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lunes, 8 de diciembre de 2014

Cooperar, un acto esencialmente educativo



DOMINGO, 7 DE DICIEMBRE DE 2014

Herman Van de Velde

Mucho se ha hablado de ‘cooperación’, en diferentes sentidos. En este escrito, muy brevemente pretendo compartir unas reflexiones al respecto.

En primera instancia la ‘cooperación’ debe considerarse como una actitud, sabiendo que toda actitud está constituida por la interacción entre al menos 16 componentes. Esta actitud cooperativa, la debemos analizar críticamente en contextos prácticos de la misma, por ejemplo: como estrategia educativa, como expresión de una económica solidaria o como un proceso de relaciones constructivas de apoyo mutuo (a nivel local, nacional e internacional).

La cooperación como estrategia educativa ya tiene una larga historia.  Es más que todo en contextos socio-políticos nacionales y/o locales, donde se promueven las actitudes de solidaridad y compañerismo, donde existen mayores niveles de profundidad en la experienciación con técnicas y procedimientos educativos que se basan en la ‘co-operación’. Se trata de una relación dialéctica dentro de los procesos de aprendizajes, donde se visualiza la cooperación como estrategia educativa, tanto entre facilitadoras/es, entre estudiantes, como también entre estudiantes y facilitadoras/es.

Analizando la cooperación como expresión de economía solidaria, es importante estar consciente que el cooperativismo va más allá de una simple forma de organización y que no sólo integra una dimensión económica, sino que se basa en valores éticos: solidaridad, capacidad autogestionaria, participación activa constructiva, interdependencia positiva,… con fines de desarrollo individual integrado en un desarrollo comunitario también. Está muy evidenciada la esencia educativa de todo movimiento cooperativo.

En un tercer contexto es necesario analizar la cooperación como un proceso de relaciones constructivas de apoyo mutuo, que puedan perfilarse a un nivel local, nacional o internacional. En todos los casos, se trata de una intensa tarea pedagógica que pasa por la construcción de ciudadanía, con respeto mutuo por derechos y deberes, además de un respeto muy profundo por lo propio, es decir la no imposición y el no condicionamiento. Se establece una relación de responsabilidad compartida.

En este sentido es importante no confundir ‘cooperación’ con ‘ayuda’. Mientras que ambos fenómenos pueden ser humanamente necesarios e indispensables, sin embargo ‘ayudar’ NO es lo mismo que ‘cooperar’. La cooperación debe caracterizarse por: un acompañamiento en el quehacer conjunto, una relación horizontal, una participación activa de los ‘grupos meta’ siendo socios, una visión a largo plazo, el no condicionamiento.  En este sentido, la cooperación genuina, justamente sería contraria a lo que es una ‘intervención comunitaria’ (un concepto muy mal empleado en nuestro lenguaje ‘científico’ en el área psico-social).

Independientemente de los mencionados y diferentes contextos, es posible identificar características propias de una cooperación ‘genuina’ (como una expresión de ‘lo universal’), tratando de visualizar la esencia propia, la razón de ser de la cooperación, la que se expresa, y por consiguiente se fundamenta, directamente en cada acto de cooperación (lo singular).

Podemos afirmar, en este sentido, que una cooperación genuina se fundamenta en 5 pilares: el arte de escuchar (apertura), la habilidad de interpretar (lectura), la voluntad de compartir (ternura), la decisión de compromiso (postura) y la visión de integración (contextura). Estos 5 pilares deben entrelazarse por un ambiente de confianza y capacidad de (auto-)crítica constructiva.

He aquí la invitación para la elaboración de un buen plan de trabajo que nos permita APRENDER A COOPERAR GENUINAMENTE.

Dr. Herman Van de Velde, pedagogo


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