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jueves, 19 de noviembre de 2015

El abuso de las tecnologías nos desequilibra


El abuso de las tecnologías nos desequilibra
Andrés López* 

19-11-2015 | 

No somos plenamente conscientes de ello, pero muchos estudios demuestran que el abuso de aparatos electrónicos nos está haciendo perder el equilibrio personal, afectando al entorno social que tenemos más cerca. Pero también más lejos si estamos continuamente enganchados a los teléfonos móviles, redes sociales, juegos y otros.

Pasamos más tiempo mirando a los aparatos electrónicos y utilizando las redes sociales, que mirando a los ojos de las personas que tenemos más cercanas. E incluso cuando estamos tomando un café entre familiares, amigos u otros, seguimos con más atención a lo nos llega por vía WhatsApp, facebook, twitter, instagram, etc., que a la conversación con nuestro interlocutor físico. Lo que nos condiciona a una pérdida de calidad comunicativa personal, y también a que nuestras vidas estén cada vez más desequilibradas, debido a que nuestro cerebro no está preparado para atender a las cuantiosas demandas de todas las personas virtuales que se comunican con nosotros. Y es que el uso de sistemas electrónicos se ha convertido en un órgano más de nuestra anatomía; vayamos a donde vayamos, el teléfono móvil, la tablet, etc., nos la llevamos inseparablemente con nosotros. Por ejemplo, el teléfono móvil se ha convertido en un incentivo más a la hora de practicar alguna de las actividades físicas; una variedad de aplicaciones nos indica el tiempo, la resistencia, las pulsaciones, el recorrido orográfico que realizamos, y otras muchas funciones mientras caminamos, conducimos, etc. Esto antes no era así, ya que el deporte significaba desconectar de todo. Pero las nuevas tecnologías se han convertido en una nueva herramienta que nos distrae, y nos hace ver nuestro nuevo mundo en conexión durante las 24 horas.

Ni siquiera somos capaces de estar un día sin consultar las redes sociales, o mucho menos, no llevar encima el teléfono móvil. De hecho, muchas personas cuando se despiertan, lo primero que hacen no es precisamente ver cómo ha amanecido el día, sino consultar el teléfono móvil, que obviamente suele quedarse encendido durante el sueño pero en modo silencio. Se suele leer los mensajes de WhatsApp que más interesan y contestar automáticamente. Es decir, existe una cantidad de información digitalizada que nos comunican con el resto de nuestros contactos permanentemente. E incluso se expresa el estado anímico a través de frases, como es el caso de WhatsApp, donde manifestamos nuestra alegría o nuestra tristeza: “es difícil olvidar”, “hoy empiezo mi nueva vida”, etc., son algunas de las emociones que expresamos a nuestros contactos. Por supuesto, con la intención de que sea leída y llame la atención.

Pero, ¿qué ocurriría si nos apartamos por un día de las tecnologías? Parece que la opinión a esta pregunta puede responderse con facilidad, pero la realidad es que las tecnologías se han convertido en nuestra nueva adicción del siglo XXI. Llegando a convertirse en una nueva patología denominada “tecnoadicción”, que afecta cada vez más a adolescentes y adultos, indistintamente. Lo que nos lleva a una pérdida de concentración con la realidad social, con nuestros hábitos cotidianos, y a muchas otras anomalías en nuestra vida. De manera, que estamos cometiendo el error de no controlar nuestro “enganche” tecnológico, y con ello, perjudicando nuestra salud psíquica.

Si tuviéramos en cuenta los estudios antropológicos y sociológicos que se realizan en el panorama social, muchas personas se darían cuenta que llegarían a sentirse más libres, menos condicionados y mucho más felices. Solo es cuestión de proponérselo y empezar a desengancharse durante periodos largos de tiempo a no sentir la necesidad de consultar las redes sociales, WhatsApp, etc. Y si somos capaces de vencer a los primeros síntomas de soledad, tristeza, ansiedad, etc., estaremos en el camino correcto de nuestro equilibrio humano y quizás de alcanzar nuestra armonía familiar perdida.

* Andrés López, es antropólogo.

http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article95102

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