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sábado, 6 de mayo de 2017

La provocación de EEUU en Corea del Norte: un pretexto para la guerra con China


Imagen de Hispantv

El llamado "Estado profundo" es en realidad un estado gobernado por "unipolaristas". No es una entidad sin rostro: tiene una identidad de clase, ideológica y económica

05/05/2017 :: EE.UU., ASIA, EUROPA

La provocación de EEUU en Corea del Norte: un pretexto para la guerra con China




Introducción


EEUU comenzó a construir su imperio a escala mundial durante la Segunda Guerra Mundial y el periodo posterior a esta. Washington intervino directamente en la guerra civil china (proporcionando armas al ejército de Chiang Kai-shek mientras el Ejército Rojo luchaba contra los japoneses), apoyó la guerra de recolonización de Francia contra el Viet Minh en Indochina e instaló regímenes títere en Corea del Sur, Taiwán y Japón.

Mientras el imperio se edificaba a trompicones, con avances y derrotas, el objetivo estratégico seguía siendo el mismo: prevenir el establecimiento de gobiernos comunistas o nacionalistas laicos independientes e imponer regímenes vasallos compatibles con los intereses de EEUU.

Las armas empleadas fueron guerras y golpes de estado sangrientos (“cambios de régimen”). Los regímenes coloniales europeos derrotados fueron reemplazados e incorporados como aliados subordinados a EEUU.

Para realizar las conquistas imperiales, Washington utilizó siempre que estuvo en su mano a ejércitos de mercenarios entrenados, equipados y dirigidos por 'asesores' estadounidenses. Cuando esto no fue suficiente, por lo general si el régimen clientelista y las tropas vasallas se mostraban incapaces de derrotar al ejército del pueblo, las fuerzas armadas de EEUU intervinieron directamente.

Los estrategas imperiales trataban de intervenir y conquistar brutalmente al país elegido. Cuando no conseguían alcanzar su objetivo 'máximo', iniciaban una política de asedio para cortar los vínculos de los centros revolucionarios con los movimientos populares de países limítrofes. Si los países lograban resistir la conquista armada, los constructores del imperio imponían sanciones económicas y bloqueos para erosionar la base económica de los gobiernos populares.

Los imperios, como los sabios romanos reconocieron hace tiempo, no se construyen en un día, en semanas o en meses. Se firman a conveniencia convenios y acuerdos temporales que se quiebran cuando ya no resultan útiles porque los diseños imperiales están por encima de todo.

Los imperios fomentan las divisiones internas entre adversarios y los golpes de Estado en países vecinos. Pero, sobre todo, construyen una red mundial de avanzadas militares, agentes clandestinos y alianzas regionales en las fronteras de los gobiernos independientes para recortar las potencias militares emergentes.

Una vez concluidas con éxito las guerras, los centros imperiales dominan la producción y los mercados, los recursos y la mano de obra. Sin embargo, con el tiempo es inevitable que surjan problemas en los regímenes dependientes e independientes. Los rivales y los competidores ganan acceso a los mercados y aumentan su poderío militar. Mientras que algunos estados vasallos sacrificaron su soberanía política-militar para conseguir un desarrollo económico independiente, otros optaron por la independencia política.

Las contradicciones primeras y últimas de la expansión del imperialismo

Las dinámicas inherentes a los estados y sistemas imperiales experimentan contradicciones que replantean y cambian constantemente los contornos del imperio.

EEUU ha dedicado inmensos recursos para mantener su supremacía militar entre los estados vasallos, pero ha experimentado un grave declive en su cuota de mercado mundial, especialmente con el rápido aumento de nuevos productores económicos.

La competencia económica obligó a los centros imperiales a reconfigurar el centro de sus economías: la “renta” (finanzas y especulación) desplazó a los beneficios del comercio y la producción. Las industrias imperiales se trasladaron al extranjero en busca de mano de obra barata.

La economía nacional está ahora dominada por las finanzas, los seguros, los bienes inmuebles, las comunicaciones y las industrias militares y de seguridad. Esto ha creado un círculo vicioso: con la erosión de su base productiva, el imperio ha incrementado aún más su dependencia del ejército, del capital financiero y de la importación de bienes de consumo baratos.

Justo después de la Segunda Guerra Mundial, Washington puso a prueba su destreza militar a través de la intervención en terceros países. Debido a la gran resistencia popular y la proximidad de la URSS, y más tarde de la República Popular China, la construcción del imperio en el Asia post colonial se contuvo o fracasó militarmente. En Corea, las fuerzas estadounidenses alcanzaron transitoriamente un punto muerto después de matar a millones de personas. En China, su derrota provocó la huida de los “nacionalistas” a la isla de Taiwán. La resistencia popular y el apoyo material de las potencias socialistas obligaron a EEUU a retirarse de Indochina. A causa de ello, no tuvo más opción que recurrir a las sanciones económicas para estrangular a los gobiernos revolucionarios.

El crecimiento de la ideología unipolar

Ante el creciente poder de sus competidores económicos en el extranjero y su mayor dependencia de la intervención militar directa, el imperio de EEUU aprovechó la desintegración interna de la URSS y el giro de China hacia el “capitalismo de Estado” en las décadas de los ochenta y los noventa. Con la desintegración forzada de Yugoslavia, EEUU se expandió por la región del Báltico, Europa oriental y central y los Balcanes. Los estrategas imperiales anticiparon “un imperio unipolar”, un Estado imperial sin rivales. Los constructores del imperio eran libres para invadir, ocupar y saquear estados independientes en cualquier continente e incluso para bombardear una capital europea, Belgrado, con total impunidad. Se iniciaron múltiples guerras contra señalados adversarios que carecían de aliados globales fuertes.

Países del sur de Asia, Oriente Medio y el Norte de África fueron objeto de destrucción. América del Sur estaba bajo el control de los regímenes neoliberales. La antigua Unión Soviética fue saqueada y desarmada por vasallos del imperio. Rusia estaba gobernada por gánsteres cleptócratas aliados con títeres de EEUU. El papel asignado a China era el de convertirse en un taller de esclavos para producir artículos de consumo baratos para los estadounidenses y generar grandes beneficios para las corporaciones multinacionales y minoristas como Wal-Mart.

A diferencia de lo que ocurrió con el Imperio Romano, la década de los noventa no iba a ser el preludio de un imperio indiscutible de larga duración para EEUU. Los “unipolaristas” se embarcaron en múltiples guerras caras y destructivas de conquista y no fueron capaces de confiar en el crecimiento de las economías industriales emergentes para obtener beneficios; el poder global de EEUU se deterioró.

La desaparición de la unipolaridad: El siglo XXI

En los primeros diez años del siglo XXI, la visión de un imperio unipolar indiscutido se vino abajo. La acumulación “primitiva” de China dio paso a una acumulación interna avanzada de la que se beneficiaron el pueblo y el Estado chinos. El poder de China se expandió por el extranjero mediante inversiones, comercio y adquisiciones, desplazando a EEUU como principal socio comercial en Asia y mayor importador de materias primas de América Latina y África. China se convirtió en el principal fabricante y exportador de bienes de consumo para América del Norte y la Unión Europea (UE).

La primera década del siglo XXI fue testigo del derrocamiento o la derrota de los estados vasallos de EEUU en América Latina (Argentina, Bolivia, Venezuela, Ecuador y Brasil) y de la aparición de regímenes agro-minerales independientes dispuestos a formar alianzas comerciales regionales. Fue un período de aumento de la demanda de sus recursos naturales y materias primas que coincidió con el proceso de desindustrialización de EEUU, inmerso en costosas y desastrosas guerras en Oriente Medio.

En contraste con la creciente independencia de América Latina, la UE incrementó su participación militar en las brutales guerras en el extranjero lideradas por EEUU mediante la ampliación del 'mandato' de la OTAN. Bruselas siguió la política sistemática de cercar a Rusia para debilitar su independencia a través de duras sanciones. La expansión hacia el exterior de la UE (financiada gracias a las políticas internas de austeridad) acentúo las divisiones en el seno de la organización, provocando el descontento popular. Reino Unido votó en un referéndum a favor de separarse de la UE.

En los noventa, los desastres internos del régimen vasallo de EEUU en la Rusia de Boris Yeltsin empujaron a los votantes a elegir a un nacionalista, Vladimir Putin. El gobierno del presidente Putin se embarcó en un programa para recuperar la soberanía de Rusia y su posición como potencia mundial, contrarrestar la intervención de EEUU en el país y alejar de las fronteras el cerco creado por la OTAN.

Los defensores del imperio unipolar continuaron iniciando múltiples guerras de conquista en Oriente Medio, África del Norte y sur de Asia, con un coste de billones de dólares, que provocaron una pérdida de los mercados globales y de competitividad. A medida que los ejércitos del imperio se expandían por todo el mundo, la economía doméstica (“la República”) se contrajo. EEUU quedó atrapado en la recesión y asediado por el aumento de la pobreza. La política unipolar creó una creciente economía global multipolar, mientras imponía rígidas prioridades militares.

El Imperio contraataca: La opción nuclear

La segunda década del siglo XXI marcó el comienzo de la desaparición de la unipolaridad ante la consternación de muchos 'expertos' y la negación ciega de sus arquitectos políticos. El advenimiento de una economía mundial multipolar intensificó el impulso desesperado del imperio por restaurar la unipolaridad por medios militares, a cargo de militaristas incapaces de adaptarse o evaluar sus propias políticas.

Bajo el régimen del “primer presidente negro”, Barack Obama, elegido bajo la promesa de refrenar a los militares, los estrategas imperiales intensificaron su belicismo, enfrascándose en siete guerras, nuevas y antiguas. Para los legisladores y los propagandistas de los medios de comunicación de masas de EEUU y la UE, fueron guerras imperiales exitosas, que vinieron acompañadas de declaraciones prematuras de victoria en Somalia, Irak y Afganistán. Estos delirios de grandeza llevaron a la nueva administración a poner en marcha nuevas guerras en Ucrania, Libia, Siria y Yemen.

Cuando la nueva ola de guerras y golpes de Estado (de “cambio de régimen”) para volver a imponer la unipolaridad fracasó, se pusieron en marcha políticas belicistas aún mayores que desplazaron a las estrategias económicas para conseguir la dominación mundial. Los militaristas que dirigen el aparato de Estado permanente, siguieron sacrificando mercados e inversiones con total inmunidad, a pesar de las desastrosas consecuencias de sus fracasos en la economía nacional.

Breve renacimiento de la unipolaridad en América Latina

Argentina, Brasil, Paraguay y Honduras han sufrido golpes de Estado o cambios de régimen y los gobiernos progresistas de Bolivia, Venezuela y Ecuador han estado a punto de sufrirlos. Sin embargo, el retroceso a favor del imperio en América Latina no es política ni económicamente sostenible y amenaza con socavar cualquier restauración de la dominación unipolar en la región.

EEUU no ha proporcionado ninguna ayuda económica ni ampliado el acceso a los mercados para premiar y apoyar a sus recientes regímenes clientelares. Su nuevo vasallo en Argentina, Mauricio Macri, transfirió miles de millones de dólares a los banqueros depredadores de Wall Street y entregó a EEUU el acceso a sus bases militares y sus recursos lucrativos sin recibir por ello flujos recíprocos de capital de inversión. De hecho, las políticas serviles del presidente Macri han creado mayores niveles de desempleo y han reducido el nivel de vida, creando descontento popular. El “chico nuevo” del imperio unipolar en su feudo de Buenos Aires se enfrenta a una defunción temprana.

Del mismo modo, la corrupción generalizada, una profunda depresión económica y los niveles de dos dígitos de desempleo sin precedentes en Brasil amenazan al ilícito régimen vasallo de Michel Temer con la crisis permanente y el aumento de la lucha de clases.

El efímero éxito en Oriente Medio

El poder devastador de los bombardeos aéreo y naval de EEUU y de la OTAN pareció otorgar un breve triunfo a la nueva ola de guerras revanchistas en Oriente Medio y África del Norte. Luego, esa aparente victoria se desvaneció en medio de la destrucción y el caos, inundando Europa con millones de refugiados.

Importantes brotes de resistencia a la invasión estadounidense de Irak y Afganistán precipitaron el retroceso hacia un mundo multipolar. Los insurgentes islamistas obligaron a EEUU a refugiarse en sus guarniciones fortificadas y tomaron el control del campo y las ciudades cercadas en Afganistán; en Irak, Siria, Yemen, Somalia y Libia forzaron la huida de los regímenes y mercenarios respaldados por EEUU.

La pulsión unipolar y el Estado permanente: Reagrupamiento y ataque

Frente a sus fracasos, los defensores del imperio unipolar se reagruparon para poner en marcha una estrategia militar aún más peligrosa: el aumento de su potencia nuclear de “primer ataque” dirigida a China y Rusia.

En una maniobra orquestada por los políticos designados por el departamento de Estado de EEUU, el gobierno de Ucrania fue sustituido por vasallos de EEUU dando lugar a la ruptura de ese país, todavía en marcha. Temerosos de los neofascistas y los rusófobos, los ciudadanos de Crimea aprobaron en referéndum su unión con Rusia. Las mayorías étnicas rusas de la región de Donbass en Ucrania entraron en guerra con Kiev, lo que ha provocado miles de muertos y millones de desplazados que buscan refugio en Rusia. Los imperialistas de Washington financiaron y dirigieron el golpe de Estado de Kiev liderado por cleptócratas y fascistas siendo inmunes, como siempre, a sus consecuencias.

Mientras tanto, EEUU está aumentando su número de tropas de combate en Afganistán, Irak y Siria para apuntalar a sus poco fiables aliados y mercenarios.

Lo que es crucial para la comprensión de la ascensión y caída del poder imperial y de las eufóricas declaraciones unipolares de la década de 1990 (especialmente durante el apogeo del reinado sangriento del presidente Clinton), es que los avances militares y políticos no han sido apuntalados en ningún momento por la construcción de economías fuertes.

EEUU derrotó y posteriormente ocupó Irak, pero también destruyó sistemáticamente su sociedad civil y su economía, creando un terreno fértil para la limpieza étnica, las oleadas de refugiados y el levantamiento islamista posterior que se extendió por los territorios adyacentes. De hecho, han sido las políticas deliberadas de EEUU en Irak y otros lugares las que han creado la crisis de refugiados que agobia a Europa.

Durante las dos primeras décadas de este siglo se ha producido una situación similar: las victorias militares han instalado líderes impopulares e ineficaces respaldados por el imperio. Los estrategas unipolares dependen cada vez más de la chusma tribal más retrógrada, los extremistas islamistas, los cipayos de ultramar y los mercenarios. El ataque deliberado de EEUU a las mismas personas capaces de liderar naciones multiculturales modernas como Irak, Libia, Siria y Ucrania es una caricatura de los notorios ataques de Pol Pot a las clases educadas de Camboya. Por supuesto, EEUU perfeccionó sus habilidades especiales para “matar a los profesores de escuelas” cuando entrenó y financió a los muyahidines de Afganistán en la década de los ochenta.

El segundo punto débil, lo que llevó al colapso de la ilusión unipolar, ha sido su incapacidad para replantear sus supuestos y reorientar y reequilibrar su paradigma militarista estratégico tras el increíble desorden mundial que crearon.

EEUU se negó rotundamente a trabajar con las élites económicas educadas en los países conquistados y promoverlas. Ello habría requerido mantener intacto el sistema económico de la seguridad social en los países que habían triturado de manera sistemática. Habría supuesto rechazar el paradigma de guerra total, rendición incondicional y ocupación militar pura y dura, con el fin de permitir el desarrollo de aliados económicos viables, en lugar de imponer regímenes vasallos flexibles pero grotescamente corruptos.

El enorme aparato de inteligencia policial-militar, profundamente arraigado y fuertemente financiado, con millones de empleados, ha creado un estado imperial paralelo al régimen civil elegido en EEUU

El llamado “Estado profundo” es en realidad un estado gobernado por “unipolaristas”. No es una “entidad sin rostro”: tiene una identidad de clase, ideológica y económica.

A pesar del grave coste que supone perder una serie de guerras catastróficas y el robo de miles de millones de dólares perpetrado por los regímenes vasallos cleptocráticos, los unipolaristas han permanecido intactos, e incluso aumentado sus esfuerzos para conseguir una conquista o una victoria militar temporal.

Digámoslo abierta y claramente: los unipolaristas se dedican ahora a culpar de sus terribles fracasos militares y políticos a Rusia y China. Esta es la razón por la que buscan, directa e indirectamente, debilitar a los aliados internos y externos de Rusia y China. De hecho, la campaña salvaje para “culpar a los rusos” de la elección del presidente Trump refleja su profunda hostilidad hacia Rusia y su desprecio por los votantes de clase trabajadora y media baja (la “canasta de deplorables”) que eligieron a Trump. La incapacidad de esta élite para reconocer sus propios fracasos y la incapacidad del sistema político para eliminar a estos estrategas desastrosos es una seria amenaza para el futuro del mundo.

La fabricación de pretextos para la guerra mundial

Mientras el Estado unipolarista sufría predecibles derrotas militares y guerras prolongadas al tiempo que una dependencia de inestables regímenes civiles, los ideólogos continúan echando la culpa a Rusia y China por todas sus derrotas militares. Su monomanía se ha transformado en un aumento provocativo de su capacidad nuclear a gran escala en Europa y Asia, lo que aumenta el riesgo de una guerra nuclear al participar en un letal “juego de la gallina”(1).

Los veteranos físicos nucleares que editan el Boletín de los Científicos Atómicos publicaron una importante descripción de los planes de guerra unipolaristas. Según ellos, “el programa nuclear en marcha ha implementado nuevas tecnologías revolucionarias que aumentarán enormemente la capacidad letal del arsenal nuclear. Estas nuevas tecnologías triplican la potencia letal global de los actuales misiles balísticos de EEUU” . Esto es exactamente lo que un observador objetivo podría esperar de unos EEUU provistos de armas nucleares dispuestos a iniciar una guerra que desarme a China y Rusia al lanzar un sorpresivo primer ataque.

El estado unipolar se ha centrado en varios países como pretexto para lanzar una guerra. El Gobierno de EEUU ha instalado bases de misiles en los países bálticos y Polonia a modo de provocación. Estos regímenes han sido elegidos por su afán de violar las fronteras o el espacio aéreo de Rusia y porque su locura les predispone a aceptar la inevitable respuesta militar y la reacción en cadena en contra de sus propias poblaciones. Otro lugar con enormes bases militares estadounidenses y dispuesto a albergar una expansión de la OTAN es la región de los Balcanes, especialmente las antiguas provincias yugoslavas de Kosovo y Montenegro. Se trata de Estados mafiosos etno-facistas en bancarrota y potenciales polvorines de conflictos provocados por la OTAN, que justificarían un ataque de EEUU. Esto explica por qué los más furibundos militaristas del senado estadounidense han estado presionando para lograr la integración de Kosovo y Montenegro en la OTAN.

Pero es en Siria donde los unipolaristas están creando un pretexto para la guerra nuclear. El senado de EEUU ha enviado más fuerzas especiales a zonas altamente conflictivas para apoyar a sus mercenarios aliados. Esto significa que las tropas estadounidenses se encontrarán (ilegalmente) cara a cara con el avance del ejército sirio, respaldado (legalmente) por la fuerza aérea rusa. EEUU planea apoderarse de Raqqa en el norte de Siria, controlada por ISIS, para convertirla en base de operaciones con la intención de negar la victoria del gobierno sirio sobre los yihadistas-terroristas. La probabilidad de “incidentes” armados entre EEUU y Rusia en Siria es cada vez mayor para satisfacción de los unipolaristas estadounidenses.

EEUU ha financiado y apoyado a los combatientes kurdos en su avance por territorio sirio bajo control de los yihadistas-terroristas, especialmente a lo largo de la frontera con Turquía. Esto está provocando un conflicto inevitable entre Turquía y los kurdos apoyados por EEUU.

Otro sitio probable para la expansión de la guerra es Ucrania. Después de tomar el poder en Kiev, los clepto-fascistas lanzaron una guerra y un bloqueo económico contra los ucranianos bilingües de origen ruso de la región de Donbass. Los ataques de la junta de Kiev, las innumerables matanzas de civiles (incluyendo la quema de decenas de manifestantes de habla rusa desarmados en Odessa) y el sabotaje de los envíos de ayuda humanitaria rusos podrían provocar represalias por parte de Rusia y ser el pretexto de una intervención militar de EEUU contra Crimea a través del Mar Negro.

Pero el lugar que cuenta con más probabilidades de convertirse en el inicio de la Tercera Guerra Mundial es la península de Corea. Los unipolaristas y sus aliados en el aparato del Estado han creado sistemáticamente las condiciones para desencadenar una guerra con China usando el pretexto del programa de armas defensivas de Corea del Norte.

El aparato estatal de los unipolaristas ha unido a sus aliados en el Congreso y a los medios de comunicación para crear histeria generalizada. El congreso y la administración del presidente Trump consideran el programa de misiles de Corea del Norte “una amenaza para EEUU” . Esto ha permitido que el estado unipolarista ponga en marcha una estrategia militar ofensiva para contrarrestar esta falsa “amenaza”.

La elite ha descartado todas las negociaciones previas y los acuerdos diplomáticos con Corea del Norte con el fin de prepararse para la guerra - en última instancia contra China. Esto se debe a que China es el adversario económico global más dinámico y exitoso al que se enfrenta EEUU para mantener su hegemonía mundial. EEUU ha sufrido una derrota económica pacífica, pero humillante, a manos de una potencia emergente de Asia. La economía de China ha crecido tres veces más rápido que la de EEUU durante las últimas dos décadas. Y el banco de desarrollo de infraestructuras de China ha atraído a decenas de participantes regionales y europeos después de que el muy publicitado acuerdo comercial de EEUU en Asia, desarrollado por la Administración de Obama, se viniera abajo. En la última década, mientras los sueldos y salarios se han estancado o retrocedido en EEUU y la UE, se han triplicado en China.

Si la tendencia continúa, la economía china superará a la de EEUU en el futuro cercano y lejano. Eso supondrá que China sustituya inevitablemente a EEUU como potencia económica más dinámica del mundo... a menos que se produzca un ataque nuclear por parte de EEUU. No es de extrañar que China esté embarcada en un programa para modernizar sus sistemas de misiles defensivos y su seguridad marítima y fronteriza.

Mientras los unipolaristas se preparan para la “decisión final” de atacar a China, se dedican a instalar sistemáticamente sus misiles nucleares más avanzados en Corea del Sur bajo el absurdo pretexto de contrarrestar al régimen de Pyongyang. Para exacerbar las tensiones, el alto mando de EEUU ha iniciado ataques cibernéticos contra el programa de misiles de Corea del Norte. Ha participado en descomunales maniobras militares con Seúl, lo que provocó que el ejército de Corea del Norte “probara” cuatro de sus misiles balísticos de medio alcance en el Mar de Japón. Washington ha ignorado los esfuerzos del gobierno chino para calmar la situación y persuadir a Corea del Norte de que resistiera las provocaciones de EEUU en sus fronteras e incluso redujera su programa de armas nucleares.

La maquinaria de propaganda de guerra de EEUU afirma que la respuesta nerviosa de Pyongyang a los provocadores ejercicios militares de Washington (apodados “Foal Eagle“) en la frontera de Corea del Norte son una “amenaza” a Corea del Sur y una prueba de la locura de sus líderes. En última instancia, Washington tiene la intención de dirigirse a China. Para ello, ha instalado su Terminal High Altitude Area Defense System (THAAD), un sistema de vigilancia y ataque ofensivo (a pesar de su nombre), diseñado para atacar las principales ciudades de China y complementar el cerco marítimo estadounidense a China y Rusia. Utilizando a Corea del Norte como pretexto, instaló el sistema THAAD en Corea del Sur, cuyo alcance supera los 3.000 kilómetros, lo que le permite llegar a los centros vitales de China en cuestión de minutos. Los misiles dirigidos del THAAD están diseñados específicamente para identificar y destruir el sistema de misiles de defensa de China.

Con la instalación del THAAD en Corea del Sur, el extremo oriental de Rusia está ahora rodeado de los misiles ofensivos de los EEUU, lo que complementa su potencia de ataque desde Occidente.

A los estrategas unipolares se les ha unido ahora el gobierno japonés, cada vez más militarista, una circunstancia de lo más alarmante para los coreanos y los chinos dada la historia de brutalidad japonesa en la región. El Ministro de Defensa de Japón ha propuesto dotarse de capacidad para un “ataque preventivo”, una repetición imperial de su invasión y esclavización de Corea y Manchuria. Japón apunta a Corea del Norte, pero a quien amenaza realmente es a China.

Corea del Sur, un régimen profundamente corrupto y ciegamente sumiso, aceptó de inmediato el sistema THAAD en su territorio. Washington encontró al dócil 'Estado profundo' de Corea del Sur dispuesto a sacrificar sus cruciales vínculos económicos con Pekín: China es el mayor socio comercial de Corea del Sur. A cambio de servir como plataforma para futuras agresiones de EEUU contra China, Corea del Sur ha sufrido pérdidas en el comercio, las inversiones y el empleo. Incluso si llegara el caso de que un nuevo gobierno de Corea del Sur quisiera revertir esta política, EEUU no trasladaría su instalación THAAD. China, por su parte, ha reducido en gran medida sus relaciones económicas y de inversión con algunos de los mayores conglomerados empresariales de Corea del Sur. El turismo, los intercambios culturales y académicos, los acuerdos comerciales y, sobre todo, la mayor parte de las exportaciones industriales de Corea del Sur se enfrentan a importantes pérdidas.

En medio de un gran escándalo político que involucra a la presidenta de Corea del Sur (que se enfrenta a la destitución y el encarcelamiento), la alianza militar entre EEUU y Japón ha incorporado brutalmente al desafortunado pueblo de Corea del Sur a una escalada militar contra China. Dicho proceso pone en peligro las pacíficas relaciones económicas de Seúl con China. Los surcoreanos son abrumadoramente partidarios de la paz, pero se encuentran en primera línea de una potencial guerra nuclear.

China ha respondido a la amenaza de Washington incrementando enormemente su propia capacidad defensiva en términos de misiles. Los chinos afirman ahora poseer la capacidad de destruir rápidamente las bases THAAD en Corea del Sur, si EEUU les obliga a ello. Asimismo, China está reequipando sus fábricas para compensar la pérdida de las importaciones industriales de Corea del Sur. 

Conclusión

La ascensión y caída del imperio estadounidense unipolar no ha desplazado al aparato de Estado permanente, que sigue adelante con sus estrategias alucinantes.

Por el contrario, los unipolaristas están acelerando su campaña de conquista militar global apuntando a Rusia y China, a los que acusan insistentemente de ser la causa de sus guerras perdidas y de su declive económico global. Ellos viven en sus delirios de la “edad de oro” de los noventa, cuando George Bush padre podía devastar Irak y Bill Clinton bombardear ciudades yugoslavas con total impunidad.

Atrás han quedado los días en que los unipolaristas podían hacer pedazos la URSS, financiar antiguos regímenes soviéticos separatistas y violentos en Asia y el Cáucaso y organizar elecciones fraudulentas para sus cipayos borrachos en Rusia.

Los desastres de la política de EEUU y su decadencia económica interna han dado lugar a rápidos y profundos cambios en las relaciones de poder en las últimas dos décadas, haciendo añicos cualquier ilusión de un “siglo americano” unipolar.

La unipolaridad sigue siendo la ideología del aparato permanente de seguridad del Estado y sus élites en Washington. Ellos creen que la unión del militarismo en el extranjero y el control financiero en casa les permitirá recuperar su “Jardín del Edén” unipolar perdido.

China y Rusia son los nuevos protagonistas esenciales de un mundo multipolar. Las dinámicas de la necesidad y su propio crecimiento económico les han empujado a buscar con éxito estados y mercados alternativos e independientes.

Esta realidad obvia e irreversible ha hecho que los unipolaristas se obsesionen con prepararse para una guerra nuclear mundial. Los pretextos son infinitos y absurdos; los objetivos son claros y globales; los medios militares ofensivos y destructivos están disponibles; pero también lo están las formidables capacidades defensivas y de represalia de China y Rusia.

El Estado unipolarista acaricia el delirio de ganar una guerra nuclear global, lo que pone a los estadounidenses en la disyuntiva de resistir o rendirse ante un imperio en decadencia, demencialmente peligroso, que está dispuesto a iniciar una guerra que traería la destrucción mundial.
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Nota del traductor:

(1): El “juego de la gallina” (game of chicken) es una competición en la que dos coches se lanzan uno contra otro; el primero que se desvía de la trayectoria del choque pierde y es humillado por comportarse como un gallina. Se basa en la idea de crear presión psicológica hasta que uno de los participantes se echa atrás y la expresión se aplica como metáfora a una situación en la que dos bandos se enzarzan en una escalada en la que no tienen nada que ganar y en la que sólo el orgullo evita que se echen atrás. Bertrand Russell fue el primero en usarla en relación con la carrera armamentística.

Artículo original: http://petras.lahaine.org/?p=2137. Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Texto completo en:

http://www.lahaine.org/la-provocacion-de-eeuu-en

jueves, 30 de marzo de 2017

El gran salto adelante de China: Las ranas occidentales croan su desaliento


El gran salto adelante de China: Las ranas occidentales croan su desaliento
James Petras
Introducción

Desde sus lúgubres pantanos, los académicos y editorialistas de revistas financieras estadounidenses, los “expertos en Asia” de los medios de comunicación de masas y los políticos conservadores y progresistas occidentales croan al unísono el inminente colapso medioambiental chino. Sucesivamente, han proclamado que (1) la economía china está en declive; (2) su deuda es arrolladora y está a punto de estallar su burbuja inmobiliaria; (3) el país está plagado de corrupción y envenenado por la contaminación; y (4) los trabajadores chinos están organizando huelgas paralizadoras y protestas en medio de una creciente represión, como resultado de la explotación y la pronunciada desigualdad de clases. Las ranas financieras croan que China representa una amenaza militar inminente para la seguridad de EEUU y de sus socios asiáticos. Otras ranas saltan de indignación: ¡Los chinos amenazan ahora a todo el universo!

Los “agoreros chinos” que ven la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio han distorsionado sistemáticamente la realidad y fabricado cuentos extravagantes que en realidad reflejan sus propias sociedades.


A medida que sus falsas afirmaciones son refutadas, las ranas modifican sus cantos: cuando las predicciones de un colapso inminente no se materializaron, retrasaron los pronósticos de su bola de cristal un año o incluso una década. Cuando sus avisos de tendencias sociales, económicas y estructurales negativas resultaron falsos y las cifras seguían siendo positivas, sus ágiles dedos recalibraron la amplitud y profundidad de la crisis, citando “revelaciones” anecdóticas sacadas de una conversación con algún taxista o escuchadas en cualquier aldea.

Como los fracasos anunciados durante mucho tiempo no terminan de materializarse, los expertos “remodelan la información” y se cuestionan la fiabilidad de las estadísticas oficiales chinas.

Y lo peor de todo es que los académicos y los “expertos” occidentales sobre Asia intentan un “intercambio de roles”: Mientras las bases y los navíos de guerra estadounidenses rodean progresivamente a China, los chinos se convierten en agresores y los belicosos imperialistas de EE.UU. se presentan a sí mismos como víctimas gimoteantes.

Este artículo pretende desmontar estas fábulas y esbozar un relato alternativo y más objetivo de la actual realidad política y socioeconómica de China.

China: ficción y realidad

Una y otra vez leemos acerca de la economía de salarios bajos de China y la brutal explotación de su mano de obra esclavizada por parte de oligarcas multimillonarios y autoridades políticas corruptas. En realidad, el salario medio del sector manufacturero chino se ha triplicado en los últimos diez años. Los trabajadores chinos perciben salarios muy superiores a los de los países latinoamericanos con una eventual excepción. Los salarios de los operarios de las fábricas chinas se aproximan actualmente a los de los países de movilidad descendente de la Unión Europea (UE). En ese mismo periodo, los regímenes neoliberales, presionados por la UE y EE.UU., han cortado a la mitad los salarios en Grecia y reducido significativamente los ingresos de los trabajadores en Brasil, México y Portugal. Los salarios de los trabajadores en China superan actualmente a los de Argentina, Colombia y Tailandia. Aunque no son altos para los niveles de la UE o EE.UU, en 2015 los salarios chinos se movían en torno a los 3,60 euros la hora, lo que ha mejorado el nivel de vida de cientos de millones de trabajadores. Durante el periodo en que China triplicó el salario de sus trabajadores, los de sus homólogos indios se estancaron a 0,70 € la hora y los de los sudafricanos bajaron de 4,30 € a 3,60 €/hora.

Este espectacular aumento salarial se atribuye en gran medida al aumento de la productividad, fruto de mejoras constantes en la sanidad, educación y formación técnica de los trabajadores, así como a la presión sostenida y organizada de los obreros y de la lucha de clases. La exitosa campaña del presidente Xi Jinping destinada a apartar de su puesto y arrestar a decenas de miles de funcionarios y jefes de fábrica corruptos y explotadores ha promovido el poder de la fuerza laboral. Los obreros chinos están cerrando la brecha con el salario mínimo estadounidense. Al índice de crecimiento actual, la brecha, que se ha estrechado de una décima a una mitad del salario mínimo de EE.UU. en diez años, desaparecerá en un futuro próximo.

China ha dejado de ser exclusivamente una economía de salarios bajos, no especializada, de trabajo intensivo, plantas de ensamblaje y orientada a la exportación. Hoy día, 20.000 escuelas técnicas gradúan a millones de trabajadores cualificados. Factorías de alta tecnología están incorporando la robótica a gran escala para reemplazar a los trabajadores no cualificados. El sector servicios está en pleno crecimiento para absorber la demanda del mercado interno. Al tener que hacer frente a un aumento de la hostilidad política y militar estadounidense, China ha diversificado su mercado de exportación, volviéndose hacia Rusia, la UE, Asia, América Latina y África.

A pesar de estos impresionantes progresos objetivos, el coro de “ranas deshonestas”1 sigue lanzando profusas predicciones año tras año sobre el deterioro y declive de la economía china. Sus análisis no se ven alterados por el 6,7 % de crecimiento obtenido en PIB en 2016 sino que ¡se aventuran a pronosticar para 2017 un “descenso” del crecimiento hasta el 6,6 % como prueba del inminente colapso! Decididos a no verse disuadidos por la realidad, ¡el coro de ranas de Wall Street celebra animadamente el anuncio del incremento del PIB estadounidense del 1 % al 1,5 %!

China ha reconocido sus graves problemas medioambientales y está a la cabeza de los países a la hora de dedicar recursos (miles de millones de dólares, el 2 % de su PIB) para reducir los gases de efecto invernadero. Sus esfuerzos exceden con creces los de EE.UU. y la UE.

China, como el resto de Asia y EEUU, necesita aumentar enormemente las inversiones destinadas a reconstruir sus infraestructuras decadentes o inexistentes. El gobierno chino es la única de las naciones que ajusta o incluso excede sus crecientes necesidades de transporte, para lo cual destina 800.000 millones de dólares anuales a la construcción de autopistas, líneas de ferrocarril, puertos, aeropuertos, metros y puentes.

Mientras EEUU ha rechazado tratados comerciales y de inversiones multinacionales con once países del Pacífico, China ha promovido y financiado tratados similares con más de 50 estados de Asia y el Pacífico (salvo Japón y EE.UU.), así como otros estados africanos y europeos.

El gobierno chino, bajo la dirección de su presidente Xi Jinping, ha lanzado una eficaz campaña a gran escala contra la corrupción que ha llevado a la detención o destitución de más de 200.000 empresarios y funcionarios, incluyendo algunos multimillonarios y altos cargos del politburó del comité central del PCC. Como resultado de esta campaña de ámbito nacional, la compra de artículos de lujo ha decaído considerablemente. La práctica de la utilización de fondos públicos para cenas exquisitas de doce platos y el ritual de entrega y aceptación de regalos está en decadencia.

Mientras esto ocurre, a pesar de que Trump proponía “drenar la ciénaga” en su campaña política y del exitoso resultado en el referéndum del Brexit, ni en EEUU ni en Reino Unido se ha puesto en marcha nada que se parezca remotamente a la campaña anticorrupción china, a pesar de los informes diarios sobre estafas y fraude que implican a los cien principales bancos del mundo anglo-estadounidense. La campaña anticorrupción china ha podido servir para reducir desigualdades y se ha ganado indudablemente el respaldo de los campesinos y trabajadores chinos.

Los periodistas y académicos que suelen repetir como loros los argumentos de los generales estadounidenses y de la OTAN advierten de que el programa militar chino es una amenaza directa a la seguridad de EE.UU., Asia y el resto del mundo. La amnesia histórica emponzoña a estas ranas cantarinas. Olvidan que, tras la Segunda Guerra Mundial, EEUU invadió y destruyó Corea e Indochina (Vietnam, Laos y Camboya), matando a más de 9 millones de habitantes, tanto civiles como defensores. EEUU invadió, colonizó y neocolonizó Filipinas en los inicios del siglo XX, matando a un millón de habitantes. En la actualidad, continúa expandiendo su red de bases militares para rodear China. Recientemente trasladó potentes misiles nucleares THADD, capaces de atacar ciudades chinas e incluso rusas, a la frontera con Corea del Norte. EEUU es el mayor exportador de armas del mundo, y su producción de armas supera la producción y venta conjunta de los cinco siguientes mayores mercaderes de muerte.

Por el contrario, China no ha atacado, invadido u ocupado unilateralmente ningún país en cientos de años. No ha colocado misiles nucleares en la costa o las fronteras de EE.UU.; de hecho no cuenta con una sola base militar en el extranjero. Sus propias bases militares, en el mar meridional de China, tienen la función de proteger sus principales rutas marítimas de los piratas y de la armada estadounidense, cuyas provocaciones aumentan progresivamente. El presupuesto militar chino, que tiene previsto un incremento del 7 % en 2017, sigue siendo inferior a una cuarta parte del estadounidense.

Por su parte, EEUU promueve alianzas militares agresivas, apunta sus radares y misiles guiados por satélite hacia China, Irán y Rusia y amenaza con arrasar Corea del Norte. El programa militar chino siempre ha sido, y continúa siendo, defensivo. Su aumento se basa en la necesidad de responder a las provocaciones de EE.UU. El avance imperial chino está basado en su estrategia de mercado global mientras que Washington continúa implementando una estrategia imperial militarista, diseñada para imponer la dominación global por la fuerza.

Conclusión

Las ranas de la intelligentsia llevan tiempo croando con fuerza. Se pavonean y posan como si fueran los mejores atrapamoscas del mundo, pero no producen nada creíble en términos de análisis objetivos.

China tiene numerosos problemas sociales, económicos y estructurales, pero se enfrenta a ellos sistemáticamente. Los chinos están comprometidos con la mejora de su sociedad, su economía y su sistema político en sus propios términos. Intentan resolver problemas tremendamente complicados al tiempo que se niegan a sacrificar la soberanía nacional y el bienestar de su pueblo.

La política oficial estadounidense para enfrentarse a China como competidor capitalista mundial se basa en rodearla con bases militares y amenazar con perturbar su economía. Como parte de esta estrategia, los medios de comunicación y los supuestos “expertos” occidentales magnifican los problemas de China y minimizan los suyos propios.

A diferencia de China, EEUU se complace con obtener un crecimiento anual inferior al 2 %. Los salarios llevan decenios estancados; el salario real y el nivel de vida se reducen. Los costes de la educación y la sanidad se disparan al tiempo que la calidad de esos servicios vitales cae espectacularmente. Aumentan los costes, el desempleo y el índice de suicidios y de mortalidad de la clase trabajadora. Es absolutamente crucial que Occidente reconozca los impresionantes avances de China si desea aprender, copiar y fomentar un modelo similar de crecimiento y equidad. Es esencial que China y EEUU cooperen para promover la paz y la justicia en Asia.

Desgraciadamente, el anterior presidente, Obama, y el actual presidente, Donald Trump, han escogido la vía de la confrontación y la agresión militar. Los dos mandatos de Obama muestran un historial de guerras fallidas, crisis financieras, aumento de la población penal y descenso del nivel de vida nacional. Pero todo el ruido que crean esas ranas, croando al unísono, no cambiará el mundo real.


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Nota: 1. El autor utiliza la expresión “crooked croakers” (croadores deshonestos) para hacer un juego fonético imposible de recrear en castellano.

Artículo original: http://petras.lahaine.org/?p=2132. Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Texto completo en: 

http://www.lahaine.org/el-gran-salto-adelante-de

lunes, 27 de febrero de 2017

Diplomacia, lucha de clases y democracia en la era Trump





27/02/2017 :: EE.UU., JAMES PETRAS

Diplomacia, lucha de clases y democracia en la era Trump

La idea inicial de Trump de movilizar a los que se oponen a las guerras en el extranjero ha sido derrotada por los esfuerzos conjuntos del complejo militar-industrial

Introducción

Al terminar el primer mes de la Administración Trump, nos encontramos en una mejor situación para evaluar las políticas y la dirección del nuevo presidente. El examen de sus políticas interior y exterior, especialmente desde una perspectiva histórica y comparativa, nos permitirá entender si EE.UU. va camino de una catástrofe, como afirman los medios de comunicación, o hacia una mayor racionalidad y realismo.

Vamos a analizar si Trump busca la guerra o la diplomacia. Evaluaremos las iniciativas del presidente para reducir la deuda externa y las cargas comerciales con Europa y Asia. Continuaremos revisando sus programas proteccionistas y sobre inmigración con México y terminaremos viendo las perspectivas de la democracia en Estados Unidos en estos momentos.

Política exterior

Los encuentros del presidente con los dirigentes de Japón, Reino Unido y Canadá han sido bastante fructíferos. Su reunión con [el primer ministro de Japón] Shinzo Abe afianzó los lazos diplomáticos y obtuvo la promesa de que el país nipón aumentaría las inversiones en el sector automovilístico estadounidense. Puede que Trump consiga mejorar las relaciones comerciales reduciendo el desequilibrio en la balanza comercial. Trump y Abe adoptaron una postura moderada ante la prueba de misiles norcoreanos en el Mar de Japón y rechazaron el aumento de los gastos militares que reclamaban los medios de comunicación neoliberales.

La reunión EE.UU.-Reino Unido en la era pos-Brexit dio como resultado la promesa de un aumento del comercio bilateral.

En cuanto a China, Trump ha mejorado las relaciones con este país, apoyando sin ambages la política de “una sola China” y dando paso a la renegociación y el reequilibrio del balance comercial.

Estados Unidos respaldó el voto unánime de condena del Consejo de Seguridad de la ONU al lanzamiento de misiles norcoreanos. Trump no lo consideró una amenaza militar ni propuso incrementar el nivel de sanciones.

La política de reconciliación de Trump hacia Rusia, destinada a mejorar la lucha contra el terrorismo islamista, se ha visto obstaculizada. Bajo el liderazgo de la senadora de la izquierda liberal Elizabeth Warren, partidaria de la caza de brujas, ¡los militaristas neoconservadores y los demócratas declararon a Rusia como la principal amenaza a la seguridad nacional estadounidense!

El bombardeo constante y furibundo de los medios de comunicación forzó el cese del Consejero Nacional de Seguridad de Trump, el general retirado Michael Flynn, en base a una ley del siglo XVIII (la Ley Logan) que prohíbe a los ciudadanos discutir cuestiones políticas con dirigentes extranjeros.

Dicha ley nunca había sido implementada. De haberlo sido, cientos de miles de ciudadanos estadounidenses, especialmente los peces gordos incluidos entre los 51 “presidentes de las principales organizaciones judías “de EE.UU., así como los editores de política exterior de todos los grandes y pequeños medios de comunicación estadounidenses y los analistas de política exterior estarían encadenados junto a narcotraficantes convictos. Sin avergonzarse por la absurdidad o la trivialización de la tragedia, esta reciente “tempestad en un vaso de agua” ha generado llamamientos apasionados dentro de los medios y del Partido Demócrata para iniciar una nueva “investigación como la del 11-S” sobre las conversaciones del general Flynn con los rusos.

El contratiempo de Trump con a cuenta de su consejero de seguridad nacional hace peligrar una política exterior menos belicosa. Subraya el riesgo de confrontaciones nucleares y represión interna. Dichos peligros, que incluyen una posible purga antirusa –al estilo del tristemente célebre senador McCarthy– de los individuos realistas en política exterior, son responsabilidad exclusiva de la alianza de los ultramilitaristas del partido demócrata y los neoconservadores. En todo caso, nada de esto aborda los graves problemas socioeconómicos internos.

La búsqueda del equilibrio en el gasto y el comercio exterior

El compromiso público de Trump de reequilibrar las relaciones con la OTAN, es decir, reducir la cuota de EE.UU. en su financiación, ya ha dado comienzo. Actualmente, solo cinco miembros de la alianza cumplen con la contribución requerida. En el caso de que Alemania, Italia, España, Canadá, Francia y otros 18 miembros cumplieran con sus compromisos, el presupuesto de la OTAN aumentaría en más de 100.000 millones de dólares, lo que reduciría el desequilibrio en la balanza exterior de EE.UU.

Evidentemente, sería mucho mejor para todos que la OTAN se desmantelara y que las distintas naciones que la forman reasignaran sus partidas de millardos de dólares hacia gastos sociales y el desarrollo de sus economías domésticas.

Trump ha anunciado importantes esfuerzos para reducir el desequilibrio comercial con Asia.

Al contrario de lo que se afirman algunos “expertos” en comercio exterior en los medios de comunicación, China no es el único de los “infractores”, ni siquiera el mayor, que se aprovechan del desequilibrio comercial con Estados Unidos.

El actual superávit en el balance comercial de China equivale al 5% de su PIB, el de Corea del Sur al 8%, el de Taiwán al 15% y el de Singapur al 19% respectivamente. El objetivo de Trump es reducir el desequilibrio comercial de EE.UU. a 20.000 millones de dólares con cada uno de los países, equivalente al 3% del PIB. La cuota de Trump de 100.000 millones de dólares contrasta agudamente con el desequilibrio comercial de los “Cinco Grandes” asiáticos (Japón, China, Corea del Sur, Taiwán y Singapur), equivalente a 700.000 millones de dólares en 2015, según datos de FMI.

En resumen, Trump está actuando para reducir los desequilibrios externos un 85% con el fin de incrementar la producción doméstica y crear empleos en las industrias ubicadas en Estados Unidos.

Trump y Latinoamérica

La política latinoamericana de Trump se ha centrado fundamentalmente en México y, en mucha menor medida, en el resto del continente.

La principal decisión de la Casa Blanca ha sido echar por tierra el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica de Obama (TPP, por sus siglas en inglés), que favorecía a las corporaciones multinacionales que explotan la mano de obra de Chile, Perú y México y resultaba atractivo para los regímenes neoliberales de Argentina y Uruguay. Trump hereda del presidente Obama numerosas bases militares en Colombia, la base de Guantánamo en Cuba y las bases de Argentina. El Pentágono continúa la guerra fría de Obama contra Venezuela y ha acusado de forma falsaria al vicepresidente de aquel país de tráfico de drogas.

Trump ha prometido cambiar la política comercial y de inmigración con México. A pesar de la amplia oposición que ha levantado su política migratoria, aún le falta mucho para igualar la expulsión masiva de emigrantes mexicanos y centroamericanos acometida por Obama, campeón indiscutible en ese campo, que deportó a 2,2 millones de emigrantes junto a sus familias en ocho años, o lo que es igual, unos 275.000 al mes. En su primer mes al mando, el presidente Trump ha expulsado solo un 10% del porcentaje medio deportado por Obama.

El presidente Trump ha prometido renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), imponiendo una tasa sobre las importaciones y persuadiendo a las empresas multinacionales para que regresen e inviertan en EE.UU.

Hay muchas ventajas ocultas para México si decide responder a las políticas de Trump con sus propias medidas económicas de “proteccionismo recíproco”. Bajo el NAFTA, 2 millones de agricultores mexicanos entraron en bancarrota y se han dedicado millardos de dólares a la importación de arroz, maíz y otros alimentos de primera necesidad (subvencionados), de EE.UU. Una política de “primero México” podría reavivar la agricultura mexicana para el consumo doméstico y la exportación; esto disminuiría la emigración de campesinos mexicanos. México podría renacionalizar su sector petrolero e invertir en refinerías en el propio país, lo que le supondría la ganancia de millardos de dólares y reduciría la importación de productos petroleros refinados de EE.UU. Al tener que implantar una política de sustitución de las importaciones, la manufactura local podría reactivar el mercado y el empleo internos. Aumentarían los trabajos en la economía formal y se reduciría el número de jóvenes en paro, carne de cañón para los cárteles de la droga y otras bandas criminales. Mediante la nacionalización de los bancos y el control de los flujos de capital, México podría interrumpir la fuga de capitales cifrada en alrededor de 50.000 millones de dólares de fondos ilícitos al año. Por su parte, estos programas nacional-populares incentivarían la elección de nuevos líderes que podrían iniciar la purga de la policía corrupta, los militares corruptos y los líderes políticos corruptos.

En resumen, aunque las políticas de Trump podrían causar algunas pérdidas a corto plazo, a medio y largo plazo pueden suponer sustanciales ventajas para el pueblo mexicano y su nación.

Democracia

La elección del presidente Trump ha provocado una virulenta campaña autoritaria que amenaza nuestras libertades democráticas.

La propaganda continuada y bien coordinada emitida por todos los grandes medios de comunicación y por los dos principales partidos políticos ha fabricado y distorsionado informes y ha alentado a los representantes elegidos a atacar salvajemente a las personas nombradas por Trump para hacerse cargo de las responsabilidades en política exterior, forzando dimisiones e inversión de las políticas. La dimisión forzosa del consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn ha puesto de manifiesto la agenda belicista del partido demócrata contra la Rusia en poder de armas nucleares. Los senadores liberales, que solían pronunciar grandiosos discursos contra “Wall Street” y el “Uno por ciento”, ahora exigen que Trump se niegue a colaborar con el presidente Putin para detener la amenaza real que supone el Estado Islámico, mientras apoyan a los neonazis ucranianos. Los iconos liberales presionan abiertamente para incrementar la presencia de buques de guerra en Asia con el fin de provocar a China, a la vez que se oponen a la política de Trump favorable a renegociar los tratados comerciales con Pekín.

Hay multitud de peligros y ventajas ocultos en esta guerra política de partidos.

Trump ha sacado a la luz las mentiras y distorsiones sistémicas de los medios de comunicación, confirmando la desconfianza que les profesa la mayoría del pueblo. Esta baja opinión que tienen los estadounidenses, especialmente los que habitan el devastado centro del país (aquellos a quienes Hillary Clinton llamaba “los deplorables”) se corresponde claramente con el profundo desdén de los medios por esta enorme porción del electorado. En realidad, la cháchara constante de los medios acerca de cómo los malvados “rusos” habían pirateado las elecciones presidenciales de EE.UU. dando la victoria a Donald Trump es más bien una cortina de humo para enmascarar su reticencia a denunciar abiertamente a los “blancos pobres” –incluyendo a los trabajadores y campesinos estadounidenses– que votaron abrumadoramente por Trump. Este elemento regional y de clase ayuda mucho a explicar la continua histeria provocada por la victoria de Trump. Las élites, los intelectuales y los burócratas están furiosos por el hecho de que “la canasta de deplorables” de Clinton rechazara al sistema y a sus portavoces bien peinados y de uñas cuidadas.

Por vez primera, se ha abierto un debate político sobre la libertad de expresión al más alto nivel del gobierno. Ese mismo debate se prolonga al modo en que el nuevo presidente se ha enfrentado al enorme e incontrolado aparato policial del Estado (el FBI, la NSA, la CIA, la Seguridad Nacional, etc.), tremendamente ampliado bajo la presidencia de Obama.

La política comercial y de alianzas de Trump ha despertado al Congreso y ha provocado que empiece a debatir sobre temas sustanciales en vez de hacerlo por nimiedades de procedimientos internos. La retórica política de Trump ha provocado manifestaciones masivas de protesta, algunas de buena fe, aunque otras pagadas por los megamillonarios que respaldan al Partido Demócrata, como el “Padre de las Revoluciones de Colores” George Soros. Sería importante saber si estas manifestaciones pueden provocar la aparición de auténticos movimientos democráticos y socialistas de base capaces de organizarse y aprovechar la división en las élites.

Las falaces acusaciones de contactos “traicioneros” con el embajador ruso que supuestamente realizó el consejero de Seguridad Nacional de Trump Michael Flynn cuando todavía era civil y la utilización de la Ley Logan relativa a la discusión de política exterior con gobiernos extranjeros abren la posibilidad de investigar a algunos legisladores, como Charles Schumer y otros cientos, por discutir la posición estratégica de EE.UU. con autoridades israelíes…

Gane o pierda, la administración Trump ha provocado un debate sobre las posibilidades de paz con una superpotencia nuclear, sobre la reconsideración del inmenso déficit comercial y la necesidad de defender la democracia contra amenazas autoritarias de la denominada “comunidad de inteligencia” contra un presidente electo.

Trump y la lucha de clases

La agenda socioeconómica de Trump ya ha puesto en marcha poderosas corrientes subterráneas del conflicto de clases. Los medios de comunicación y la clase política se han centrado en los conflictos relativos a la inmigración, los temas de género y las relaciones con Rusia, la OTAN e Israel así como en las políticas internas del partido. Estos conflictos oscurecen antagonismos de clase más profundos, procedentes de las propuestas económicas radicales del presidente.

Sus propuestas para reducir el poder de las instituciones federales de regulación y de investigación, simplificar y reducir los impuestos, recortar la partida destinada a la OTAN, renegociar o dar por finalizados los acuerdos multilaterales y recortar los presupuestos de investigación, sanidad y educación, amenazan el empleo de millones de trabajadores y funcionarios del sector público en toda la nación. Entre los cientos de miles de manifestantes que han participado en las marchas de mujeres por la inmigración y la educación, miles son empleados públicos y sus familiares, que ven amenazado su sustento económico. Lo que, en una primera instancia pueden parecer protestas por determinados derechos humanos, culturales o identitarios, en realidad son manifestaciones de una lucha más profunda y más general de los empleados del sector público que se oponen a la agenda privatizadora del Estado, que a su vez obtiene su respaldo de clase de los pequeños empresarios atraídos por la bajada de impuestos y una reducción de las cargas regulatorias, así como de los cuadros de las escuelas y los hospitales privados que gozan de subvención estatal.

Las medidas proteccionistas de Trump, entre las que se incluyen las ayudas a la exportación, enfrentan a los fabricantes internos con los importadores multimillonarios de bienes de consumo baratos.

Las propuestas de Donald Trump destinadas a desregular el petróleo, el gas, la madera, las exportaciones agrícolas y minerales y las inversiones en grandes infraestructuras tienen el respaldo de los jefes y trabajadores de dichos sectores. Ello ha provocado un grave conflicto con los ecologistas, los trabajadores y productores comunitarios, los pueblos indígenas y sus simpatizantes.

La idea inicial de Trump de movilizar a las fuerzas internas opuestas a continuar destinando gran parte del presupuesto federal a las guerras en el extranjero y partidarias de la construcción de un imperio basado en las relaciones de mercado ha sido derrotada por los esfuerzos conjuntos del complejo militar-industrial, el aparato de inteligencia y sus defensores dentro de la coalición de las élites políticas liberal-neoconservadoras-militaristas y sus seguidores de masas.

La lucha de clases en curso se ha profundizado y amenaza con destruir el orden constitucional en dos sentidos: el conflicto puede llevar a una crisis institucional, a la destitución forzosa de un presidente electo y a la instalación de un régimen híbrido, que preservaría los programas más reaccionarios de ambas partes de la lucha de clases. Podría llegar a ocurrir que importadores, inversores y trabajadores de las industrias extractivas, defensores de la educación y la sanidad privatizadas, belicistas y miembros del politizado aparato de seguridad se hicieran con el control total del Estado. Por otro lado, si la lucha de clases consigue movilizar a los trabajadores del sector público, a los del sector comercial, a los desempleados, a los demócratas contrarios a la guerra, a los emprendedores de la tecnología de la información y a los patronos que dependen de inmigrantes cualificados, así como a los científicos y a los ecologistas en un movimiento de masas dispuesto a apoyar un salario digno y a unirse en torno a intereses de clase comunes, será posible lograr un profundo cambio del sistema. A medio plazo, la unión de estos movimientos de clase puede llevar a un régimen híbrido progresista.

Artículo original: http://petras.lahaine.org/?p=2128. Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Texto completo en:

http://www.lahaine.org/diplomacia-lucha-de-clases-y

domingo, 5 de enero de 2014

Siria resiste, ha derrotado los últimos asaltos de los terroristas

5/1/2014

Siria resiste, ha derrotado los últimos asaltos de los terroristas
x James Petras - La Haine

Incluso los medios supuestamente progresistas siguen hablando de 'rebeldes', pero no habla de terrorismo cuando comentan los atentados en Rusia.

Análisis de James Petras, lunes 30 de diciembre del 2013 por CX36, Radio Centenario desde Montevideo (Uruguay) a través de www.radio36.com.uy

Efraín Chury Iribarne: Con el gusto de siempre en este 30 de diciembre, estamos saludando a James Petras, con quien estamos en contacto desde los Estados Unidos. Para comenzar, queríamos tener su reflexión sobre la lucha que viene dando el pueblo sirio contra el imperialismo.

James Petras: Siria enfrenta varios enemigos no siempre el imperialismo norteamericano si no también el imperialismo de Europa, particularmente de Francia que está encabezando con Inglaterra las agresiones desde Europa. Pero también tenemos el nuevo centro del terrorismo internacional que es Arabia Saudita, que está dirigiendo y financiando con millones de dólares las campañas de los peores terroristas islámicos que están invadiendo Siria. Tiene a Israel en la frontera y también la quinta columna en el Líbano.

Entonces, a pesar de todos estos sectores Siria consigue el apoyo y solidaridad de los pueblos en Líbano, en Rusia, en Irán y muchos otros lugares más allá de sus fronteras. Eso me parece importante porque Siria resiste, ha derrotado los últimos asaltos de los terroristas y sigue aplicando la política de enfrentar enemigos y ofrecer negociaciones. Y eso me parece muy importante. Hasta el Papa reconoce que los terroristas islámicos han cometido muchos crímenes, pese a la propaganda internacional que sigue hablando de ‘rebeldes’.

Incluso la prensa supuestamente progresista como 'La Jornada' en México o 'Página/12' en Argentina siguen hablando de ‘rebeldes’, pero no hablan de terrorismo cuando informan de los terroristas destruyendo las ciudades de Rusia en Volgogrado donde mataron 31 personas, con más de 70 heridos. Allí hablan de ‘insurgencia’, ‘insurgencia en Rusia’ y ‘rebeldes en Siria’, dicen; pero hablan de ‘terroristas’ cuando alguien pone bombas en los países occidentales.

Ese doble criterio me parece que involucra los países occidentales en estos actos de terrorismo, atrás de Arabia Saudita están los franceses de Hollande, los ingleses que buscan inversiones sauditas, los norteamericanos que venden armas a los saudíes. Entonces hay una cadena involucrada en los actos terroristas, los que tienen los dedos en el gatillo son simplemente carne de cañón, pero los que están atrás son los servicios secretos occidentales.

EChI: Bien, cambiamos el tema pues se termina el año. ¿Cuál es el balance de este año en América Latina?

JP: Se podría decir que en algún sentido hay un equilibrio de fuerzas entre el nacionalismo burgués y el imperialismo norteamericano. Del otro lado, la gran victoria municipal en Venezuela muestra que la izquierda todavía tiene un gran empuje. Pero en países como Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, etc., podríamos decir que hay un equilibrio entre el capitalismo y las clases populares, las clases trabajadoras, porque en estos países el capitalismo sigue siendo fuerte, pero las clases populares tienen capacidad de conseguir algunas mejoras.

Podríamos decir que lo mismo sucede en Bolivia donde el gobierno sigue tratando de balancear entre los grandes monopolios mineros y los trabajadores sindicalizados, los mineros, etcétera. En otras palabras hay algunos avances populares, pero también hay una inserción imperialista más que nada entre los gobiernos neoliberales.

Las clases populares en Uruguay, Brasil, Argentina siguen al pie de la lucha para obtener sus reivindicaciones. La lucha reivindicativa me parece que sigue siendo el eje de la lucha, no hay ninguna gran derrota en el continente con la excepción de México y el caso de Honduras y Paraguay con los golpes de Estado. Pero en otras partes yo creo que no hay grandes victorias pero tampoco grandes derrotas. No hubo grandes transformaciones sociales pero tampoco hubo retrocesos. Estamos en situación de equilibrio, donde el imperialismo sigue siendo un factor pero que no puede imponer su política como lo hacía en años anteriores.

EChI: ¿Qué tema ha copado tu atención en este año?

JP: Creo que el factor más importante es la capacidad de Rusia, bajo el gobierno de Vladimir Putin, de armar una política diplomática exitosa. Primero se ve en el caso de de Siria donde la intervención de Putin desarmó a los Estados Unidos y paró un ataque aéreo en favor de los terroristas; con este arreglo que hizo Putin, Siria obtuvo un gran éxito. También con Irán la intervención de Putin fue muy importante para que se abran las negociaciones para tratar el problema del bloqueo y de las sanciones contra Irán; así como el acuerdo sobre el problema nuclear. Y en tercer lugar, tenemos la intervención de Putin en Ucrania, donde a partir de un buen financiamiento -sin las condiciones de la Unión Europea y del Fondo Monetario- Ucrania escapa de las garras de la Unión Europea evitando grandes programas de austeridad y colonización.

Esas creo que fueron las razones de las agresiones últimas contra Rusia. Creo que atrás de los terroristas que han aparecido en Volgogrado está la posibilidad de sabotear la planificación de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014, en el sur de Rusia. Los grandes títulos en el 'New York Times' y en la 'BBC' hoy, dicen que los terroristas ponen en cuestión ‘el problema de los Olímpicos’. Y eso es lo que quieren los países occidentales, desprestigiar a Rusia, demostrar que es un país inseguro, incapaz de organizar los Juegos Olímpicos.

Entonces yo creo que en la fachada, todos denuncian a los terroristas pero en la práctica, todos siguen utilizándolos y hay indicios de que Arabia Saudita está involucrada, porque los grupos islámicos terroristas que cometen estos actos reciben apoyo, financiamiento y entrenamiento en Arabia Saudita.

De hecho quería tocar el tema de la importancia de Arabia Saudita en el mundo terrorista, pues están involucrados con los peores asesinos en Siria, están involucrados y financiando a los chechenos en Rusia, están involucrados en los grupos contra Irán, financian a los sunitas y a Al Qaeda en Irak, reprimen a los manifestantes mayoritarios en Bahrein; están dando apoyo a la dictadura militar en Egipto; están ofreciendo millones al Líbano para dividir el país y fomentar un conflicto entre suníes y chiítas; son el eje del terrorismo entre Israel, EEUU y Francia. Los pueblos de Medio Oriente y África enfrentan una gran amenaza a su seguridad, a su vida cotidiana.

EChI: ¿Hay otros temas que ocupen su atención?

JP: Estamos aquí -la próxima semana- frente a un debate en el Congreso norteamericano sobre el relacionamiento con Irán. En el Congreso actualmente hay una mayoría de congresistas bajo el control de los grupos sionistas judíos que están todos a favor de aumentar las sanciones y sabotear las negociaciones con Irán. La semana pasada ellos contaron con más de cien congresistas activos a favor de aumentar las sanciones sabiendo claramente, como indicó el presidente Barack Obama entre otros, que de aplicar mayores sanciones eso terminará con las negociaciones y pondrá sobre la mesa la posibilidad de una confrontación militar, lo que no quiere para nada la gran mayoría de la gente.

Entonces tenemos aquí una lucha congresional y entre la Presidencia y el Congreso, una gran división. De un lado la gran mayoría del público norteamericano y la Presidencia que quiere continuar con las negociaciones y terminar el conflicto con Irán. Del otro lado, tenemos un puñado de importantes financieros judíos sionistas que está empujando a toda fuerza una confrontación con Irán para mejorar el poder de Israel en todo el Medio Oriente y destruir a Irán. Esta es una situación insólita en el mundo donde un 1% de la población -que es lo que representan los judíos sionistas- controla el 99% del público norteamericano no sionista.

EChI: ¿Cómo ha sido este año para Israel, para el sionismo?

JP: El sionismo sigue teniendo más fuerza que nunca con representantes dentro del gobierno. Mucha gente no habla de los representantes sionistas dentro del Ejecutivo estadounidense, pero por ejemplo el Secretario del Tesoro es sionista, el Secretario de Comercio es sionista, el Secretario de las Negociaciones de Comercio es sionista, el principal asesor de Obama sobre Medio Oriente es sionista; y más allá de eso tienen 45 representantes directos en el Congreso y Senado. Recogen más de 100 millones de dólares simplemente para comprar votos en el Congreso y financian en un 45% a las campañas del Partido Demócrata y 30% del Partido Republicano.

Entonces, cuando uno habla del poder judío sionista ellos gritan que uno es antisemita, utilizan eso como forma de atacar, desprestigiar y chantajear cualquier crítica. Por eso muchos medios académicos y periodistas tienen miedo del poder israelita sionista porque utilizan las posiciones de fuerza y los medios de comunicación, para expulsar personas, escritores, periodistas, académicos, que pierden sus puestos, están amenazados constantemente. El 'New York Times', el 'Wall Street Journal', el 'Washington Post', 'Los Ángeles Times', los cuatro diarios más importantes están bajo control sionista. Ni hablemos de Hollywood.

Y ellos quieren hacer creer que informar sobre todo eso es conspirativo, pero si uno examina los dueños y sus vínculos políticos, así como las orientaciones en los medios principales, es muy evidente. Lo que pasa es que los sionistas no quieren discutir hechos, simplemente operan con acusaciones y si uno anota y critica al poder sionista automáticamente dicen que es un fascista o peor. Ellos utilizan la propaganda más la fuerza material y económica para controlar la política norteamericana en el Medio Oriente.

Mucha gente me pregunta por esto; por ejemplo Frei Betto una vez me dijo: ‘Tienes mucho coraje al criticar el sionismo’ y yo no entendí eso. Pero después entendí que también en América Latina utilizan esos instrumentos como chantaje para financiar a la oposición. Por eso, tengo mucha gratificación porque en Radio Centenario podemos hablar de estos temas, ya que en muchos medios de comunicación progresistas como 'Página/12', como 'La Jornada', está prohibido hacerlo.

Yo tenía una columna hace muchos años en 'La Jornada' y cuando empecé a criticar a los sionistas ellos me pidieron que bajara la temperatura y que no hablara de estas cosas. También algunas vacas sagradas del progresismo en México me avisaron que ‘no es apropiado’ hablar del tema. Incluso uno es muy cerca al progresismo, Guillermo Almeyra, firmó un documento atacando mis críticas al sionismo como de un antisemita. Y yo creo que eso es uno de los grandes problemas que la izquierda latinoamericana, norteamericana y europea: no tienen claro la importancia de enfrentar la quinta columna de Israel en su propio país. Por ejemplo 'Le Monde', que históricamente fue muy crítico con Israel, ahora son apologistas de Benjamín Netanyahu.

EChI: Totalmente de acuerdo con lo que está diciendo. Tengo una noticia aquí y quería preguntarle, por la visita de John Kerry –que se señala- “aumenta las tensiones para justificar el aumento de la presencia de Estados Unidos y la construcción de bases navales en Filipinas”.

JP: Bueno, Filipinas siempre fue colonia de Estados Unidos después de la segunda guerra, Washington utilizó los gobiernos títeres neocoloniales para reprimir la gran insurgencia popular revolucionaria. Pero al final de cuentas los movimientos populares con enormes movilizaciones forzaron a los gobiernos a expulsar las bases norteamericanas, que estaban llenas de prostíbulos y de narcotraficantes. Una vez que se fueron, Washington buscó otra fórmula de seguir funcionando en Filipinas, y últimamente, con la nueva política agresiva del Pacífico, Filipinas forman parte del arco para encerrar a China.

Japón en un lado, Corea del Sur en el otro y Filipinas y Australia en el sur, entonces ahora quieren conseguir otra vez la inserción de fuerzas militares norteamericanas apuntando contra China. Y para eso fomentan un conflicto marítimo entre Filipinas y China, supuestamente por una amenaza china para justificar una inserción -otra vez- militar en Filipinas. Pero el pueblo filipino es fuertemente anti militarista y va a ser difícil para el gobierno de Filipinas lograr este acuerdo, pero de una forma y otra lo van hacer, tal vez no entregarán la base formalmente pero informalmente van a conseguir un acuerdo para estacionar los barcos de guerra y aviones norteamericanos en su territorio.

EChI: Muy bien, Petras. En realidad lo que me queda en nombre del colectivo de Radio Centenario, Montevideo Uruguay, es agradecerte el aporte de todo el año para esclarecer tantos y tantos temas inherentes a la actividad del mundo. Y va el abrazo junto con el agradecimiento.

JP: Bueno, tengo un gran aprecio a Radio Centenario por su libre expresión y su compromiso con las luchas populares; más allá del gran cariño que tengo por el colectivo. Y a pesar de no estar allá, quiero extender todo mi aprecio a los oyentes de este programa y en su extensión a toda América Latina y Europa. Muchas gracias por todo, feliz año y buena salud y lucha para el año 2014.


Extractado por La Haine

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