Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

viernes, 5 de diciembre de 2014

EL ROL DE LA UNIVERSIDAD EN EL SIGLO XXI

 EL ROL DE LA UNIVERSIDAD EN EL SIGLO XXI
Dr. Hugo SALINAS

¿Cuál debería ser el rol de la Universidad en el siglo XXI? Para precisarlo es indispensable subrayar la importancia de la nueva forma de trabajar que la Humanidad está poniendo en el orden del día. Se trata de la economía inmaterial que se basa en los conocimientos y competencias del trabajador; tema directamente relacionado con la Universidad. Pero, ¿acaso la función del ser humano es solamente preocuparse en la creación de nuevas riquezas, de nuevos bienes económicos que satisfagan sus necesidades tanto materiales como espirituales? ¿No está también la inquietud de que todos los seres humanos disfruten, en igualdad de oportunidades, de todo lo que es capaz de crear y desarrollar la Humanidad?

Pienso que estas son las dos tareas más importantes que debe abordar la Universidad en el siglo XXI. Y en los países del Tercer Mundo, como es el caso del Perú, la Universidad debe tener como su sujeto de prioridad, la búsqueda de nuevos modelos socio-económicos que faciliten la satisfacción de las necesidades de todos sus pobladores, en igualdad de oportunidades. La Universidad no puede estar de espaldas a los grandes males de nuestras sociedades modernas, tales como la desocupación, la pobreza y el atraso en las formas de trabajar. No obstante, este rol esencial de la Universidad en los países del Tercer Mundo siempre ha estado, y sigue estándolo, fuera del interés de los que la dirigen.

En los países llamados “desarrollados”, la Universidad ha cumplido el rol de formador de profesionales de alto nivel. Pero en el caso de las universidades de los países del Tercer Mundo, como sucede en el Perú, se ha dedicado solamente a difundir ideas, doctrinas, creaciones y descubrimientos que han sido realizados en los países “desarrollados”. Es decir, las universidades del Tercer Mundo agravan la situación de dependencia ideológica, económica y social con relación a los centros de poder ubicados en los países “desarrollados”. Y es por ello que, la Universidad del siglo XXI en los países del Tercer Mundo debe no solamente preocuparse en cómo generar riquezas, sino también en realizar lo necesario para que esas creaciones y descubrimientos sirvan, en igualdad de condiciones, a todos los habitantes del país.

Actualmente, la Universidad se empecina en reafirmar el comportamiento individualista de quienes forma. Y no confundamos desarrollo individual con desarrollo individualista. El desarrollo individual es una de los logros más importantes del ser humano en los últimos tiempos. La persona se libera de la opresión de la “masa” para generar su propia individualidad y, con ello, desarrollar todas sus potencialidades y habilidades. Esto es algo que la sociedad debe incentivar para beneficio de la persona y de la misma sociedad.

En cambio, el desarrollo individualista se caracteriza por el egoísmo que pareciera innato en la persona, y la carencia de ligazón entre la persona y su sociedad. El desarrollo individualista se nutre de los fundamentos del actual modelo de desarrollo, en el cual quien tiene el dominio del acto económico se apropia la totalidad del resultado neto de la actividad económica generada por todo un pueblo. Y el comportamiento de la persona en una economía a desarrollo individualista busca maximizar, a cada instante, no solamente la apropiación del resultado neto de la actividad económica, sino también minimizar el precio de la mano de obra y depredar sin piedad la Naturaleza que nos cobija y nos nutre. El dinero es su Dios, con claro desprecio del ser humano y de su medio ambiente.

La Universidad del siglo XXI debe ser consciente de este desequilibrio que genera el desarrollo individualista en perjuicio de la sociedad, de esta carencia de relación estrecha entre el individuo y su sociedad. Debe ser misión de la Universidad del siglo XXI de crear un modelo alternativo de desarrollo que tienda el puente entre el individuo y su sociedad. Es decir, no solamente convertirse en un centro de investigación orientado a incrementar los medios que prodigan bienestar material y espiritual, sino también, y sobre todo, asegurar que dichos bienes estén al alcance de todos los miembros de la sociedad, en igualdad de condiciones.

Ya no se trata solamente de incrementar las riquezas que, en las condiciones del modelo actual de desarrollo, favorecen únicamente a una ínfima fracción de la sociedad; sino investigar e implementar un modelo que permita a todas las personas, el acceso a esas riquezas en igualdad de condiciones. Y no por un sentimiento altruista, sino porque simplemente esas riquezas son el resultado del esfuerzo de todo un pueblo, presente y pasado. Y esto no es otra cosa que resolver el actual enfrentamiento entre el comportamiento individualista de la persona y su sociedad en la cual se desenvuelve.

Lima, sjl, 5 de diciembre del 2014


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