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lunes, 10 de marzo de 2014

Los «perio-listos» y la desaparición de la veracidad

Los «perio-listos» y la desaparición de la veracidad
Por Silvio Palacios

7 marzo de 2014

La periodista Sofía Montenegro escribió un artículo de opinión interesante e interesado, publicado por Confidencial el 5 de Marzo 2014 titulado; "La desaparición de Ortega" aduciendo que el gobierno no brindó ninguna explicación coherente a la inasistencia de Daniel en algunos eventos públicos. No es la primera vez que doña Sofi se desespera por alguna cuestión relacionada con Daniel, tampoco es culparla; no es sola en esto, son un club de periodistas y escritores que deambulan en el espacio desesperado de ser noticia a costa de cualquier nota rosa del presidente, aun y si esa noticia es la guillotina de la veracidad y la imparcialidad de la noticia.

Al mejor estilo de la pluma arisca y de una periodista que se lanza al precipicio sin paracaídas, apuesta por relanzar un concepto del rumor, aventajándolo a que el rumor tiene un concepto para la comunicación: "en comunicación, el rumor se define como una proposición creíble sin medios de prueba segura para demostrarla"

Interesándonos en investigar lo que es un rumor (para los que no somos del mundillo de la comunicación), pues hemos encontrado el siguiente concepto en el diccionario universal de la lengua española: "noticia vaga o información que corre entre la gente, cuchicheo, hablilla, cotilleo".

Aquí caben algunas preguntas; si es una noticia vaga, ¿nos están informando en Nicaragua los vagos, o no necesariamente una noticia vaga proviene de un vago? Si un rumor es un "cuchicheo, hablilla, cotilleo", entonces ¿La Prensa es un medio en decadencia al haber caído a un simple espacio de chismes y habladurías, carente de un trabajo profesional? Como reflexión, es muy necesario ser responsables decidiendo en qué medios nos informamos.

Seguimos analizando el texto interesado: "es lo que hizo la prensa internacional, exponiendo las preguntas legítimas que los ciudadanos publican en las redes sociales". Esta vez la escritora traslada toda la responsabilidad de la noticia que debe ser sustentada, a un simple procedimiento de rellenar espacios de medios con las inquietudes de cualquier persona que ande rumoreando por las redes sociales. Buen debate ha planteado esta escritora, los periodistas y los "perio-listos" deberían de poner su barba en remojo, pues poco se necesitarán ya que los medios rellenarán espacios y buscarán la noticia de portada que tanto cuesta, "con un chisme sacado del Facebook", y si quieren sobrevivir en ese estado futurista y decadente de las comunicaciones, en donde las portadas serias y contundentes no sean más que un estado publicado en Facebook, pues habrá que volverse multiplicadores del cotilleo.

Un rumor tiene un enorme potencial manipulador, eso lo sabe bien la escritora; si esta periodista está entre "las mejores de Nicaragua", entonces hay un problema de forma y no de fondo. Ella debería estar en las tertulias de programas rosados con tintes de show (Laura en América podría ser Sofía en Nicaragua, esa debería ser su forma), pero ahora es una "analista política" y entramos en contradicciones por ser dos formas distintas, el fondo lo cumple; nadie discute que es una comunicadora.

En el texto se puede apreciar un extracto del libro "Otoño del Patriarca", de Gabriel García Márquez (Gabo), utilizado por la escritora para exteriorizar sus propias confusiones de lo que es el liderazgo secuencial de Daniel. Me di a la tarea de rastrear un extracto escrito por Gabo sobre lo que es la deformación del oficio de comunicador (confiando plenamente en que se haya referido al caso) y no me decepcionó el escritor cuando escribió el artículo "El mejor oficio del mundo" publicado en el diario español El País el 20 de octubre de 1996. Aquí delimita el tema:

"Un avance importante en este medio siglo es que ahora se comenta y se opina en la noticia y en el reportaje, y se enriquece el editorial con datos informativos. Sin embargo, los resultados no parecen ser los mejores, pues nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio. El empleo desaforado de comillas en declaraciones falsas o ciertas permite equívocos inocentes o deliberados, manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal. Las citas de fuentes que merecen entero crédito, de personas generalmente bien informadas o de altos funcionarios que pidieron no revelar su nombre, o de observadores que todo lo saben y que nadie ve, amparan toda clase de agravios impunes".


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