Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

viernes, 13 de mayo de 2016

No Nos Pueden Doblegar Porque Mantenemos Intacta La Esperanza

No Nos Pueden Doblegar Porque Mantenemos Intacta La Esperanza 
Manuel Moncada Fonseca

Modernas pitonisas, más que prever el fin del progresismo en América Latina, han sido parte consustancial de las fuerzas mediáticas, de inteligencia y de otra índole que han venido preparando el terreno para desencadenar lo que ellas ya bendicen como viva expresión de ese colapso "previsto". Y aunque no lo reconozcan, deben sentirse jubilosas ante la racha de golpes que, en efecto, las fuerzas progresistas y revolucionarias de la región han sufrido y siguen sufriendo. En verdad, se colocan en un plano reduccionista, igualando realidades y circunstancias muy diversas como si de una misma nación se tratara, cuando de cierto son países identificados entre sí, en lo esencial, por el predominio en ellos de fuerzas que impulsan verdaderas transformaciones sociales. 


Mas los hechos están demostrando, por enésima vez, desde dónde se ha venido concibiendo, preparando y orquestando el panorama acusado: desde EEUU, desde la CIA, desde los grupos israelís que actuan en la región y desde los gobiernos lacayos que estas fuerzas han impuesto en Nuestra América, ello más allá de las falsas sonrisas y de las hipócritas declaraciones de unidad que manifiestan, dado que dichos gobiernos trabajan en función de las grandes corporaciones petroleras, farmacéuticas y de diversa índole... Sin embargo, es justamente el caso de Brasil el que transparenta por completo el asunto que estamos planteando, dado el contraste que representa el golpe, sin pretextos creíbles de ningún tipo, para suspender una presidencia por la que votaron 54 millones de brasileños. 


Veamos un poco más de cerca de qué estamos hablando. 

De Venezuela, país en el que unas elecciones entregaron la gran mayoría del parlamento a los opositores cipayos financiados, alentados y dirigidos por la CIA. No ignoremos que Obama, hace un año decretó que esta nación sudamericana es una amenaza directa contra la seguridad nacional de su país y, ahora, lo refrenda por un año más; él ha venido alentando a los opositores de la Patria de Bolívar y de Hugo Chávez para provocar desórdenes en ella y generar las condiciones para intervenirla militarmente. Y, desde Colombia o desde cualquier tribuna internacional en que se le dé cabida, el mafioso internacional Álvaro Uribe llama a arrebatarle la totalidad del poder a los chavistas. El mismo jefe del Comando Sur ha expresado su voluntad para actuar en esa proterva dirección.  

De Bolivia, país en revolución y con grandes avances sociales, en el que se produjo la derrota en el referéndum que le arrebató a Evo Morales la posibilidad de reelegirse, aun y cuando fuera por muy pocos votos; sin olvidar que los planes para liquidar a esta nación multicultural están en pie, porque posee, igualmente, mucha riqueza petrolera y gasífera y no sigue las consignas del Coloso...

De Ecuador, país en el que se desenvuelve, con grandes avances sociales en diversos campos, la Revolución Ciudadana, misma que ha colocado sus riquezas petroleras en función del bienestar social y no de las transnacionales como la Exxon-Móvil, las que no sólo las han saqueado enormemente sino que, además, han deteriorado severamente el medio ambiente. En contraposición, Rafael Correa ha impulsado “la restitución del ser humano como centro de atención de la política, el Estado y la economía, una redistribución más justa de la riqueza y el reconocimiento de los derechos de la sociedad y la naturaleza.” Por estas políticas, Ecuador se encuentra bajo peligrosos planes desestabilizadores de Washington, orientados a dar al traste con este proceso ejemplar de transformaciones sociales.
   
De la Argentina, nación que registró la derrota de las fuerzas kirchneristas en la elecciones presidenciales y el ascenso de Macri, perfecto títere yanquista dispuesto a entregar este otro gigante del cono sur, con toda su riqueza y territorio, a los fondos buitres; Las Malvinas a Gran Bretaña; a deseemplear a los pobladores, a privarlos de sus medios de comunicación y, en general, a privatizar todo lo que rinda tributos a EEUU y los oligarcas locales.  

El turno le llega a Brasil, aunque de modo muy distinto, salvo que hablemos del golpe de Estado contra Manuel Zelaya perpetrado en 2009, en Honduras, y del que se ejecutó para destituir al sacerdote  Fernando Lugo en Paraguay, en 2012. La democracia de corruptos e ignorantes atrincherados en el legislativo brasileño, ante sí y ante el yanqui, deseando apropiarse del petróleo y establecer un sistema sin derechos sociales de ninguna índole, han decidido destituir a Dilma Rousseff pretextando lo que lo que se les ocurra, para hacer del más grande país de América Latina un enorme botín digno de los colonizadores.    

Mas, los asuntos planteados están calculados igualmente contra Nicaragua, país en el que también se desarrola una auténtica revolución, mas en este caso, no tanto por su riqueza, como por su estratégica posición geográfica, con ventajosas condiciones para construir un canal interoceánico, que ya se encuentra en ciernes. Porque en definitiva, los capitales globales no quieren que nada ni nadie obstaculice su decisión de hacer del mundo su gran Mare Nostrum.    

Desde luego, Cuba conforma también parte insoslayable de los planes hegemonistas yanquis. Persiste el deseo de volverla al redil en que la mantuvo el sanguinario Fulgencio Batista. Se le quiere ver arrodillada, a la vieja usanza, sin progreso para el pueblo, sin salud gratuita, sin educación gratuita, sin seguridad social garantizada, sin sus grandes logros científico-técnicos;  en pocas palabras, sin su libertad para autodeterminarse. Por ello, el bloqueo en su contra se mantiene incólume, la base de Guantánamo no se ha cerrado ni se piensa cerrar, como tampoco devolverle a la isla el territorio en que dicha base se asienta. 

De modo que, aunque no soslayamos los errores cometidos por los gobernantes progresistas y revolucionarios, lo fundamental apunta hacia el imperio, no hacia ellos, que se han esforzado por brindarle a sus pueblos beneficios que los gobernantes entreguistas les han negado siempre o les pretenden cercenar ahora: democracia participativa, preservación y generación de empleo; salud para todos; techos para todos y otras reivindicaciones que las grandes masas no están dispuestas a que se las arrebaten...    

Por lo arriba anotado, no debemos caer en ningún tipo de ingenuidad: a Vilma Rousseff no se le depone sólo por ciento ochenta días; la idea es deponerla por todo el resto de su periódo e impedir luego que Lula se postule como candidato a la presidencia de Brasil. Debe considerarse que el sistema opresor, por muchas que sean las leyes y reglamentos que promulga, nunca se ciñe a nada que lo ate para actuar, apegándose invariablemente a sus intereses de uno u otro momento. 

El sistema en proceso de colapso total es expresión de descomposición en todos los órdenes. Debemos aventarnos a abatirlo para que termine su existencia. Pero ello debe hacerse abarcando al subcontinente entero, de otra manera se podrá salir nuevamente con las suyas. Por sí sólo no desaparecerá, somos los pueblos los llamados a ser sus sepultureros. En consecuencia, no debe apabullarnos, ni desmoralizarnos lo que está haciendo y tramando el Norte infernal contra los procesos progresistas y revolucionarios de Nuestra América, porque como dijo una vez Fidel "Los pueblos son como volcanes, se encienden sólos". Y como acotara, con mucho sentimiento y convicción, Aimé Césaire en su "Discurso sobre el colonialismo", todo dominio foráneo sobre los pueblos "se refugia cada vez más en una hipocresía aún más odiosa porque tiene cada vez menos probabilidades de engañar." Dichosamente, entonces, los pueblos hemos conservado y conservamos hoy, con mucha mayor razón, "intacta, la esperanza". Y, por sobre todo, nuestra determinación para que no nos dividan nunca más, porque en ello radica nuestra fortaleza.

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