Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

lunes, 31 de marzo de 2014

COMUNICACIÓN VERAZ: PRESENCIA DE TELESUR

COMUNICACIÓN VERAZ: PRESENCIA DE TELESUR
Gabriel Jiménez Emán
  
Si en algún aspecto de la diaria comunicación de eventos sociales o políticos tenemos una gran debilidad, este es en el de los mensajes impresos o televisivos que permiten construir un mundo más justo y pleno entre nuestros actores sociales. Nuestra realidad se encuentra permanentemente vulnerada por una serie de mensajes maquillados o adulterados que, más que permitir una interpretación fidedigna de ésta, nos enfrentan a una serie de códigos ideológicos manejados por empresas. Desde que diarios y periódicos se dieron a la tarea de informar y formar, la prensa escrita inmediatamente asumió un rol de tal envergadura que fue considerada un Sexto Poder, al lado del político, el judicial, el ejecutivo, el económico y el social. El poder comunicacional, que en teoría debe mantener su ecuanimidad o imparcialidad, puede convertirse también en una empresa al servicio de tal o cual grupo, y en vez de direccionarse al bien colectivo, lo hace en pro de tal o cual interés de capital privado, o de un sector o partido político, que, a su vez, puede hacer pactos puntuales con el poder político o económico. Hacer pactos con grupos económicos es mucho más sencillo, pues se trata sólo de dinero. El dinero, en este caso, es solamente un vehículo, una especie de visado o pasaporte expedito para conseguir una determinada parcela de poder en un específico momento político, que permite seguir extendiendo ese poder hasta donde sea posible. En este caso, la política se definiría aquí como el arte de la negociación.

Llegado un momento, lo sabemos, ese poder se desvanece, pues no está fundamentado en convicciones ideológicas profundas, sino en un simple acto mercantil de compra-venta. De ahí que Ludovico Silva nos hablara de una plusvalía ideológica, es decir, del manejo de una determinada ideología para imponerle un precio determinado en el mercado, como si se tratara de un objeto de consumo perentorio, como cualquier otro rubro.

Los grandes periódicos han venido creciendo de una manera tal, que se han conformado en poderosos grupos trasnacionales, en empresas que compran sin miramientos canales televisivos, emisoras radiales o redes sociales digitales. Se fraguan pactos con editoriales, cadenas informativas, revistas, libros, noticieros. Si se les permite, pueden ejercer presión sobre gobiernos, administraciones, parlamentos, instituciones. Su poder es tal, que pueden obligar a Presidentes a dimitir (como ocurrió en el famoso caso Watergate de Richard Nixon y el “Washington Post”) y revelar fraudes, pero también encubrir campañas gubernamentales o trabajar con testaferros; pueden dirigir sus mensajes a un blanco preciso si hay algún interés de por medio. Pueden cumplir una misión formativa o de sistemática tergiversación, contando con el conocido factor humano de curiosidad que asegura la venta: la tendencia del grueso de la población al escándalo, al crimen, al chiste, al rumor,  al dime y al direte, a la violencia pasiva o al hecho escabroso, las cuales ya forman parte de la naturaleza misma de las publicaciones periódicas para poder llamar la atención.

Es sabido que, en la actualidad, grandes bloques de periódicos poderosos en Chile (El Mercurio), Argentina (Clarín), Uruguay, (El País), España (El Mundo, ABC, El País), Perú (El Comercio), Venezuela (El Universal), Brasil (O Globo), Honduras (El Heraldo), Nicaragua (La Prensa) y Colombia (El Espectador, El Tiempo), entre otros, trabajan en la dirección neoliberal de grandes intereses económicos que atacan de modo constante a cualquier tendencia de signo socialista, a las cuales es muy difícil hacer frente con pocos periódicos de baja circulación y medios visuales incipientes: nuestras debilidades en este sentido son enormes, lo cual nos ha llevado a plantearnos la necesidad de una política comunicacional más eficaz, dadas las condiciones de desigualdad donde se está librando esa batalla, contra aquellos medios tergiversadores de grandes consorcios que parecieran apostar por la aniquilación de los proyectos de emancipación de los pueblos oprimidos.

Algo similar ocurre con la televisión, donde la información viaja a mayor velocidad. Las fotografías y las imágenes en movimiento pueden ser trucadas por medios tecnológicos y digitales y se ofrecen a los ojos del espectador de una manera manipulada, acompañadas de textos sesgados y guiones que pueden ser fidedignos o adulterados. Si no está atento, el espectador es víctima pasiva de una enorme cantidad de mensajes que, a fuerza de reiterativos, se van filtrando en su mente y su juicio,  a través de la costumbre y la repetición. Ahí, en esa adicción, se basan los diarios para ganar lectores.  Justo como el café, el cigarrillo, el sexo o la droga, así se instalan los diarios o la TV en la mente del espectador a través  del espacio doméstico, donde el televisor es un invitado permanente que no deja de emitir mensajes a toda hora, buenos o malos. En Venezuela tenemos las opciones de siempre: Televen, Venevisión, Globovisión, Vale TV, y las cadenas alternativas del Estado VTV, TVES, Vive, Conciencia, ANTV, y otras cadenas informativas como CNN, BBC, Televisión Española, Televisa, Caracol, Telesur.

Desde hace algunos años hemos venido apreciando el crecimiento de Telesur como una opción digna de recibir información acerca de los países de América Latina, África, el mundo árabe y el asiático, conformándose como la opción más sólida en este sentido, frente a CNN, por ejemplo, que emite todas sus informaciones sesgadas ideológicamente hacia una clara tendencia neoliberal que privilegia de modo permanente todo lo proveniente del gobierno de  Estados Unidos y de la american way of life, donde América Latina aparece casi siempre como una cultura sucedánea, y sus acontecimientos situados en un segundo o tercer plano, cuando no expresamente minimizados, o como meras curiosidades o rarezas tercermundistas. Hay una anécdota de hace muchos años acerca del fundador y propietario de CNN, el multimillonario Ted Turner, quien en una de sus giras por Estados Unidos pasó por uno de los estados de EE UU. Iba en una avioneta desde donde divisaba enormes extensiones de tierra; averiguó quienes eran los dueños y las compró; fue adquiriendo más y más tierras;  llegado un momento era tal la cantidad de tierras de su propiedad, que fundó allí una especie de país artificial, con escudo, bandera e himno propios,  y donde él era el presidente vitalicio.  Si le hubieran dejado hacer prosperar en esa idea delirante en otros estados (pues tenía el dinero suficiente para hacerlo), Turner se hubiera hecho quizá el dueño de una buena parte de varios estados. Ahora anda viejo y enfermo, como cualquier otro mortal.

Tenemos entonces a Telesur como un canal de crecimiento constante,  de cobertura internacional, que espera pronto ser transmitido en otros idiomas. Ahí apreciamos informaciones de las luchas sociales de las minorías, los trabajadores, los estudiantes, los indignados, apreciamos reportajes reveladores, entrevistas, profesores o figuras políticas e intelectuales  hablando con entera propiedad de temas centrales, y reportajes sobre los pueblos indígenas, afroamericanos, árabes o asiáticos que siempre han sido minimizados en canales liberales como CNN.

De modo que celebremos la existencia de Telesur, que surge de una idea de nuestro recordado presidente Hugo Chávez Frías, como un canal creador de conciencia histórica y colectiva, que está haciendo un esfuerzo enorme para acercarnos entre las naciones del sur de América y a las minorías étnicas y las luchas gremiales y laborales de otros países, denunciando los abusos del neoliberalismo internacional. Por su parte, canales nuestros como TVES, Vive o Conciencia trabajan en una línea similar; TVES en la línea de formación cultural donde destacan las artes, el cine, la literatura, las tradiciones y la cultura popular, y VIVE con una programación infantil y juvenil muy propiciadora de nuestros valores, todos hechos en nuestra patria. A todos ellos deseamos larga vida, para seguir disfrutando y celebrando de los asombrosos aportes de nuestra cultura raigal y popular, sin la cual sería imposible fundar un nuevo país, una nueva Venezuela.

© Copyright 2014 Gabriel Jiménez Emán

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