Los transgénicos son una bomba atómica con vida
propia
Por Raúl Rejón
28/05/14
La doctora en genética molecular Elena Álvarez-Buylla
batalla en contra de los cultivos genéticamente modificados: "Somos
sujetos de un experimento global, sin control ni consentimiento", asegura.
Este riesgo "sólo se justifica por las ganancias privadas de las grandes
corporaciones", afirma.
Fue
una bomba. Una prestigiosa revista publicó en septiembre de 2012 un
estudio del francés Gilles-Eric Séralini que relacionaba el consumo de maíz transgénico con
la formación de tumores. Un año después, la revista que publicó el trabajo le
exigió su retirada. Ese desacreditado trabajo ha acentuado las suspicacias
sobre las sentencias definitivas a favor o en contra de la modificación genética
de semillas. En España las voces discrepantes se relacionan con
ambientalistas mientras que los apoyos a esta tecnología se ligan a
científicos.
La
mexicana Elena Álvarez-Buylla se sale de ese modelo. Y está orgullosa de ello.
Doctora en genética molecular y coordinadora del laboratorio de Genética
Molecular del Desarrollo de la Universidad Autónoma de México –y con 106
publicaciones científicas a sus espaldas– no esconde su batalla personal contra
estos cultivos. Hay analistas que aseguran que hay un consenso internacional
científico sobre los transgénicos, que
no existen diferencias entre unos alimentos y otros...
Es totalmente falso que los transgénicos sean
iguales a los silvestres. Hay evidencias que indican que, por ejemplo, la soja transgénica es
nutricionalmente distinta, además de que la mayoría se rocía con grandes
cantidades de glifosato –un
agrotóxico– que penetra en las células y es nocivo para la salud. Y nos lo
estamos comiendo. Estamos siendo sujetos de un experimento global sin controles
y sin consentimiento, el experimento de una tecnología incipiente y a la vez
obsoleta que, por razones científicas, tendría que ser suspendida.
¿En
qué sentido?
Teniendo
en cuenta los datos científicos y el puro sentido común, los organismos transgénicos no
pueden ser iguales a los no transgénicos. Es una falsedad asegurar
que un organismo puede ser equivalente después de que le introduzcas un solo
transgen. Una pequeña perturbación en sistemas complejos, como un ser vivo,
tiene consecuencias que no se pueden enumerar. Y mucho menos predecir las consecuencias
en las interacciones con otros genes y la síntesis
de muchas sustancias. El efecto de un gen (o un transgen) depende no
sólo de sí mismo, sino de sus interacciones con otros genes y proteínas, y de
la interacción del organismo transgénico con el ambiente.
¿De
qué tipo de consecuencias habla?
Hay plantas que presentan moléculas distintas, no asociadas
al gen producido sino a otros genes, los que se han
alterado a su vez por esta modificación. Pero, además, el maíz o la soja están
incorporando a sus células el herbicida al que son resistentes por la
modificación genética. El glifosato –está
probado– es un teratógeno (que produce malformaciones en el feto) y es
posiblemente cancerígeno. Las plantas resisten ese veneno y lo incorporan, por
lo que pasa a la cadena alimenticia.
¿También
hay consecuencias para el medio ambiente?
Basta con que les vayan a preguntar a los agricultores
[norte] americanos cuánto se están gastando ahora mismo en controlar las
supermalezas que han crecido en las explotaciones de transgénicos que,
después de muchos años, se han hecho resistentes al glifosato, al
herbicida.
Los organismos evolucionan y ya hay variedades de maleza que aguantan los
herbicidas. Ahora amenazan con transgénicos que resisten a múltiples
agrotóxicos; algunos aún más tóxicos que el glifosato.
Es
totalmente falso que no haya diferencias entre un alimento transgénico y otro
que no lo es.
¿Por
qué defiende que se trata de una tecnología inútil?
La
llamo pseudotecnología. Las variedades que comercializan las corporaciones se
obtienen por ensayo-error. Es como si al vender un coche dijeran: 'Prueba
este... Ah no, no va. Toma otro'. Se eligen las porciones de ADN que se quieren
inocular en la planta y se colocan en diversos puntos de la cadena de ADN.
Luego se ve cómo se desarrollan los ejemplares en el laboratorio, qué efecto ha
tenido. ¿Cómo se analizan las plantas? A ojo. No con un estudio metabólico
exhaustivo que sí podría revelar alteraciones aunque no estén, en teoría,
implicadas en el gen que se ha modificado. Porque las redes que hacen
interactuar los genes de un
organismo son muy complejas. No son corto y pego, y ahí se queda el efecto.
Rebotan por donde nadie se imagina.
¿Entonces
qué es lo que sale de los laboratorios?
La empresa selecciona lo que quiere en esas condiciones de
laboratorio. Desarrolla una línea para vender, la diferente de la silvestre.
Pero los genes se mueven en
el polen a miles de kilómetros de distancia. Por eso lo que se haga en España
afectará a los vecinos. Lo que se hizo en EEUU ya contaminó el centro de origen
del maíz mundial, que
está en México. El polen viaja y hace germinar con su gen transgénico.
El
contexto alrededor y las interacciones de esas plantas son ya diferentes. Con
lo que las plantas que contengan el gen modificado por la empresa ya no serán
como cuando se han producido en el laboratorio. Las hijas de esa planta
llevarán ese transgen. Se irán acumulando transgenes. Está demostrado que no se
pueden parar y controlar. Los transgenes se mueven y se acumulan en
las razas nativas de los cultivos.
Tal
y como usted lo plantea, es una 'contaminación' imparable. La propia industria
ha reconocido que lo poderoso de esta tecnología es que se va a implantar sin
esfuerzo y cuando la gente se dé cuenta ya no va haber nada qué hacer. Las
secuencias genéticas patentadas se acaban acumulando en los cultivos
originales. Y entonces, las empresas podrían hasta demandar a esos agricultores
por utilizar una variedad sobre la que tienen una patente de exclusividad.
Aunque sea el maíz nativo que esté
contaminado. De hecho, cuando se compra semilla transgénica estás
obligado a destruir lo que no utilices en la cosecha. El único que tiene
derechos sobre la reproducción de vegetal de esa semilla es la corporación. No
se puede ni utilizar las semillas obtenidas con la cosecha.
¿Usted
asegura que se asumen riesgos sólo para favorecer el negocio?
Claro.
La gente está siendo sujeta a este riesgo público a favor de las ganancias
privadas. Porque eso es lo único que hay detrás, de verdad. Existe por razones
de lucro. ¿Queremos tirar la bomba atómica a ver qué pasa? Esto es una bomba
atómica pero con vida propia. Es una contaminación que va a tener su propia
dinámica evolutiva y a los responsables de este crimen contra la humanidad no
se les va a poder pedir cuentas.
¿Por
qué?
Pues
de entrada porque no se está etiquetando en la mayoría de los países
latinoamericanos (Nota: En Europa sí en el caso de que sea para
alimento humano directo, aunque el 100% de los piensos están etiquetados como
transgénicos porque hay tanto maíz importado –la mayoría transgénico– que los
fabricantes han optado por decir que todo es transgénico). Estamos
en un mundo al revés donde la ciencia dominante, la ciencia del reduccionismo,
muy obsoleta en el contexto actual pero con mucho poder económico, está
validando con un traje falso en términos científicos una tecnología peligrosa y
ambientalmente insustentable.
¿Usted
niega los efectos beneficiosos de los transgénicos para aliviar el hambre en el
mundo?
La
realidad son grandes extensiones de soja transgénica
resistente a glifosato. Grandes
explotaciones de monocultivo. No hay que desenfocar. No hay que dejarse llevar
por ese engaño. Por ejemplo, el arroz dorado que se ha introducido
en Asia con un gen para dotarle de una vitamina de la que son deficientes los
niños y que provoca ceguera. ¡Pero los niños son deficientes en
esa vitamina porque no comen! Y para solventar la deficiencia tendrían que
comer kilos de arroz dorado. Eso es irreal. Mejor unas verduritas. Desde
un punto de vista tecnológico, científico y social se necesita solventar el
problema de reparto de alimentos, no cultivar el arroz dorado que es sólo para
hacer propaganda a favor de los transgénicos.
Son
muchas las voces que defienden que es una tecnología extendida y eficiente.
Existe un mito conveniente: si ya están en todos los lados,
y no hay remedio, ya no podemos hacer nada. Desde el punto de vista de
resolución de los problemas agrícolas del mundo, los transgénicos han aportado
cero. Los han empeorado. Si es una tecnología que no resuelve los verdaderos
problemas y tiene riesgos…. ¿para qué se apoya? El que cada vez se coma más
comida chatarra no quiere decir que sea buena.
¿Por
qué hay cultivos modificados genéticamente y otros en los que esta tecnología
no se aplica?
Por
el negocio. Que está en la soja y el maíz.
Existen transgénicos de arroz, pero los japoneses están cuidándolo muchísimo
para que no se extienda porque es la base de su alimentación. También hay
berenjena, tomate… pero el negocio está en la soja y el maíz.
¿Y
el trigo?
Que no haya trigo transgénico es
uno de los argumentos que demuestran que sí se sabe que hay consecuencias con
estos cultivos. ¿Dónde
se come trigo? En Estados Unidos, Europa y Canadá. ¿Dónde está la
gente más rica? El trigo está muy cuidado. Sería facilísimo modificarlo pero la
gente del Primer Mundo no está dispuesta a tener en su mesa trigo transgénico
todos los días. Sí que en los laboratorios lo modifican en experimentos… pero
como propaganda. Está protegidísimo. Y claro que hay problemas de plagas y
demás con el trigo pero se resuelven de manera más inteligente que con
transgénicos.
España
se ha quedado sola en el mundo de los transgénicos en Europa.
¿Tiene
explicación?
Las
empresas tienen mucha influencia con los gobiernos pero las poblaciones de
Alemania, Francia o Gran Bretaña tienen un rechazo público muy fuerte a los
transgénicos…. ¿y dónde se mantiene el acuerdo de negocio sin motivo tecnológico
o humanitario? En España.
Ecoportal.net
El
Diario
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