Torrijos admiraba a Fidel
Por Luis Báez*/PL
Ciudad Panamá. Por Luis Báez*/PL | 3 mayo de 2014
Rómulo Escobar Bethancourt, padre de tres hijos, nació en la ciudad de
Panamá el 5 de septiembre de 1929, abogado, uno de los fundadores del Partido
Revolucionario Democrático (PRD).
Ministro de Estado y rector de la Universidad de Panamá, presidió el grupo
de negociadores de los Tratados Torrijos-Carter sobre el Canal de Panamá,
suscritos en 1977 entre Panamá y Estados Unidos.
Escobar, político panameño, tuvo un papel relevante en las negociaciones
que el general Omar Torrijos, fallecido en 1981 en un accidente de aviación,
abrió con Estados Unidos para recuperar la soberanía nacional sobre el Canal,
la cual terminó en 1977, después de 13 años de conversaciones intermitentes,
con la firma de los Tratados por los que EE. UU. entregaría el canal y las
bases militares el 31 de diciembre de 1999.
Rómulo Escobar fue asesor de las extintas Fuerzas de Defensa, como se
conocía al antiguo ejército panameño. Era considerado uno de los ideólogos del
PRD, partido que contribuyó a fundar en 1979 y que fue el brazo político de los
militares hasta la invasión del país por el Ejército de Estados Unidos, el 20
de diciembre de 1989, para derrocar al general Manuel Antonio Noriega.
Actualmente pertenecía al Comité Ejecutivo Nacional del PRD, que accedió al
poder tras ganar las elecciones en mayo de 1994.
Doctorado en la Universidad Central de Madrid. Realizó estudios de
especialización en la Escuela de Medicina Legal de la Facultad de Medicina de
la Universidad de Madrid y otros sobre Derecho Español en la misma institución.
La universidad de Buenos Aires le concede el título de Profesor Honoris Causa.
Autor de numerosos libros, entre los que sobresalen: Torrijos, Âícolonia
americana no! (1981); Torrijos espada y pensamiento (1982); Los halcones de
Torrijos (1985); Los vínculos entre el P.R.D. y las F.F.D.D.
Rómulo Escobar Bethancourt fue uno de los colaboradores más estrechos del
desaparecido general Omar Torrijos en los 10 años que estuvo de jefe de
gobierno. Participó en las grandes decisiones que se tomaron durante esos años.
Torrijos lo utilizó en misiones de gran importancia, entre las que resalta
la jefatura de los negociadores que hicieron posible la vigencia los tratados
Torrijos-Carter sobre el Canal de Panamá.
Mantuve con Rómulo una excelente amistad. Conversamos en diferentes
ocasiones. La mayoría de las veces "off the record". Fueron charlas
muy amenas. Reveladoras de sus inquietudes y del pensamiento de su amigo y jefe
Omar Torrijos. Estaba convencido de que algún día se sabrá la verdad de cómo
murió el líder panameño.
-¿Lo sorprendió el golpe militar de octubre de 1968?
-Sí.
-¿Qué hizo cuando se enteró?
-Esconderme.
-¿Por qué?
-No sabía lo que estaba ocurriendo.
-¿Cómo recibió la noticia del golpe?
-Por una parte me alegré de que derribaran a Arnulfo Arias, pues era un
hombre fatal para el país. También con preocupación ya que desconocía a los
autores de la asonada militar.
-¿A que se dedicaba en esos momentos?
-Ejercía mi profesión de abogado en el municipio y también en un bufete
particular.
-¿Cuándo comenzó a tener información sobre el contenido del golpe?
-Al día siguiente me enteré que estaban implicados en el golpe una serie de
amigos míos, entre ellos, Juan Materno Vázquez, hombre de ideas avanzadas. Eso
me sirvió para orientarme.
-¿Conocía a Omar Torrijos?
-No.
-¿Cuándo hizo contacto con Torrijos?
-Torrijos es el que hace contacto conmigo.
-¿De qué manera?
-El 13 de octubre me llamó por teléfono y me planteó conversar
privadamente.
-¿Dónde?
-Me citó a las seis de la mañana en un pequeño restaurante que había en la
plaza de la Catedral donde servían desayunos típicos panameños: chicharrón,
bollo, etc. Cuando él llegó su escolta rodeó la zona y la gente que estaba en
el restaurante lo desocupó.
-¿De qué hablaron?
-Me explicó pormenores del golpe y el papel desempeñado por él y solicitó
mi colaboración.
-¿Qué le respondió?
-Que no tendría inconveniente en colaborar y que además me alegraba conocer
la información que me había brindado pues había una gran confusión si la figura
máxima era él o el mayor Boris Martínez.
Al mes nuevamente me llamó y comenzamos a trabajar más unidos. No consideraba
el golpe como un proceso revolucionario pero pensaba que era una expectativa. Veía
que se arrestaba a gente de izquierda, del Partido Comunista, a muchos
dirigentes populares y eso me preocupaba. Lo que ocurría era que en la cúpula
de la guardia no había una definición y aún Torrijos no tenía el poder
completo.
Me puse a trabajar con Torrijos de forma clandestina. Al año entrante fue
cuando se conoció mis relaciones con el alto jefe militar.
-¿A qué se debió el golpe que dieron a Torrijos en 1969?
-Él no tenía la menor idea que le iban a dar el golpe, tanto es así que se
va para México a ver una carrera de caballos.
Como es conocido, su reacción fue volver y derrocar a los golpistas. Él
tenía mucha confianza en sus compañeros de armas. Él no tenía mucha experiencia
en el manejo de este tipo de situación, no estaba consciente de la capacidad de
manejo por parte de Estados Unidos. El enfrentamiento con los norteamericanos
comienza tres meses antes que le den el golpe.
-¿A qué se debió el enfrentamiento con los norteamericanos?
-Ellos le quisieron imponer al gobierno los acuerdos del Tratado de 1966
que se habían aprobados bajo la presidencia de Marcos Robles. Estados Unidos
planteó que su apoyo a la Junta Militar dependía de que los nuevos gobernantes apoyaran
esos tratados canaleros.
Es un momento muy difícil pues el gobierno, producto del golpe de 1968, no
tenía ninguna popularidad. Y se produce una división entre los coroneles
Torrijos, Sanjur y Silvera. Estos dos últimos quieren que aprueben los tratados
y Omar se opone.
Él dice que esos tratados fueron rechazados por el pueblo y no contemplan
las aspiraciones del pueblo panameño.
Esa profunda división se reflejó un mes después con el golpe de 1969,
encabezado por los coroneles Silvera y Sanjur que contaban con el apoyo de los
norteamericanos e incluso uno de ellos, Sanjur, era una agente de la CIA.
Posteriormente la CIA sacó a Sanjur de la cárcel Modelo sobornando algunos
guardias y se lo llevó para la zona del Canal.
Los trabajadores de las bananeras, los más combativos del país, se
comenzaron a organizar y los sindicatos a fortalecerse. Torrijos adoptó una posición de acercamiento al movimiento obrero.
Además, ya entendía que la principal lucha del país era asumir la soberanía
plena sobre el territorio y él hace de eso su objetivo fundamental.
El movimiento militar comenzaba a transformarse en un proceso. Ese es el
motivo real del golpe que le dan a Torrijos en 1969.
-¿Mantenía buenas relaciones con diferentes gobernantes?
-Efectivamente. Le tenía un gran cariño a Carlos Andrés Pérez, Alfonso
López Michelsen, Michael Manley. Se entendió muy bien con Hugo Bánzer.
Consideraba que en América Latina muchos gobernantes no entendían ni la
sicología ni la actitud de los norteamericanos.
Consideraba que numerosos políticos tenían la creencia de que los
norteamericanos los respetaban porque eran sus aliados incondicionales y no se
percataban que era completamente al contrario: "solo respetan a los que se
le enfrentan".
Sentía admiración por el pueblo norteamericano. Respetaba la gente que
luchaba. No cesaba de repetir que el error de muchos gobernantes y militares
latinoamericanos era tratar de obtener el apoyo de Estados Unidos a base del
incondicionalismo y eso provocaba humillación y un gran retroceso para la
formación de nuestros pueblos.
En la práctica trataba de llevarse bien con todos los gobernantes. No se
inmiscuía en su línea política. Me ponía el ejemplo de Chile. Tenía buenas
relaciones con el gobierno de Pinochet a pesar de que no le gustaba.
-¿Tuvo relaciones con Salvador Allende?
-Omar nunca llegó a tratar a Allende. Decía que lo admiraba mucho pero que
no lo entendía. Que debía ser porque era otro país. Él no tenía la impresión de
que en Chile estuviera ocurriendo una revolución.
Se refería a que había recibido numerosas delegaciones chilenas y que la
mayoría no le hablaba del proceso revolucionario, sino que se interesaban en cómo
podían llegar a la zona libre de Colón para hacer compras. En su opinión, una
persona que está pensando en refrigeradores, televisores a color, no esta
haciendo revolución.
Él quedó muy impresionado con el derrocamiento de Allende. Y mucho más con
su muerte. Sacó importantes lecciones del golpe militar.
-La personalidad del mozambicano
Samora Machel le impactaba.
-Decía que ojalá algunos dirigentes
latinoamericanos actuaran con la misma dignidad que lo hacía el político
africano. Lo consideraba un hombre extraordinario. Cuando hablaba de un
dirigente de un país pobre pero con dignidad, ponía de ejemplo a Samora Machel.
Una semana antes de la muerte de Omar me pasé un día entero con él en
Farallón preparando su viaje a Francia, Arabia Saudita y Mozambique.
Manifestaba que no estaría tranquilo hasta que conociera a Samora.
-Torrijos y Anastasio Somoza, ¿sostuvieron algunas entrevistas?
-Somoza hizo una visita a Panamá y le hizo entrega a Torrijos de una lista
de los comunistas panameños. Por cierto, la relación era encabezada con mi
nombre. Torrijos le respondió que pensaba que iba a traerle algo nuevo pues esa
era la misma lista que le había dado la CIA. Somoza se disgustó mucho con esa
reacción del líder panameño.
Somoza le sugirió a Torrijos que sacara dinero de Panamá para el caso que
le ocurriera algo. Este le contestó que no iba a sacar ningún dinero pues él
moriría en su país.
Omar y Somoza mantenían una relación muy fría, sin embargo, Torrijos no
tenía una actitud hostil ni de intervención en los asuntos de Nicaragua.
La visita de Somoza a Panamá fue catastrófica. Cuando se fue, quedó
prácticamente desvinculado de Torrijos. No había simpatías entre ellos. Siempre
comentaba que el caso de Somoza era increíble. Consideraba su gobierno como una
aberración. El nicaragüense y el panameño iban por dos caminos distintos.
-A los sandinistas les dio un buen apoyo.
-Sus primeros contactos con los dirigentes sandinistas se producen cuando
estos eran unos muchachos desconocidos en América Latina y además eran
rechazados. Les da cariño y comprensión. Sólo Fidel Castro los apoyaba.
Guardo la grabación de uno de los comandantes en que dice que la gran
contribución de Omar a la revolución sandinista no es la cantidad de armamento
que les dio, sino el apoyo político.
Cuando surgen los sandinistas como fuerza Omar se entusiasmó. Le dio todo
tipo de ayuda. Torrijos no insta ni crea, ni empuja a los sandinistas a su
lucha, esa es una lucha de ellos.
Ayudó a la unificación del Frente Sandinista con el resto de los sectores
en la lucha contra Somoza. Siempre les advirtió que no podían derrocar a Somoza
como grupo sino que tenían que luchar como nación, pues ésta contaba con el
apoyo norteamericano.
Omar les decía a los sandinistas que no tenían que agradecerle nada y que
además nadie tenía que decirle como hacer su revolución pues ellos habían
puesto muchos muertos.
-¿En qué momento se percató que los días de Somoza estaban contados?
-Una semana antes del 19 de julio, a través de diferentes gestiones que él
realizó con el presidente James Carter, logró que se suspendiera el envío de un
gran armamento de armas y municiones que Estados Unidos iba a mandarle al
gobierno de Somoza. Ese fue, golpe fuerte a la sobrevivencia del régimen.
Cuatro días antes de la caída de Somoza, los norteamericanos trataron de
empujar a los sandinistas a que ampliaran la Junta de Gobierno y que incluyeran
a dos figuras más que venían de la empresa privada. Ellos se negaron. Ya en
estos momentos Torrijos sabía que a Somoza no le quedaban muchos días en el
poder.
-¿Qué pensaba de Ronald Reagan?
-Lo consideraba un hombre completamente reaccionario que le iba a hacer
mucho daño a América Latina, que iba a hacer retroceder muchas cosas, que se
iba a rodear de gente muy dura y que por otro lado iba a radicalizar a los
movimientos revolucionarios, que no iban a encontrar otra salida que la lucha
armada.
Estaba convencido de que Reagan iba a desconocer los tratados canaleros
firmados con Carter. Omar trataba de atenuar las cosas pero estaba consciente
de que con Reagan no había posibilidad del menor entendimiento.
-¿Cómo eran sus relaciones con la Social Democracia?
-Eran buenas. Consideraba que juegan un papel en nuestros países porque
cuentan con personalidades muy prestigiosas y practican una política que no es
radical pero tampoco reaccionaria.
Él siempre ponía de ejemplo los casos de El Salvador y Guatemala. Decía que
el problema en esos países no era político sino de seguridad, de la vida del
individuo independientemente del bando al que perteneciera.
Y que cuando un país llegaba a esa situación, lo que realmente había era
una anarquía política y que entonces la lucha por preservar la vida del
individuo, garantizarle las condiciones mínimas como es el derecho a vivir, a
caminar, ya eso se consideraba revolucionario.
En su opinión, en esos países lo fundamental no era si los gobiernos eran
de izquierda, ya que lo revolucionario era que dejaran vivir a la gente.
Decía que, en ese sentido, la social democracia podía jugar un papel, el
saber predicar y de luchar por actividades elementales que se habían perdido en
ciertos países de América Latina.
Consideraba que era difícil planear situaciones revolucionarias más
profundas en pueblos que estaban aterrorizados como en los casos de El Salvador
y Guatemala.
-Torrijos seguía muy de cerca la lucha en El Salvador y Guatemala.
-Le tenía simpatía a la lucha de los salvadoreños y guatemaltecos, pero
consideraba que había mucho sectarismo en los grupos que luchaban.
Él muere con la convicción que tanto lo de Guatemala como lo del Salvador
está completamente empantanado producto del sectarismo. Muere convencido que la
lucha en ambos países va a hacer muy cruenta.
-¿Quiénes fueron los políticos con que Torrijos llegó a tener mejores
relaciones?
-Fidel Castro y James Carter. En mi
opinión son los dos líderes con los que Torrijos mantiene mejores y profundas
relaciones a lo largo de toda su carrera política. Con los dos llegó a
identificarse de verdad. Yo, que fui su emisario con ambos, lo puedo afirmar
sin miedo a equivocarme.
-Antes de conocer a Fidel personalmente, ¿qué pensaba de él?
-Le tenía simpatías a la Revolución cubana aun cuando no conocía a Fidel.
Por la trayectoria pública lo veía como un hombre dedicado a la violencia
revolucionaria. Ese es el concepto original que él tenía de Fidel.
Cuando las autoridades cubanas detuvieron a los barcos "Layla" y
"Johnny Expres", él quedó muy preocupado y atrapado en dos
situaciones: la de protestar por el ataque a unos buques que tenían la bandera
panameña, aunque a bordo no había ningún panameño, y por otro lado la
preocupación de que enfrentarse a Cuba por ese hecho era situarse en una
posición en contra de la Revolución. Él no quería eso.
Recuerdo que él estaba muy atento a los pronunciamientos que pudiera hacer
Fidel en relación con estos acontecimientos. La noche que nos enteramos que
Fidel iba a hablar, nos encontrábamos los dos sólitos en Farallón y escuchamos
el discurso por onda corta.
Torrijos se quedó muy impresionado en el momento que oye a Fidel plantear
que está en disposición de darle explicación al gobierno panameño por estos
hechos, pero nunca al de Estados Unidos. No se me olvidará que saltó y me dijo:
"este es el momento para enviar una delegación a Cuba".
La delegación original estaba encabezada por Manuel Antonio Noriega. Le
aconsejé que no lo hiciera pues este era uno de sus hombres de confianza y el
viaje a La Habana podría resultar un fracaso y quemarle a uno de los militares
más ligados a él. Entonces cambió de idea y fue cuando me comunicó que irían
civiles y que al frente del grupo estaría yo.
Voy a Cuba. Converso con Fidel. Él me explicó todo. Me dijo que él no
conocía a Omar, pero que lo ha visto en películas y tenía la impresión de que
es un hombre que cree profundamente en lo que está haciendo y que está
dispuesto a morir en la lucha por la liberación de su país.
Fidel me pidió que le dijera que estaba arriesgando a quedarse atrapado en
una esquina sin salida y que los gringos van a masacrar al pueblo panameño como
están haciendo con Vietnam. Y que él como dirigente tiene una responsabilidad:
manejarse en tal forma que si puede evitar la violencia, que la evite.
Cuando le transmito el mensaje a Torrijos queda azorado. Me comenta:
"Eso fue lo que te dijo". Me hace que se lo repita. Yo estaba
convencido de que ese hombre me iba a mandar una ametralladora. Le respondí que
a mí también me había asombrado que él me diera ese mensaje, pues tampoco lo
conocía.
Se quedó sorprendido de que Fidel no le mandara un mensaje violento, sino
de preocupación. Ese mensaje influye mucho en Omar. En ese momento es realmente
importante. Ahí nace la estimación, admiración y gran cariño que le toma a
Fidel.
Desde ese instante le entraron unos deseos enormes de ir a Cuba y conocer
personalmente a Fidel. En 1975 logra viajar a La Habana. Fue un viaje
inolvidable. Al regresar a Panamá me manifestó: "yo conozco cuando un
pueblo quiere de verdad a una persona, el pueblo cubano quiere a Fidel".
Le impresionó el trabajo con los jóvenes desde el punto de vista material y
espiritual. Recuerdo que me expresó: "todo el sacrificio que está haciendo
esa gente es para levantar una juventud bien nutrida, preparada. Están
sacrificando el presente para asegurar el futuro".
Omar recibió muchísimas proposiciones y presiones de parte de los
norteamericanos para que rompiera las relaciones con Cuba o las enfriara.
Distintas alternativas de forma constante. Nunca se prestó a eso. Siempre
consideró algo muy vergonzoso la posición de muchos gobernantes de América
Latina frente a Cuba.
Consideraba que eso era una vergüenza y planteaba que era preferible
discutir con Cuba cualquier desavenencia o discrepancia pero nunca prestarse a
ser un peón del imperialismo.
No se ocultaba para decir que a él se le caería la cara de vergüenza si se
prestara a eso. Siempre sacaba como ejemplo la posición de México, que nunca se
alejó de Cuba. Ahí nacieron sus simpatías hacia el pueblo mexicano.
Omar y Fidel discreparon en diversos temas. En numerosas ocasiones fui el
intermediario entre ambos líderes. La franqueza de esas discrepancias
demostraba el gran vínculo de cariño entre los dos. Nunca se trataron con
hipocresía ni con actitud de protocolo. Se hablaban, se comunicaban con mucha
sinceridad.
A lo largo del proceso panameño, a uno de los hombres a quien Torrijos
realmente le cogió un gran cariño a es a Fidel.
-¿Cuál es su análisis sobre la figura de Torrijos?
-La figura de Torrijos ahora es muy discutible. Tener una actitud correcta
en un gobierno de distintas tendencias, hace que algunas personas lo quieran
interpretar como una actitud reaccionaria o oportunista de él. Y no es así.
Realmente él tenía siempre un norte, un guía para su actuación que era el
desarrollo del proceso revolucionario panameño, y ese proceso lo manejaba de
una forma muy práctica, dentro de cierta audacia para llevarlo adelante.
Todo eso dentro de las posibilidades reales del proceso. Esto lo ayudó en
los primeros años en el que él aprendió que no podía avanzar.
Siempre me recordaba cómo en los primeros meses después del golpe de 1968,
una serie de directivas sindicales se alinearon con la empresa privada para
combatir el fortalecimiento del sindicalismo, él decía bueno aquí hemos
aprendido una lección. Muchas veces me puso el ejemplo de uno de sus oficiales.
Es un hombre fantástico, lo mandas a cruzar el Istmo de Panamá a Colón por la
selva en 25 horas y lo hace. El problema de ese hombre es que llega solo. La
gente que tú les has dado no llega. Entonces él no es un buen jefe pues, en
todo caso, él debió llegar hasta la mitad del camino pero con su gente. Así es
como hay que manejar las cosas.
Torrijos no era un hombre que previamente tenía grandes elaboraciones
ideológicas, sino que realmente era un hombre de una gran honestidad
revolucionaria. Es un antiimperialista de verdad, no de discurso. Es un hombre
que simpatiza con la Revolución cubana y con Fidel sinceramente, porque
considera que Cuba y Fidel están escribiendo una página brillantísima en la
historia de liberación de América Latina.
Sobre la base que los Estados Unidos jamás llegaran a un arreglo con
Panamá, y él se prepara para ese enfrentamiento. Una serie de circunstancias
van dilatando ese enfrentamiento violento. Por ejemplo, la experiencia política
que él adquiere a medida que se desarrolla como dirigente del proceso. Él va
compenetrándose mucho más de un sentimiento de responsabilidad con un pueblo
que paulatinamente le toma cariño y lo apoya.
Consideraba que la Revolución Sandinista es ejemplar en América Latina. Él
se guiaba por ese tipo de patrones. El apoyo a los revolucionarios de Guinea
Bissau. Él sentía una gran simpatía por Che Guevara.
La muerte violenta de Torrijos es una demostración de lo mucho que le
temían especialmente los norteamericanos. No puedo asegurar que ellos lo hayan
matado pero la advertencia está hecha en el primer documento de Santa Fe. Algún
día sabremos la verdad.
*Prestigioso periodista cubano. Esta entrevista fue hecha en Panamá, en
1982.
Rómulo Escobar Bethancourt falleció el 28 de septiembre de 1995 en Ciudad
Panamá, a los 66 años de edad.
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