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viernes, 30 de septiembre de 2016

Sobre lo que puede ocurrir en Venezuela



30/09/2016 :: VENEZUELAPENSAMIENTO

Sobre lo que puede ocurrir en Venezuela

El hecho de que el chavismo ha derrotado en la calle en los últimos tres años a la oposición no se proyecta mecánicamente a las consultas electorales

Tratando de hacer un pronóstico sobre lo que puede ocurrir en los próximos tiempos en Venezuela, creo que lo primero es caracterizar que se trata de un proceso de final abierto y después intentar analizar algunos elementos disponibles que pueden darnos algunos indicios.

Sin lugar a dudas lo que ocurre en el plano internacional es importante, pero francamente no comparto algunas miradas que reducen la política a la geopolítica. Es cierto que Venezuela es una tierra apetecible para el Imperio del Norte porque posee las mayores reservas de petróleo del mundo y una de las más importantes en oro, pero también es cierto que esos bienes naturales son importantes asimismo para el resto de un mundo que avanza hacia la multipolaridad. En ese mundo se registra una fuerte competencia intercapitalista que neutraliza las agresiones más groseras y en ese sentido lo sucedido en Siria marcó una bisagra histórica. Basta echar una mirada a las exposiciones muy contundentes escuchadas en las Naciones Unidas para preguntarse qué espaldas tienen las delegaciones nacionales que se animan a hacer discursos tan críticos. Esas espaldas son el equilibrio de fuerzas mundiales que es muy diferente al de los años 90. En política siempre lo determinante fue lo local y lo de afuera condicionante. En este mundo donde las potencias agresivas están más contenidas, hay que prestar mucho más atención a lo que ocurre en la política local.

Si hace unos meses me negaba a sumarme a las visiones catastrofistas que aseguraban una caída inevitable del proyecto bolivariano, lo que no era una novedad porque comentarios parecidos había escuchado después del fallecimiento de Chávez y después de la derrota del 6 D, tampoco quisiera sumarme a las visiones triunfalistas que aseguran que la remontada es inevitable y que en el 2017 están despejadas las amenazas golpistas y esta asegurado el triunfo electoral sobre la oposición.

Me detengo en las cuestiones electorales porque francamente no veo que el Imperio, ni la derecha venezolana hayan podido encontrar en el seno de las Fuerzas Armadas un sector con peso suficiente para dar un golpe y porque no veo condiciones internacionales para una invasión directa. Adhiero a que los que sostienen que en Venezuela el Imperio proyecta el modelo de agresión a Nicaragua en la década del 80, que combinaba presión económica, diplomática y mediática con actividad paramilitar para desgastar las bases de sustentación del proyecto transformador que fue desalojado del gobierno por vía electoral.

Con esas preocupaciones quisiera hacer unas precisiones sobre algunos comentarios que he compartido y adherido. Por ejemplo, cuando decimos que el pueblo aguantó la crisis y que no cayó en la trampa de la explosión social azuzada incansablemente por los activistas de la oposición en todas las colas, no estamos asegurando que ese mismo pueblo va a votar masivamente al chavismo. De hecho el pueblo que no se sumó y repudio a las guarimbas garantizó el amplio triunfo del chavismo en las elecciones municipales de 2014, pero castigó al gobierno un año después en las elecciones del 6 de diciembre de 2015.

El hecho de que el chavismo ha derrotado en la calle en los últimos tres años a la oposición, tampoco se proyecta mecánicamente a las consultas electorales. El chavismo gana en la calle porque tiene una no despreciable capacidad de movilización garantizada por alrededor de trescientos mil militantes de base activos que son parte de los Consejos Comunales y las UBCH [Unidades de Batalla Bolívar - Chávez] del PSUV.

Si pensamos en términos electorales, fuentes que hacen encuestas serias afirman que alrededor del 40 % de la población no se caracteriza como chavista o antichavista. Otras fuentes estiran esta cifra a un 55 % que se manifiesta al margen de una orientación definida y volcando sus opiniones en un sentido u otro han definido 20 elecciones a favor del chavismo y 2 a favor de la oposición.

El hecho de que haya una masa tan importante de votantes que no asuma una posición definida y que se mantenga al margen de las disputas más encarnizadas, no significa que no tengan opiniones. Volviendo a las encuestas, cuando se les pregunta a los venezolanos/as por temas puntuales se advierte que hay mas de un 60 % que reivindica un sentimiento nacional; que considera que el Estado debe intervenir para regular precios, para administrar las empresas públicas y para resolver problemas de inseguridad; que es favorable a la paz y que comparte que los ingresos de la estatal PDVSA deben aportar a políticas de inversión social en salud, educación, viviendas, pensiones, etc. Desde ese imaginario la mayor parte de la porción que podría calificarse como “independiente” esta mucho más cerca del proyecto de país que propone el chavismo que del que propone la oposición.

Por esa sintonía algunos los llaman “lo que son chavistas sin saberlo”. Sin embargo esa porción del electorado que alberga mayores dudas sobre las posibilidades de desafiar al Imperio e imponer un modelo alternativo, que vincula sus opiniones políticas a la percepción inmediata de su capacidad de consumo, también es extremadamente sensible a los hechos de corrupción, a la evidencia de que existen círculos de acomodados y beneficiarios permanentes de las políticas de Estados, a las prácticas autoritarias, irresponsables e ineficientes y a la promoción de la obsecuencia que suelen exhibir algunos funcionarios chavistas. El impacto de estas defecciones es sobreactuado por las redes sociales y monopolios mediáticos controlados por la derecha, que hacen aparecer como novedosas o impuestas por el chavismo a prácticas que son rémoras de la IV República, que nos remiten a la permanencia de lo viejo, de lo que no se ha podido transformar.

Me parece pertinente debatir sobre si esa franja que de alguna manera se proclama independiente o no adherente ni del chavismo ni de la oposición esta en crecimiento o si, por el contrario, reduce su porcentaje. Mi impresión personal es que esa franja esta creciendo, y que precisamente esa diferencia de cifras entre 40 y 55 %, está expresando la diferencia entre viejas y nuevas mediciones, expresando la realidad de que hay cada vez más personas que se desconectan de las disputas cotidianas entre el chavismo y la oposición. Esta no es una buena noticia, porque como bien apunta Javier Biardeau, la politica de quitar bases de apoyo directo al chavismo es una de las estrategias del Imperio. Los nuevos votos que ingresan a la derecha no provienen de los alineados al chavismo sino de los que se proclaman independientes, y en particular de los jóvenes independientes que no vivieron los tiempos de la IV República.

También arriesgo que algunos personajes del chavismo como de la oposición que promueven una polarización despolitizada apelando a arengas poco fundamentadas, condimentadas con agresiones verbales, pueden ser atractivos entre sectores duros o muy vinculados a las estructuras partidarias, pero hacia los sectores en disputa son revulsivos. Son funcionales al crecimiento de la franja de los que se desconectan de las afinidades políticas en pugna. Incluso, serían malos candidatos si se presentaran a una elección general..

Pensando en las causas del incremento de esta franja de opinión, francamente creo que por el lado del chavismo ha aportado a la desconexión el hecho de que se haya privilegiado un perfil de gestión en la actual composición de su gabinete. El perfil político de Chávez se extraña no solo desde sus facultades de estadista y comunicador, sino desde su vocación de escuchar, de horizontalizarse, de hacer sentir al pueblo que es uno más de los suyos dispuesto a compartir, a conversar, a proyectar y soñar juntos. Los Consejos comunales han demostrado en la coyuntura ser una herramienta sumamente eficaz como último eslabón de una cadena de trasmisión de decisiones y directivas de gobierno, pero también son mucho más que eso.

Más claro, esta no era la idea original. Basta repasar los Alo teóricos para advertir que estuvieron pensadas como fuentes que permitiera expresar la enorme creatividad popular, como células de una nueva institucionalidad. En el detalle sobre si las asambleas de base son puramente informativas o un espacio donde se discuten todos los temas propuestas por los/las participantes y son resolutivas, también se está poniendo en juego la dimensión del involucramiento del proyecto politico del chavismo en el territorio. Contribuyen a promover que los compromisos asumidos alcancen a un reducido grupo de líderes que tienen responsabilidades en la estructura comunal, o son mucho más abarcativas y comprometen a más personas en la comunidad.

Los réditos alcanzados por la eficacia demostrada en la coyuntura por quienes privilegian la gestión y adhieren a la idea de verticalizar los organismos de base comunales o del partido a las políticas de gobiernos, deben balancearse con la advertencia que también esa concepción aporta la desconexión de las bases de las políticas de gobierno, lo que tiene su consecuencias electorales.

El problema de la baja calidad del funcionariado y de la pobreza de las acciones políticas propuestas desde el PSUV viene arrastrándose desde tiempos de Chávez, donde se acuñó la frase de que “el gobierno y el partido rebajaban a Chávez”, lo que se expresaba en que el Comandante tenía un diez por ciento más de votos que cualquier funcionario chavista que se midiera electoralmente.

Esta es una de las explicaciones por las que el triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales fuera tan ajustado.

Con una admirable capacidad de síntesis un campesino muy representativo y comprometido con su Consejo Comunal me decía la semana pasada: “Nosotros somos chavistas y revolucionarios a pesar de que las instituciones (chavistas) hacen todo lo posible para que dejemos de serlo”.

En la derrota electoral del 6 de diciembre de 2015 este factor se combinó con una agudización de la guerra económica, con las consecuencias de inflación desenfrenada y escasez. Y el hecho de que la oposición abandonó temporalmente las prácticas violentas y escondió su discurso limitándose a decir que estaban por “el Cambio” y “la unidad de las familias venezolanas”, pero también asegurando que si los votaban se acabarían las colas.

Creo que Nicolás Maduro pagó un duro precio por ser valorado injustamente como parte del mediocre funcionariado chavista, por su impotencia para controlar en su propio gobierno a sectores políticos y militares que, como bien definió Luis García Britto, “bailaban en el Titanic”. Y por no poder diferenciarse discursivamente de las peores versiones del chavismo (el chavismo malandro), que se limita a agitar sus entornos con una prédica más cercana a las disputas de tribuna deportiva que a un debate de ideas. Algunas encuestas realizadas en el peor momento de la crisis en mayo-junio de 2016, mostraban que el Presidente había perdido la confianza de la mayoría de los ciudadanos del país, pero también de buena parte de quienes se definían como chavistas.

Hay ocho elementos que me parecen esenciales para explicar el repunte político que empieza a manifestarse a partir de julio.

- La aparición de las lluvias mejoró la previsión de la energía eléctrica y permitió que aparezcan en el mercado las primeras producciones agrícolas que paliaron la situación de escasez extrema. En los meses subsiguientes apareció una abundante producción hortícola que, por intervención del Estado, pero también por cuestiones de competencia, redujo los márgenes de comercialización y llegó al pueblo a precios accesibles.

- Hubo un leve repunte de los precios del petroleo que permiten afrontar gastos básicos y cubrir algunas importaciones estratégicas.

- El Presidente acertó con la promoción de los Comites Locales de Abastecimiento y Produccion Solidaria ( CLAPS) que, como ocurrió con las Misiones, saltean instancias burocráticas y ponen en manos de los Consejos Comunales la distribución de las bolsas de alimentación. Las organizaciones de base no son perfectas, también allí hay acomodados y enchufados, pero son mucho más confiables que las estructuras institucionales y tienen mucho más control social directo. La aparición de los CLAPS dinamizó los Consejos comunales y se fortaleció la controlaría social en la distribución de alimentos. Hoy hay más de 20.000 CLAPS que atienden a 5.600.000, personas.

- Pasados seis meses de asumir la conducción de la Asamblea Nacional, es inocultable que la oposición ha asumido responsabilidades de gobierno manejando uno de los poderes del Estado.

En el tiempo trascurrido ha demostrado su total falta de voluntad para enfrentar la crisis a favor del pueblo, naufragando en la politiquería barata y de paso contribuyendo a desenmascarar otras responsabilidades, como es el hecho que desde hace años gobierna el Estado de Miranda donde se registra el mayor índice de criminalidad del país y las peores condiciones de abandono.

- El chavismo encontró respuestas para enfrentar la crisis elevando el volumen de voces y prácticas que eran marginales pero que tenían un acumulado, y aprovecharon la oportunidad para proyectarse masivamente como ocurrió con la promoción de la agroecología y del “comer sano”.

- El Presidente Maduro demostró capacidad de resistir presiones externas e internas para desandar logros del chavismo (como las expropiaciones) y empieza a encontrar un discurso que lo vincula al mejor Chavez y lo diferencia de la baja política, haciéndose cargo de temas esenciales como es el de la reivindicación de los trabajadores, de la promoción del trabajo y la producción, de la siembra y la soberanía alimentaria, de la preocupación por el crecimiento social y cultural de los niños, de la paz en el plano interno e internacional.

- El presidente acertó involucrando a las Fuerzas Armadas en la Misión Abastecimiento Soberano, porque pudo canalizar el descontento de las familias militares golpeadas por la inflación y el desabastecimiento. Se enfrentan directamente los mandos con los burgueses que esconden la comida y sabotean la producción, y aumenta el compromiso del sector militar con el gobierno, limitando el margen de acción de los agentes imperiales que buscan desesperadamente infiltrar posiciones golpistas.

- La propia torpeza y error de cálculo de la oposición que agotó los tiempos para hacer este año el Referéndum Revocatorio, despejan la preocupación coyuntural de confrontar electoralmente en un momento poco adecuado.

Desde lo político hay dos imágenes muy fuertes que he visto en la última semana que si expresaran tendencias (que) garantizarían una remontada estratégica del chavismo.

La primera imagen fue el brillante discurso de la canciller Delcy Rodríguez en las Naciones Unidas. Una pieza oratoria que puede llenar de orgullo a cualquier venezolano, se defina o no como chavista.

La segunda imagen fue la respuesta que dio el Presidente de la Asamblea Nacional Henry Ramos Allup cuando en el recinto que dirige recibió el informe del gobierno de Colombia de que no hay ningún registro de que Nicolás Maduro haya nacido en ese país. Muy suelto de cuerpo el Presidente de la Asamblea Nacional contestó que no está todo resuelto, solo una parte. Que ha mandado un pedido de informes para averiguar si alguno de los progenitores de Maduro es colombiano. Este tipo de respuesta, y de preocupaciones, llena de vergüenza a cualquier venezolano, sea no de la oposición.

Para no ser tan optimistas y recordando un graffiti del mayo francés que decía “la burguesía todo lo que toca lo corrompe”, agregaría que con la burocracia sucede lo mismo.

Me parece que es importante hacer y discutir políticamente un balance de lo ocurrido en los últimos meses. Podría suceder que el pueblo que soportó la escasez, el desabastecimiento, las colas, y la presión permanente de los agentes de la derecha para generar desordenes, y que encima se lanzó a sembrar con las uñas y a generar mercados populares o a garantizar que las bolsas de abastecimiento llegaran a sus comunidades, sea expropiado de su protagonismo por personajes que montando circos mediáticos de muy baja calidad, aportaron muy poco a enfrentar la crisis. Y que, en términos político-electorales, más que sumar, restan.

Podría suceder que medidas asumidas en situaciones de urgencia como son la apuesta al papel estratégico de las organizaciones de base, la preocupación de sustentar la soberanía alimentaria desarrollando el cultivo de las propias semillas, el control efectivo sobre las empresas privadas y estatales que ocupan posiciones claves en las cadenas de producción y distribución, la convocatoria a que sean los propios trabajadores quienes asuman el control de las empresas recuperadas y la iniciativa de comprometer a la juventud con la producción y con la vuelta al campo para garantizar la producción de alimentos con una visión agroecológica y sustentable, tengan el destino de ser valoradas como meras ocurrencias o recetas para enfrentar la crisis, pero no queden consagradas como líneas estratégicas permanentes.

En las marchas y contramarchas de las decisiones de gobierno se vislumbra un debate sobre la orientación que debe proponer el chavismo para fortalecer la cohesión nacional necesaria, que sustente su proyecto político que es golpeado sin misericordia por las usinas imperiales.

La táctica de hacer concesiones a la burguesía, de tranzar anticapitalismo por antineoliberalismo como sugieren los neodesarrollistas y sus mentores intelectuales que han fracasado en el continente, no parece ser la adecuada.

La circunstancia de que para alcanzar pisos productivos que garanticen la alimentación y la provisión de bienes y servicios básicos de la población, el gobierno se vea obligado a realizar acuerdos con empresario locales, o que para desarrollar proyectos que requieran grandes inversiones se apele a asociaciones con el capital privado, no exime de la cuestión de que debe ser el proceso revolucionario quien conserve el control político y determine las orientaciones generales. Estas concesiones a quienes tienen otras lógicas e intereses de clase son coyunturales y solo se justifican en tanto el poder comunal organizado, las empresas estatales y las dirigidas por los trabajadores, van haciéndose cargo del control total de las cadenas productivas y del conjunto de la economía. Como ocurre con el viejo Estado no debe confundirse la necesaria gestión de lo existente mientras se desarrollan las herramientas más adecuadas y se producen las transferencias de poder, con la remota idea de que pueda emparcharse lo que fue diseñado con otros fines.

En ese sentido, en lo político tampoco puede ser opción un chavismo que combinando estatismo con verticalismo promueva la soberbia o que apelando a las peores practicas del pueblo reivindique los códigos malandros de violencia y prepotencia arbitraria, entrando en un terreno donde no hay chance de vencer al imperio y sus tentáculos paramilitares. El ejercicio político del chavismo no puede reducirse a ser la contracara de la oposición, utilizando sus mismas herramientas y sus mismos métodos, sino una propuesta de naturaleza diferente con herramientas, orientaciones y una diferente vinculación con el pueblo. En ese sentido me parece un acierto del Presidente haber asumido el discurso y la práctica de promover la paz y el diálogo, que empieza por animarse a conversar horizontalmente con el propio pueblo aceptando sus críticas y sugerencias, descartando la suposición de que liderar supone no escuchar o decidir arbitrariamente porque se supone que al pueblo le gusta ser conducido, o no está preparado para tomar decisiones correctas.

Chavez, que era un pata en el suelo, podía advertir la diferencia entre lo mejor y lo peor del pueblo y por eso siendo llanero y soldado (dicen que no hay peor combinación machista que la de un llanero y un soldado), se reivindicó feminista.

Francamente no creo que los posicionamientos a los que menciono como de avance se resuelvan por las vías de asesoría, sino por el desarrollo de una articulación política del chavismo popular que pueda sustentar, disputar e imponer estas y otras propuestas, que están en sus convicciones profundas, en la síntesis de su experiencia histórica. Con la misma franqueza advierto que los cambios generados en ese espacio por el agotamiento de la matriz rentista y la necesidad de atender a urgentes necesidades de sobrevivencia, más otras limitaciones políticas que se arrastran desde hace años, han paralizado la iniciativa de quienes teniendo mucho que decir y aportar en esta coyuntura critica han limitado su influencia política a los bordes de sus propias construcciones. Que este espacio pueda articularse e incidir políticamente es una de las claves del futuro del proceso bolivariano.

He dejado para el último término lo que pueden pergeñar las usinas imperiales para los próximos meses, ya que al Presidente Obama se le agotan los tiempos, el partido de gobierno enfrenta una elección complicada y ha sido una constante de las campañas presidenciales estadounidenses apelar a los golpes de efecto en el plano internacional en vísperas electorales. Pensando en que el blanco elegido puede ser Venezuela debe tomarse en cuenta que el Imperio ha desarrollado una campaña de demonización del proceso bolivariano que ha conseguido logros hacia el interior de su propio país, y en algunos públicos que consumen las grandes cadenas mediáticas del continente, pero que no ha tenido éxito en el plano diplomático donde el gobierno venezolano ha cobrado una relevancia inusual siendo elegido para asumir responsabilidades como miembro no-permanente del Consejo de Seguridad y del Consejo de Derechos Humanos de Las Naciones Unidas, la presidencia de UNASUR y del Movimiento de No-Alineados. El otro punto débil es la situación de total desorientación e implosión interna que está transitando la MUD, que no pudo capitalizar la victoria electoral de diciembre de 2015 y ha fracasado en todas sus apuestas.

Sofocada la posibilidad de que los sectores más humildes de la población se sumen a una explosión social, su única apuesta posible era capitalizar electoralmente la disconformidad de las clases medias que hoy están siendo golpeadas por la guerra económica sin estar contenidas por las políticas de los CLAPS. La postergación de las elecciones de gobernadores y del Referéndum para 2017, complica los planes imperiales y de la oposición, que ven disminuidas sus posibilidades en la medida que pase el tiempo.

Solo les queda tratar imponer por la fuerza que este año se haga el Referéndum Revocatorio. Esta pretensión antidemocrática los llevará a profundizar el enfrentamiento con otros poderes del Estado que no controla la oposición: La Cámara Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal Superior de Justicia (TSJ)

El hecho de que esta convocatoria difícilmente puede masificarse, porque para los propios votantes de la oposición esa batalla está perdida, han perdido confianza en sus líderes políticos y como indican las encuestas están más preocupados por las cuestiones económicas. En esa situación puede volver a repetirse el escenario de 2013, donde la derecha intentó reemplazar masividad por la acción de grupos violentos, callejón que los lleva inevitablemente a aumentar su enfrentamiento con las Fuerzas Armadas y a aumentar su aislamiento político. Lo que puede ser diferente es lo que esté dispuesto a jugar el Imperio en esta nueva partida. Habrá que estar atento en las próximas seis semanas, en particular en la última quincena de octubre.

Lo que puede suceder en Venezuela en los próximos tiempos va a estar impactado por las inevitables presiones del imperio en todos lo terrenos y por el desarrollo de la lucha de clases en los países de nuestro continente, pero fundamentalmente por las opciones que tome el gobierno y el pueblo chavista.

La madurez expresada en los peores momentos de la crisis por el pueblo venezolano y algunas decisiones tomadas en los últimos meses por el presidente Maduro, promueven el optimismo. Sin embargo no podría asegurarse que, pasado el susto por perderlo todo, sectores burocráticos y vinculados a negociados no vuelvan a presionar para desvirtuar desde adentro el proceso revolucionario. La decisión sobre una posible continuidad de Maduro después de 2019, o su reemplazo por candidatos, que encarnan versiones estatistas, burocráticas y autoritarias del proyecto bolivariano y que profundizarán su desconexión con el pueblo, potenciará una disputa donde puede estar en juego la continuidad del chavismo en el gobierno y como proyecto revolucionario. Esta no es una mera disputa de ideas sino de tendencias y de fuerzas políticamente articuladas

Siendo un proceso con final abierto la opción de continuidad revolucionaria es posible. Mas allá de cómo se identifique políticamente y después de 17 años de revolución, hoy el pueblo venezolano tiene un acumulado histórico que permite sostener la continuidad del proyecto. Se trata de apostar con humildad e iniciativa a ese acumulado histórico, a la inteligencia y las mejores virtudes del pueblo y a sus capacidades creadoras.

Pero también se pueden hacer otras apuestas.

Valle del Tuy, 26 de setiembre de 2016.


Texto completo en: http://www.lahaine.org/sobre-lo-que-puede-ocurrir

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