Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

lunes, 12 de enero de 2015

LLAMARADAS DE SANDINO EN CRUZ Y CALAVERA


LLAMARADAS DE SANDINO 
EN CRUZ Y CALAVERA
CARLOS ARTURO JARAMILLO G.



Primera Entrega
Existen sujetos que viven frente al pueblo como una metáfora, y la imagen, favorable a ellos, forma la sustancia, en donde el pueblo ve su jerarquía interpretada.

JOSE LEZAMA LIMA


El hombre y los pueblos pueden alcanzar su vivir de metáforas, y, la imagen mantenida por la vivencia oblicua puede trazar el encantamiento que revista la unanimidad.

Cuando el pueblo está habitado por una imagen viviente, el estado alcanza su figura. El hombre que muere en la imagen, gana la sobreabundancia de la resurrección, siendo enterrado y desenterrado hasta que logre su paz, con una plenitud eficiente.

Hemos invocado al ángel de la Jibarilla en el juego de las eras imaginarias.

Del combate descompuesto en un eco y un remolino, que como el gran zumbido que representa lo temporal, el tiempo no encarnado el tiempo que no hace historia, forma sutil de resistir sin hacer historia.

Tiempo que resiste como una sustancia y un espacio que vuela en donde el mismo campo óptico que lo ha recreado recibe el tiempo que va cayendo en el temporal.

José Lezama Lima.


José Lezama Lima
Imagen tomada de La Tercera. "Cuba reivindica la obra de José Lezama Lima en el año de su centenario".

Aún cabrían otras vías, aparte del realismo y el testimonio, para la introducción de la novísima narrativa: el intento de edificar vastas estructuras interpretativas del largo tiempo latinoamericano y del largo espacio del continente. Abandonado el modelo historicista romántico de la reconstrucción de períodos pasados..... Los narradores se abalanzarían sobre la eventualidad de un discurso global conjunto e intercomunicado de distintos tiempos o distintos espacios.


Ángel Rama


Ángel Rama, escritor y crítico literario nacido en Uruguay
Imagen tomada de "Sobre Ángel Rama". Albaciudad.org

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Sandino y su Estado Mayor en 1933. De izquierda a derecha: Generales Francisco Estrada, Augusto C. Sandino, Juan Pablo Umanzor y Sócrates Sandino.  
FOTO TOMADA DEL LIBRO: SANDINO. Iconografía Básica. Biblioteca Central de Nicaragua. 1979.

Las huellas de la memoria llegan difusas, tergiversadas por las historias de los sustentadores del poder de la comunicación y la educación, en la versión de los vencedores. Los recuerdos nos persiguen como caminantes sin tiempo, piden a gritos que se abran las otras miradas. Las imágenes llegan para habitarnos. Cuando supe de la existencia de alguien que se decía Secretario Privado, de Cesar Augusto Sandino, no pude volver a conciliar el sueño.


En este país, mediante el chiste o la ridiculización, se destruye a las personas que tienen valor y que no se han entregado a los requerimientos del espectáculo que exige la burguesía, bueno ni siquiera es una burguesía, es un segmento de capataces de los intereses de las multinacionales. Comisionistas que se ufanan de cultos, de tener un gran sentido de humor y de burlarse de los pobres del mundo. 


Es un país gobernado por mediocres que se dicen inteligentes y si la inteligencia es usada para asesinar en masa y selectivamente, pues yo no quiero tener esa inteligencia. Es como la simiente sembrada por los colonizadores, en un mar repleto de sangre, de repetidores, de bufones y de capataces más asesinos que lo que pueda imaginar cualquier fantasía humana.

Esperé con ansiedad la cita que le pedí a Armando Oviedo, para poder entablar una conversación de versiones diferentes sobre la historia del Nuevo Mundo, la historia que siempre me ha interesado y que se oculta. La Academia de Historia, la universidad, los colegios; en su mayoría, se visten de gala, para instalar la historia de los vencedores, bajo el precio de su confort y supuesta erudición. Si se busca bien, se encuentran retazos de historias, camufladas, escondidas, a la espera de que alguien las destape. 

De Alfonso se dice que es un delirante mentiroso, un loco. Es la manera cotidiana, con que se descalifica su versión. Lo vi sentado, con la dignidad de un personaje pobre. Toma un café, acompañado de agua con limón. Está vestido con una camisa blanca y un pantalón caqui raídos. Siento que se ha colocado sus mejores prendas para la cita. Nos presentó Armando y la conversación suena a ficción, ante mi escasa información sobre los hechos que narra. Maldije la ignorancia sobre la historia. Oscilamos entre dos alternativas; la primera, no nos gusta la historia oficial al percibir que algo falla y la otra, es la ausencia de información sobre las otras versiones de la historia. En los libros apenas si se hace una leve mención a los acontecimientos. Cuando descubrí que existen otras posibilidades de la historia de la humanidad, que no se originan de las raíces griegas, fue mayor mi asombro. Me sentí con rabia, me han engañado en todos los sentidos. Me han encerrado en una cárcel, en donde soy preso de versiones muy limitadas. Primero me encontré con la filosofía cuántica. Segundo las historias de la Atlántida y sus múltiples emigraciones y luego con la posibilidad de manejos de energía muy avanzada, desde hace millones de años. Luego la posibilidad de otros sistemas de expresión de vida, generados desde la oscuridad. Entendí que el principio no era la luz, sino la oscuridad y desde la oscuridad, debería generar la luz. Debo llegar al saber habitado por las tinieblas, en donde están las partículas en movimiento que pueden producir la energía para generar la luz. 

Alfonso me cuenta su ida a México y a Nicaragua como corresponsal del Excélsior para entrevistar a Augusto Sandino, en donde fue su secretario privado y reconocido como Capitán Colombia.

La publicación del libro sobre Sandino en Argentina y las humillaciones sufridas en esta ciudad Villa Viciosa De La Concepción de San Juan De Los Pastos, por ser liberal de izquierda. 

Al ver mi interés, insistió en mostrarme las pruebas de su pertenencia a las fuerzas de Sandino. Quedamos de vernos en próximos días en mi casa, para empezar el trabajo. Me dolió su estado, era casi un mendigo, sus dientes desgastados, su piel me dice que está mal alimentado. 

Le pedí datos a Armando y me confirmó mis sospechas. Alfonso vive de la caridad de sus amigos y la caridad desgraciada de los que se mofan de su estado de miseria, lo saludaban en son de burla y lo muestran como ejemplo a los jóvenes que pretenden estar en la izquierda. “Apenas se gradúan se vuelven de derecha. Son cosas de la juventud. Y si no, miren el estado de este pobre hombre. Sus hijos lo desprecian, solo, vive de la caridad nuestra.” 

El laberinto de la vida contiene vericuetos de encuentro y partida. Alfonso Alexander, escritor, periodista, liberal radical, nacido en la tierra de los sombreros de paja de toquilla, en medio de las altas montañas y los profundos abismos; en su extenso recorrido por Latinoamérica, ha practicado varias profesiones: de corresponsal de guerra a preso y cocinero, de soldado a capitán Colombia y secretario privado de Sandino y Ministro de Relaciones Internacionales. 

Los señores “importantes”; conservadores y liberales, lo mismo da; lo ignoran, lo ocultan bajo el epíteto de loco delirante. En Villa Viciosa de La Concepción, Alfonso ha cometido el pecado, de escribir un libro titulado; Sandino, publicado en la argentina y, Pasto Ciudad Teológica y Sifilítica. No se lo perdonan. De la expulsión y quema de sus libros quedan cuatro copias, a las que nunca pude tener acceso. Hay que defender las familias de bien. -Me dijo-. El presidente de la academia de historia. Un revolucionario que terminó escribiendo poemas, a los caballos del ejército que atropellaban a los estudiantes revolucionarios.

Se inició el diálogo, se creó confianza. En la segunda cita, me mostró la pañoleta del ejército sandinista, una que otra foto de campaña, y nos dimos a la tarea de iniciar la conversación, en donde iba hablando como quisiera y yo le daría orden, en la medida en que me empapara de su historia. 

Dialogamos, si podíamos escribir un libro a dos manos. Lo intentamos, pero los estilos eran diferentes. Quería escribir para vender. La pobreza lo ha aporreado. Su dignidad lo mantiene vivo y coleando. Su tiempo no es mi tiempo. Lo entendí el día que supe que había muerto.

La escritura sigue su marcha, como producto del trabajo de meses de escucharlo, de identificación, de intercambio de opiniones, como un aporte al pueblo que ha probado un aroma que no se olvida; el sabor de la libertad.

Discutimos la expresión y el lenguaje, en el intento por recomponer y complementar las imágenes seccionadas. Desde su estilo de fuerza y emociones tele novelescas, como lector de Marcial Estefanía, y yo desde mi sentido de la literatura como un mundo poético. Gritos y susurros, mi escritura se impone, sobre las grabaciones de Alfonso. Iracundo se pierde semanas enteras y no regresa a trabajar. 

Mi paciencia se estira. No me interesa que el libro se venda o no se venda, sino dejar una expresión que pueda sobrevivir en la memoria. 

Hay que pelear con el sentido de la fama. Creo que los escritores buscan ser leídos y recordados. No sé si mi intención sea ser recordado. Si leído. Y más que leído, poder aportar en la reconstrucción de las historias de los vencidos, en las historias no contadas y enterradas al olvido, para tener los imaginarios sustentados en variantes históricas que nos impidan volver a cometer los errores. Son las historias que pudieron haber sido y no fueron y claman por ser; como lo dice Carlos Fuentes, en Terra Nostra. En Latinoamérica poco a poco se logran expresiones diferenciales. En Chile con Allende, y tras saltar el hueco horrendo de Pinochet, se intenta revivir un nuevo sentido. En Venezuela con el movimiento Bolivariano. En Colombia con el intento del M19, el Polo democrático y el Movimiento Patriótico. En Brasil, Bolivia, Ecuador. Se abren ventanas, puertas, se recorren caminos, trabajados por los hombres como Sandino, el Che, Alfonso Alexander, Chávez, Marulanda, Pizarro, Correa, Morales, que simbolizan cientos. Miles de ellos. 

Reportamos su presencia a la embajada de Nicaragua y la invitación no se hizo esperar. Tiene miedo. Lo he reconstruido prácticamente. Desde darle comida decente a vestirlo. Es otro hombre. Es el Capitán Colombia de nuevo, dispuesto a regresar a Nicaragua, para recorrer sus pasos. 

Vamos en viaje a Nicaragua. En San Salvador, se montan en el avión campesinos que en sus rostros traen la expresión de la violencia. El Frente Farabundo Martí, ha ganado varias batallas. A Alfonso, la nueva realidad le es desconocida y familiar. En cada rostro de un muchacho del Frente Sandinista, cree reconocer a un viejo compañero de armas. 

Las lágrimas brotan de la emoción y la alegría; Latinoamérica no ha olvidado que tiene que mostrarse altiva, ante la prepotencia, ignorancia y glotonería, del vecino gobierno, representado en sus negociantes yanquis. Un gobierno Sandinista se hace respetar y abre una posibilidad para una revolución diferente, más latinoamericana, menos ortodoxa, bajo la dirección del Frente Sandinista, con Daniel Ortega. 

El abuelo se pasea sobre su hamaca, al sentir la quietud del polvo en la brisa de la noche. En las horas de la mañana irá lejos. Se lo ve esperar al sol. Se lo siente partir con su revólver. Nadie pregunta para donde va. -A solucionar una carajada sin importancia-. Dijo. Al recibir la taza de café. Sube a su caballo y se marcha, para dejar las huellas de las herraduras como escritura que las borra el viento.

Hay tumultos en el caserío. Lo van a fusilar a pesar de las protestas de las autoridades locales. Se ha tomado como suya la tristeza de Gabriela que se mece sin desespero. Un tiempo sin detención y sin avance. La mirada sobre el punto, en donde se detiene un lucero. Las manos depositadas entre sus piernas, en el túnel de la desidia.

Buenos días Míster Robinsón-.

Buenos días señor. ¿Porque no está soqueando en la plantación?

Vengo por una deuda.

Que recuerde está a paz y salvo. Usted cumple.

Mi deuda no tiene precio Míster Robinsón.

No lo entiendo. ¿Quiere un préstamo?

No señor. Usted perforó la mina de Gabriela. Se llevó el tesoro con que alumbra y espera su pago. 

Creo que es mejor que abramos otro túnel.

Yo cumplo señor Robinsón. Usted verá. Dijo al salir cuando llegaron por él.

El abuelo no volvió a dejar caer la talanquera. Dicen que se dejó matar, cansado de comprar pedazos de todo, porque el dinero no alcanza para un atado completo.

No vale la pena robar. Nos quitaron a Panamá. Ahora no me van a robar mis tierras; en donde con arena de mar bañamos a Bolívar, en lo más vivo de su soledad, mientras murmuraba: “Edificamos sobre el mar, aramos sobre el viento”. Eran las palabras repetidas por el abuelo, cuando sonó la descarga del pelotón de fusilamiento.

El abuelo se pasea por las calles de Santa Martha. Aprecia los cargamentos en los barcos y escucha a los marines. Hablan de otras plantaciones; en Tegucigalpa de Honduras y Puerto Cabezas, en la Costa de Nicaragua.

Nuestras repúblicas bananeras. –Dicen–. Al contemplar las bodegas llenas de verde pinto y amarillo. El orden, la seguridad de la región, están bajo el mando del General Cortés Vargas, el hombre que días después ordenó disparar contra los huelguistas concentrados en Ciénaga, como señal, para la escritura de cien Años de Soledad, en las piernas cansadas de uno de los Buendía.

Mahecha, solicitó trecientos mil fusiles. La dirección del partido en Bogotá, le pide a Rusia tres mil fusiles, al no darle crédito a la cifra. En el momento de la decisión internacional, se plantea que no es un número suficiente, para la toma del poder.

Con destino a Ciénaga a marcha forzada avanzan trescientos cachacos, que por primera vez en su vida, miran las tierras de la Costa Atlántica. Van repitiendo frases de odio y de violencia, con destino a salvar la patria de rufianes y maleantes que se han atrevido al insulto, de declararse en huelga.

La descarga de los fusiles sonó, como decreto que instauró desde el gobierno la violencia en Colombia. Los heridos, los vivientes, apresuran la irrupción sobre las instalaciones del ejército de Río Hueco, para obtener la primera victoria, luego de la masacre en la plaza. Río Frío, Origüeca y Sevilla; son testigos de las carreras y de los disparos contra los muros de las oficinas de la compañía, en donde parapetados setecientos funcionarios gringos, disparan sin tregua sus ametralladoras. Se acalla el canto de los miles de canarios enjaulados para las alegrías de los amaneceres.

Son las balas que han despreciado la oferta enviada desde Washington, para financiar la revuelta a cambio de garantizar la propiedad sobre el petróleo de la nación.

De la sangre de los muertos brotan palomas que aletean sus alas sobre los vientos de América, para quebrar las nubes e incrustarse en las páginas del Excélsior, en líneas leídas por ojos del mundo, sumergidos en un silencio de incredulidad, muy a pesar de que siguen floreciendo los cerezos, para la ensoñación en lo idílico del recuerdo.

Cortés Vargas, el que participó luego de un prolongado destierro, como mercenario en la guerra no declarada entre Perú y Colombia, en el vivo recuerdo de la orden de disparar las metrallas, contra los hombres que agitan en grandes voces la afrenta al gobierno.

¡Disparen las cañoneras!

Blancos móviles a la orilla del río Amazonas que al disipar el humo, muestran vacas muertas y las que siguen pastando sin darse por aludidas.

¡Vacas!, ¡Vacas de mierda!, ¡Vacas muertas! Muertos son muertos. Secretario informe a la capital que son cien los peruanos muertos en combate. ¡Viva Colombia carajo!

María Cano, escucha las voces salidas de entre las matas de plátano, en un viento marcado por las orillas del Magdalena. De puerto en puerto, con los estibadores, o la voz de los brazos caídos y los oídos cerrados, ante las amenazas del gobierno.

El hierro la detiene con los grillos colocados a su cuello en el aljibe, dado a su cuerpo para vivienda. No logra ver la luz del sol. El alimento es arrojado como a una fiera. No puede gritar. No puede escribir, mientras le llegan noticias, sobre las interminables discusiones del comité central, para acordar si van o no a las elecciones.

De nuevo se dilata la ayuda, solicitada por los hombres de la Costa, agigantados por la organización del comité regional, dirigido por Mahecha.

Gritos sin repuesta. Las armas no llegan. Se desechan los datos por inverosímiles. No son factibles los trescientos mil hombres. Deben ser tres mil y con tres mil no se lograba una revolución. No vale la pena el envío de las armas.

Muchas lunas después, Alexander, acompañó los sonidos del silencio, emitidos por Gaitán, al agitar en los balcones, el recuerdo de que nada se sabe de Sandino, aunque él viva, nada se sabe de Honduras, aunque ella muera. Nada se conoce de Santa Marta, aunque ella sangre.

Los hombres van a la guerra popular, con garrotes, machetes y fusiles oxidados, desde el muelle del Magdalena, en Santa Marta, hasta el caserío de lo profundo del susurro.

Alexander, intenta en vano dar la dimensión continental a la palabra, pero ha sido más grande, el manipuleo de los medios de comunicación, en los años de aislamiento, a los que ha sido sometida su patria latinoamericana, como memoria de limbo, próximo a la amnesia deseada por los del gobierno, bajo los consejos del plan Monroe. Suspiró de alegría al ver publicada en Argentina el libro “Sandino”. Por lo menos, como escritor, le ha cumplido a Augusto César. 

Tenemos que construir Eras Imaginarias, desde el punto de vista de los vencidos. Tenemos que elaborar un imaginario popular, en busca de la imagen del eterno reverso. Le dije, la tarde en que discutíamos, sobre cómo realizar el libro para salir del panfleto de guerra. Nuestra gente solo piensa en el líder redentor, para crucificarlo. Cuando llega al poder, al carecer de un imaginario adecuado, repite los mismos horrores que tanto atacó. No se tiene un sentido del sueño y la vigencia de lo soñado; como un eterno reverso, de las historias vividas, memorizadas, aprendidas que le dan vida al presente. 

El mundo que nos ha regido, camina sobre las leyes de los contrarios irreconciliables. Lo que no está de su lado, se asimila al demonio, para que pueda ser condenado. Es una red en donde la verdad, está en viva alianza con lo divino y los Estados, sin saber que los dos, se alimentan y sostienen en sus negocios de guerra. El camino de los contrarios irreconciliables, se vive como permanencia y enganche para la venganza. 

La María, en los sótanos, no deja de leer los libros prohibidos. Será como un huracán, el día en que sus palabras golpeen la quietud de las estrellas. El tiempo es perturbado, en sus puertas y ventanas, para la metamorfosis.

Que lástima. Carlos dice que no hemos dejado la españolidad, a pesar de más de cien años de pretendida república. México vivió su panorama de resurrección, ante la vigencia de sus revoluciones agrarias, la socialización de la tierra y la disputa al caciquismo que lo ha corroído por dentro y lo ha llevado a la derrota. México intenta zafarse de su fuero animal de capa española y piel de cacique indio. Son ideas que debemos de mirar y conocer para anticiparnos a sus desvíos. -Me dijo Alfonso-.

Siempre un salvador, un líder y nunca un equipo. Por eso me gusta la presencia de la junta de gobierno de Nicaragua, de los jóvenes sandinistas que parece que actúan en Equipo. -Le dije-. 

En el hotel, lo abordan periodistas mexicanos. Alfonso se refiere con dureza, al recordar que los zapatistas no habían querido ayudarle a Sandino. Por momentos entendí que Alfonso entró en un clima, en donde confunde las dos épocas. La de Sandino y la de la Junta de gobierno. Me produjo ternura la situación. Del hombre aniquilado que conocí en Villa Viciosa de San Juan, al personaje que responde con las heridas frescas; hay un abismo. Nos reconstruimos en lo colectivo. 

El hotel es aburrido, como la mayoría de los hoteles. Nos ofrecen una casa de protocolo y preferimos irnos. 

Al otro día sale un pequeño artículo del reportaje de los periodistas mexicanos, en referencia a lo que dijo Alfonso.

Margarita Calderón, progenitora del General de Hombres Libres

EN EL LIBRE MERCADO; SE DESTRUYE CANTIDAD CONSIDERABLE DE ALIMENTOS, CON EL OBJETIVO DE MANTENER LOS PRECIOS. LA GLOBALIZACIÓN ES UN MODELO QUE AGUDIZA EL HAMBRE

En la imagen, de pie, Sócrates Sandino y Augusto C. Sandino; sentados América Tiffer y Gregorio Sandino, respectivamente madrastra y padre del héroe

Arriba casa natal de Sandino; abajo casa de su padre.

En Niquinohomo, Masaya, Don Gregorio Sandino; poseedor de mediana extensión de tierra, sobre las que cabalga y transporta el sopor pegado al cuerpo, disfruta de la brisa, sentado en su butaca de mimbre, en el patio de la casa. Rodeado de flores, puede ver la torre mudéjar árabe de la iglesia. En su juego con los titileos de los luceros, escucha el eco del quejido de la Margarita la de los arrullos, las flores y los brebajes curadores que a pesar de estar muerta de cansancio, habita los jardines, en un juego de locura de colores. 

Margarita, peona de mita y tarja, habita el bohío de carrizo y paja, diagonal a la casa grande. En ella ejerce su derecho de pernada, para evocar la salutación, en el mejor canto de la vida.

Ya parió la Margarita Don Gregorio. Es un bello varón...

Son las palabras que dan inicio a los festejos en el calor de las celebraciones. Las comadronas, llegan con sus presentes, en pastas y embutidos. Los hombres toman pozol. La marimba inicia su canto, en la evocación de Monimbo. El pumiche menor es de ellos. Debajo de un Chilincoco, ha sido llamado a la vida. Cantan los guises, zezontles, pijuelas y zanates. Se reparte los pipianes, los ayotes y los caimitos morados. Suenan los violines de ñambar con sonajas y atabales con quijongos y zambumbias. La sombra de los almendros refresca el bocado de la ternera a la brasa y el queso con chocolate. Se inicia el canto del tayacán, llamado Augusto Cesar Sandino que de golpe en golpe, de morado, chichón y peladura; se inicia en el lento aprendizaje del camino de la vida.

Dicen que nació un niño en el baile del Onkoy, con la marca de los cabritos en sus piernas y el reflejo de la esmeralda en sus ojos. Que si vive, es el renacer de gran parte de su gente. Mitad Misquito y mitad Monimboseño. Se lo canta entre yerbas y sahumerios y se hace procesión de círculo en la luna llena, para la menstruación de tiempo Ahu. Trae anuncios en los labios con olor a amapola, para una visión de planta sagrada de pasado y futuro, que marca el presente.

La Margarita de luna menguante, se embientró marcada por las orillas del gran río. Olor de estibadores, de brazos caídos, de oídos cerrados. Mira al sol, los grilletes y el pan con agua, de nervios crispados, en el silencio que se hace, para mirar en la distancia, la transparencia de los espejos, en el intento por ver la figura que se torna esquiva, que trae vagón de palabras y sentidos, gritos sin respuesta, porque nadie cree en los ciento veinte mil hombres, aferrados a los machetes que esperan con ansiedad el buque con las armas. 

Se lo ve gatear por los corredores. Se sube a los árboles. Grita en el atrio de la iglesia. Arrea las bestias. Se pasea los domingos de la mano de don Gregorio y de Sócrates. Va con sus libros a la escuela. Pelea con los otros chavalos y realiza los primeros juegos de cambalache. Aprende a manejar el trompo. A jugar a las bolas de cristal. A fabricar figuras en papel. A construir historietas de sombras, proyectadas en la pared, con la luz de una vela. A saborear las leyendas del Cadejo, del sombrerón, los mitos de los abuelos, al calor de las noches en torno al fogón de leña, en el ahumar de la carne del armadillo. A ser rebelde. A ser duro ante la herramienta de trabajo.

A los quince años, a la muerte de su madre Margarita, de quién ha aprendido con profundidad los vivos recuerdos de su pueblo, en los cantos al sol y a la luna, en los caminos de las trochas y la savia, a conversar con las fuerzas de los Tayacanes de Monimbo y Misquitos. A conocer y diferenciar entre el canto del Chichiltote, el Alcaraván o el Macuá. A saber que entre la selva existen los secretos y recursos necesarios, para la vida del hombre. A recordar que la Segovia es la tierra, a donde ha ido su pueblo, ante la avalancha de la conquista. En donde se refugian los guardadores de leyendas, como hijos con fuerza sincrética, que años después iría a recordar con Niatelk Misquito; cuando la identificación los llevó a sostener conversaciones, en el intento por recuperar las imágenes al calor del arrullo, entre los ritos de una teatralidad, en la coherencia del desorden, de las enseñanzas de la vieja.

Bajo el cuidado de su madrastra, América; Cesar Augusto, comparte con mayor fuerza la unión y las diferencias con su hermano Sócrates. Lo ve partir con nostalgia a sus estudios en León. Le toma a las buenas o malas sus libros, para poder situarse al mismo nivel. En la escuela es poco lo aprendido. No hay muchos libros. La profesora a pesar de su extremado esfuerzo, no logra obtener los resultados de que hace gala Sócrates, a su regreso del colegio. 

El trabajo es antes y después del estudio. El arreo del ganado por la mañana, prepara el cuerpo para las primeras clases. La extracción del agua del aljibe, le endurece los brazos que agarran con fuerza los lápices, al dibujar sobre papel.

Conoce los elementos básicos de la escritura y la matemática. Juega a la geografía y la historia, como una de sus diversiones de la noche. La mayor guerra es la ortografía y la gramática, en la ausencia de correspondencia, entre la palabra hablada y la escrita.

América Tiffer, su madrastra, es la geografía que apasiona en sus juegos de aprendizaje, sin suponer que cabalga en los sueños de la predestinación, cuando luego de muchas vueltas de la luna, que se refleja como una lámpara en las aguas del lago Managua; evoca la unificación de sus hermanos latinoamericanos, en la compañía de su hermano medio Sócrates, a pesar de las voces de advertencia y recriminación, de la otra madrastra, de las estrellas en América.

América su madrastra, india de origen; le habló de la importancia de sentir; con el olfato y el tacto. Saber oler y tocar las plantas. Para aprender a caminar por la selva, se debe tener una lectura adecuada de la vida de la naturaleza. Debemos sentir los latidos de la tierra. Interpretar el movimiento de los vientos, los animales, el vuelo de las aves. La vida está en cada planta en su interacción con los insectos y todos sus habitantes y merecen respeto. Comemos la luz del sol trasformada en colores, de las hojas y los frutos. Los animales nos enseñan cuál planta podemos comer y cuál no. Las plantas conversan con la luna, con el sol y debemos aprender su diálogo. Existen los días de la raíz y la tierra, de la flor y el aire, de la hoja y el agua, del fuego y el fruto. Días de siembra, de poda y de cosecha. De abono y fumigación, de recolección y días en que no debemos hacer nada. La savia que nos alimenta es la sangre de las plantas. Cuando se derrumba un árbol, se le pide y explica por qué se hace. Leer no es solo mirar los libros. Leer es conversar con las plantas, con la tierra, para saber cuándo se deben sembrar, cuidar y recoger. No existe ninguna planta que no cumpla una función. Debemos lograr que ellas trabajen para nosotros. Si se siembra debemos contarle a la tierra lo que queremos, para que nos ayude. Es mejor sembrar enmalezado a tener la tierra descubierta, en donde la fuerza del sol la seca y la lluvia se la lleva. Todas las plantas, aun las que la ignorancia europea llama malezas, tienen una función. Es nuestra oración. Se es parte de un cosmos. Primero fueron las tinieblas y luego se generó la luz. Somos hijos de las tinieblas y de la luz. La luna de la noche, regula los instantes de la germinación, para que los átomos generen la vida y la luz; los procesos de la gestación y prolongación de la vida. Debemos aprender cómo se debe andar entre la naturaleza y decidir si hacemos o no ruido para que los animales se hagan a un lado y no atropellarlos. La culebra nos huye, no quiere agredirnos. Nos ataca para defenderse, en el momento en que le invadimos su madriguera o las acorralamos.

Fueron enseñanzas que marcaron de por vida a César Augusto, cuando con disgusto, le tocó escuchar las propuestas de revolución verde, y no lograba entender en su magnitud, si casi todos los grandes hombres de estudio y letras le hablaban como una panacea, para aumentar la producción en la implantación del monocultivo del café y años más tarde cuando tumbaron los bosques de café, para la siembra del café caturro, Alfonso Alexander entendió gran parte de sus palabras de dolor porque se perdían los bosques. 

El abuelo Manuel, habla de mandar a los muchachos a la escuela en Estelí. ¿Cuál colegio? ¿Cuál escuela? Si en el camino les pueden abrir el cerebro de un cutachazo; porque son hijos de godos o liberales. No miran quiénes son. Con dos o tres guaros encima, lo importante es sentirse macho. 

El abuelo sueña con la casa y la chagra, con ampliar el cultivo de la cebolla. Cebollas blancas como las lágrimas de un nevado. Pero qué va; si llegan los de Chamorro nos mandan para el carajo. Se lo he dicho mil veces. Debemos de ir a la guerrilla de Moncada, en las filas que se pasean por los valles de la Segovia.

El abuelo sueña con la cebolla blanca. -Y a la mierda Moncada y Chamorro; son de los mismos. ¡Se juntan al final!-. Dice el abuelo. 

Hasta razón tiene, pero hay que ir a pelear. Se queda uno sembrando y nada que puede levantar una escopeta para cazar guaguas y armadillos. En el monte le dan a uno fusil o su cutacha nuevecita. Se consiguen amigos y chulas bravas que dan amor del bueno.

Lo Americano de los poetas románticos, es la copia de lo español. Dijo El abuelo-. 

Sí señor, no podremos ser americanos si nuestros hijos se forman como profesionales para Europa; aún los rebeldes, los sumisos, los estúpidos, los inteligentes, los cristianos, los marxistas, los franquistas y los fascistas; miran con pupilas de europeos y como viejos guerreros de Cortés, aposentan sus cuerpos sobre la selva, como quien asciende las gradas del arco del Triunfo. La Vorágine, es la apología a la tumbada de la selva. La selva es la enemiga. Tan solo el personaje Coba, Nariñense, logra entender que se exigía otra lectura. Es el único que logra salir vivo. Aprendió a sobrevivir al observar al mico. Se alimentó de lo que el mico comía. Hasta que lo sacó al río. No hemos podido entender la propuesta de Humboldt, como depositador de la mirada que hace enclave de diálogo con las cosas. La propuesta de los viejos mayas, los de la memoria. Plantean que en el agua, el mar, las estrellas, la selva; está la vida y nos habla en su lenguaje sencillo de biodiversidad, de lo insólito y lo singular. La selva se trasforma. La lectura debe hacerse a cada momento. -Dijo don Gregorio-. 

El abuelo no quiere hablar de la guerra. Dice que ninguno de esos sirve para echar a los gringos. No sirven sino para jodernos, mientras nos hacemos matar por ellos. El abuelo no quiere irse con nosotros, a pelear por Moncada, a ganarnos al menos la tranquilidad del sueño.

Al abuelo lo mataron hace días. Vinieron los hombres de Chamorro, en la búsqueda de nuestra huella.

Lo clavaron con una cutacha a la puerta, porque no quiso gritar viva a Chamorro, viva dios y los gringos y, -El contestó- “que no confundieran la mierda con el hielo”. Al abuelo lo remataron en el pelotón de fusilamiento, porque no quería dejarse morir, por esos sicarios mal habidos.

LIBRE MERCADO, GOBIERNO DE CRISIS, NEOLIBERALISMO, GLOBALIZACIÓN, ES LO MISMO, CON DIFERENTES ACTORES; IMPERIALISMO VELADO O DE FRENTE.



Alfonso Alexander, al escuchar la notificación de su próximo trabajo periodístico, no deja de estremecerse, sabe de antemano que cambia el rumbo de su vida.

La petición, orden, solicitud, dada por el director del periódico el Excélsior, trae un solo objetivo; el reportaje en exclusividad de Cesar Augusto Sandino, jefe revolucionario de las guerrillas en Nicaragua. Estuvo de gira por México, en compañía de Sócrates y Gregorio Urbano Gilbert. Llegaron en el avión de Sandino. Se entrevistó con Farabundo Martí, con su elegante vestido blanco, como un indicio de la pureza de sus actos.

Se ha enviado a seis reporteros y ninguno ha podido cumplir. No tenemos límites de ninguna naturaleza, para obtener nuestra meta. -Dice el director-. No se le dio la importancia que merece. Tenemos una deuda, con la memoria de la historia latinoamericana. 

Sé que no puedo negarme. Una gran oportunidad. La imagen de Sandino galopa briosa por las cordilleras de la Segovia, muy a pesar de los nefastos pronósticos del Presidente Moncada. 

Sandino ha ido a México y México no lo ha apreciado en la dimensión de su figura.

Mares de convulsión se mueven con aires de renovados sueños. La simpatía, la fraternidad, de la mano del nuevo “Ejercito loco”, al grito de la Gabriela, desde su Chile de Libertad.

En México, la opinión se preocupa por recuperar el rostro perdido y la identidad, ante la agresión sentida en común, cuando sus cactus sienten, desde la arena del desierto, las pérdidas del territorio de la Florida, para las voces del guitarrón, el maíz y la canana.

La indagación de la noticia, de los combates vividos, alimentan su viejo y cultivado espíritu de aventurero. Lo incitan a dejar su plácida vida en ciudad de México. 

Actualiza sus documentos, al igual que las celebraciones de despedida, con el grueso de amigos al calor del tequila, las risas y los besos de las chulas que mitigan sus noches y días. Le brindan cariño para calmarle los vientos del desarraigo. 

Detenido en los límites de la ciudad, no es fácil continuar el camino, sin evocar la imagen de la estatua de sal que se esculpe, al sentir la ensoñación de un pasado. ¡No!, debo mirar con ojos de alegría. No he tenido tiempo de abrir paso a la reconfortación. Tal vez más tarde; son espejos a la salida del sol de Tegucigalpa o Dalí; frontera de Honduras y Nicaragua. El Chasqui recoge en sus vasijas, los sueños del gran Tláloc. Alcanza su metáfora en una cierta transhistoricidad, en la lucha por la libertad.

En las cercanías de Dalí, detenida como ensoñación de tiempo, tengo la seguridad de un mejor encuentro. No puedo seguir el camino como si nada pasara, como si nada encontrara. No es mi destino. Se vive el bloqueo. El hostigamiento en los caminos. La tergiversación en la información. 

Debo responder al deseo solidario de México. Un compromiso con la lucha de emancipación, evocadas en los Cristeros, cuando Plutarco Elías Calle, su Presidente, expropia los bienes de la Iglesia Católica y declara a los curas empleados públicos, con sueldo estatal.

Se vive la ira de las sotanas. El funcionamiento de las leyes de la MONITA SECRETA. Les colocan a los campesinos sobre su pecho una gran escarapela blanca, bordada con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y una leyenda que dice: DETENTE EL CORAZÓN DE JESÚS ESTA CONMIGO.

Avanzan, convencidos de que el plomo de los fusiles gubernamentales, no entra en su cuerpo. Y Juan se penetró en el plomo, trastabilla, hasta caer de ojos fanáticos al cielo.

El espejo marca la silueta desvencijada del general, en el intento por recoger las palabras, encerradas y mutiladas que en sus ecos, no logran atraer sino las sombras del objeto viviente. Palabras como tuercas rodadas, en la imagen de los periódicos; parecen descongelar los sentidos en un lento lavado al vapor de óxido. Palabras emitidas desde la corteza de un árbol, en la montaña y la voz en susurro que trae las municiones. Es el correo de la madre monte, el camino de los corredores del sol, con ecos que llevan noticias, a las calles de la tierra. 

El espejo teme el enlace de la marcha y el nuevo encuentro. Temor de cada partida, de la imagen que aprendí del viejo Martí, el de las calles de Nueva York, el de las discusiones en las alcobas, mientras se tejen los sombreros del recuerdo. Espejo de viajero, evocador de lo dejado, del reportaje en la calle, del barrio. El viento cruzado va en el intento por acallar el huevo del águila que se expande en huracán, desde las aguas del Mississippi.

Corta el viento la victoria de la comuna. Los gritos en defensa de la propiedad del viejo trabuco, con su sayo y actas de excomunión. Juego de aquelarre en donde bailan las utopías. Si los cactus hablan, traen buen tequila. ¿Pero no se los escucha? Se apaga el silencio de las palabras del violín. La borrachera, en el baile del corrido, con cuates y chulas. Rompe el pasaporte para quedar sin rostro, sin papel, sin identidad. Se ha brindado al eterno comienzo. La ensoñación en el sol de Tegucigalpa, de Dalí. Es imposible el reportaje; cómo hacerlo ¿qué preguntar? ¿Qué evocar? ¿Qué tiempos tocar? y su Martí, ¿es conocido por estas tierras de nadie? ¿De nadie, dijiste? De ellos. De los que duermen en los pajares y las ramas de los árboles. Viven en las cuevas y cantan las rancheras, en el recuerdo de la Adelita, la de los vientos del norte y de la Adelita Chapuel, la del sur de Nicaragua.

Una araña teje. Se aprende la trama. Se siente selva en el sonido de los pájaros. Su signo de movimiento, de tormenta, de trocha, de quingo de tu barrio y los gritos tratan de parar la expropiación de las tierras, del viejo cura Trabuco.

En una esquina recuerdas al poeta, al Guagua Negro, en sus alertas frente al poeta negrero, el de las arboledas, el de la historia del relato de Juárez, sobre los hombres vestidos con el sagrado hígado de Jesús y una leyenda en frente como buen cristero.

Entre más muertos se tengan, mayor será el escándalo. -Dijo el sacristán-. E hizo una mueca de descontento, al recordar el costo de cada escapulario roto con las balas. No fue en vano. -Dijo el Trabuco-. Las bayonetas no se quebraron, como se había dicho en el sermón, los caballos del demonio no se espantaron ante la cruz; los cuerpos se bañaron, para ungir la historia con el eterno engaño.

Masacre de bolcheviques en México, se anunció en los diarios del mundo. Comunistas, ateos, liberales y masones. Se dijo, frente a la tierra donada por la Dorotea, la de las eternas y santas piernas apretadas, tierra de prestaciones sexuales, tierra ganada con el pan de su monte de Venus. Perdió el tiempo frente a los infieles, con las armas de la inquisición y la natural y legítima herencia de la España; la puta y la de la encerrona. Estas tierras, volverán a ser nuestras. -Dijo el fraile Trabuco-. Somos los mejores, nos amancebamos con los siglos, sin distinción de credos, de sistemas, de símbolos, a pesar de los decretos de Plutarco, a pesar de la expulsión del alcalde Guagua Negro. Serán malditos por abandonar las leyes heredadas de la madre, la prohibición sobre la recolección de diezmos. Harán de ellos inescrupulosos y pervertidos señores que se cubran de revolución. Le he dicho a don Miguel, que no le pague más a sus peones, deben sufrir, verter su sangre en la tierra, para su purificación. Se morirán de hambre cuando se apaguen los ánimos de la guerra. Volverán a lo que son; bestias inclinadas sobre la tierra. Sobrevivirá la grande, la España de la Meca, la tradición de Castilla, la libertad de los místicos, la Gran Orden, como caballeros de esta tierra de salvajes.

Señor Canuto, señor Trabuco, los tiempos cambian, el campanero Álvarez, tiene el espejo torcido, sólo dice palabras que son de su agrado. Soy su amigo y un amigo dice la verdad, lo que se habla en la calle, en los mercados, bajo los toldos, en las tiendas. Usted, permanece aislado en un encierro que lo aleja del pecado, de la perversión, en donde le relatan lo que le agrada saber. El monaguillo saca provecho de su hacienda, de su emisora, de los dineros internacionales, de su prole no reconocida, de su parecido a la imagen del Quijote, de quien se sueña su negra reencarnación.

La culebra se encoge y se estira. Fray Sarasti, tiene sus razones cuando se alía con ellos. Ha trabajado en el barrio de los intelectuales, de los artesanos, de los estudiantes, de los soñadores, bajo el camino del anarquista Bakunin y las utopías del otro lado del mundo. Hablan de los sueños delirantes de Bolívar, de Vasconcelos y Martí. Leen hojas de Mariátegui, en donde se proclama el regreso del imperio indio. Parece una jauría de locos delirantes. Mientras yo viva, nada cambia. La creación es una conversación estática con Dios y su orden natural. Para él, me vivo en mis flagelaciones, azoto las espaldas del demonio en mi cuerpo y en las nalgas de los alumnos irreverentes, en su redondez que cae, para hacer sangrar mis espaldas. Me latigo y eyaculo sobre mi sangre para que me invada la lepra. La correa con clavos, me dejan cada día más ciego, para no mirar ni de lejos a las mujeres. Es la pureza del espíritu en mi cuerpo que me sostiene contra los tormentos del sexo.

Espere señor. A ellos también se les retuercen las clavijas del sueño dorado, les suena lindo que los llamen obreros, trabajadores libres, con ocho horas de trabajo; pero eso sí, cuando sientan la ausencia del amor celeste, cuando toquen los pisos de la degeneración de sus hijos, cuando los liberales los dejen sin tierras, porque las han repartido entre sus militares, sin resguardo para los cabildantes, ese día; regresarán llorando del infierno, a pedir clemencia para que les abramos las puertas del cielo.

Son los escándalos de la prensa. La maldita prensa. Ese maldito periódico El Pupo y las fotos con la llegada de Silva, de Darío y su modernismo, les tiene sus cerebros en convulsión. Han logrado influenciar hasta la inquieta Francia. Es un aire raro y pesado, como el que envuelve a la pesca en río revuelto; partidos socialistas, sociedades mutuales, rompen la tradición de lo estático. Debemos reunir a las mujeres, que prohíban esas lecturas, que les quemen los libros a sus hijos, que busquen en los túneles en donde se reúnen. Que cierren las piernas, si no es para procrear. Nada de placer. Debemos estar alertas, nos quieren cambiar nuestro humilde paisaje, a nuestros artesanos llenos de ternura, por estas porquerías de dioses, los del Tahuantinsuyo, de los Pastos, de los mayas, cuando ya los creíamos exterminados. Habíamos reinado sobre el Onckoy y la Huaca, sobre la miel y el maíz, sobre el sol y la luna, aceptamos a la Madre Monte y a la Patasola. ¿Recuerda usted la Barbacoa? Convertida en una aberración en manos de la mafia del alcohol, del café y del tabaco.

Es la historia de la mutación, es el salto de la frontera para mercadear armas en México, desde una revolución cantada, al sentir también el pregón a esclavo en las plantaciones de Nueva Orleáns y al aplaudir el baile en el espectáculo del can-can y su tintineo de dólares. ¿Recuerda la barbacoa? En donde los rostros tienen dientes de oro, las orejas son cavernas con pendientes, los brazos esqueléticos y los cuellos filigranas de sangre, en el intento por proteger el oro o las armas de los revolucionarios. Barbacoas de río verde, detienen el tiempo dorado de las olas, en bandazo del océano, de olor de tormenta, de silencio de humedad, de vientos de mar.

Llegan las noticias de la guerra de los territorios de Managua. Solo debe quedar la luna como tierra fuera de su alcance, y sin saberlo, evoca a la luna, que un poeta trajo a la tierra, mucho antes de que el hombre llegara a poseerla.

Alfonso evoca imágenes truncadas de sus ciudades estrellas, como las llama; de la ciudad de Pasto a México; el recuerdo de su enamoramiento platónico con María Cano, en su trabajo político en las bananeras del Magdalena. Es difícil saber de dónde y de qué tiempo habla. Las imágenes viven y son símbolos que se levantan del suelo, en donde las quisieron enterrar para el olvido. Somos el tiempo de la memoria de segunda, tercera y cuarta dimensión. Se vive en el recuerdo, en los sueños, en las esperanzas.

LA GLOBALIZACIÓN EN EL LIBRE MERCADO; ATACA LA SOBERANÍA, LA SEGURIDAD, LA AUTOSUFICIENCIA, LA AUTONOMÍA, 

LA AUTOGESTIÓN ALIMENTARIA



Fue primero el ataque y luego la fundación de la empresa del banano, del petróleo, del oro, del uranio, del carbón, del níquel, del cobre, del coltán. Todo nuestro. ¡Todo nuestro! Siempre nuestro. Somos el palacio y el centro. América para los americanos y los americanos somos nosotros. La mueca de la risa cae sobre el recuerdo. No es recuerdo. Hay que llegar a Puerto Cabezas. Es el verde entre corrientes turbias de ríos de irreverencia. Allí están los cañones en el ojo, frente al viejo muelle y su humedad de insomnio. Dos cañoneros y treinta muertos, fue suficiente para calmar los delirios de defensa.

Son piratas. -Gritó el viejo-. Cuando se internó en la selva, hasta llegar a las otras ciudades del Pacífico, sobre los techos de Managua, Granada, Ocotal y Zelaya.

Sí señor, el camino es directo a Managua. Perdonará la resistencia inicial de los porteños, con sus viejos sueños de arena y de diamantes en el culo. Problemas de familia, no quieren probar el sabor del banano, con que la United Fruit Company cubrirá Honduras, Nicaragua y Colombia; con su verde y amarillos de esperanza. Es el sabor de la promisión, en la dulzura de amargura y su silbido que corta el viento.

Viva Walker, el gran domador de la mar, triunfador de Centro América, e iniciador del reino del banano. No presentan batalla frontal. Llegan noticias de que los pueblos se unen en un ejército grande y eficiente. Acumulan el odio contra nuestros desmanes. Se han volado, después de haberme besado el culo. He regado el semen en sus labios, para apagar la sed de las montañas.

Qué te preocupa amigo. Es delicioso ver menear culo con vagina, boca con pene, pene con culo y que no se rieguen, sino, hasta que se les ordene. Para regar la tierra con sus orines y semen. Se contorsionan y no paran ni en el desmayo, luego de que los han montado más de treinta. Mueren de placer, de puro placer, quien quisiera más en la vida. Morir de eyaculación, de sequedad de testículos, de ahogo en espermatozoides. ¡La dicha William, la dicha eterna, el cielo prometido!

América, se siente agradecida al ampliar sus fronteras, sin límites, para que cada uno de sus hijos conozca la geografía polo a polo. Por un momento hemos tenido que saltar a México. Es una curva en el camino. Que otro pueblo puede producir tanto desarrollo, un gran confort, en tan poco tiempo. Nosotros, que nos sabemos diferentes, superiores, súper hombres, en la extensión de la palabra. Vinimos del viejo mundo para vivir la libertad, huyéndole a las ortodoxias. Matamos a los indígenas para no tener pasado. Hicimos del trabajo y del bienestar, una religión. Nos robamos Texas y California. Si no quieren bienestar, tendrán miseria. Somos empresa, modernidad, dinamismo, progreso, libre mercado, democracia. Haremos un corte para que se unan a nosotros o se jodan. Más bien se van a joder, no viste al alcalde lambeculos, tratándonos como a grandes señores. Tendremos muchos a nuestros pies.

Los tendremos William, fueron educados para capataces y comisionistas. Las noticias de la aceptación de los comisionistas en Colombia, es grata. Parecen sabandijas y asesinan al que se oponga a nuestros designios. Encontramos a los que quieren ser nuestros administradores. Les dejaremos sus títulos de alcaldes, gobernadores, presidentes. Les hacemos ricos, pero sin decirles por dónde. Les fundaremos una logia secreta, para que se sientan importantes, guarden un secreto y busquen la sabiduría indescifrable. Lo clave del secreto es que no hay secreto. 

La empresa es lo que vale Walker. Unos años de sangre purificadora y luego la paz, la justa y grata paz, para instalar la gran compañía.

Somos la libre empresa y exigimos que nos respeten. Cada uno de nuestros actos es un gran negocio y en el negocio, la mercancía será la reina de la fiesta. Nada gratis. Todo será tarde o temprano una mercancía. El que no pueda pagar que no la tenga. Hablo de educación, salud, vivienda.

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Registro 10-389-278 Radicacion: 1-2013-37649

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