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miércoles, 24 de febrero de 2016

Relación líder y masas. Sentido real del antiimperialismo

Relación líder y masas. Sentido real del antiimperialismo
Manuel Moncada Fonseca


1. Necesidad de visibilizar a las masas, su protagonismo y su papel determinante para el devenir histórico

El líder posee un espacio indiscutible en la lucha social, sin él ésta carece de norte, se atomiza y es fácilmente manipulable. "Los líderes se impregnan de la historia de sus países, recorren el territorio, hablan con su gente, escuchan y saben interpretar los anhelos de justicia social, las demandas de los trabajadores, las mujeres, la juventud y los pueblos originarios."(1) Su papel, pues, debe resaltarse. 

Mas tampoco se trata de ignorar a las masas populares, sobre todo por ser, sobradamente, el componente más numeroso de cualquier sociedad; porque entre sus miembros se encuentran los productores directos, llámense obreros, campesinos, artesanos, etcétera, es decir, lo creadores reales de la riqueza social en su conjunto; y no faltaba más, por ser las fuerzas motrices de las grandes transformaciones sociales, propiamente de las revoluciones, como expresiones máximas de la lucha de clases.

Sin obviar al líder, la acción de las masas debe visibilizarse cada vez más. Empero, consciente o inconscientemente, de forma deliberada o no, la balanza se inclina demasiado al lado del líder, al grado que, no pocas veces, éste pareciera ser, por sí mismo, el demiurgo de los cambios.

La propaganda política-ideológica que se monta sobre estas bases, a nuestro parecer, suele ser poco por efectiva.

Nuestras palabras, llevan la intención de invitar al sano debate alrededor de esta temática tan vital para el logro de una relación estrecha y fructífera entre el líder revolucionario (colectivo o individual) y las masas populares.

2. Reafirmemos el antiimperialismo ante sus detractores solapados

Imaginemos, por un instante, que EEUU, con demócratas o republicanos gobernándolo, tenga buenas relaciones -sin puñales traperos de por medio- con una nación cualquiera del planeta; pero al mismo tiempo, observemos el actuar real constante de esta gran potencia, fraguando planes para intervenir en África, Asia, Oceanía, América Latina y Caribeña y hasta en la misma Europa; ejecutando sus políticas para apoderarse de las riquezas del orbe; vomitando fuego contra cualquier gobierno o fuerza que rechace su intervencionismo en cualquiera de sus manifestaciones. 

Esa nación beneficiada con sus buenos lazos con EEUU, preguntémonos ahora, ¿tendría que ignorar a las demás; a las que resisten contra viento y marea a ese imperio, por entero  peligroso, que busca someterlas por la fuerza o con subterfugios engañosos de mil tipos? 

Y si la misma nación se declara antiimperialista ¿tendría que abandonar esta condición o “modernizarla”, tornándola edulcorada para preservar su suerte de estar de “buenas” con Washington? ¿Dejaría a un lado su carácter internacionalista con las que no gocen de la venia imperial? ¿Podría ser antiimperialista “modernizada” a lo interno y, en verdad, decididamente antiimperialista en el plano global?  ¿No equivale todo ello, acaso, a capitulación tangible ante las fuerzas de Occidente encabezadas por EEUU?

Las repuestas son sobranceras por lo obvio que es el mundo real, distinto al de las quimeras que pululan en todas sus latitudes.

El caso es que entre las fuerzas revolucionarias, existen elementos que habilidosamente edulcoran el antiimperialismo, como que si ello fuera la fórmula mágica para enternecer a la demencial y antihumana civilización occidental. 

En consecuencia con lo anteriormente expuesto, debemos rechazar decididamente el planteo de aquéllos que, dizque desde la izquierda revolucionaria, pretenden ridiculizar el discurso y, sobre todo, la práctica antiimperialista. Mucho de esto está presente en Europa, sobre todo, entre los que acertadamente han sido bautizados de conjunto como clero secularizado, cuyos miembros han apoyado las atrocidades de Occidente contra Libia y Siria por ejemplo. Aunque quizá en menor medida, otro tanto pasa en Nuestra América.

En relación con el caso sirio, leemos que se trata de que “... desde el 2011 se evidencia con claridad el papel legitimador de la guerra jugado por ciertos intelectuales de izquierda. Una parte importante de éstos ha optado por servir de coro a la guerra mediática contra Siria investidos de una áurea ilustrada y cargados de principios morales de factura occidental. Desde sus púlpitos en los medios alternativos pero también en los masivos elaboran explicaciones, justificaciones y relatos que presentan como principios éticos cuando en realidad se trata de su opción política. Ridiculizan y simplifican, manipulan y tergiversan la opción de los militantes antiimperialistas..." 2

Aunque la cita anterior se refiere a la izquierda otánica, en Nuestra América, hay gente que, declarándose contra la guerra, coinciden en algo esencial con aquélla, a saber, en burlarse de quienes se declaran antiimperialistas, considerando que el imperio es ya algo superado, razón por la cual entrecomillan este concepto. 

Aclaramos, no obstante, que ser antiimperialista no significa ladrarle al imperio o, peor aún, declararle la guerra a muerte. Tampoco significa, por ejemplo, descortesía diplomática hacia un visitante del imperio. Cuba dice con razón que brindará un trato respetuoso a Obama en la visita que éste realizará pronto a la isla. Distinto ocurre con países que están siendo agredidos militarmente, mismos a los que no les queda más alternativa que resistir con las armas en la mano al agresor foráneo, como sucede con Siria, Yemen, Iraq y con los kurdos, por ejemplo.  

Si el imperio ya dejó de existir, debemos preguntarnos: ¿Será falso que Obama está apostando a desestabilizar a los gobiernos revolucionarios y progresistas de la región latinoamericana y caribeña? ¿No es su administración, acaso, la que alienta a la oposición venezolana a derribar al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela? ¿No es esencialmente eso mismo lo que promueve contra Rafael Correa, en Ecuador, y contra Evo Morales, en Bolivia? ¿Y será que tiene propósitos fraternos con la Revolución Cubana? ¿No son sus agentes y sus vasallos en Nicaragua los que quieren frustrar la construcción del canal interoceánico que en ella impulsa el Gobierno Sandinista?

Y en Oriente Medio y el norte de África, ¿no sigue Obama el curso de sus antecesores cumpliendo las líneas de dominio brutal que, rato hace, ha trazado el establishment global; el que destruyó a Libia y hoy se apresta a reintervenirlo con sus cómplices europeos y sus hienas terroristas; el que está tras las macabras maniobras del turco Erdogan, los gobernantes saudís, qatarís, israelís y, ya no se diga, de las atrocidades del Estado Islámico? ¿No fue su administración la que colocó al fascista Porochenko al frente de Ucrania?

Se necesita ser ciego, sordo y mudo para negar estas realidades impuestas al mundo por el dólar maldito. Ante su dominio, se requiere el internacionalismo entre los pueblos.

De ahí que Sandino llame a que no le hagan el desfavor de llamarlo localista por ser nicaragüense, porque su lucha, siendo nacionalista por su forma, resulta internacionalista por su fondo. Martí, habla en el mismo sentido cuando dice que, aunque existe una patria inmediata, "patria es humanidad". Bolívar, a su vez, nos dice: "La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino."3

Marcos Roitman Rosenmann Caudillismo, caudillos y líderes políticos en América Latina. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=166084
2 Ángeles Diez Rodríguez. “Intelectuales al servicio de la guerra contra Siria”. http://www.cubadebate.cu/especiales/2013/09/19/intelectuales-al-servicio-de-la-guerra-contra-siria/

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