valorar el interés de los trabajos de su campo de trabajo específico? Pues porque cuentan con la colaboración de los propios científicos que sirven de garantes de la calidad de los trabajos con el sistema de referees, que pueden realizar gratis o cobrando una remuneración, y porque ellos mismos aceptan el valor exclusivo de las revistas consideradas como marcas comerciales y de la interacción comercial entre marcas mediante el sistema bibliométrico de cuantificación de citas.

Todo este sistema es un instrumento esencial para la construcción de una jerarquía de prestigio visible: el del número de artículos y citas, que a veces puede no corresponder con el prestigio invisible, es decir, con el prestigio real de un científico valorado por sus colegas especialistas, los únicos que pueden comprender lo que sus investigaciones han supuesto en un determinado campo y que saben que todo ello no se puede computar, entre otras cosas porque la ciencia es una empresa colectiva y el conocimiento tiende a ser cada vez más un patrimonio común anónimo.

La construcción de esas jerarquías también puede ser analizada desde un punto de vista microeconómico si nos preguntamos cuál es el rol que los científicos desempeñan en el juego del mercado editorial de carácter científico.

Los científicos son en el mercado científico editorial básicamente clientes, pues compran por necesidad la información que se les ofrece. Pero es que además de comprar la información que necesitan compran también la que no necesitan. Si un grupo de investigación pudiese comprar el conjunto de cuantos de información, o sea artículos, que necesita para llevar a cabo su trabajo, sus costes de compra de información serían muy reducidos. Naturalmente eso lo puede hacer si necesita un libro, pues comprará ese libro y no todos los que un editor ha editado en un campo afín ese año o semestre, pero no en el caso de una revista, por la que debe pagar la suscripción completa, con lo que el carácter abusivo de su vendedor-editor se refuerza todavía más.

La compra individualizada de artículos tendría mucho más sentido si tenemos en cuenta que su valor es perecedero, pues el ritmo de producción de artículos en cada tema es cada vez más acelerado, y el hecho de que en realidad el comprador solo compra el acceso a una información contenida en servidor digital, que perderá si deja de estar suscrito a esa revista. Naturalmente si la publicación científica tendiese a concentrarse en libros o en grandes artículos ello favorecería los intereses del comprador, aunque perjudicaría los del editor. Un editor como empresario que es en un mercado desea incrementar el número de mercancías que produce y hacer que sean perecederas para mejorar aún más sus beneficios. Por eso las grandes editoras han conseguido imponer el sistema de medición de currículums por número de artículos y número de citas, número también proporcional al de artículos publicados en cada campo. Dispersar la información es rentable desde el punto de vista económico, pero carece de sentido desde el punto de vista científico.

Las empresas editoras actúan con racionalidad mercantil, mientras que los científicos no lo hacen así. Ellos son sus proveedores gratuitos y sus clientes sobreexplotados. ¿Podríamos analizar la relación económica real que mantienen con estas empresas de acuerdo con la tipología de la microeconomía? Naturalmente que sí, dentro de un abanico de posibilidades que serán las siguientes:

En primer lugar cabría la posibilidad de que los científicos, como proveedores y creadores de la mercancía que venden a sus editores, compartiesen la propiedad de las empresas editoriales con ellos. Evidentemente ello no ocurre, ni tampoco es lo que pasa en el resto del mundo editorial, en el que un autor vende temporalmente o en perpetuidad, un producto, sus derechos de autor, para su explotación comercial por un editor, de acuerdo con unos parámetros regulados por las leyes mercantiles y por las que rigen la salvaguarda de los derechos de propiedad intelectual, sea del tipo que sea: artística, científica, literaria, y en el formato que sea: digital, audiovisual o en soporte de papel u otros tipos.

Los científicos no son ni co-empresarios con sus editores ni mantienen con ellos una relación mercantil regulada por ley, ni tampoco son sus asalariados, ya que, aunque trabajan mucho, no perciben ninguna remuneración por los productos que elaboran por parte de quien los vende. Si no son empresarios, asalariados, ni compradores y vendedores en un mercado libre, ¿cómo podríamos tipificarlos?

Para hacerlo deberemos analizar cuáles son cada uno de los elementos que están presentes en la relación entre los científicos autores y sus editores. Son estos elementos los siguientes:

a)- los científicos realizan un trabajo largo, arduo y difícil para sus editores.

b)- los editores no solo no le remuneran ese trabajo de ninguna manera, sino que les cobran por adquirirlo y se lo venden de nuevo a su vez a precios normalmente desproporcionados.

c)- los científicos son remunerados por las instituciones en las que realizan su investigación, o por las empresas que los contratan como investigadores, con las que si tienen una relación laboral ajustada a derecho. Por ello puede decirse que son esas instituciones, casi siempre públicas, las que financian a las empresas editoras, ya que ellas asumen los costes de producción de los artículos y son las únicas que pueden adquirir las revistas

d)- sin embargo si las instituciones públicas acaban convirtiéndose en financiadoras netas de las editoras privadas y clientes casi exclusivos de las mismas es porque los científicos así se lo demandan para poder comprar su cuantos de información vendidos por esas empresas-marca en régimen casi de monopolio. La responsabilidad última es pues de los propios científicos, que tendrían medios y conocimientos suficientes para crear sus redes gratuitas o públicas de circulación de la información científica.

e)- cuando una persona o un grupo de personas trabaja intensamente para otra, otras, o para un institución, y lo hace de modo gratuito, es porque mantiene con esa persona o institución una relación extraeconómica.

f)- las relaciones extraeconómicas que controlan la conducta económica, llamadas residuos en la teoría de Wilfredo Pareto, pueden ser de los siguientes tipos:

1)- familiares.

2)- religiosas.

3)- políticas.

4)- militares.

5)- lúdicas

6)- altruistas, regidas por valores solidarios.

g)- ninguno de estos residuos está presente en la conducta que regula las relaciones de los científicos autores con sus editores, por ello deberemos hallar una tipología distinta que explique esta relación laboral, ya que los primeros realizan un durísimo trabajo, entre científicos y editores.

h)- las relaciones laborales conocidas pueden ser de los siguiente tipos.

1)- trabajo asalariado.

2)- esclavitud perpetua o temporal (como prisioneros de guerra, presos)

3)- servidumbre

i)- los científicos no son trabajadores asalariados de sus editores ni sujetos que interactúan libremente con ellos siguiendo las normas del mercado y el derecho.

j)- los científicos no son esclavos de sus editores, puesto que no son propiedad personal de ellos ni son enajenables, sino que son personas libres.

k)- sin embargo sí que pueden ser considerados sus siervos, por las razones siguientes. Son características propias de la servidumbre:

1)- la dependencia del siervo frente al señor, de la que no puede librarse.

2)- la realización de un trabajo para el señor sin remuneración establecida.

3)- el derecho al usufructo de un medio de producción, propiedad exclusiva del señor, a cambio del pago de una renta, por ejemplo de una parcela. El señor cobra una renta y el siervo puede producir otros valores económicos con ese medio.

4)- la existencia de una ideología que justifica el poder del señor y su derecho al monopolio de la propiedad de los medios de producción, siendo esa ideología religiosa, política o mixta entre ambos elementos, como en los casos de los imperios del Próximo y Lejano Oriente o del feudalismo secular o religioso de la Edad Media.

l)- de acuerdo con estos criterios los científicos son, según la teoría económica, siervos de sus editores en el campo de la edición científica, por las razones siguientes:

1)- porque dependen de los editores dueños exclusivos de la marcas científicas de las revistas y no pueden tener acceso a la propiedad de estos medios producción científica, que son los únicos posibles.

2)- porque trabajan para ellos sin remuneración y mediante el pago de una renta, pudiendo obtener de la explotación de ese medio otros valores de prestigio o económicos, que se concretarán en su proyección académica y profesional, al margen de la lógica comercial del mercado de la edición científica.

3)- porque asumen y están dominados por la ideología de la producción científica que ha llegado a hacerles creer que el sistema comercial de las revista-marca científicas y de la bibliometría es el único modo posible de hacer, valorar y medir la ciencia.

4)- porque como en todos los sistemas de servidumbre ellos están dispuestos a participar en una red institucional que permita a algunos mejorar su situación económica personal integrándose en las redes del poder señorial, a cambio de asumir, difundir e implantar la ideología en la que basan y de aspirar a una participación creciente en los beneficios que puede proporcionar la servidumbre.

En todos los sistemas de servidumbre la ideología, entendida como una visión deformada de la realidad, ha desempeñado un papel fundamental, hasta el punto de que la crítica y desaparición de esa ideología supuso el fin de esos sistemas. Los señores poseyeron el poder que sus siervos creían que tenían. Del mismo modo los científicos poseen los conocimientos y medios para poder dejar de creer en este sistema y hacer que la información científica se produzca y circule de un modo más racional, eficaz y libre. Si no lo hacen es porque la división entre ellos, el ansia de promoción de muchos, normalmente los más mediocres, ha hallado en este sistema un caldo de cultivo insólito en el que personas inteligentes y altamente cualificadas están siguiendo una conducta económica irracional, rayana incluso en la estupidez.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Follow by Email

Seguidores

Páginas vistas en total