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lunes, 9 de febrero de 2015

FSLN en el destino de la democracia


FSLN en el destino de la democracia
Edwin Sánchez

Viernes 6 de Febrero 2015 | Edwin Sánchez

El Frente Sandinista se las jugó todas por empujar la historia, y lo continúa haciendo, a partir de dos momentos trascendentales: 1984 y 1990.

Fueron las coordenadas fundamentales de nuestra democracia: el Génesis de la República. Y ganó y perdió con un tribunal electoral compuesto por la misma Revolución.

El presidente Daniel Ortega aceptó la decisión de las urnas, y reeditó ese respeto a la adversa voluntad colectiva en 1996 y 2001, a pesar de que la derecha conservadora no apostó a la educación cívica, sino a prefabricar, en algunos sectores poblacionales, el temor, en tanto agitaba los instintos con el engaño de un enfrentamiento con los Estados Unidos.

La derecha que le ha tocado padecer a Nicaragua, en su expresión más vetusta, no evolucionó como el Frente del general Augusto César Sandino. Es un triste pasivo, un lastre que resta velocidad al desarrollo: la histeria respecto al Canal intenta atrasar la Historia.

El FSLN demostró sus calidades democráticas al impulsar, desde la Jefatura de Campaña, bajo la responsabilidad de la intelectual sandinista Rosario Murillo, un mensaje de paz y de solidaridad, en las dos últimas elecciones, traducido en vitales programas sociales y en el impulso de la alianza gobierno-empresariado- trabajadores.

No al ojo por ojo de la infamia

Aquí, en 2006 o 2011, no anduvo un embajador de Venezuela haciéndole el lado al candidato presidencial del sandinismo, por ejemplo.

Tampoco acudió al ojo por ojo de la infamia, cuando a falta de argumentos, la derecha denigró y aún invade la vida privada de dirigentes del FSLN. El diente por diente del escarnio no existe en los sentimientos cristianos del liderazgo sandinista.

En 2011 los poderes fácticos no tuvieron el decisivo rol protagónico de los 16 años neoliberales. La ciudadanía, por primera vez desde el 90, pudo escoger las propuestas convenientes en libertad, no coaccionada por los miedos infundados como el Servicio Militar, el desabastecimiento y el retorno a la guerra.

Se llamó a lograr la grandeza de Nicaragua y por fin se rompió la nociva atadura generacional de azuzar la primitiva hostilidad de timbucos- calandracas; legitimistas – democráticos; liberales-cachurecos; León versus Granada. La nueva propuesta fue una feliz ruptura de la atroz polarización de los gobiernos anteriores.

Se buscaba, se hace, construir la democracia con inteligencia, elevando el espíritu del nicaragüense delineado por Darío y Sandino, y no retrocediendo Nicaragua a la Edad de Piedra de los odios viscerales.

Pero los demonios de la confrontación que pululan en las cavernas políticas que quedan, cuyos jefes detestan entrar a la modernidad, no se dan por vencidos, y en la menor oportunidad, como el rayo buscando el palo seco donde descargarse, contaminan el medioambiente que no solo está compuesto de árboles y humedales, sino de gente y gente de buena voluntad.

Todos esos que desde la derecha hablan de forma aséptica de la democracia, sin haberla practicado en sus clanes de poder partidario o en sus despachos ministeriales cuando fueron gobierno, hoy “dictan” lecciones sobre su “vocación republicana”.

Democracia consiste en reconocer la decisión del soberano, tan básico como eso. Venir con el cuento del “fraude” electoral no es más que desconocer el voto del pueblo, esa clara y magna voz colectiva que entona, marca y actualiza el rumbo del país cada cinco años.

Desde que la minoría radical perdió en 2006 y 2011, sin incluir alcaldías y gubernaturas en el Caribe, han tratado de desprestigiar el mandato popular, sabiendo muy bien que las vastas multitudes de nicaragüenses no quieren nada con una derecha hundida por sus mínimos líderes.

Desde el finado conservador Emilio Álvarez Montalván, que al día siguiente de las elecciones, dolido y hablando con el sentimiento y no el cálculo político, culpó de su fiasco a la derecha, hasta recién su correligionaria Miriam Argüello, concluyen que estos micro partidos son un fracaso: “No tiene la capacidad para poder hacer”.

Llevado a términos porcentuales, M&R Consultores, estableció que esta derecha goza apenas del 8.1% de simpatía partidaria. Y en un año preelectoral, el 70.7% de los consultados desaprueba el papel que desempeña en el país. 

Son expresiones y números en rojo. Las siglas opositoras son una compañía quebrada. ¿Cómo, entonces, reclaman lauros electorales?

Mario L. Valenti, dirigente de un pequeño grupo, trata de salir de las cavernas donde el “Gran Líder” alcanza el Nirvana, igual que sus colegas del fragmentado paisaje jurásico de la oposición. El escribió este diagnóstico de la derrota opositora:

“La generación anterior lucha a toda costa con tal de no darnos espacio, ya que temen en que les quitemos su rol político. No existe un líder de verdad que nos motive a participar, ya que los actuales líderes están con la opinión pública hasta el piso”.

“La Prensa” volvió a reconocer la debacle derechista de vieja data y su patética telenovela de la unidad: “Estos esfuerzos unitarios amplios no han colapsado de manera aparatosa y penosa, como la pretendida y frustrada unidad liberal, pero se han extinguido por inercia o subsisten solo de manera formal, sin capacidad para generar acciones que les permitan presentarse como alternativa de poder o por lo menos de una fuerte y respetable oposición”.

Fíjense bien las palabras empleadas en este selfie conservador Valenti-Argüello- “La Prensa”: Incapacidad al cuadrado, temor, inexistencia, piso, colapso, aparatoso, penoso, frustración, extinción, inercia, subsistencia…

En vez de un partido de oposición, estos hablan de una partida de defunción. En ningún país del mundo un candidato con semejante lápida inspiraría un voto, a lo sumo, quizá un epitafio piadoso. ¿Por qué, entonces, echarle “el muerto” al tribunal electoral?

Solo la miseria humana explica el interés de la élite minoritaria de no reconocer la victoria del comandante Daniel Ortega.

Aunque les duela hasta en los talones del rencor, el sandinismo entró en el destino de la Democracia.

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