Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

martes, 27 de mayo de 2014

Moncada desde la presidencia hasta su muerte

Gral. José Ma. Moncada, entre los militares yanquis con los que firmó el famoso pacto del “Espino Negro” del 4 de mayo de 1927. Foto tomada durante ese evento, en la ciudad de Tipitapa, Nicaragua; en donde se encontraron las tropas del Gral. Moncada y los comandantes de las fuerzas interventoras norteamericanas. (Foto original, propiedad de Flavio Rivera Montealegre)


Breve semblanza de un cipayo nicaragüense
Moncada desde la presidencia hasta su muerte
Manuel Moncada Fonseca

1. El pro intervencionismo como aspecto esencial de su Administración

“Nicaragua: - ¡Ay, José María! Fuiste tan perverso y ‘josemariaste’ tanto, que no se puede decir ahora aquello de que ‘todo tiempo pasado fue Mejor’. ”[1]

¿Inocuidad o entreguismo?



Fotos del Espino Negro. No se sabe, a ciencia cierta, si la de arriba es del mismo lugar.

Entre los estudiosos de la Historia Nacional hay quienes, contra viento y marea, pretenden presentarnos una imagen inocua de Moncada. Así, al parecer de Jorge Eduardo Arellano, este mandatario, siguiendo los pasos de Zelaya en lo que a la expansión de la enseñanza se refiere, elevó el presupuesto para el curso 1929-1930 a 625, 000 mil córdobas, el más alto hasta entonces. De este modo, se construyeron 759 escuelas entre superiores, graduadas, elementales, mixtas, rurales y nocturnas, que totalizaban 51,379 alumnos. No obstante, su esfuerzo se vio paralizado por el terremoto de 1931, así como por la crisis económica que se desató inmediatamente. Le fue así imposible a su gobierno abrir las escuelas para el curso 1931-1932.[2]

En este mismo plano positivista lo dibuja la autora Sara L. Barquero. De su Administración, señala que anexó la Subsecretaría de Guerra al Ministerio de Gobernación; creó los ministerios de Higiene y Agricultura, así como una parte del Hospital General y del Instituto de Sanidad; dejó iniciados los trabajos del Ferrocarril San Juan del Sur y el de León-Sauce; construyó el Palacio Presidencial en la Loma de Tiscapa y, en Masaya, el edificio del Colegio Salesiano, así como el de la estación de ferrocarriles. Como algo de mucha trascendencia en su período, la autora destaca la sustitución de la antigua Alcaldía de Managua por el Distrito Nacional (en octubre  de 1929) y la del Alcalde por un Comité Ejecutivo compuesto por tres miembros.[3]

Más se sabe que el régimen liberal de José María Moncada se caracterizó, sobre todo, por un entreguismo a toda prueba, entreguismo reconocido, incluso, por personas muy distantes de toda cercanía con la izquierda y hasta por él mismo.

Ofman Quintana Orozco, abogado y profesor de Historia de Nicaragua, identificado en cierto grado con el somocismo, en referencia a Moncada en su período presidencial (1929-1932), reconociendo que éste poseía talento, un valor indiscutible y personalidad; anota, menos mal, que todo esto se vio menguado en él debido a que, entonces, el país se encontraba intervenido. Por esta razón, tuvo “que someter sus actos, y dominar la energía de su carácter, ante el ministro Americano, quien ejercía absoluto control en la política de Nicaragua.”

Naturalmente, siguiendo los pasos de quienes siempre atribuyen las causas de los problemas a las contradicciones internas, y seguramente en el ánimo de guardar distancia respecto al sandinismo, Quintana agrega:

“La guerra de Sandino en las Segovias, y el terremoto de 1931, tenían sumida a Nicaragua, en el más doloroso caos económico.”[4]

Destacando la labor que Moncada había realizado como periodista, orador y escritor, Alejandro Cole Chamorro, por su parte, refiriéndose a él, acota que “parecía ante el poder de la ocupación norteamericana un niño sin ingenio.”[5] Carlos Cuadra Pasos, un pro-intervencionista por excelencia, apunta que, durante su administración, el orden público descansó sobre las fuerzas de ocupación estadounidense.[6] Paradójicamente, aunque al triunfar la revolución contra Zelaya había ordenado que se quemaran todos los retratos que de éste hubiera en los edificios públicos, al asumir la Presidencia, Moncada llamó “Zelaya” a la Costa Atlántica.[7]

Entreguismo reconocido

Y el mismo Moncada, como se dijo atrás, a su manera, reconocía su condición de entreguista. Hablando en la ceremonia de graduación de cadetes de la Guardia Nacional, celebrada el 1º de junio de 1931, expresó que los personeros de su Gobierno habían sido muy censurados tanto a lo interno como a lo externo del país “por haber solicitado la influencia y la civilización americana para nuestro desarrollo y bienestar.”  Esto, a su parecer, no se podía poner en tela de juicio, porque las naciones civilizadas habían contribuido al desarrollo intelectual de las demás. Planteaba, igualmente, que la influencia civilizadora de Estados Unidos era necesaria en Hispanoamérica porque allí, según él, nacieron la libertad y la república, y porque, de allí, procedían las costumbres establecidas desde los primeros años de la Independencia.

Moncada concluía con un llamado abstracto a los cadetes para ser justos con pobres y ricos, con los poderosos y los humildes y para que defendieran solícitamente a los ancianos, mujeres y niños.[8]

En otra oportunidad, declaró que todo el que faltara gratuitamente a la verdad, ofendiendo a una nación amiga de Nicaragua (Estados Unidos), al honor de su ejército y al de su marina, cometía delito contra la patria. Y sobre esa base, hacía saber que, como Presidente, estaba dispuesto a defender la honra de esa nación, que acababa de ayudar al país a secar las lágrimas y la sangre derramada durante la guerra civil.[9]

Según Moncada, durante los días del siniestro de 1931, llegando a Managua, fue detenido por una fuerza de marinos que, al final, aunque de mala gana, le dio pase. Justificando este hecho, manifiesta que seguramente los marinos habían obrado de buena fe, y que otros eran los que ofendían a Nicaragua. Reconoce que, en esos momentos de angustia, la Guardia Nacional le había exigido dinero y que él le hizo entrega de unos 30 mil córdobas, más cinco mil córdobas a la Cruz Roja estadounidense, que el Ministro Hanna le había solicitado en concepto de préstamo.[10]

Como contrastando con su incondicionalidad ante el interventor, Moncada refiere lo que sigue: tras un conflicto entre un oficial de la marina y uno de la presidencia -conflicto que se tradujo en la muerte del primero y en la indignación de los marinos-, en aras de evitar mayores complicaciones, junto con el Ministro de Gobernación y el Subsecretario de Relaciones exteriores, en su calidad de presidente, él se presentó al lugar de los hechos.

Después de esto, sin embargo, con revolver en mano, a su oficina se presentó, repentinamente, con seis marinos más, el médico estadounidense Hartfield, quien, primero, amenazó de muerte al General Somoza y, luego, quiso tomarlo prisionero. Le correspondió a él, como mandatario de Nicaragua, cuenta Moncada, poner a Hartfield en su lugar, ordenándole que saliera del lugar y que no procediera así contra su Secretario. “Hartfield cedió por fin diciendo a Somoza: Watch your self. (Guárdese usted).”[11]

Estas declaraciones, hechas después de su período presidencial, fueron, empero, desmentidas en La Prensa, por el general liberal Andrés Murillo, afirmando que fue Somoza y no Moncada quien había puesto a los asaltantes en su lugar y salvado, además, la vida del segundo.[12]

Odio contra los patriotas


En su condición pro intervencionista, Moncada no actuaba sólo, desde luego. La Iglesia Católica oficial de entonces, en la figura de Monseñor Lezcano y Ortega, Arzobispo de Managua, bendecía sus acciones que, en fin de cuentas, eran las que la intervención estadounidense dictaba. En este sentido, presentaba como patriotas a los oficiales de la Guardia Nacional. Tal fue su proceder, por ejemplo, en la mencionada ceremonia de graduación de cadetes  de junio de 1931.[13]

Azaharías H. Pallais, filósofo y sacerdote, representando un sentir por completo opuesto al de la Iglesia Católica oficial, en una conferencia, ante ciento cincuenta cadetes de la nueva y vieja academia militar, expresó, entre otras cosas, lo que sigue: la Guardia Nacional debe dejar de ser la continuación del ejército de ocupación para convertirse en una fuerza castrense profesional, digna y decente que, con respeto y abnegación, sirva a sus compatriotas dentro de los marcos de la justicia social del cristianismo.[14]

El entreguismo de Moncada tenía como contraparte su odio visceral contra los patriotas sandinistas y el pueblo nicaragüense en general. Una y otra cosa pesaba en él lo mismo. Eran las dos caras de la misma moneda. En carta que con fecha del 21 de octubre de 1931 enviara a un subteniente de apellido Castillo, le ruega empeñarse “en ganar gloria y honor luchando contra los bandoleros.”[15]

Como es de suponer, esa cultura de odio o de temor al sandinismo llegaba, de algún modo, hasta los familiares y amigos de los soldados de la Guardia Nacional. Por algo la novia de ese subteniente, en  carta que enviara al mismo en abril de 1931, escribía: “Se me olvidaba decirte que con la constante amenaza de los bandoleros me vi en el caso de quemar todas tus cartas.”[16]

Aspecto esencial del pro-intervencionismo que caracterizó a Moncada fue su tratamiento al problema del canal.

Tratamiento al problema del canal

Felipe Rodríguez Serrano, en su obra El canal por Nicaragua. Estudio de la negociación canalera y su proyección en la Historia de Nicaragua, expresa que, como presidente de Nicaragua, Moncada, en vez de alegar la nulidad del tratado canalero Chamorro-Bryan ante el Departamento de Estado, expuso su inconstitucionalidad respecto a la Constitución de 1911. De acuerdo con la teoría de las limitaciones constitucionales, en el fondo, según este autor, esto, indirectamente, equivalía a negar la validez del tratado. Pero el gobierno estadounidense, ante el cual ese punto de vista no pasó desapercibido, expresó un criterio diferente.

En efecto, el 9 de diciembre de 1931, su Secretario de Estado envió a Moncada una nota en la que le expresaba que le parecía “de dudosa utilidad” discutir lo relativo a la constitucionalidad del Tratado Chamorro-Bryan. Aducía que no era asunto del Gobierno de Nicaragua afirmar un conflicto entre ese tratado y la Constitución; le hacía ver que el estudio de la ruta del canal había sido completado por ingenieros del Departamento de Guerra de Estados Unidos y que, pronto, sería discutido en el Congreso, confiando en que cuando el Gobierno de su país decidiera “la opción ofrecida bajo el tratado”, el de Nicaragua actuaría en esa misma dirección.

A través de los doctores Carlos A. Morales y Horacio Argüello, representantes, respectivamente, de los partidos Liberal y Conservador, Moncada presentó al Secretario de Estado, el 2 de marzo de 1932, una comunicación. En ella se hacía saber que el tratado sería fielmente cumplido y que, al haberse ratificado por el Congreso Nacional en 1917, la Constitución de Nicaragua había quedado “de hecho reformada.”

Es más, sostenía que había quedado abrogada, razón por la cual urgía la convocatoria de una Asamblea Constituyente que emitiera una nueva Constitución. Mas, como estos puntos de vista no fueron compartidos por White, asistente del Secretario de Estado, Moncada, comprendiendo que la vinculación del tratado con la reforma de la Constitución de 1911 estaba haciendo fracasar la misión de sus enviados a Estados Unidos, el 9 de marzo de 1932, les dio instrucciones para retirar “ese punto del debate” y poner en claro la validez del Chamorro-Bryan.[17]

Es oportuno señalar que el artículo dos de la Constitución de Nicaragua establecía que la soberanía del país era una, inalienable e imprescriptible, no siendo posible celebrar pactos o tratados que pudieran oponérsele, salvo aquéllos que tendieran a la unión con una o más repúblicas de Centroamérica. El artículo 162 estipulaba  que esto último, en todo caso,  debía ser ratificado por dos tercios de los votos de ambas cámaras para hacer efectiva una reforma a  la Carta Magna.

Pero Moncada, comprendiendo que el Chamorro-Bryan representaba un claro atentado contra ésta,  lejos de declarar su nulidad, dijo que el tratado debía mantener su validez, por “constituir enlace vital entre Estados Unidos y Nicaragua.” Ello porque“la más elemental prudencia” aconsejaba a los nicaragüenses revisar sus instituciones, “por medio de la reforma absoluta de nuestra Carta Fundamental” y porque “los derechos de la humanidad [¿?][léase de EEUU] están sobre los nacionales.”[18]

¿Qué intereses defendía Moncada?

Después de conocer la condición entreguista y antipueblo de la Administración Moncada, no está de más preguntarse ¿con quién estaba ésta en realidad? ¿Qué intereses representaba en el fondo? 

La identificación que éste tenía con la Guardia Nacional era cosa muy visible. él mismo se encargaba de mostrarla sin esconderla para nada. No fue casual que ese cuerpo castrense se haya terminado de formar justamente durante su período presidencial.[19] Siendo Juan Bautista Sacasa Presidente de Nicaragua, en un brindis celebrado en enero de 1935, Moncada declaró que la clase popular de Nicaragua estaba bien representada por los votos y por los soldados.[20] Por ese entonces, ostentaba siempre su plena adhesión a Estados Unidos.

Sobre las demandas del Japón relativas a un canal por Nicaragua, decía que los nicaragüenses no podían ofrecerle a este país “derechos iguales y prerrogativas”, dado que existíamos “bajo el sol de América y no en el de Asia.” Hablaba de que teníamos el deber y el honor de cumplir con el derecho, ya adquirido por Estados Unidos, de construir el canal en nuestro país, a través de “sus ríos, y lagos, en unión de ambos océanos.”[21]

Sin embargo, no debe haber equívoco en esto, porque, en el fondo, Moncada no estaba ni con la Guardia ni con los estadounidenses,  ni con nadie más, sino en la medida que ello le conviniera personalmente. Estaba, pues, sólo a favor de sí mismo.

Richard Millett señala que, al ser electo presidente, Moncada “esperaba utilizar el conflicto con Sandino para desarrollar una fuerza militar leal a él mismo, algo que no podía hacer dentro del marco de la Guardia.” Llamándolo ambicioso y maquiavélico, este autor observa que Moncada no estaba dispuesto a dejarse manejar por los estadounidenses y, para evitar que la unidad de éstos le acarreara dificultades, buscó su división. 

Ese fue el motivo de su acercamiento a Feland. Por lo demás, el jefe de la Guardia, molesto porque un oficial de infantería fuera destituido por haberse rehusado a sacar a los conservadores de esta institución militar, tal como deseara Moncada; se quejó, además, de que era difícil llevarse bien con éste, porque tomaba mucho y porque, al hacerlo, era en extremo despótico y errático.[22]  

2. La Administración Moncada y las críticas de la oposición


Las críticas de la oposición

Carlos Cuadra Pasos escribe que, durante la primera mitad de esta administración, los conservadores eran los dueños de la mayoría del Congreso. Por tal razón, las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo anduvieron desconcertadas.[23]

A juzgar por la información que brindan los periódicos de esa época, el régimen de Moncada se vio constantemente criticado y ello le preocupaba mucho, lo que explica sus recurrentes escritos en defensa de su propia gestión administrativa. “La crítica se ha levantado airada contra el Gobierno”, leemos en la “Sección Editorial” de un ejemplar de La Gaceta. Y para justificar la ineficacia del Ejecutivo en materia de instrucción pública, agrega más adelante: “No se puede arreglar en un día lo que estuvo desarreglado durante diez y ocho años.”[24]

En este mismo plano de cosas, debe comprenderse que Moncada llamara a la unidad y la concordia entre los partidos políticos. Por eso, hablando en los mismos términos en que lo hace Carlos Cuadra Pasos, escribe que cada día se convence más de que el mal reina entre los nicaragüenses, porque aquéllos que han perdido el poder claman por recuperarlo; pero en vez de pensar en evolución o en elecciones, piensan “en otra guerra, en un golpe de fuerza y de cuartel.”

Más aún, recurriendo a la Biblia, anota: “Yo quisiera saber cuál de los partidos puede en Nicaragua arrojar la primera piedra (...) Es hora de meditación.” Dicho esto, pasa de inmediato a plantear la unión de los partidos políticos del país en aras de la paz.[25]

La oposición, en efecto, particularmente la que se ejercía mediante La Prensa, criticaba a Moncada con persistencia y con fuerza. Las críticas contra él se desencadenaron una tras otra, abarcando distintos aspectos de su quehacer público, tanto durante como después de su período de gobierno.

Pedro Joaquín Chamorro criticaba su confusión como ex presidente, al identificar las condiciones de venta del canal con lo que no era más que una opción, y lo llamaba, a partir de esto, a guardar prudente silencio sobre asuntos que no conocía apropiadamente, pese a que, como ex estadista, tenía la obligación de conocerlos.[26]

El periodista Gabry Rivas lo condenaba porque, habiendo descendido del poder, emprendía fuertes críticas contra el Gobierno de Sacasa, sin tener la debida autoridad moral para hacerlo, puesto que había defraudado la confianza que el pueblo le había brindado.[27]

La Prensa hablaba de la ligereza con que se habían manejado los fondos durante su administración; de que ésta no había sido, como se afirmaba, la más progresista desde la del General Zelaya, sólo por el hecho de haber extendido unos kilómetros más las vías férreas del país; que, por lo demás, estaban mal construidas y no generaban ninguna utilidad, ni siquiera para cubrir lo necesario para su mantenimiento; que había cerrado escuelas normales y públicas;  que en el plano financiero no había dejado nada a su sucesor que no fuera un déficit considerable, miles de cheques flotantes y una deuda derivada, en parte, del gasto superfluo que hacía la Casa Presidencial.[28]

El trasfondo político de la construcción de ferrocarriles


No era nada exagerada la crítica relativa a la forma en que Moncada se ufanaba de la supuesta condición progresista de su Gobierno. En realidad, su administración, respondiendo a ella, constantemente hablaba de la ampliación de las vías férreas y de las carreteras, declarando que ello era un signo inequívoco de progreso. Se refería a las carreteras que se habían construido en Masatepe, Granada, Nandaime, Tipitapa y Chinandega,[29] así como al ferrocarril de San Jorge-Rivas-San Juan del Sur.[30] Pero el objetivo perseguido con eso, no sólo era elogiar al Gobierno para aplacar las críticas en su contra, más bien trascendía a todo esto.

Sandino se encargaría de revelar el trasfondo político de la ampliación de las vías de comunicación. En enero de 1929, anotaba que, con ello, Moncada buscaba atraer a los conciudadanos; que, además, sólo las compañías extranjeras se beneficiarían con ese proyecto. En enero de 1930, volvería a tratar el tema, diciendo que, con eso, sólo se buscaba el adormecimiento del pueblo, pero que el Gobierno no podría salirse con las suyas.

En junio de este mismo año, sin embargo, Sandino reconocería que Moncada había logrado confundir al pueblo y al Partido Liberal, añadiendo que necesitaba los ferrocarriles para lograr la rápida movilización de las tropas y el rápido traslado de elementos bélicos en contra de los legítimos nicaragüenses.[31]

Un informe lastimoso

El ex presidente era acusado de atesorar codiciosamente el dinero que ”con voz lastimera reclamaban los pobres sin sustento, ni modos de ganarlos”; de haberlos gastado en obras absolutamente distintas a las que benefactores del mundo habían previsto al ponerlo en sus manos, y de haber presentado unas cuentas globales sobre los fondos del terremoto que a nadie satisfacían.[32]

Y, ciertamente, el informe que Moncada presentara, bajo el título El Terremoto y los socorros de 1931, dejó mucho que desear. En él decía que los fondos recibidos eran para los damnificados, a los cuales había que tratar en igualdad de condiciones, distribuyéndolos entre ellos equitativamente. Sin embargo, en él, admite que la Guardia Nacional le había exigido “como treinta mil córdobas para su mantenimiento, y le fueron entregados, a pesar del desastre y las necesidades ingentes de salvación pública.”

Ahora bien, si se compara esa suma entregada innecesariamente a la Guardia con el monto total de la ayuda percibida, que, según su informe, ascendía a C$ 50,281.771, fácilmente se constata  que esa institución se apropió de más del 50% de la misma.[33]

Un propósito frustrado

Coincidiendo con la versión que Richard Millett recoge en su obra Guardianes de la Dinastía, el también estadounidense Neill Macaulay, acusa la condición de dipsómano de Moncada que, a su entender, era ampliamente conocida. En contraste con esto, el autor pone de relieve la prohibición de tomar alcohol en las filas de Sandino.

Y aunque no estaba entre sus propósitos, ni por cerca, hacer apología de Sandino, en contra de lo que pregonaban Moncada, Carlos Cuadra Pasos y Adolfo Díaz, Millett señala que la mayor parte de las vidas extranjeras que fueron cegadas en Nicaragua, así como la mayor parte de las propiedades de extranjeros destruidas en su territorio, se produjeron después de que sus connacionales intervinieran en  nuestro país.[34]

Distintas fuentes señalan que Moncada quiso reelegirse e impedir que Juan Bautista Sacasa lo sucediera en la Presidencia. Edelberto Torres escribe que cuando se anunció que las elecciones de 1932 serían controladas por los marinos estadounidenses, sus planes reeleccionistas se frustraron. Con ese propósito, quiso incluso reformar la Constitución de 1911, pero sus amos estadounidenses se lo impidieron. Entonces buscó el desquite con Sacasa, haciendo todo lo posible para impedirle su candidatura.[35]

De este asunto hablan también Carlos Cuadra Pasos y Emiliano Chamorro. El primero escribe que, según expresaba el mismo Moncada, ello obedecía al temor que éste tenía no a Sacasa sino a “un dominio franco del liberalismo leonés.”[36] El segundo, refiere que Moncada le propuso combatir la candidatura de Sacasa pero no con la de Adolfo Díaz, sino con la de Antonio Barberena, quien suministraría el dinero necesario para cubrir los gastos de la campaña electoral.[37]

3. Moncada y el asesinato de Sandino



El asesinato de Sandino no obedeció a razones personales sino de clase. Sandino -a pesar del desarme relativo de 1933- representaba la posibilidad de un nuevo levantamiento popular y por eso lo mataron. No otra cosa sugiere el hecho de que en su asesinato se hayan involucrado la Guardia Nacional, con Somoza a la cabeza[38]; la Presidencia, representada por Sacasa[39] y el Imperialismo estadounidense, a través de su embajador en Nicaragua, Arturo Bliss Lane.

Habiendo asesinado a Sandino y masacrado luego a centenares de patriotas en las cooperativas de Wiwilí, la Guardia Nacional, la Presidencia y el Imperialismo yanqui, actuaron en nombre de todo el sistema opresor. Por eso lo más "selecto" de la sociedad granadina, esto es, como dice Salvatierra, “la flor y nata de la oposición” y el liberalismo leonés organizaron ostentosas fiestas para congraciarse con Somoza, el asesino de Sandino.[40]

El diario La Prensa también aplaudió la matanza perpetrada contra los patriotas sandinistas. Lo mismo haría en lo sucesivo toda vez que la guardia se ensañara con los representantes del pueblo. Así, por ejemplo, en diciembre de 1937, fecha en que dicha fuerza asesinó a Pedro Altamirano, La Prensa llamó bandolero a este héroe del pueblo y malhechores a sus compañeros de armas.[41]

Pero, a todo esto, ¿dónde queda Moncada? ¿Tuvo, o no, participación en el asesinato de Sandino? Si realmente la tuvo ¿de qué tipo fue? Para tratar de dilucidar el asunto planteado, comencemos por leer lo que plantea en una carta inédita que él enviara a Salvadora Debayle, el 6 de febrero de 1933:

Una carta comprometedora

Comparando el trato que la gente brindaba al Señor de Trinidad en Masatepe con el que se le daba a Sandino en Managua, al que todos “con el debido respeto le han limpiado del cuerpo el sudor”, Moncada llama a Somoza García a que “se acuerde de los galeotes a quienes Dn. Quijote libertó o de aquel consejo de Yabard (?), un escritor militar, quien decía que un buen jefe nunca debe dormirse confiado en la buena fe de un tratado.”[42] (El subrayado es nuestro). 

La carta no implica a Moncada en el crimen, pero en ella ya asoma una actitud decididamente en contra de la paz suscrita entre Sandino y las fuerzas libero-conservadoras. Por lo pronto, "sólo" hay un llamado a que Somoza no se duerma confiando en el tratado de paz de 1933. Emprendamos otro paso más.

Moncada “director mental de Somoza”



James Saxon Shilders, periodista estadounidense, quien tras el asesinato de Sandino entrevistó a varios personajes de la vida nacional, preguntando a Sacasa sobre el caso, expresó: “El general Moncada almorzó con el señor Lane el día del asesinato”, agregando que había quienes aseguraban “que Moncada sabía que el asesinato sería perpetrado esa noche”, pues decían “que él y Lane ultimaron los detalles durante ese almuerzo.”

En un artículo publicado en La Prensa de San Salvador en julio de 1936, por Horacio Espinoza bajo el título “Al margen de un artículo del General J.M. Moncada”, se lee en parte, lo que sigue:

“Los que conocemos el proceso de lo que ha ocurrido en Nicaragua, sabemos que en ese artículo [“Proceso histórico del recién pasado movimiento revolucionario”] el general Moncada cuenta su propio cuento, es decir lo que él soplaba al oído del general Somoza, lo que él quería que creyeran e hicieran éste y la Guardia Nacional. Moncada fue la serpiente tentadora del general Somoza,  hasta remitirlo a uno de los capítulos más célebres de nuestra historia.” 

No en vano, el autor de ese artículo llama a Moncada “director mental del general Somoza.”[43]

Según Sofonías Salvatierra, al momento en que la guardia sacrificaba a Sandino, Moncada, en una cantina de los suburbios de Managua, dijo que sólo matando al rebelde podía haber seguridad.” Y dieciocho días después de la perpetración del crimen, La Noticia le publicó un artículo en el que concluía que la “manera de evitar una guerra civil era que el Presidente Sacasa se entendiera con la Guardia.”[44] Debemos recordar que ya en una ocasión anterior, durante la Guerra Constitucionalista, Moncada quiso asesinar al héroe antiimperialista.



4. ¿Hubo complicidad de Moncada en el derrocamiento de Sacasa?


Involucramiento estadounidense en la caída de Sacasa

En una serie de documentos oficiales de 1935-1936, relativos al derrocamiento de Juan Bautista Sacasa, y publicados por el Departamento de Estado, se encuentran muchas pistas que conducen a la conclusión inequívoca de que Estados Unidos estuvo involucrado en los sucesos que, precisamente, condujeron a la caída de Sacasa y al ascenso de Somoza a la Presidencia.

Los documentos hacen ver que la diplomacia estadounidense buscaba un acomodo, un resquicio, cualquier cosa que le abriera a Somoza el camino a la presidencia del país. Sus esfuerzos en esa línea se hicieron sentir tanto en el ámbito de los funcionarios del Estado nicaragüense, como en el de las representaciones diplomáticas de Centroamérica y México. En este caso, su tarea específica consistía en determinar hasta dónde este sector del cuerpo diplomático sería capaz de comprometerse en un esfuerzo para frenar el ascenso del Jefe de la Guardia  a la presidencia de Nicaragua.[45]

En lo que declaró el diplomático mejicano Octavio Reyes Spíndola a Arturo Bliss Lane, embajador de Estados Unidos, podía apreciarse algo preocupante para el gusto de la diplomacia de este país, toda vez que se hacía el señalamiento de que el ascenso de Somoza al poder presidencial daría lugar al cuestionamiento del prestigio de esa gran potencia americana. Y Lane, todo un zorro de la diplomacia imperialista, expresó al diplomático mejicano que no se había formado ninguna opinión relativa a los candidatos y que tampoco tenía intenciones de hacerlo.[46]

Después de sortear la atmósfera que reinaba en el ambiente diplomático indicado, Bliss Lane concluía que, para él, era evidente que los representantes diplomáticos de México y El Salvador estaban esperanzados en que los estadounidenses pudieran impedir que Somoza sucediera a Sacasa en la Presidencia.[47] Pero al de El Salvador le dijo que no estaba ni a “favor ni en contra de ningún candidato”  y que tampoco “podía ser parte de la convocatoria del Cuerpo Diplomático con mira a tomar acción contra Somoza.”[48]

El apoyo de Moncada a Somoza

Y es acá donde aparece nuevamente Moncada, entrometiéndose en el asunto que nos tiene ocupados: el del avance indetenible de Somoza hacia el poder presidencial. En una conversación con Lane, Sacasa daba por un hecho que entre los generales Moncada y Somoza existía un entendimiento orientado a la obtención del “control de la sucesión en el Gobierno.”[49]

Un informante le expresó, sostiene este diplomático estadounidense, que tanto Moncada como Chamorro estaban en contra del  Presidente Sacasa y sus allegados.[50] Leonardo Argüello, Ministro de Relaciones exteriores, por su parte, le manifestó que estaba convencido de que Chamorro estaba planeando un golpe de Estado, probablemente, en connivencia con el ex presidente Moncada.[51]

En marzo de 1936, Hull, como Secretario de Estado yanqui, comunicó a Long -sucesor de Lane en Nicaragua- que, en adelante, Estados Unidos guardaría un respeto escrupuloso a la soberanía de los restantes países americanos. Para cumplir con ello, los representantes de su país debían abstenerse “de interferir en los asuntos internos de Nicaragua, aún cuando tal interferencia sea pedida o sugerida por nicaragüenses.” [52]

Amén de que indirectamente se estaba así reconociendo el injerencismo de Estados Unidos en nuestro país, se estaba declarando que lo que en él pasara, en adelante, no sería más de la incumbencia de esta potencia americana. De esta suerte, se le ofreció a Somoza la posibilidad real de realizar su cometido: escalar la presidencia, mediante el derrocamiento de su tío político Juan Bautista Sacasa. Perpetrada la caída de este último, según la información que la diplomacia estadounidense poseía, Moncada estaba a cargo del Campo de Marte.[53]

¿Acaso debe extrañar eso o que, en medio de las tensiones que envolvieron al país en ese entonces, se constatara la existencia de pruebas de la “fricción entre Moncada y otros sostenedores de Somoza.”?  O, finalmente, ¿extrañar porque se entendiera que el primero quería que el segundo usara “el Decreto Ejecutivo de 1926, como base para convocar a una Asamblea Constituyente”, que le permitiera eliminar los obstáculos legales que impedían su ascenso a la Presidencia?[54]

Alejandro Cole Chamorro escribe que Moncada fue el más fuerte apoyo de la candidatura del Jefe Director de la Guardia Nacional a la Presidencia, sosteniéndole a éste que nadie, ni Sacasa, ni los conservadores, ni los yanquis podrían impedirle su ascenso a la misma.[55] Pero antes, Moncada fue el responsable mayor de que el fundador de la tiranía llegara a ser el primer Jefe Director local de la Guardia Nacional, generando con ello un gran descontento en las filas de esta institución castrense, tal como lo planteara Abelardo Cuadra. [56]

William Krehm cuenta que Moncada le relató cómo Hanna le insistió que arreglara la sucesión presidencial para Somoza. Y por complacer al diplomático estadounidense y crearle un problema a Sacasa, Moncada hizo el nombramiento.[57] Antes Moncada se encargó de sacar a Somoza del mismo anonimato, nombrándolo en cargos como el de Subsecretario de Relaciones exteriores y su Secretario particular.

Somoza hizo su parte valiéndose de sus habilidades criollas para volverse amante de la esposa del embajador Hanna, según se ha sostenido por mucho tiempo.[58] Y, al parecer, la misma conversión de Somoza de conservador en liberal se debió a la influencia de su esposa y a la de Moncada, “ducho en mudar con presteza de un bando político a otro.”[59]

5. Moncada como tabla salvadora del somocismo


Los sucesos de 1944

Cuando en 1944 todo parecía indicar que la caída de Somoza García sería un hecho inevitable, y que correría la misma suerte de sus colegas, el guatemalteco Jorge Ubico y el salvadoreño Maximiliano Hernández Martínez, la figura de Moncada que, aparentemente, había desaparecido del escenario político del país desde inicios de los años treinta, reapareció para, prácticamente, convertirse en la tabla salvadora del tirano, lo que confirma su condición de “director mental” de Somoza. Veamos como pasaron las cosas:

Mientras el pueblo recorría las calles, en julio de 1944, acota Jesús Miguel Blandón, se efectuó una reunión en la casa del Partido Liberal a la que, entre otros, asistieron José María Moncada, Carlos Pasos, Carlos Castro Wassmer, Enoc Aguado y Ulises Terán. Los participantes, todos, se oponían a que Somoza -que ya era considerado un cadáver político- se reeligiera. Pero es entonces cuando resurge, inesperadamente, la figura del primero:

Sabiendo que Enoc Aguado era el más seguro reemplazo de Somoza en la Presidencia y que para la Jefatura del ejército era el General Carlos Castro Wassmer, Moncada se marchó disgustado de la reunión con la disposición de brindar su apoyo a Somoza. Contando con el respaldo de varios liberales influyentes -entre los que se cuenta Moncada, Carlos Morales y Juan Ramón Avilés-, Somoza vio repentinamente fortalecida su posición. “Durante todo este proceso Moncada actuó acatando órdenes de la Embajada yanqui.”[60]

La historia de los sucesos de 1944 ocupó la atención de otro nicaragüense. Se trata de Raúl Arana Montalbán. Recordando lo ocurrido el 3 y 4 de abril de 1944, cuando se produjeron en León y Managua manifestaciones muy violentas de la oposición contra el régimen de Somoza García, Arana Montalbán expresa lo siguiente:

En ese entonces se estuvo a punto de lograr el derrocamiento de ese régimen, “y si esto no se consiguió fue debido a la falta de una unión sincera entre los líderes del Partido Liberal Independiente”. Esta organización estaba dividida en dos o tres facciones que, a su vez, se subdividían y “en cada una de ellas había tres o cuatro aspirantes a suceder al dictador en la Presidencia de la República.”

Las reuniones de los líderes de la oposición se pusieron a la orden del día, y el pueblo, cansado de esperar, abandonaba las calles de Managua. Carlos Morales, que asistió a una de las reuniones representando a Moncada -que presuntamente se encontraba enfermo-, dijo que debía retirarse a fin de informar a Moncada sobre el estado en que se encontraban las cosas, pero que regresaría para transmitir los consejos que el ausente deseaba evitar.

éste, al saber que no sería candidato para suceder a Somoza, junto con su informante, se dirigió a la Presidencia. Estando allí, quiso que Somoza le entregara la presidencia, pero este, sintiéndolo a su lado, le pidió que primero aguardara una prudente sucesión presidencial y aceptara, mientras tanto, el Ministerio de Gobernación, para dejarle en el momento oportuno la presidencia.

Convencido de que los liberales reunidos en la casa del Partido Liberal Independiente no lo nombrarían sucesor del tirano, Moncada aceptó entonces “el cargo de Ministro de Gobernación, y fortaleciendo a Somoza en aquellos momentos álgidos; su única misión como ministro a cuyo despacho nunca concurrió, fue firmar el estado de sitio, con el que Somoza recuperado de la crisis política que estaba padeciendo, mandó a encarcelar a cuantos líderes opositores estuvieran a su alcance, y los que quedaron sin ser apresados se asilaron en la Embajada de México.”[61]

Moncada en Gobernación

Las versiones expuestas, aunque no coinciden en todo, coinciden en lo esencial; a saber en que Moncada sirvió como tabla salvadora que le permitió al régimen de Somoza García perpetuarse en el poder. Como recompensa, el dictador lo nombró, efectivamente, Ministro de Gobernación. Y aunque al ser nombrado en el cargo declaró que mientras él estuviera a cargo de ese Ministerio la libertad de prensa se mantendría irrestrictamente, porque ello había sido “una fe y un ideal” de su vida, los encarcelamientos y las deportaciones masivas se pusieron entonces a la orden del día.[62]

No es casual que jóvenes conservadores de esa época, en una carta abierta, le reprochaban a Moncada que hablara de la alternabilidad en el poder como si fuera panacea de los problemas nacionales, cuando “la  libertad, la antigua dama de sus pensamientos”, estaba “claramente violada, pisoteada y ultrajada por los suelos de Nicaragua.” Le hacían saber que estaban “hartos de palabras vacías y de falsas promesas.”

Y exigían realidades, pero no las de las tristes cárceles llenas, las del pensamiento oprimido y las de una economía nacional, amen de oprimida, desgarrada. Acusaban el temor que se vivía en el país, las inefables y dolorosas miserias que pasaba el pueblo trabajador, realidades fatídicas que no podían aliviarse “con frases concertadas fríamente en un manifiesto.” Al final le decían:

“¡General Moncada!, a usted lo hemos contado en número de los viejos cuyo consejo podíamos escuchar pero se convierte en harapos su vieja bandera de saludable rebeldía.”[63]

6. La muerte de Moncada


COLECCIÓN HISTÓRICA DE CORRESPONDENCIA DEL SR. DANIEL ORTEGA CERDA, PADRE DEL ACTUAL PRESIDENTE DE NICARAGUA DANIEL ORTEGA SAAVEDRA

“Aquí yace un General que hizo mucho bien e hizo mucho mal, el mal lo hizo bien, y el bien lo hizo mal.”  Gabry Rivas Novoa. Epitafio a la tumba de José María Moncada.

Reconocimiento póstumo del régimen somocista


A la muerte de Moncada, acaecida el 23 de febrero de 1945, Somoza García, agradecido por lo que éste había hecho en vida por él y por la perpetuación de su régimen, manifestó que Nicaragua estaba de duelo, que éste era un duelo del Liberalismo, del Gobierno y particularmente suyo, y que nada, ni los vaivenes de la vida, ni las alternativas de la política, habían podido desatar los lazos de amistad que lo habían unido a Moncada, que tampoco la muerte podía ser “suficiente distancia para entibiar ese afecto.”[64]

En Novedades se le describía como “uno de los auténticos valores del liberalismo nicaragüense, prominente político, hombre de letras, destacado militar, autor de varios libros, periodista y maestro en el manejo de la ironía.”

Se proporcionó, además, información biográfica: había nacido en San Rafael del Sur en 1871, era hijo de Nemesio Moncada y de Zoila Tapia, su muerte se había producido a los 74 años de edad. Realizó estudios en el Instituto de Oriente. En Honduras, durante el régimen del Presidente Manuel Bonilla, se desempeñó como diputado, director de instrucción pública y periodista. Participó en la revolución contra Zelaya y, a la caída de éste, fue Ministro de Gobernación. Posteriormente fue capturado por órdenes de Adolfo Díaz.

En Buenos Aires, además de proponer una paz armada en previsión de la guerra que estallaría poco tiempo después, propuso también que en las Américas hubiera una sóla moneda. Estas proposiciones motivaron interesantes comentarios. Al morir, era senador vitalicio y, meses antes de su fallecimiento, había asumido el cargo de Ministro de Gobernación. El diario Novedades anotaba que sus funerales habían sido suntuosos.[65]

El diario Flecha lo llamaba “figura singular, interesante, un excéntrico genial“, comparable, dentro del marco de lo relativo, con Clemanceau, quien en 1918 salvara a Francia, pues Moncada, en Tipitapa,  salvó al Partido Liberal.[66]

El diario La Noticia le dio también cobertura a su muerte. Señalaba que había sido producto de un síncope cardíaco. Y proporcionaba el siguiente listado de sus familiares más cercanos: amén de los nombres de los padres que ya fueron mencionados, aparecían los de su primera y segunda esposa, respectivamente, Margarita Carranza y Josefa Reyes Gadea (con ésta se  casó en diciembre de 1941, cuando frisaba los 70 años de edad); los de sus seis hijos e hijas que fueron fruto del primer matrimonio (Aquiles, Elio, Hernaldo, Alba, Lesbia, y Elsa); y los nombres de los hijos nacidos del segundo matrimonio (Leda María, José Omar, y Oscar).[67]

En la misma edición, La Noticia insertó un artículo en el que se hablaba del papel de Moncada en la Conferencia Interamericana de Buenos Aires, celebrada en diciembre de 1936. En dicha conferencia, frente a las vacilaciones de otras delegaciones que, encabezadas por Chile, abogaban por el desarme de América, él habló de la necesidad de las armas para la defensa del Hemisferio Occidental.

El diario resaltaba las palabras de elogio que, al respecto de esa participación del ex presidente nicaragüense, tuvo Arthur Brisbane, quien, en ese entonces, era el primer editorialista estadounidense y, además, había estado en dicho encuentro. Brisbane expresó que la intervención de Moncada merecía estudiarse y meditarse “por todos y cada uno de los habitantes de los Estados Unidos como una muestra del gran sentido práctico de la América Latina.” Ya conoceremos con más detalle qué inspiró semejante elogio al que, en 1929,  sustituyera a Adolfo Díaz en la presidencia del país.[68]

La propuesta de una paz armada en Argentina

Carlos A. Morales, después de señalar que había muerto sin agonía, señalaba que Moncada “carecía de tacto para decir cosas agradables. Era un hombre frío, desconfiado; afectuoso y sencillo en familia; gentilísimo en su casa con sus amigos. No sabía atraerse la voluntad de los individuos, pero se atraía a las masas.”

Si Moncada murió o no sin agonía; o si en vida había sido o no un hombre carente de tacto para hablar no es algo que, de fondo, interese. Pero que se diga que pese a que no sabía atraerse a los individuos sí sabía atraerse a las masas, resulta por completo reñido con la realidad histórica. él no gozó, jamás, del aprecio de la mayoría del pueblo nicaragüense. Por el contrario,  se ganó su rechazo a partir del Pacto que puso en sus manos la presidencia de Nicaragua.

De otra manera, sería difícil, sino imposible, explicarse la guerra libertaria que Sandino dirigió, de 1927 a 1933, en contra de la intervención militar estadounidense en nuestro país. No debe perderse de vista que a Moncada le molestó siempre el carisma que Sandino poseía tanto en Nicaragua como en todo el continente americano.

Conozcamos más de lo que Carlos A. Morales expresó del Moncada que él recordaba en vida: “Dos hechos sin reservas, sin falsos colores, son suficientes para exaltar los méritos” de Moncada: el 4 de mayo de 1927 y el 17 de Diciembre de 1936 en Buenos Aires. El 4 de mayo, está suficientemente estudiado. Es difícil a estas alturas que alguien alabe el proceder de Moncada en esa fecha. Lo de diciembre de 1936, en cambio, es casi por completo desconocido. Se trata de lo siguiente:

En Buenos Aires, Argentina, en su calidad de Delegado de Nicaragua a un encuentro interamericano celebrado en este país sudamericano, en contra de la propuesta de desarme que la delegación chilena hiciera, Moncada declaró:

“Nosotros en América estamos trabajando por la paz; nosotros con toda buena voluntad y corazón, nos enfrentamos en esta tarea nobilísima. Pero nosotros no estamos sólos en el mundo: hay otros continentes que cada día se arman más. Nosotros podemos llegar en ciertos momentos difíciles para nuestra historia, a una lucha frente a Europa y Asia. Podríamos nosotros, como amigos de la paz (...) decir a Estados Unidos de Norte América: limite sus armamentos. La idea es hermosísima, pero la cuestión me parece que va a trascender tal vez a la conciencia de América, que no podemos hablar de limitación de armamentos en los momentos en que el antiguo continente está armado hasta los dientes. Hay que estar listos y preparados por causa de América y particularmente para el guardián del mundo occidental, los Estados Unidos.”  (El subrayado es nuestro).

La “proeza” de Moncada en este caso no está circunscrita a servir los intereses de Estados Unidos en el territorio de Nicaragua, trasciende las fronteras de nuestro país y se torna un caro servicio a la causa imperialista estadounidense en los marcos de toda América; es una contribución con la Doctrina Monroe, ni en la acepción latinoamericanista que ésta nunca tuvo, ni en la bolivariana que tampoco tuvo ni por cerca[69], sino en el sentido hispanoamericanista, que ha sido siempre el ángulo que favorece única y exclusivamente los intereses de Estados Unidos. Es el mismo sentido que tienen sus Memorias de la Revolución contra Zelaya.

¿La de Moncada una obra perdurable?

Moncada, sigue Carlos A. Morales, “ha desaparecido hoy del apenas sosegado escenario de la política, al paro triste y repentino de su propio corazón (...) Su obra de maestro, de periodista y escritor, tiene un valor incalculable de sustancia y de espíritu creador.”[70] Pero la única obra perdurable de Moncada no fue otra que la del somocismo a cuyo surgimiento, desarrollo y consolidación contribuyó, sin lugar a dudas, más que cualquier otra persona en el plano local:

Empujó a Somoza García al escenario de la política criolla, nombrándolo en distintos cargos, incluso como ministro; junto con los Hanna y Sacasa, lo colocó como primer Jefe Director de la Guardia Nacional; fue su director mental en, al menos, tres momentos distintos de la vertiginosa carrera de Somoza García:

Al parecer, cuando éste asesinó a Sandino el 21 de febrero de 1934;  cuando derrocó a su tío político, en 1936 y, finalmente, cuando el tirano se encontraba al borde de su inminente derrocamiento, en 1944. No fueron vanas las declaraciones que Moncada diera a la prensa, al señalar, en abril de 1944, que los que estaban mandando y todos los que gozaban “de  las gangas del Poder” se lo debían todo a él, a su “esfuerzo personal.” [71]

Damos así todo el crédito del mundo a la siguiente aseveración hecha por Manuel Galich. “De la misma manera que Moncada había adquirido la elección presidencial a la sombra del Espino Negro, Somoza obtuvo la jefatura de la Guardia Nacional a la sombra de Moncada.”[72]





[1]. La Prensa. Sábado 2 de Junio de 1939.  
[2]. Arellano, Jorge Eduardo. Brevísima Historia de la Educación en Nicaragua. (De la Colonia a los años 70 del Siglo XX). Managua. Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, 1997. pp. 93-94.
[3]. Barquero, Sara L. Gobernantes de Nicaragua 1825-1947. Segunda edición. Administración Somoza. Impreso en los Talleres Nacionales de Imprenta y encuadernación. Managua. 1945. p. 214.   
[4]. Quintana Orozco Ofman. Apuntes de Historia de Nicaragua. Cuarta edición. Aumentada y corregida. Marzo de 1968. p. 192.
[5]. Cole Chamorro, Alejandro. 145 años de Historia Política. Nicaragua. Managua, Nicaragua, C.A. Editora Nicaragüense. Enero 1967. 
[6]. Cuadra Pasos, Carlos. Obras, T. II. Ob. cit. p. 313.
[7]. Cuadra Pasos, Carlos. Obras. T. I. Ob. cit. p. 310.
[8]. Recuerdos de la Academia Militar de Nicaragua. Acto de entrega de los diplomas a los cadetes graduados en  la Academia Militar de Nicaragua, el 1º de junio de 1931, y la condecoración de oficiales de la Marina Americana y de la Guardia Nacional con la Medalla Presidencial del Mérito. Imprenta nacional. Managua, D.N. Nicaragua. C.A. 1931. p. 65.
[9]. Declaración Presidencial: Más Patriotismo y mayor juicio”. La Gaceta. Nº. 181. Miércoles 14 de Agosto de 1929. 
[10]. La Prensa. Domingo 31 de Marzo de 1935.
[11].  Ibíd.
[12]. La Prensa. Domingo 7 de Abril de 1935. 
[13]. Recuerdos de la Academia Militar de Nicaragua. Acto de entrega de los diplomas... Ob. cit. pp. 65-66.
[14]. Arana Montalbán, Raúl. Cosas pasadas o Caribe convulso. Managua, Nicaragua. Impreso en España. 1979. p. 130.
[15]. Carta del Presidente José María Moncada, del 21 de Octubre de 1931, al Subteniente Castillo C. Fondo Moncada HHNCA. 
[16]. Carta al Subteniente Castillo, fechada el 28 de Abril de 1931, de parte de su novia Adilia. Fondo Moncada HHNCA.
[17]. Rodríguez Serrano, Felipe. El Canal por Nicaragua. Estudio de la Negociación Canalera y su Proyección en la Historia de Nicaragua. Editorial Alemana; Managua, Nicaragua, CA., 1968. pp. 148-150.
[18].  Moncada, José María. La Reforma se impone. Managua. Marzo de 1932. pp. 5-7.
[19]. Cuadra Pasos, Carlos. Historia de Medio Siglo. Ob. cit. p. 162.  
[20]. La Prensa. Martes  22 de Enero de 1935.
[21]. La Prensa. Miércoles  23 de Enero de 1935.
[22]. Millett, Richard. Guardianes de la Dinastía. Primera edición en español. EDUCA, Centroamérica, 1979. pp. 124, 148-149, 152-153.
[23]. Cuadra Pasos, Carlos. Historia de Medio Siglo. Ob. cit. p. 161.  
[24]. La Gaceta. Sección Editorial. “Labor del Gobierno en Instrucción Pública”. Sábado 24 de agosto de 1929. p. 1778.
[25].  Moncada, José María. Monografía Histórica. Managua. D.N. 8 de febrero de 1932. pp. 6-8.
[26]. La Prensa. Jueves 24 de Enero de 1935. 
[27]La Prensa. Viernes 25 de Enero de 1935.
[28]. La Prensa. Miércoles 10 de Abril de 1935.
[29].  “El Presidente de la República contesta a La Noticia”. La Gaceta. Viernes 26 de Abril de 1929. Nº. 93. p. 705. 
[30]. La Gaceta. No. 53, martes 15 de julio de 1930.
[31]. Sandino C, Augusto. El Pensamiento Vivo. Ob. cit. Tomo I. p. 302. Tomo II. pp. 61, 119.
[32]. La Prensa. Martes 16 de abril de 1931.
[33]. Moncada, J.M. El Terremoto y los socorros de 1931. Tipografía Florida. Marzo de 1935. pp. 3-7.
[34]. Macaulay, Neill. Sandino. Ob. cit. pp. 42-43, 94, 155.
[35]. Torres, Edelberto. Sandino y sus pares. Editorial Nueva Nicaragua. 1983. p. 254-255.
[36]. Cuadra Pasos, Carlos. Historia de Medio Siglo. Ob. cit. p. 162.
[37]. Chamorro, Emiliano. Autobiografía. Ob. cit. p.  351. 
[38]. Alemán Bolaños, Gustavo. Sandino el Libertador. Ob. cit. pp. 226, 237. Román, José. Maldito País. Ob. cit. p. 202.
[39]. Ibíd. pp. 216-217, 219, 224-225, 233. El Sandinismo Documentos Básicos. Ob. cit. p. 249. Urbano Gilbert, Gregorio. Junto a Sandino.  Editorial Alfa y Omega. Santo Domingo, República Dominicana, 1979. p. 294.
[40]. Salvatierra, Sofonías. Sandino o la Tragedia de un pueblo. Ob. cit. p. 277.
[41]. Blandón, Jesús Miguel. Entre Sandino y Fonseca Amador. s/f/e pp. 12-13.
[42]. Carta inédita de José María Moncada a Salvadora Debayle del 6 de Febrero de 1933. Fondo Moncada. IHNCA.
[43]. Sacasa, Juan Bautista. ¿Cómo y Cuando caí del Poder? Ob. cit. Ver anexos. pp. 103, 107-109.  
[44]. Salvatierra. Sofonías. Sandino o la Tragedia de un pueblo. Ob. cit.  p. 270.
[45]. Revolución en Nicaragua (Derrocamiento del Gobierno constitucional del Dr. Juan Bautista Sacasa y ascenso del régimen militar del General Anastasio Somoza García. Traducción de documentos oficiales publicados por el Departamento de Estado de Washington, correspondientes a los años 1935–1936 con relación a Nicaragua. Editorial El Centroamericano. León, Nicaragua. 
[46]. Lane al Secretario de Estado. Managua, mayo 1933. Ibíd. pp. 19-23.
[47]. Ibíd. p.  28.
[48]. Lane al Secretario de Estado Summer Welles. Managua, 18 de junio de 1935. Ibíd. p. 30.
[49]. Lane al Secretario de Estado. Managua 13 de agosto de 1935. Ibíd. p. 36.
[50]. Lane al Secretario de Estado. Managua, 28 de septiembre de 1935. Ibíd. p. 48. 
[51]. Lane al Secretario de Estado. Managua, 4 de octubre de 1935.  Ibíd. p. 55.
[52].  Ibíd. Hull a Booz Long. Washington. Marzo, 28 de 1936. p. 71.
[53]. Long. Telegrama al Secretario de Estado 31 de mayo de 1936. Ibíd. p. 90.
[54]. Long al Secretario de Estado. Managua, 12 de abril de 1936. Ibíd. p. 112.
[55]. Cole Chamorro, Alejandro. Desde Sandino Hasta los Somoza. Editorial "El Mundo". Granada 1971. p. 216.
[56]. Abelardo Cuadra, participante directo en el asesinato de Sandino, relataría las causas de la rebelión que en la G.N. estallaron en 1934 y 1935 contra Somoza en los siguientes términos: "Nosotros habíamos cargado con las dificultades de la guerra bien jodida como es esa de andar y andar sin ver al enemigo, expuestos a emboscadas y lo que era peor, una guerra injusta con la que nos habíamos manchado para siempre. Y resultaba ahora que unos burgueses que por pereza, cobardía o indiferencia se habían quedado en sus casas, venían a ocupar, por obra y gracia de un acuerdo de políticos manejado por los yanques las altas jerarquías del ejército; y a nosotros los oficiales, salidos de la Escuela Militar nos dejaban abajo". Cuadra, Abelardo. Hombre del Caribe.  Memorias presentadas y pasadas en limpio por Sergio Ramírez Mercado. EDUCA. Centroamérica 1967. p. 143.
[57]. Cita de la obra de William Krehm Democracias y Tiranías en El Caribe. En: Morales Henríquez Víctor. De Mrs. Hanna a la Dinorah. Principio y fin de la. Dictadura Somocista. Sin fecha y lugar de publicación. p. 29. 
[58]. Amador, Armando. Origen, Auge y Crisis de una Dictadura. Guatemala, Centroamérica. Sin fecha de edición. p. 91.
[59].  Selser, Gregorio. Nicaragua de Walker a Somoza.  Ob. cit. p. 156.
[60]. Blandón, Jesús Miguel. Entre Sandino y Fonseca Amador. Ob. cit. pp. 23-24.
[61]. Arana Montalbán, Raúl. Cosas pasadas o Caribe convulso Ob. cit. pp. 171, 173-174.
[l62]La Prensa. Miércoles, 12 de julio de 1944. Véase también la del Viernes 14  y la del 15 de Julio de 1944.
[63]. ”Carta Abierta de la Juventud Granadina al Gral. Don José María Moncada”. La Prensa. Miércoles 12 de julio de 1944.  
[64]Novedades. Sábado 24 de Febrero de 1945.
[65].  Ibíd. Véase también edición del Domingo 25 de Febrero.
[66]. Flecha. Segunda época. Año V. Martes 27 de Febrero de 1945. 
[67].La Noticia. Sábado 24 de febrero de 1945.
[68]. Ibíd.
[69]. Moncada en Estados Unidos en Nicaragua, vincula el Panamericanismo y la Doctrina Monroe con Bolívar. Pero debe decirse que éste no es el creador del Panamericanismo, invención netamente estadounidense orientada a crear la ilusión de unidad y solidaridad continental, cuando, de hecho, no tuvo otro objeto que imponer la hegemonía de Estados Unidos sobre Latinoamérica. Por otra parte, el Congreso de Panamá de 1826, no fue tampoco el momento de creación del Panamericanismo sino el del Hispanoamericanismo, opuesto a la hegemonía estadounidense. En su discurso de Angostura, Bolívar aclaró: "Debo decir, que ni remotamente ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de dos Estados tan distintos como el Inglés Americano y el Americano Español". Y a Santander, en carta del 30 de Mayo de 1825, le expresó: "Los americanos del Norte y los de Haití, por sólo ser extranjeros, tienen el carácter de heterogéneos para nosotros. Por lo mismo, jamás seré de opinión de que los convidemos para nuestros arreglos americanos". Y, en Octubre de 1825, categóricamente dijo que él no había sido de la opinión, ni le había agradado, que al Congreso se hubiera invitado a Estados Unidos, y que si este país intervenía en él sería conveniente no realizarlo. Salcedo-Bastardo  J. L. Bolívar: Un continente y un destino. Ediciones de la Biblioteca. Colección Temas Nº 49. Universidad Central de Venezuela. Caracas 1978.  p. 317.
[70]. Morales, Carlos A. Moncada III. San Francisco, California 1946. Impreso en los Talleres Nacionales. pp. 7, 13-14, 21, 25, 27.
[71]. La Prensa. Jueves 27 de Abril de 1944.
[72]. Galich, Manuel. "Nicaragua 1933-1936: gestación y nacimiento de la dinastía". En Casa de las Américas. Nº 117. Nicaragua Patria Libre. Ministerio de Cultura. Año XX. La Habana, Cuba. Noviembre-Diciembre 1979. p. 68.

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