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domingo, 1 de mayo de 2016

En nuestro Día Internacional llamamos a restablecer el hilo rojo de la memoria obrera. De nuestros hermanos represaliados y caídos


En nuestro Día Internacional llamamos a restablecer el hilo rojo de la memoria obrera. De nuestros hermanos represaliados y caídos

A 127 años de aquel Primero de Mayo en honor a los “Mártires de Chicago”, desde Red Roja resaltamos el reto de poner en el centro de las luchas provocadas por la crisis capitalista la cuestión principal: acabar con la explotación asalariada. Evidentemente eso pasa porque el proletariado se reconozca como clase y que actúe lo más unido posible en la perspectiva de acabar con el capitalismo. Podría resultar idealista. Pero ahora ha llegado, también al mundo “más desarrollado”, la cara más descarnada de un sistema que, en realidad, no ha dejado de “chorrear sangre” desde que nació (El Capital, Marx). Un sistema que si ha producido algo de “bienestar” en su centro, ha sido por la superexplotación y el robo descarado a punta de bayoneta en la periferia. Así que, ahora que el capitalismo nos “explota” con toda su cruda esencia, lo absurdo es soñar con viejos reformismos ya imposibles. Y también prestar oídos a las “modernidades” que juran que la clase obrera ya no existe: ¿quién trabaja, en definitiva, para producir las prebendas de esos profesionales politiqueros que, además, nos embarran la conciencia separando castas y corrupciones de un sistema que se basa en el robo mismo?

La realidad es que, mientras nos niegan, aumentamos como clase y en las peores condiciones, con cada vez menos defensa sindical posible. Por eso decimos: habrá menos clase obrera –en el “sentido clásico”- pero, desde luego, proletariado (ese que solo dispone de libertad para ir de un sector a otro a malvender su fuerza de trabajo, si es que logra venderla), ¿acaso no hay más que nunca? En nuestro Día Internacional recordamos que no solo dividen a nuestra clase en naciones, sino que aquí contamos con legión de hermanos inmigrantes que el capital, internacional, ha obligado a venir en mareas desesperadas después de haberlos mortificado en sus tierras. Y qué decir de las millones de compañeras que ven aumentada su doble explotación ante los recortes de derechos sociales. La crisis, de hecho, provoca que muchos que hasta se creían “clase media” engrosen el proletariado que “nada tiene que perder salvo sus cadenas”.

Ante el ciclo de movilizaciones abierto hace años, Red Roja ha intervenido, en la medida en que contribuían a revolucionar la realidad de una profunda crisis sistémica, sin esperar a que la conciencia de clase estuviera a la altura de los retos históricos en juego; y, por tanto, a pesar de que la hegemonía de la protesta social estaba en manos de sectores tendentes a la ilusión reformista y electoralista. Cuando hoy la movilización no pasa por sus mejores momentos, seguimos apostando por intervenir en la lucha práctica; pero, eso sí, con las experiencias acumuladas, pondremos más aún el acento en imprimir más sello de clase a las protestas y reforzando la inserción en los barrios y en las empresas, trabajando por la unidad del sindicalismo más combativo, facilitando la incorporación de sectores proletarios que han estado hasta ahora ausentes...

En nuestro Día Internacional llamamos a restablecer el hilo rojo de la memoria obrera. De nuestros hermanos represaliados y caídos. Desde aquellos ejecutados en Chicago a quienes hoy sufren represión política y sindical ante la contrarrevolución preventiva del capital. Igualmente asumimos y rendimos honor a todas las iniciativas de lucha y poder obrero, desde la Comuna de París y pasando por las experiencias acumuladas de construcción socialista. Frente a quienes quieren llevarnos de frustración en miseria hasta la barbarie final, toca reivindicar con orgullo nuestra clase, trabajar por el máximo de unidad internacionalista y, en definitiva, participar en todas las luchas para ir dotándonos de la fuerza necesaria que nos libere de la esclavitud capitalista. Todas estas son nuestras verdaderas “elecciones”, pues no es cuestión de que nuestro enemigo de clase nos imponga sus reglas para arreglar cuentas con él.


Texto completo en:

http://www.lahaine.org/primero-de-mayo-asaltar-los

lunes, 14 de marzo de 2016

La memoria del pasado y del presente de la lucha revolucionaria por el Socialismo en el mundo

14/03/2016

La memoria del pasado y del presente de la lucha revolucionaria por el Socialismo en el mundo

No puede existir el socialismo en el capitalismo. No puede haber democracia socialista en el marco de la democracia burguesa.

El Partido existe sólo por el pueblo y para el pueblo

… Pero sólo hay en el mundo de hoy una forma superior de ser revolucionario: ser comunista, porque el comunista encarna la idea de la independencia, la idea de la libertad y la idea de la verdadera justicia e igualdad entre los hombres. Encarna algo más, la idea del internacionalismo, es decir, la hermandad, la solidaridad y la cooperación entre todos los hombres y pueblos del mundo. Y cuando se unen las ideas de la independencia, la libertad, la igualdad, la justicia y la fraternidad entre los hombres y los pueblos, estas ideas son invencibles.

El Partido Comunista existe sólo por el pueblo y para el pueblo. Los métodos burocráticos y el espíritu pequeñoburgués son ajenos por completo a sus principios. Entre los cuadros, los militantes y el pueblo deben existir los lazos más estrechos e indisolubles, basados fundamentalmente en el ejemplo y la confianza de que el revolucionario vive y muere por su pueblo.

El autoritarismo, la demagogia, la autosuficiencia, la vanidad, la irresponsabilidad son inconcebibles en un comunista. El espíritu fraternal y humano debe ser una de sus características fundamentales. Y, por encima de todo, la conciencia internacionalista, que no excluye el más profundo patriotismo, pero sabe tener presente que por encima del individuo está la patria, y por encima de la patria está la humanidad.

Fidel Castro, 17 de diciembre de 1980.

“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Contra este se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar…

No hay un solo partido de oposición a quien los adversarios gobernantes no motejen de comunista, ni un solo partido de oposición que no lance al rostro de las oposiciones más avanzadas, lo mismo que a los enemigos reaccionarios, la acusación estigmatizante de comunistas.

…el comunismo se halla ya reconocido como una potencia por todas las potencias…

El Manifiesto Comunista K. Marx y F. Engels. 1848.


NOS LLAMAN COMUNISTAS PORQUE:

Somos radicales, y ser radicales significa llegar a la raíz de las cosas, combatir el mal desde la raíz, combatir la pobreza, no a los pobres, combatir al sistema que la provoca. La radicalidad nada tiene que ver con el extremismo o la violencia, la radicalidad de la que hacemos gala los revolucionarios salvadoreños consiste en comprender y analizar la realidad y apostar sin ambigüedades y sin complejos por la transformación revolucionaria.

Somos anti sistema porque desde nuestra perspectiva de izquierda revolucionaria nos situamos en una posición alternativa al sistema capitalista, que en la etapa actual del sistema ha adoptado el neoliberalismo como el modelo económico, político y social, que busca refuncionalizar el sistema capitalista para que no muera. Actualmente el debate dentro de la Izquierda en El Salvador y otras regiones del mundo se ubica, entre los revolucionarios que sustentan su actuar político a partir del materialismo histórico y científico, que seguimos sosteniendo que el socialismo es la alternativa al capitalismo salvaje, que ha hecho más pobres a los pobres y exageradamente ricos a unos pocos; y el reformismo en sus distintas variantes, que los medios de comunicación llaman “renovadores” o “izquierda moderna”, o de la tercera vía, reformista de izquierda. Los verdaderos revolucionarios, apostamos por la transformación radical de la sociedad, desde el carácter de clase del partido de vanguardia de la revolución socialista, el carácter de clase de la lucha del pueblo y del proyecto que impulsamos.

Porque abrazamos la causa socialista, y seguimos creyendo como Rosa Luxemburgo, que la alternativa es socialismo o barbarie. Sólo el socialismo es el camino a una sociedad mundial sin clases. Pero el socialismo que pregonamos lo diferenciamos de las experiencias negativas que se han vivido en el siglo XX y siglo XXI para el movimiento proletario campesino: el socialismo de estado que se separa de las masas, la tercera vía, y la socialdemocracia, las cuales nada tienen que ver con el socialismo del que hablaron Marx, Engels y Lenin.

Nos proponemos un socialismo nuestro, muy salvadoreño, que resuelva los problemas del pueblo, que no intente siquiera copiar ninguno de los procesos existentes, pero que aprovechando las experiencias, aplique creadoramente todo aquello, desarrollado en los diferentes modelos de socialismo o procesos que han trabajado por instaurar el socialismo, los cuales se han dado en la historia entre el siglo XX y el siglo XXI, experiencias que sirvan para avanzar hacia el proyecto deseado: el proyecto del pueblo salvadoreño que se viene construyendo por los campesinos, los obreros e intelectuales revolucionarios, desde 1830 con Anastasio Aquino, 1932 con el levantamiento campesino, acompañado por militantes comunistas y todas las luchas intermedias entre dichas fechas y las luchas que se dan de carácter popular y político militar revolucionarias hasta 1992 cuando se firman los Acuerdos de Paz, y la lucha política revolucionaria en el marco de la democracia burguesa hasta el presente.

Porque estamos en plena disposición para el combate por una verdadera ética revolucionaria: que denuncia y combate el oportunismo, el reformismo, la corrupción, el clientelismo electorero y a los “diz-que revolucionarios” de doble moral que con un discurso de Izquierda son absorbidos por la democracia burguesa, dejando de lado la lucha de clases proletaria-campesina de la historia salvadoreña, y al final defendiendo el proyecto del enemigo de clases (la burguesía) del pueblo salvadoreño.

No nos perdonan que nos sigamos considerando Izquierda revolucionaria. Y es que en nuestro ideario no dice que aspiramos a conciliar con el capitalismo, o a co-gobernar con ellos, no limitamos la actividad de nuestra política a la búsqueda de votos ni estamos enfermos de institucionalismo parlamentario, no obstante nos aprovechemos de dichos espacios para acumular poder proletario-campesino y seguir haciendo avanzar la revolución popular. El cáncer que representa el capitalismo no se puede curar con aspirinas. El capitalismo se encuentra en una fase agónica, y estamos dispuestos a empujarlo hasta su muerte y construir sobre sus cenizas un sistema de justicia social y verdadera democracia y poder popular, que dé origen al proceso de creación de un Estado sin clases y ese sistema no es otro que el Socialismo, lo cual requiere iniciar de manera transparente el proceso de transición hacia el Socialismo salvadoreño.

Estamos orgullosos de nuestro pasado y nos proponemos el rescate de nuestra memoria histórica. Miles de mujeres y hombres revolucionarios, han regado con su sangre los campos de nuestro país y de otras latitudes y no debemos permitir que el enemigo con todos los medios a su alcance convierta esa historia en algo que debemos olvidar y menos que conviertan a los héroes en villanos y a los asesinos de este pueblo en salvadores de la patria.

Somos luchadores políticos y sociales y reivindicamos las luchas obreras y campesinas, cualidad que siempre ha caracterizado a la izquierda marxista y leninista. La lucha de clases no ha desaparecido porque siguen existiendo las clases sociales. Por ello los revolucionarios salvadoreños estamos donde están las clases más desposeídas, las acompañamos en sus reivindicaciones diarias, interpretamos sus luchas y las hacemos nuestras, y construimos en ellas un fuerte raigambre popular que nos convierte en el partido del pueblo.

Nos llaman aliados del proyecto revolucionario socialista del Comandante Chávez y Fidel Castro, el pueblo cubano y el pueblo bolivariano, porque por principio somos solidarios e internacionalistas. No renunciamos a defender incluso con nuestras vidas la Revolución Cubana y la Revolución Bolivariana de Venezuela como lo expresara uno de nuestro líderes históricos, Schafik Hándal, porque creemos en ellas y porque sus procesos, a pesar del bloqueo, la guerra económica, las amenazas de invasión y las constantes amenazas contra sus pueblos y sus dirigentes, del Imperialismo Estadunidense y sus lacayos internos, siguen luchando por salir adelante y consolidar sus procesos revolucionarios.

No renunciamos al internacionalismo proletario, que significa acompañar a los pueblos en lucha, de la misma manera que ellos dieron y continúan dando su solidaridad revolucionaria hasta el presente, acompañando la lucha revolucionaria del pueblo salvadoreño. Los trabajadores del mundo tienen los mismos problemas de pobreza, exclusión, desempleo y precariedad sean del país que sean. No negamos que existen peculiaridades nacionales y diferencias entre cada país. Los que dirigen el capitalismo mundial, su economía, su política, y la sociedad están organizados internacionalmente. Por lo tanto, así como el enemigo de clase está organizado a escala internacional, la clase obrera y campesina debe retomar el internacionalismo proletario, para luchar para la construcción del poder popular.

Nos dicen Marxistas porque seguimos considerando que las enseñanzas de los teóricos del comunismo científico siguen siendo válidas. Desde luego pensamos que es necesario volver a las fuentes de la teoría revolucionaria, releer a éstos pero con ojos latinoamericanos y caribeños para que esta misma lectura nos permita ver a Latinoamérica del siglo XXI con ojos de Marx, pero pensando en que su aplicación debe ser creativa, entendiendo como Lenin que el Marxismo es una guía para la acción, y que éste debe ser convertido en una teoría viva, lo que nos lleva a la búsqueda de su enriquecimiento con ideas nuevas y al estudio de otros contemporáneos, a vincularnos a las clases trabajadoras, a crear conciencia de clase, a interpretar sus luchas y a correr con ellos los mismos riesgos que trae consigo la lucha revolucionaria.

Nos dicen violentos porque seguimos en disposición combativa para ejecutar las tareas que la situación demande y estamos preparados a utilizar todas las formas de lucha posibles. Estamos dispuestos a no permitir que la historia nos rebase, que las luchas populares no nos sorprendan con su accionar y no nos encontremos en el lugar preciso para acompañar sus luchas para transformar esta sociedad y hacer avanzar la revolución proletaria-campesina.

Estamos en primera línea para contrarrestar a los medios de desinformación del sistema. Porque no cedemos ni un ápice en la lucha ideológica. Los plumíferos y lacayos del sistema no paran de certificar la defunción del comunismo y el fin de la historia. Ellos son los primeros en darse cuenta de que eso no es cierto y nos persiguen como a enemigos mortales, y con ese objeto el capital con sus limosnas lo compra y manipula todo: periodistas, políticos, medios de comunicación, etc. Contra todo eso luchamos sin descanso.

Porque como en el pasado, estamos dispuestos a nadar contra las corrientes social oportunistas promovidas por el sistema capitalista, contra todo lo que envilece al ser humano y lo convierte en mercancía. Tenemos muy alta nuestra autoestima revolucionaria, nos sentimos orgullosos de ser revolucionarios como parte del más alto eslabón de la especie humana como decía el Che. Y nos resistirnos a las pretensiones de la derecha de hacernos olvidar nuestro lenguaje revolucionario, nuestros principios y nuestra disposición a la lucha por el Socialismo. Por todo ello, a los revolucionarios del FMLN, la derecha nos sigue llamando comunistas, pues bien, si eso es así, seguimos siendo comunistas y qué…

Nos llaman ortodoxos porque seguimos fieles al proyecto histórico, el mismo por el que murieron tantas personas, ser ortodoxo no es ser acientífico en las luchas revolucionarias como ya lo expresamos anteriormente, por eso hablamos de construir un socialismo salvadoreño, manteniendo los principios de los intereses del proletariado y campesinado, así como de los sectores medios y de las empresas dispuestas a luchar por sacar a nuestro país de esta crisis de violencia criminal, crisis económica y crisis social, que además la derecha las magnifica a través de sus medios de comunicación amarillistas.

Dicen además que somos intransigentes porque día con día denunciamos la injusticia, la falta de democracia, la anulación de los Acuerdos de Paz, la violación de los derechos humanos, y, porque no renunciamos a nuestros principios.

Tesis básicas o ruta crítica para hablar de socialismo y su transición

(En El Salvador y otros países de América Latina)

–No puede existir el socialismo en el capitalismo – en su estadio actual neoliberalismo-.

-No puede haber democracia socialista en el marco de la democracia burguesa.

-El poder de la burguesía no puede coexistir con el poder popular, uno de los dos tiene que desaparecer.

-El estado burgués tiene que ser destruido para que exista el estado socialista.

-La transición del capitalismo al socialismo exige la eliminación creciente de la mercancía trabajo, lo que implica la sustitución de las relaciones sociales de producción capitalista por las relaciones sociales de producción socialistas, donde el capital pierde el patrimonio de la propiedad de los medios de producción y esta propiedad pasa a las empresas sociales y al estado o propiedad del pueblo, desarrollando las capacidades individuales de la creación e iniciativa solidaria.

-La lógica de la acumulación, en la transición al socialismo, está regida por la generación de excedente, para la satisfacción de las necesidades del pueblo y el desarrollo de las fuerzas productivas en una dinámica que éstas logren la mayor generación de excedentes o riqueza posible.

-La centralización y concentración del capital privado desaparece dando paso a la concentración y la centralización del capital de la empresa social y del estado o pueblo.

-La socialización del desarrollo del conocimiento y su utilización deja de ser privado y se transforma en una riqueza fundamental del pueblo.

-La lógica del mercado como la forma de acceder a los bienes y servicios, para satisfacer las necesidades del pueblo, se sustituye por la regla de cada quien según sus capacidades y a cada quien según sus necesidades.

-Para que se dé un proceso real de transición al socialismo, se tiene que procurar un proceso de lo simple a lo complejo, que crecientemente sustituya las leyes del capitalismo en lo económico y el poder, por el poder socialista del pueblo y las leyes de la economía socialista.

-El economicismo y el populismo de izquierda pseudo socialista debe ser derrotado, así como el revisionismo marxista.

-La lucha ideológica y la formación marxista-leninista del pueblo es un requisito para la construcción del socialismo y viabilidad de su transición, esto solo es posible en un marco de la lucha de clases y una lucha ideológica abierta de la vanguardia de la revolución y las organizaciones proletarias, el pueblo no puede decir que quiere socialismo si no lo conoce, si no lo entiende, si no ha desarrollado un pensamiento con carácter de clase proletaria que sólo lo consigue en la lucha, hablar de socialismo sin los principios anteriores no es realista.


Texto completo en: http://www.lahaine.org/la-memoria-del-pasado-y

jueves, 23 de enero de 2014

A clase operária e as camadas populares precisam de um Partido Comunista forte

A clase operária e as camadas populares precisam de um Partido Comunista forte
Dimitris Koutsoumpas*

Uma delegação do KKE dirigida por Dimitris Koutsoumpas*, Secretário-geral do CC, visitou Roma para participar no 2º Congresso do Partido Comunista de Itália. A delegação do KKE reuniu-se com o Secretário do Partido Marco Rizzo, com a Secção de Relações Internacionais do CC do Partido Comunista de Itália e com outros quadros do partido.

Falando num evento aberto no final do Congresso, Dimitris Koutsoumpas destacou na saudação o seguinte:

Queridos Camaradas:

É um enorme prazer estar aqui convosco, no 2º Congresso do vosso partido. Queremos saudar os comunistas de Itália que não renunciaram á luta pelos direitos da classe operária e das restantes camadas populares, à luta pelo derrube da barbárie capitalista, pela construção de uma sociedade sem a exploração do homem pelo homem, pelo socialismo-comunismo.

Queridos Camaradas, os nossos partidos estão a travar esta luta em comum, tanto através do desenvolvimento das relações bilaterais, como através da nova forma de cooperação regional dos partidos comunistas da Europa, a «Iniciativa Comunista». O nosso objectivo é fortalecer a luta contra a União Europeia e ao mesmo tempo, através das lutas dos trabalhadores, promover a única solução alternativa favorável ao povo, a Europa da paz, do progresso, do socialismo.

Camaradas:

A Itália, a classe operária de Itália, os sectores populares, os jovens necessitam de um Partido Comunista forte. Um partido com uma estratégia revolucionária, com laços fortes com a classe operária. Necessitam de um partido baseado nos princípios do marxismo-leninismo, que terá um papel principal na organização da luta dos trabalhadores e inspirará a ideia da nova sociedade socialista. O socialismo não é um capricho dos comunistas, é a única maneira de sair da crise e dos outros impasses sociais da sociedade capitalista. É a única garantia de desenvolvimento das forças produtivas favorável e de acordo com os interesses operários e populares. Só o socialismo pode garantir a soberania popular, o crescimento auto-suficiente e ao mesmo tempo a cooperação em benefício mútuo e a solidariedade entre os povos.

Sabemos que tanto a contra-revolução na União Soviética como nos demais países socialistas, como o eurocomunismo nas décadas anteriores prejudicaram o movimento comunista, não só em Itália e no resto da Europa, mas também a nível internacional. Semearam entre os trabalhadores a decepção, a desmobilização, ilusões sem saída de que supostamente se pode encontrar uma solução «no quadro» do capitalismo, através de governos de «esquerda», «patrióticos», supostamente através de uma melhor gestão, mais «justa» do capitalismo.


É necessário promover a visão socialista

No entanto, hoje em dia, mais de vinte anos após a restauração do capitalismo nos antigos países socialistas, durante os quais os povos experimentaram soluções de gestão do sistema tanto da «direita» como da «esquerda», coloca-se a necessidade da promoção da visão socialista. O KKE estuda a experiência histórica, não só a sua mas também a do movimento comunista internacional, a da construção que conhecemos do socialismo no século passado. Chegámos a conclusões básicas sobre as causas do retrocesso do movimento comunista, da restauração do capitalismo nos países socialistas da Europa Oriental e Central. Aprendemos com a experiência negativa e com a positiva, para inspirar de novo a classe operária com a visão da sua libertação social, para impulsionar a luta de classes, a luta ideológica e a política de classe por uma nova sociedade socialista. Além disso, este rumo é a base para importantes conclusões sobre os erros e as deficiências que actualizam e enriquecem a nossa percepção sobre o socialismo, a sua actualidade e necessidade.

Hoje em dia, as forças do oportunismo pretendem envolver os trabalhadores na linha da «humanização» do capitalismo, por isso é de grande importância histórica defender com firmeza e tenacidade tanto as conquistas da Revolução de Outubro, como a contribuição dos países socialistas, apesar da crítica a deficiências e desvios. Devemos defender a contribuição dos partidos comunistas, do movimento comunista internacional, a necessidade de derrubar o apodrecido e corrupto sistema capitalista. Esta é uma tarefa que deve atravessar de forma unificada as lutas diárias pelos interesses operários e populares, pelos problemas quotidianos dos nossos povos.

Esta tarefa, de organizar a luta dos trabalhadores, de avivar os ideiais socialistas-comunistas no nosso continente e mais além, não pode avançar sem o confronto ideológico e político e o desmascaramento do papel do chamado «Partido da Esquerda Europeia» (PEE), que assumiu o papel do «salmista de esquerda» na União Europeia, e inclusive na campanha anticomunista. O papel dos oportunistas e da formação que criaram ao nível da Europa é duplamente perigoso porque semeia ilusões entre os trabalhadores que, supostamente, pode haver uma União Europeia favorável ao povo, bem como uma gestão correspondente do sistema capitalista em cada país, deixando intactos o poder dos monopólios e da propriedade capitalista nos meios concentrados de produção. No nosso país estes pontos de vista são promovidos pelo partido SYRIZA.

Permitam-me que lhes diga que as forças do PEE que em Itália apresentam o SYRIZA como um «exemplo» e como uma força que serve os interesses populares estão a esconder a verdade. O SYRIZA é uma força para a integração no capitalismo e não para o seu derrube. Aspira a converter-se na nova organização social-democrata do sistema bipolar burguês na Grécia, absorvendo a parte mais apodrecida do velho PAOK, que governou a Grécia durante muitas décadas e é responsável por muitos dos imensos problemas acumulados, bem como pela situação e a degeneração do movimento operário. Na realidade, apesar do foguetório e da fraseologia de esquerda, o SYRIZA está na direcção oposta à linha de ruptura com as organizações imperialistas, os monopólios e o capitalismo.

Camaradas:

O KKE celebrou recentemente os seus 95 anos de história, durante os quais travou duras lutas e fomentou laços de sangue com a classe operária e as restantes camadas populares do nosso país. Hoje em dia continua na vanguarda da luta operária em cada problema que afecta os trabalhadores, os camponeses pobres, os empregados, os trabalhadores autónomos, a juventude e as mulheres das camadas populares. O KKE desempenha um papel principal na luta contra a criminosa organização nazi Aurora Dourada, para que seja isolado nos locais de trabalho, nas escolas e nas universidades, para que não envenene a juventude com os seus sermões fascistas.

No recente 19º Congresso do nosso partido aprovámos por unanimidade a Resolução Política, o novo Programa e os novos Estatutos, reafirmando a unidade ideológica-política do Partido.

Nos documentos do 19º Congresso, o KKE clarifica que, hoje em dia, na Grécia, nas condições de capitalismo monopolista, existem condições materiais objectivas para a construção da sociedade socialista-comunista. A revolução iminente na Grécia será socialista. O nosso Partido avalia, tal como fazia no programa anterior, que não existem etapas intermédias entre o capitalismo e o socialismo, que não existem poderes intermédios. A luta de classes, a linha da luta revolucionária levará ao poder operário popular ou de outra maneira, com outra linha e etapas intermédias será derrotada e assimilada, dará ânimo ao sistema para a longevidade do capitalismo. Propomos à classe operária, aos sectores populares pobres, aos trabalhadores autónomos e aos camponeses, à juventude, às mulheres das famílias populares a construção da Aliança Popular das forças sociais que têm interesse em lutar na direcção antimonopolista, anticapitalista, tendo como consignas básicas a socialização dos monopólios e a cooperativa da produção básica, o cancelamento unilateral da dívida, a não participação em intervenções político-militares, em guerras, a retirada da União Europeia e da NATO, com o poder operário e popular.

O KKE actua na direcção da preparação do factor subjectivo na perspectiva da revolução socialista, ainda que o período da sua manifestação seja determinado por condições objectivas, pela situação revolucionária. Trabalhamos para que o KKE tenha bases sólidas na classe operária, para que o KKE seja capaz de cumprir com as suas tarefas em cada guinada repentina da luta de classes, para que seja um partido que actue sob todas as circunstâncias. Isto não significa que nos distraiamos da realidade, da luta e da reivindicação nos graves problemas dos trabalhadores, dos desempregados, dos jovens, dos reformados pobres, dos locais de habitação populares que sofrem, que não têm com que pagar os medicamentos, que não têm que comer, que estão em perigo de execuções hipotecárias. Estamos na vanguarda das lutas, nas mobilizações com intervenções no Parlamento para a satisfação de necessidades básicas do nosso povo, para aliviar os oprimidos.

Ao mesmo tempo, pretendemos reconstruir numa base de classe o movimento operário e apoiamos a Frente Militante de Todos os Trabalhadores (PAME) e a aliança com os restantes agrupamentos antimonopolistas dos pequenos comerciantes (PASEVE), do campesinato pobre (PASY), dos estudantes (MAS), das mulheres (OGE). Consideramos que a construção da Aliança Popular, que terá bases sociais (e não será uma fusão política a partir de cima), é hoje necessária. É uma aliança social que lutará por todos os problemas populares, pelos salários, as pensões, a saúde, a educação, a segurança social pública, por atenuar a situação dos desempregados, etc., e terá um claro carácter antimonopolista e anticapitalista. Esta aliança social, em condições de situação revolucionária, pode converter-se numa frente operário-popular revolucionária; criar-se-ão órgãos de poder operário-popular, colocar-se-á a questão do poder para o povo, a classe operária, para que se convertam em protagonistas dos acontecimentos.

Para o reagrupamento revolucionário do movimento comunista internacional

Queridos camaradas:

Nas actuais condições destaca-se a necessidade principal de reagrupamento revolucionário do movimento comunista internacional, actualmente numa crise ideológica, política e organizativa.

A partir desta avaliação, o KKE apoia não só os encontros internacionais e regionais dos partidos comunistas, mas também a ideia do surgimento de um «polo comunista» no movimento comunista internacional, formado pelos partidos comunistas que permanecem fiéis ao Marxismo-leninismo, ao internacionalismo proletário, defendem a experiência positiva do socialismo que conhecemos, estudam os acontecimentos contemporâneos e pretendem desenvolver uma estratégia revolucionária que reconheça a actualidade e a necessidade do socialismo.

Com estas reflexões desejamos êxito ao vosso Congresso!

Viva o Marxismo-leninismo e o internacionalismo proletário!


Viva a amizade entre o KKE e o Partido Comunista de Itália!

sábado, 29 de diciembre de 2012

La lucha en contra del imperialismo es la clave de la reconstrucción del marxismo




29/12/2012


La lucha en contra del imperialismo es la clave de la reconstrucción del marxismo
x Eric M. Mann     


El marxismo es la política de la lucha de clases internacional, cualquiera que sea su nivel de desarrollo.


I. TESIS


En Estados Unidos, Europa, y Japón, los centros del imperialismo mundial, el antiimperialismo debe ser la característica central que defina la reconstrucción del marxismo revolucionario del siglo XXI. Una estrategia antirracista y antiimperialista explícitamente teorizada para el marxismo en las naciones opresoras (G7), involucra un reto frontal al imperio en todas sus manifestaciones económicas, militares, e ideológicas actuales. Hoy, luego de décadas de lucha revolucionaria para obtener una independencia formal, muchas naciones del Tercer Mundo han sido recolonizadas bajo unas relaciones económicas brutales de dominación. Por lo tanto, las luchas antiimperialistas de la clase trabajadora en las naciones capitalistas dominantes requieren: 1) la oposición a los programas de “ajuste estructural” del FMI y del Banco Mundial, ya que violan la soberanía y la viabilidad ecológica de las naciones del Tercer Mundo, y exigen una anulación de la deuda del Tercer Mundo; 2) la oposición a la intervención militar y política en los asuntos internos de las naciones oprimidas, por ej., bloqueos en contra de Irak y Cuba, y exigir el fin de la ayuda militar a estados clientes, por ej., México e Indonesia, que se encuentran masacrando los movimientos indígenas de liberación. Dentro de las fronteras nacionales de las naciones opresoras, esta estrategia le da un mejor enfoque a los movimientos de la clase trabajadora en contra del chauvinismo nacionalista, el antisemitismo, el racismo, la xenofobia, y el neofascismo.


II. LA ALIANZA ESENCIAL DE LA CLASE TRABAJADORA EN LAS NACIONES OPRESORAS Y OPRIMIDAS


En la era del imperialismo, caracterizada por la división del mundo en naciones opresoras y oprimidas, dominadas por los poderes capitalistas monopólicos, la estrategia revolucionaria comienza con un reentendimiento del Énfasis táctico y complementario, pero diferente, de los socialistas en las naciones imperialistas y en las naciones en vías de desarrollo. El tema central de la clase trabajadora en las naciones opresoras es la oposición explícita al chauvinismo imperialista y nacionalista, y un apoyo total a la autodeterminación de cualquier nación oprimida y dependiente. Para la clase trabajadora de las colonias y naciones dependientes, el tema central es luchar por una liberación nacional total, no solo formal, oponerse al nacionalismo intolerante, desafiar el liderazgo de la burguesía nacional y extranjera residente, y liderar un frente unido de varias clases sociales en contra del imperialismo y por el socialismo, buscando una alianza con la clase trabajadora de las naciones imperialistas. Dada la desigualdad de poder en estas relaciones, el reto antiimperialista a los marxistas en las naciones opresoras existe de forma independiente del progreso, o la falta del mismo, de los movimientos antiimperialistas o socialistas en las naciones opresoras. El internacionalismo proletario de occidente no es un sentimiento vacío, sino que el componente esencial de la política socialista. De lo contrario, existe el gran riesgo que las clases trabajadoras de EE.UU., Europa, y Japón continúen su fuerte tendencia hacia una política conservadora, racista, y potencialmente profascista.


Este reto, aunque es sin duda, atemorizante, no puede ser evadido con un acto de prestidigitación, como el renombrar el imperialismo como “globalismo”, o al crear una “igualdad” falsa entre las naciones opresoras y oprimidas en nombre del “internacionalismo”, en el cual cada clase trabajadora lucha “de forma igualitaria” en contra de su “propia” clase capitalista.


En el 150 aniversario del Manifiesto Comunista, hasta los sectores más progresistas de la clase trabajadora de EE.UU., descartan o son hostiles al marxismo. Cualquier re-unión del marxismo con la clase trabajadora, especialmente los latinos, negros, y asiáticos de bajos ingresos, y las mujeres y los inmigrantes, tiene que comenzar con un reto revolucionario a la tendencia histórica hacia el chauvinismo, el racismo, la supremacía masculina, y el proimperialismo del marxismo occidental, y una identificación con los logros antiimperialistas más importantes.


La hegemonía de las ideologías social-demócrata y reformista en las clases trabajadoras de EE.UU. y Europa, e incluso en sus partidos comunistas, está basada en una estrategia de la clase dominante de pacificar a las clases trabajadoras y de reclutarlas como agentes activos del imperialismo. Engels dijo que “Una nación que oprime a otras naciones no puede ser libre”. En la década de 1870, él lamento la transformación de la clase trabajadora inglesa en una “clase trabajadora burguesa” y su apoyo a un fabianismo tímido, como resultado directo de su participación activa en los beneficios del imperio. Las victorias principales del marxismo alrededor del mundo han ocurrido en las naciones semi-coloniales y semi-feudales del Tercer Mundo, como la Unión Soviética, China, Vietnam, y Cuba, en donde el marxismo era claramente antiimperialista. Las mayores derrotas del marxismo han ocurrido en occidente, el corazón del imperialismo. La falta de un deseo revolucionario en las clases trabajadoras occidentales no se debe principalmente a ciertos recelos sobre las experiencias soviética y china en la construcción de un socialismo ya existente, si no que a una profunda ambivalencia hacia una lucha por su propio modelo de socialismo, y su tendencia hacia una política pro imperialista de colaboración de clases.


La separación histórica entre el comunismo y la social democracia se hizo clara con los eventos que ocurrieron y que luego desencadenaron en la revolución rusa. Lenin, junto a Rosa Luxemburg, Trotsky y otros disidentes de la época, instaron a los socialistas de las naciones opresoras a organizar un desafío más agresivo al capital y proporcionar apoyo directo a la liberación de las colonias. Los bolcheviques llegaron al poder con la promesa revolucionaria de “pan, paz, y tierra” y, manteniendo su promesa, arriesgaron la revolución y gran parte de Rusia con su decisión de altos principios de retirarse unilateralmente de la primera guerra mundial. Entre tanto, los social demócratas europeos dirigidos por Karl Kautsky llevaron a la clase trabajadora occidental en la sangrienta guerra imperialista a la defensa de su propia clase capitalista. El impacto profundo del chauvinismo de las clases trabajadoras de Europa y EE.UU. continuo durante el resto del siglo, lo que se reflejó en el gran apoyo que le dieron al fascismo ciertos elementos importantes de las clases trabajadoras de Alemania, Francia, e Italia, la expresión de debilidad mostrada por el Partido Comunista y la clase trabajadora en la liberación de Argelia, la confabulación de la clase trabajadora británica en la supresión de la autodeterminación irlandesa, y el apoyo inicial y entusiasta de la clase trabajadora de EE.UU. por la guerra de Vietnam. Existe la necesidad de una revolución de la estrategia del marxismo occidental. El Manifiesto instó a la clase trabajadora a emerger como una fuerza política independiente que liderara a todas las otras clases de la sociedad, basándose en una estrategia internacionalista. Hoy, esto requiere una reorientación, en la cual las luchas de los sindicatos obreros en contra del empleador y del estado deben situarse en una transformación política de clase más explícita, en donde la clase trabajadora multirracial, dirigida por sus sectores más oprimidos, desarrolla un desafío internacionalista a la dominación ideológica, económica, y militar del capitalismo transnacional. Esto no se puede lograr sin relaciones de trabajo directas en campañas comunes con líderes de movimientos en México, Brasil, Sudáfrica, Hong Kong, y Cuba, lo que demuestra que el internacionalismo es esencial para la estrategia, no solo una obligación.


III. EL DESAFÍO A LAS IZQUIERDAS DE EE.UU. Y OCCIDENTE – UN ANÁLISIS ESPECÍFICO DE EE.UU. CON APLICACIONES ESTRATÉGICAS MÁS AMPLIAS


Estados Unidos siempre ha sido un terreno difícil para el pensamiento revolucionario, el socialismo, y el comunismo. La cultura política de EE.UU. ha sido formada desde su inicio por la conquista y el genocidio llevado a cabo en contra de pueblos nativos, la posición preponderante de la esclavitud de los negros, la conquista de la nación mexicana, y la explotación de los trabajadores inmigrantes asiáticos que perciben bajos salarios-mientras se justifica la opresión y la superexplotación con una ideología grotesca y racista. Los sectores más privilegiados de la clase trabajadora, es decir, los trabajadores blancos, principalmente hombres, durante siglos han evolucionado separados y segregados de los trabajadores de color, y como grupo, han sido incorporados en los arreglos para perpetuar el chauvinismo blanco, las prácticas racistas, y las guerras imperialistas, las que perciben como un beneficio a su clase definida racialmente. Mientras las clases dominantes eran las iniciadoras y beneficiarias principales de la ideología racista, a veces, la muy voluntaria participación de los trabajadores blancos en acciones racistas, como linchamientos, golpizas, exclusión de trabajadores negros, latinoamericanos, y asiáticos, refleja el rol excesivo y poderoso de la ideología racista y del “privilegio de la piel blanca” que ha formado la cultura dominante de los trabajadores blancos.


Aquellos en EE.UU. que buscan formar una “unidad de la clase trabajadora” que sea auténtica, deben comprender el rol nacional de la opresión y el racismo en la formación de las divisiones entre las varias clases trabajadoras, claramente constituidas en toda la nación. La clase trabajadora de EE.UU. no puede ser “re-unificada”, ya que los trabajadores blancos “libres” y los trabajadores negros esclavizados, desde el comienzo nunca estuvieron unificados. Las estrategias de la izquierda para crear una mayor unidad de acción en la clase trabajadora requerirán una compleja reconstrucción de categorías de clase, raza, y sexo, en donde los sectores más oprimidos, es decir, los trabajadores de salarios bajos, las mujeres, la gente de color, y los inmigrantes, deben tomar la iniciativa estratégica. Por otro lado, los trabajadores principalmente blancos, mejores pagados, deben ser instados a rechazar el chauvinismo y los intereses de la casta privilegiada, para promover una política de clase más amplia e internacionalista.


Durante las décadas de 1960 y 1970, el movimiento de derechos civiles logró adelantos importantes en la contratación de trabajadores negros e hispanos en la industria básica, como los automóviles, el acero, y el caucho, pese a que esos mismos trabajadores perdieron muchos de esos empleos durante los despidos masivos y los cierres de plantas industriales en las décadas de 1980 y 1990. Hoy, en muchas industrias importantes, como la ropa, los restaurantes, los hoteles, la electrónica, y la venta al detalle, en grandes centros regionales como Nueva York, Atlanta, y Los Ángeles, los trabajadores inmigrantes provenientes de Latinoamérica y Asia, en su mayoría mujeres, junto a los negros, son la mayoría de la clase trabajadora. El asunto nacional, tanto dentro como fuera de las fronteras de EE.UU., asume hoy una mayor prominencia en el nuevo terreno multiétnico, en la construcción de una unidad de clase.


Marx y Engels entendieron la construcción de una ideología antihegemónica de la clase trabajadora y el desmantelamiento de la ideología burguesa en la clase trabajadora, como el terreno crítico de la lucha de clases. De hecho, el Manifiesto fue un esfuerzo consciente para moldear la ideología de los líderes de la nueva y creciente clase trabajadora, para convencerlos a que se organizaran como comunistas. Pero, cualquier comunista, socialista, o progresista que haya tratado de organizar en una comunidad de clase trabajadora de cualquier composición étnica, como un hospital, o la planta de ensamblaje de automóviles, se enfrenta al poderoso rol desorganizador de la ideología burguesa en la clase trabajadora. Las divisiones que se comienzan a manifestar entre la nación opresora y la oprimida, crecen a un número infinito de competiciones, como entre el empleado y el desempleado, el de tiempo completo y el de tiempo parcial, el trabajador calificado y el no calificado, el mayor y el más joven, el con muchos años en la empresa y el con menos, el del turno de día, el del turno de noche, el con mayor sueldo, el con menos sueldo. Las clases dominantes, mediante el control indiscriminado del aparato corporativo y estatal, son capaces de gobernar a través de una impresionante orquestación de competiciones entre individuos, grupos, sexos, razas, clases, y naciones. En una época se esperó que la clase trabajadora de la industria básica, organizada a través de sindicatos laborales de izquierda con fuertes alianzas a partidos de izquierda, proporcionaría el liderazgo a toda la clase al poner los intereses de las naciones y los sectores más oprimidos como el objetivo de la lucha de clases. En cambio, demasiado frecuentemente, los sindicatos laborales, que son el sector mejor organizado de la clase trabajadora, han llegado a acuerdos con el gobierno, el Partido Demócrata, y el empleador, debido a su enfoque mezquino de grupo, comúnmente a expensas de los trabajadores desorganizados, con sueldos menores, los desempleados, los inmigrantes, y las colonias, con lo cual fortalecen su subordinación al, y en confabulación con, el capital. A no ser que las políticas socialistas puedan efectivamente confrontar el egoísmo, el chauvinismo, el racismo, la supremacía masculina, el nacionalismo obtuso, y cualquier otra forma de subyugación entre los oprimidos, lo que Mao llamo, “la forma correcta de tratar las contradicciones entre el pueblo”, y ofrecer una generosidad estratégica de espíritu a la clase trabajadora, realmente no hay esperanza de lograr una política unificada de la clase trabajadora más allá de los más obtusos y temporales intereses propios de grupo.


IV. _¿SE PUEDE CONSTRUIR UNA IZQUIERDA ANTIIMPERIALISTA EN UNA NACIÓN OPRESORA?


¿Puede la izquierda en Inglaterra ganarse a la clase trabajadora para promover la independencia de Irlanda? ¿Puede la clase trabajadora alemana luchar para proteger los derechos de los curdos, los turcos, y otros grupos oprimidos? ¿Pueden los comunistas, los socialistas, los antiimperialistas, o cualquier otro grupo convencer a la clase trabajadora de EE.UU. a que se oponga al bombardeo de civiles en Irak y al bloqueo de Cuba? ¿Puede un movimiento de trabajadores en EE.UU. y Europa exigir fondos internacionales de nuestro propio gobierno para apoyar un modelo de desarrollo en Sudáfrica que esté basado en una prioridad ambiental, sueldos altos, un estado de asistencia social en expansión, y una soberanía nacional? Estos son los retos que tiene el marxismo en occidente.


En EE.UU., Europa, y Japón existe una historia de esfuerzos socialistas y antiimperialistas, los que en algunos momentos tuvieron un gran impacto, y en otros momentos fueron aplastados. Estos esfuerzos deben ser resumidos y utilizados en el período actual. Durante la década de 1930, el Partido Comunista de EE.UU. tenía una enorme influencia porque trajo un mensaje explícito de una política socialista, antirracista, y antiimperialista a la clase trabajadora y a la sociedad de EE.UU. en general. El PC de EE.UU. fue la fuerza principal de un frente unificado en la construcción del sindicalismo industrial, y también se le conocía como “el partido de los negros”, por su agresiva lucha por la autodeterminación en “el cinturón negro del Sur” y por su defensa de los Chicos de Scottsboro. El PC conectó la lucha de los trabajadores industriales, la mayoría de ellos, blancos, a la formación de la Brigada Abraham Lincoln, antifascista, en la guerra civil española, y creo una defensa multirracial de los aparceros, los pequeños agricultores, y “los nacidos en el extranjero”. Trágicamente, la interpretación del PC del “frente unido en contra del fascismo” lo llevó a realizar una defensa servil de la Unión Soviética, y aún peor, del capitalismo liberal de EE.UU., llegando el PC a abandonar la lucha por los derechos civiles de los negros durante la segunda guerra mundial, a permanecer silenciosos durante la internación de norteamericanos de origen japonés, a apoyar las cláusulas del trabajo por pieza y de no realizar huelgas en las fábricas, y en 1945, a proponer su autoeliminación en nombre de la coexistencia pacífica entre el socialismo y el capitalismo.


Desde 1955 hasta 1975, el marxismo nuevamente jugó un rol de gran influencia. Muchos de los líderes del movimiento de “derechos civiles”, reprimidos por el partido Demócrata y los líderes de los sindicatos laborales, volvieron a establecer la teoría de su lucha como un movimiento de autodeterminación para la gente de color oprimida dentro de EE.UU., lo que promovió un énfasis en la liberación de los negros, chicanos, y puertorriqueños. Los organizadores del movimiento en contra de la guerra en Vietnam restablecieron su causa como una [lucha] en contra del imperialismo de EE.UU. Mientras el marxismo europeo ejerció poca influencia, el marxismo antiimperialista de Lenin, Mao, Fidel, y Cabral le dieron forma a la política de la Nueva Izquierda de los negros, blancos, latinos, y asiáticos. Contrariamente a las reconstrucciones históricas chauvinistas de la Nueva Izquierda como algo despreciablemente burgués, las clases trabajadoras negras y latinas, en las comunidades, en las fábricas, e incluso en el ejército de EE.UU., esta fue una fuerza importante en los movimientos de derechos civiles y en contra de la guerra, y en años posteriores, un pequeño pero significativo apoyo comenzó a desarrollarse también entre los trabajadores blancos.


El marxismo es la política de la lucha de clases internacional, cualquiera que sea su nivel de desarrollo. Es precisamente debido a que el Manifiesto fue escrito como una táctica para intervenir en la lucha de clases en Europa, y no como un regalo para las generaciones futuras, que ha tenido tal durabilidad y poder. El razonamiento acerca de la relevancia y las lecciones del marxismo para la época presente, se lleva a cabo de una forma más eficiente en debates estratégicos sobre política actual definida por tiempo, lugar, y condiciones.


En el Encuentro, basado en esta visión estratégica, deseo elaborar mi participación en proyectos de izquierda y en campañas masivas dirigidas por la izquierda en EE.UU.


1) El Centro de Estrategia Laboral y Comunitaria, como un experimento en las formas de organización de la izquierda, organizando movimientos multirraciales de la clase trabajadora de bajos ingresos con una política antirracista y antiimperialista, y creando intervenciones concretas directamente opuestas al imperialismo de EE.UU. (Ver el ensayo de Lian Hurst Mann, “Polemic on Revolutionary Education”, Polémica en la Educación Revolucionaria.)


2) La necesidad para una organización por parte de la izquierda, con el fin de explícitamente desafiar el poder y la política de la burocracia laboral. Trabajé en el United Auto Workers (Trabajadores del Automóvil Unidos), como un obrero de la línea de montaje durante 8 años, y tengo una fecunda experiencia en la construcción de una base para una política socialista, al luchar en contra de la compañía, la burocracia laboral, e incluso algunos trabajadores. Usar elecciones obtenidas de la Campaña de la United Auto Workers para Mantener Abierta la Planta de Montaje de la General Motors en Van Nuys en Los Angeles (1982-1992), que fue un experimento alentador en la organización antirracista y antihegemónica.


3) El rol decisivo de la izquierda en la organización del movimiento ambiental. El Centro de Estrategia ha iniciado la Watchdog Environmental organization (organización de Vigilancia Ambiental), en el cual gente de color de bajos recursos, desafía los derechos de administración de las corporaciones para producir elementos químicos tóxicos, y confronta asuntos internacionales de devastación ecológica, lo que involucra una crítica profunda, tanto del modelo de desarrollo capitalista como del socialista.


4) El trabajo antirracista del Sindicato de Pasajeros de Autobús (Bus Riders Union) en Los Angeles, que es un movimiento multirracial dirigido por gente de color y de bajos ingresos que desafía el racismo y la corporatización creciente del estado capitalista, en este caso en la lucha de derechos civiles por transporte público y calidad ambiental para 350,000 pasajeros de autobuses de bajos ingresos, los que en un 80% son de minorías étnicas.


Existe la necesidad de organizaciones marxistas con formas explícitas y de transición en EE.UU., con fuertes alianzas internacionales, para que la reconstrucción de un partido de izquierda no sea mecánicamente sumergido en un futuro incierto. Veo el Encuentro de París como un lugar importante en donde diseñar, y ojalá, unirse con fuerzas afines bajo la base de compartir una perspectiva antiimperialista y una participación directa en la lucha de clases, para establecer temas esenciales de línea de marcha política que puedan ser debatidos, clarificados, y llevados a la práctica.


Mi trabajo en la UAW, la Watchdog (Vigilancia), y el Sindicato de Pasajeros de Autobús reflejo una práctica multifacética y experimental de la izquierda en la organización de la clase trabajadora, lo cual se construyó con, y en algunos casos sin, una forma marxista de organización, que no puede responder a los retos profundos de organización en la reconstrucción de un partido socialista en EE.UU., pero que puede informar este debate sobre la organización antiimperialista en las naciones opresoras.


Eric M. Mann


Publicado en Marx desde cero el 26 de diciembre de 2012



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