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jueves, 28 de enero de 2016

Vietnam y el XII Congreso del PCV: Haciendo honor a los principios revolucionarios del Tío Ho


28/01/2016 

Vietnam y el XII Congreso del PCV: Haciendo honor a los principios revolucionarios del Tío Ho

A pesar del encarnizamiento de sus antiguas metrópolis y el actual marco económico mundial, Vietnam y su Partido Comunista siguen peleando la construcción del socialismo

Vietnam está viviendo por estos días un acontecimiento fundamental para recordar su historia pasada, su presente venturoso e iluminar un futuro de continuos desafíos en la construcción permanente de una Patria Socialista. Se trata del XII Congreso del Partido Comunista de Vietnam. El glorioso PCV de Ho Chi Minh, de Le Duan y de Vo Nguyen Giáp, que no sólo condujo al pueblo en cada una de los enfrentamientos estratégicos con el imperialismo (el francés y el yanqui, sobre todo) sino que fue la herramienta fundamental para reconstruir el país después de la devastación que produjo la criminal invasión norteamericana, heroicamente derrotada en 1975.

Este Congreso actual, convocado con consignas claras como “unidad, democracia, disciplina y renovación” sigue dando pruebas de que esos cuatro elementos aseguran la determinación de energizar de manera integral y sincronizada la reforma e impulsar el desarrollo rápido y sostenible del país.

Es importante aclarar que un Congreso del PCV no se improvisa, lleva años de preparación, de debates “a corazón abierto”, de estudio y formación para las nuevas camadas de militantes que luego son los que serán representados por más de mil 500 delegados representantes de unos cuatro millones 500 mil miembros del Partido. De ellos, 197 miembros son del Comité Central (CC) del onceavo mandato, 1.300 fueron elegidos en las asambleas partidistas celebradas en provincias y ciudades en el país y 13 son del Comité Partidista del Exterior.

Es en una instancia en la que se determinan las coordenadas para que el país siga su rumbo de crecimiento, donde se abordan los distintos y complejos matices de la crisis intercapitalista mundial y las correcciones que hubiera que hacer para enfrentar los nuevos peligros que pueda presentar el imperialismo occidental, tan ávido como voraz en sus ambiciones bélicas.

No, no es un Congreso más ni un encuentro formal para obtener una “foto de familia”, como estamos tan acostumbrados en las diversas cumbres, foros y pseudo-congresos que se suelen ver en Latinoamérica o en la decadente Europa, sino un auténtico encuentro de las viejas y nuevas generaciones de revolucionarios comunistas que, más allá de luchar por “ubicar a Vietnam en el mundo actual”, se preocupan por no dejar de lado los principios originarios que les permitieron vencer a sus enemigos.

Este XII Congreso, al decir del propio Secretario General del PCV, Nguyen Phu Trong, quien se encargó de presentar el Informe del Comité Central del Partido, es el que además de salvaguardar la soberanía nacional, mantener el ambiente de paz y estabilidad, perfeccionar un Estado de Derecho socialista y garantizar la construcción de un partido transparente con alta capacidad directiva y combativa, debe ser el que a su vez, avance firme en clave de renovación a fin de convertir en breve plazo a Vietnam en un país industrializado hacia la modernidad.

Indudablemente, en el plano económico, el Congreso de los comunistas vietnamitas, analizará y aprobará el plan de desarrollo que contemple elevar el ingreso medio per cápita de la población, mantener la inflación en un nivel menor al cinco por ciento y reducir el déficit presupuestario bajo el cuatro por ciento del Producto Interno Bruto.

Como se trata de un Estado socialista, que viene de una historia de luchas encarnizadas con quienes intentaban destruirlo, no sorprende que por encima de todo se tenga una alta consideración hacia la cultura y el ser humano como el fundamento espiritual y a la vez no se descuiden las labores de defensa y seguridad.

Es indudable que en el Vietnam actual, se sigue contando con la referencia ineludible del Tío Ho, quien se preocupaba para que, en medio de las luchas guerrilleras contra el Imperio, el pueblo fuera el principal protagonista de los cambios, procurando hacer importantes esfuerzos para que partiendo de una formación integral donde el marxismo se convirtiera en arma eficaz, se pudiera escuchar la opinión de todos y todas las luchadoras. Por eso, es que no sorprende que en las sesiones de este XII Congreso, delegados de base se opine sobre cómo defender la integridad territorial, elevar la calidad de la industrialización nacional, impulsar la agricultura y el desarrollo rural, hasta consolidar aún más “la unidad indestructible de Partido, Pueblo y Ejército”. Nada queda en el tintero, todo se debate, en un plano de igualdad que sólo permite la democracia popular socialista, buscando las fórmulas más correctas para trazar las metas que aseguren el próximo quinquenio de un Viettnam cada vez más poderoso.

Párrafo especial merece la participación de los jóvenes en la construcción del socialismo vietnamita, a sabiendas que su compromiso y participación activa en cada una de las tareas que emanen del XII Congreso, generarán nuevas iniciativas de estimulación revolucionaria, impulsando la capacitación de cuadros jóvenes, la lucha contra la corrupción y fomentando la capacidad combativa del PCV.

Por último, es fundamental recordar que en un momento en el que en todos los continentes se está produciendo una gigantesca ofensiva de la derecha imperialista y capitalista, ejemplos como el de Cuba y Vietnam siguen siendo faros que iluminan y dan ánimo a las nuevas resistencias y ofensivas que se siguen generando a escala mundial. La firmeza de Vietnam en sus principios, las enseñanzas de Ho Chi Minh y todos los combatientes de la Revolución Vietnamita, las resoluciones de este XII Congreso del PCV servirán para reafirmar la potencia de un país que jamás bajó la cabeza ante sus enemigos, y además impulsarán a todos los hombres y mujeres del Tercer Mundo a seguir caminando, al decir del Comandante Hugo Chávez, “con paso de vencedores”.

Texto completo en: 

http://www.lahaine.org/vietnam-y-el-xii-congreso

miércoles, 2 de abril de 2014

SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA DEL VIETNAM

Nguyen Giap 

SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA DEL VIETNAM
Por Miguel Urbano Rodrigues

La Historia no registra una guerra de liberación similar a la del pueblo vietnamita.

La lucha armada contra el colonialismo se inició en 1944 y finalizó en 1975 con la toma de Saigón al gobierno títere allí instalado por los Estados Unidos.

Las fuerzas revolucionarias habían derrotado primero a los franceses, forzándolos a reconocer la independencia del Vietnam del Norte.

La intervención militar estadounidense señaló el inicio de otra guerra cuyo desenlace fue la derrota militar de la más poderosa potencia mundial.

Solamente en las epopeyas míticas del Gilgamesh babilónico y la Ilíada de Homero se encuentra un desafío victorioso a lo imposible comparable a lo del pueblo de Ho Chi Minh.

Sobre ella medité conmovido hace unos días al leer un libro: “La Primera resistencia vietnamita”, de Nguyen Giap e Quoq Viet.

Lo compré en Santiago do Chile durante el gobierno de Allende, pero no lo leí entonces y lo consideraba perdido. Es una edición mexicana de la editorial Grijalbo, fechada en 1970.

La primera parte fue escrita por el general Giap, el gran estratega que derrotó a los franceses en Dien Bien Phu y después a los estadounidenses en una serie de campañas que le generaron prestigio mundial como genio militar.

En contextos históricos, geográficos y culturales muy diferentes, dos factores en las revoluciones rusa y vietnamita fueron decisivos para la victoria: un grande partido y un gran líder.


En este pequeño libro (159 páginas) el principal personaje es el Partido. Yo admiraba la gesta vietnamita pero tenía dificultad en comprender cómo había sido posible construir en condiciones tan adversas una organización comunista capaz de asumir en la lucha por la independencia el papel de vanguardia.

Ho Chi Minh

Giap evoca en su texto el primer encuentro, en el Norte de Tonkín, con Ho Chi Minh, tras el inicio de la II Guerra Mundial.

En 1940, los japoneses ocuparon sin resistencia las colonias de Indochina, pero la administración permanecía en manos francesas y la policía y las tropas de Vichy desencadenaron una feroz represión contra los patriotas del movimiento libertador

GIAP EVOCA SU PRIMER ENCUENTRO CON HO CHI MINH

El Tío Ho -como le llamaban- se encontró en la frontera chino-vietnamita con un reducido número de emigrados que se habían refugiado en el país vecino. De él hacían parte Pham Van Dong, futuro primer ministro y Giap, un joven abogado y profesor de Historia que se había adherido al Partido.

Ho Chi Minh dio prioridad a la formación política de eses cuadros que deberían volver al país para criar en el Norte de Tonkín las primeras bases de la Liga Vietminh.

El profesor de esos cursos fue él. Discutió el programa, sometido a la validación colectiva. Las lecciones, adaptadas al nivel de las masas, eran muy simples.

Los militantes atravesaron la frontera en la Provincia de Cao Bang e iniciaran el trabajo político en una región donde predominaban campesinos de la minoría Nung que comprendían mal la lengua vietnamita.

El Tío Ho se reunió poco después al grupo. Estableció su puesto de mando en una cueva, en las montañas. Giap recuerda que allí las condiciones de vida, en una rigurosa clandestinidad, eran extremamente duras. Un día en que, gravemente enfermo, temía un desenlace fatal, Ho llamó a Giap y le dijo: «En este momento la coyuntura nacional e internacional nos es muy favorable. Nuestro Partido no debe dejar pasar la oportunidad. Debemos asumir la dirección de la lucha para la conquista de la independencia, cueste lo que cueste, misma que arda toda la cordillera vietnamita (…) Sobre la lucha armada, a partir del momento en que las circunstancias sean propicias, será preciso iniciarla con determinación, pero sin olvidar la consolidación de nuestras bases para evitar cualquier tropiezo».

Parecía dictar su última voluntad. Felizmente se curó y dirigió la lucha por muchos años.

El sabía –subraya Giap- «comunicarnos maravillosamente su inquebrantable fe en la Victoria de la revolución (…) Situaba el problema a debatir y nos daba algún tiempo para reflexionar sobre el. A continuación se realizaba la reunión y el debate (…) Después de la discusión adoptábamos los acuerdos finales  y exigía que los cumpliésemos costase lo que costase».

Siempre acosados por la represión, se organizaron tan bien que, a pesar de las privaciones -la alimentación era escasa y frugal, a base de arroz y frutas- consiguieron criar en aquella región selvática una fundición para la fabricación de granadas y armas toscas, un periódico para los militantes, el «Vietnam Independiente», y un hospital de campaña.

En 1944 cuando De Gaulle, tras la batalla de Normandía, entró en París y formó un gobierno con participación de los comunistas, se agravaron en Vietnam las contradicciones entre franceses y japoneses.

EL MOVIMIENTO DE RESISTENCIA CRECIÓ TORRENCIALMENTE

Ho Chi Min, que saliera de las prisiones de Chiang Kai Chek, consideró que en el Sur no había condiciones para desencadenar la lucha armada. El Ejército de Liberación del Vietnam aun no estaba preparado para la insurrección. Era indispensable profundizar las relaciones entre los guerrilleros y las poblaciones.

Cuando Japón capituló en 1945, eclosionó en Tonkín la Revolución de agosto. 

En el mando de las Fuerzas Armadas de la joven República Democrática del Vietnam, Nguyen Giap, desempeñaría un papel histórico.

UN PUEBLO Y UN PARTIDO HEROICOS

El texto de Hoang Quoc Viet -coautor del libro- incide sobretodo sobre la construcción del Partido realizada en una atmósfera de bárbara represión.

Hoang Quoc, un sindicalista que fue presidente de la CGT vietnamita, participó desde muy joven en las huelgas de 1929 en el puerto tonquinés de Haiphong. Viajó a Francia donde contactó en Marsella con camaradas del PCF. De regreso al Tonkín, fue elegido para participar como delegado en la primera reunión del Comité Central del entonces Partido Comunista de Indochina. Fue preso en las vísperas con otros camaradas. En la carcel de Haiphong fue torturado salvajemente por la policía francesa durante diez días consecutivos.

Trasladado para el presidio central de Hanoi, de allí fue embarcado en 1931 en un buque para la penitenciaria de Saigón. Metido en un varadero, lo encadenaron con diez camaradas en una barra de hierro que debían cargar en todas las escalas al tiempo que sufrían latigazos por los guardias.

Condenado a prisión perpetua, el destino final era el siniestro presidio de Poulo Condor. El capítulo en que recuerda los años que allí pasó es clarificador sobre su fibra de comunista. El agua del baño era infecta, provocando heridas y eccemas. «La comida -escribe- era aun más repugnante. Era servida en fuentes de un metro nunca lavadas. Había también una «sopa ácida»: pescado salado cocido en zumo de arroz fermentado. Le dimos el nombre de «sopa moto» porque provocaba violentas diarreas cuyos estampidos sonaban durante día y noche en la fosa sanitaria».

Muchos presos murieron en aquel infierno.

Hoang Quoc afirma haber forjado allí su temple de comunista.

Con otros camaradas formó una célula comunista y consiguieron en lucha permanente autorización para abrir pozos, plantar legumbres, criar gallinas, organizar un equipo de fútbol. La organización de los presos funcionó tan bien que en todos los edificios del presidio había células comunistas. Una de ellas crió un periódico, «Opiniones comunes», que circulaba clandestinamente. Criaron también una biblioteca clandestina con los clásicos del marxismo. Cuando colocaron en una pared un mapa de la URSS y otro de las regiones de China controladas por los comunistas, el director do presidio los mandó destruir y los convocó. Fueron todos molidos a palos con porras.

En 1936, cuando lo liberan durante el gobierno del Frente Popular, Hoang Quoc fue inicialmente situado por el Partido en el periódico «Vivir», de Hanói. A partir del año siguiente asumió la dirección política de todos los órganos de comunicación social del Partido en Tonkín.

Recuerda que en esos días se entregaba totalmente al trabajo revolucionario, dedicándose sobretodo a los temas ideológicos. El funcionamiento del Partido, entonces por breve tiempo en la semiclandestinidad, era el de una organización marxista–leninista cuya dirección en la teoría y en la práctica tomaba como ejemplo la democracia socialista de los revolucionarios bolcheviques de 1917.

Sin sorpresa, en las vísperas de la Guerra Mundial, Hoang, expulsado de Hanói por la policía, fue a realizar trabajo político a las montañas con las minorías étnicas. Contribuyó a que esas selvas remotas, casi inaccesibles, se transformasen –es él quien lo afirma- «en la cuna de la República Democrática del Vietnam como reducto inexpugnable de nuestra prolongada resistencia».

Las condiciones de vida en la región eran tan primitivas que al inicio dormían encima de establos de búfalos.

Un día, cuando las campanas de una iglesia próxima tocaron a rebato, le llegó la noticia de la derrota de Francia.

El trabajo revolucionario ganó un ritmo nuevo, muy intenso. Hoang dirigió un mensaje a los soldados franceses, sugiriendo que siguiesen el ejemplo de los communards de 1871 y apuntasen las armas contra los colonialistas en vez de usarlas contra la insurrección de los campesinos.

Es bello el capítulo en que evoca la VIII Conferencia del Comité Central, realizada en una cabaña de la selva en que el único mueble era una tabla de bambú y los participantes se sentaban en troncos.

Se cantó la Internacional, y el discurso de clausura fue pronunciado por Ho Chi Minh, anunciando la llegada de «un nuevo día”. Al final se exigió la destrucción de las copias de todos los documentos aprobados.

Los camaradas que deberían transmitir por el país las decisiones adoptadas, tendrían que hacerlo oralmente. El tío Ho temía que los documentos cayesen en manos del enemigo.

Las páginas dedicadas a la preparación de la insurrección son conmovedoras.

Hoang seguía para el sur en misión cuando en una aldea del delta del Río Rojo ció un coche que tenía izada una bandera roja con la estrella dorada. Un megáfono que transmitía canciones revolucionarias informó de repente: «Las fuerzas insurrecionales bajo la dirección del Viet Minh tomaron Hanói a las cuatro de la tarde. En la capital el poder está totalmente en las manos del pueblo».


El GRAN DESAFÍO

En 1975, derrotado el gobierno títere de Saigón y unificado el país, nuevos y complejos desafíos se presentaron al Partido.

En 1981, en una entrevista al periodista americano Stanley Karowe, Pham Van Dong, entonces primer ministro, abordó el tema. Afirmó que los desafíos del presente y del futuro serían colosales, mucho más complejos de lo que habían previsto.

«Si –dijo- derrotamos a los Estados Unidos. Pero no tenemos comida suficiente, somos subdesarrollados económicamente. Gobernar un país es más difícil que vencer una guerra».

Lucido, pronosticó los tremendos problemas que su pueblo tendría que enfrentar.

Hoy Vietnam tiene 90 millones de habitantes. Es un pueblo alfabetizado que reconstruyó una economía arrasada por el imperialismo, con enormes extensiones de tierras envenenadas por herbicidas.

Los desafíos en el futuro inmediato son complejos en un mundo hegemonizado por el imperialismo estadounidense.

Pero la historia de su heroico partido justifica la esperanza.

En este inicio del tercer milenio de Nuestra Era, cuando muchos partidos comunistas tienden a socialdemocratizarse, reeditar y divulgar el maravilloso libro de Giap y Hoang Quoc será una contribución revolucionaria para el fortalecimiento de la confianza de los comunistas en la victoria final sobre el capitalismo.

Vila Nova de Gaia, 31 de marzo de 2014

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