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lunes, 23 de noviembre de 2015

¿Qué es eso de la democracia?


Publicado el 15 marzo, 2013

Democracia. Uno de los términos más usados en política desde hace siglos, y tal vez por eso, uno de los más prostituidos, re-definidos y malinterpretados. Tanto, que muchas de las personas que luchan por un verdadero poder popular han dejado de querer usarlo.

La democracia es presentada como algo deseable por la práctica totalidad de las ideologías presentes en la actualidad; comunistas, socialdemócratas, liberales, conservadores y reaccionarios de toda índole no dudan en reivindicar las bondades de un sistema democrático (al menos en su discurso público). Sin embargo, no hay que ser un politólogo de prestigio para darse cuenta de que, tras el mismo nombre, se están reivindicando ideas muy diferentes de participación social y gestión del poder.

Toda persona que hable de democracia entiende que se trata de un sistema donde la soberanía reside en última instancia en el pueblo o la ciudadanía. Si realizamos un análisis etimológico del término, nos encontramos con que viene a significar “poder del pueblo”; sin embargo el problema viene a la hora de definir CÓMO ejercer ese poder el pueblo.

La idea de democracia no ha representado lo mismo en el imaginario colectivo a lo largo de la historia, y tampoco representa lo mismo para todo el mundo en la actualidad, mientras vivimos una clara crisis del régimen político. Por eso, creemos necesario realizar una breve reflexión sobre diferentes enfoques a la hora de entender esta idea.

La idea liberal: De aquí parte la idea primitiva de democracia capitalista, donde el factor más importante son los derechos individuales frente a los abusos del poder. Es la democracia de los mercaderes, clase en sus tiempos oprimida por reyes y nobles, y que desean una seguridad jurídica pensando fundamentalmente en que la arbitrariedad de las decisiones reales no afecten a sus negocios. Aquí el poder del pueblo es presentado como un simple espacio de garantías jurídicas frente a un poder representado como “caprichoso”, y por tanto perjudicial para el desarrollo de las sociedades.

– La democracia “representativa”: Esta es la idea de democracia que se consolida fundamentalmente tras la segunda guerra mundial. Sociedades con grandes diferencias entre grupos sociales, pero que gozan de una gran homogeneidad a lo interno. Los partidos representan proyectos de sociedad, y existe una gran correlación entre la ideología y la práctica política de cada partido. Los partidos socialistas ponían énfasis en construir sociedades pensando en el beneficio de los trabajadores, los partidos liberales se centraban en basar la sociedad en base al mundo empresarial, los partidos democristianos en sociedades con un fuerte peso moral católico… etc. Este modelo llegó a ser muy representativo, mientras existía esa homogeneidad a lo interno de los grupos sociales (trabajadores, capitalistas, cristianos… etc); sin embargo, los profundos cambios sociales han llevado a que los partidos que nacieron entonces, ya no representen realmente a grandes grupos sociales con intereses similares desde un punto de vista subjetivo.

– La democracia de consumo: Este es el modelo de democracia del capitalismo avanzado, donde las diferentes opciones políticas son apoyadas por cuestiones de poca profundidad ideológica, muy basadas en el marketing que busca crear sensaciones (seriedad, responsabilidad, juventud) más que representar formas de ver el mundo, es decir, ideologías. La democracia se representa como la libertad de elección entre varios partidos/producto que nos intentan vender. Prueba de ello es ver de lo que suelen hablar los tertulianos televisivos tras un debate entre políticos en tiempo electoral: “Hemos visto a Rajoy transmitir seguridad/ La corbata de Zapatero estaba mal puesta, y eso transmite bla bla bla…”. Lo superficial pasa a primer plano, mientras lo ideológico apenas es comentado.

¿Y esto por qué? Puede ser que tenga algo que ver el hecho de que los grandes partidos representaban en realidad el mismo proyecto de sociedad neoliberal, pero para mantener la imagen de democracia es necesario presentar el pensamiento único como una elección entre diferentes. Eduardo Galeano representaba esto con una historia de un cocinero, que reunía a las gallinas para que decidieran democráticamente con qué salsa querían ser cocinadas. Cuando las gallinas se quejaron de que no querían ser cocinadas, el cocinero les increpó que tenían libertad de elección dentro de un procedimiento democrático.

– La democracia participativa: Esta es, desde mi punto de vista, la concepción más profunda de democracia, y a la que yo añadiría el calificativo de “socialista”. El punto fuerte sobre el que se basa este modelo es el debate colectivo y la capacidad de creación, donde la democracia trasciende mucho más allá de la elección entre cosas ya dadas, y permite abrir la toma de decisiones de forma que no existan límites. Una democracia directa, que va más allá del apoyo individual en forma de voto a un partido o medida política, sino que parte de un debate colectivo donde la decisión final contará con la aportación de diferentes puntos de vista.

Cada uno de estos modelos de democracia ha resultado ser hegemónico en determinados momentos de la historia, dependiendo de la correlación de fuerzas entre clases sociales, del proyecto político (y por tanto de la clase) hegemónico. Es por esto que no podemos plantearnos la democracia como un “fin” en sí misma, sino como un medio para conseguir algo; y esto es lo que nos hace comprender lo que subyace detrás de cada modelo. En el primero la democracia es una herramienta para mantener a salvo los negocios (derechos individuales), mientras que en el último la democracia es una herramienta para transformar de forma más directa la realidad existente, es una herramienta para el cambio social creativo, y que permite a las mayorías sociales conquistar sus derechos.

Si bien es cierta la crítica que mantiene que hablar hoy en día de democracia, es hablar del modelo que existe ahora (la gente la entiende así); ¿creemos de verdad que debemos abandonar este término? No podemos desaprovechar una idea que está fuertemente arraigada en la sociedad, por lo que nuestra labor debe ser reconstruirlo y llevarlo a la práctica.

¿Pero cómo debemos hacer eso? Eso es algo sobre lo que deberemos reflexionar fuertemente, pero lo que sí tengo claro es cómo no debemos hacerlo; y esto es mediante el debate académico. La democracia hay que construirla, crearla, no teorizarla.

Aquí nadie dice que esto sea fácil, dado que los seres humanos no sabemos vivir democráticamente. En la familia aceptamos una autoridad no democrática, así como en la escuela, la iglesia, el trabajo… etc. ¿Como esperamos que la gente se comporte de forma democrática si nunca han vivido bajo lógicas democráticas?. Es por esto que resulta fundamental generar espacios donde el poder popular se ejerza de forma participativa, crear dinámicas que hagan comprender a la gente los beneficios del debate colectivo y directo.

Debemos crear espacios verdaderamente democráticos, que sean la semilla de una futura sociedad verdaderamente democrática. La sociedad no se cambia con estudios o discursos, se cambia transformándola en lo cotidiano.

https://marxismoirreverente.wordpress.com/2013/03/15/que-es-eso-de-la-democracia/

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