DOMINGO,
7 DE DICIEMBRE DE 2014
Herman Van de Velde
Mucho se ha hablado de ‘cooperación’, en diferentes
sentidos. En este escrito, muy brevemente pretendo compartir unas reflexiones
al respecto.
En
primera instancia la ‘cooperación’ debe considerarse como una actitud, sabiendo
que toda actitud está constituida por la interacción entre al menos 16
componentes. Esta actitud cooperativa, la debemos analizar críticamente en
contextos prácticos de la misma, por ejemplo: como estrategia educativa, como
expresión de una económica solidaria o como un proceso de relaciones
constructivas de apoyo mutuo (a nivel local, nacional e internacional).
La
cooperación como estrategia educativa ya tiene una larga historia. Es más
que todo en contextos socio-políticos nacionales y/o locales, donde se
promueven las actitudes de solidaridad y compañerismo, donde existen mayores
niveles de profundidad en la experienciación con técnicas y procedimientos
educativos que se basan en la ‘co-operación’. Se trata de una relación
dialéctica dentro de los procesos de aprendizajes, donde se visualiza la
cooperación como estrategia educativa, tanto entre facilitadoras/es, entre
estudiantes, como también entre estudiantes y facilitadoras/es.
Analizando
la cooperación como expresión de economía solidaria, es importante estar
consciente que el cooperativismo va más allá de una simple forma de organización y que
no sólo integra una dimensión económica, sino que se basa en valores éticos:
solidaridad, capacidad autogestionaria, participación activa constructiva,
interdependencia positiva,… con fines de desarrollo individual integrado en un
desarrollo comunitario también. Está muy evidenciada la esencia educativa de
todo movimiento cooperativo.
En
un tercer contexto es necesario analizar la cooperación como un proceso de
relaciones constructivas de apoyo mutuo, que puedan perfilarse a un nivel
local, nacional o internacional. En todos los casos, se trata de una intensa
tarea pedagógica que pasa por la construcción de ciudadanía, con respeto mutuo
por derechos y deberes, además de un respeto muy profundo por lo propio, es
decir la no imposición y el no condicionamiento. Se establece una relación de
responsabilidad compartida.
En
este sentido es importante no confundir ‘cooperación’ con ‘ayuda’. Mientras
que ambos fenómenos pueden ser humanamente necesarios e indispensables, sin
embargo ‘ayudar’ NO es lo mismo que ‘cooperar’. La cooperación debe
caracterizarse por: un acompañamiento en el quehacer conjunto, una relación
horizontal, una participación activa de los ‘grupos meta’ siendo socios, una
visión a largo plazo, el no condicionamiento. En este sentido, la
cooperación genuina, justamente sería contraria a lo que es una ‘intervención
comunitaria’ (un concepto muy mal empleado en nuestro lenguaje ‘científico’ en
el área psico-social).
Independientemente
de los mencionados y diferentes contextos, es posible identificar
características propias de una cooperación ‘genuina’ (como una expresión de ‘lo
universal’), tratando de visualizar la esencia propia, la razón de ser de la
cooperación, la que se expresa, y por consiguiente se fundamenta, directamente
en cada acto de cooperación (lo singular).
Podemos
afirmar, en este sentido, que una cooperación genuina se fundamenta en 5
pilares: el arte de escuchar (apertura), la habilidad de interpretar (lectura),
la voluntad de compartir (ternura), la decisión de compromiso (postura) y la
visión de integración (contextura). Estos 5 pilares deben entrelazarse
por un ambiente de confianza y capacidad de (auto-)crítica constructiva.
He
aquí la invitación para la elaboración de un buen plan de trabajo que nos permita
APRENDER A COOPERAR GENUINAMENTE.
Dr.
Herman Van de Velde, pedagogo


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