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viernes, 7 de noviembre de 2014

Cardenal, la falacia contra el Canal y los vaticinios fallidos


Cardenal, la falacia contra el Canal y los vaticinios fallidos
Edwin Sánchez

Miércoles 5 de Noviembre 2014 | Edwin Sánchez

I

Hay muchas razones para pensar que Ernesto Cardenal cuando repite las mismas falacias de la derecha conservadora contra el Gran Canal, no se expresa como sacerdote ni siquiera como poeta, y peor como escritor, sin embargo, trata de hablar ex cathedra: el “papa” dicta su palabra “infalible”.

Para el desempeño de esos oficios, la ausencia de la verdad es intolerable. Al novelista o cuentista se le dispensa la falta de exactitud, mientras se le alaba la exageración, se le pasa por alto la realidad y se le aplaude su inmensa capacidad para la mentira.

En el caso de Cardenal solo ha reciclado los embustes que lo más rancio de la derecha, interesadamente, ha vertido sobre el Canal. A la satanización mediática, él no ha aportado nada original. De su cosecha, lo único claro es un enorme resentimiento añejo, cuya calidad nada tiene que ver con el vino, sino con el vinagre. Desde esa distorsión de la vida, los grandes resentidos -esos de tiempo completo y con dormida adentro- siempre creen contar con la razón.

A pesar de su investidura de sacerdote trapense, y de la supuesta sensibilidad que le es inherente al poeta, desvaloriza el papel de la mujer, la trata de anular desde una posición dominante, como heredero directo del sistema colonial empedernidamente patriarcal que sufrió Nicaragua desde la transición de los peninsulares españoles a los criollos. Con desprecio de gamonal del siglo XIX, expulsa: “El Presidente Daniel Ortega con el poder omnímodo que él y su mujer tienen sobre este país…”.

Esa mujer tiene nombre y apellidos, y además es intelectual: se llama Rosario Murillo Zambrana. El deber de todo hombre de verdad es respetar a la mujer, y no porque hoy sea la Primera Dama de Nicaragua, sino por su misma condición de género, y por sus capacidades, que no están en discusión.

Si a la Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía del Gobierno de la República de Nicaragua se le desea ningunear por personas de esta clase, cómo le irá al resto de mujeres nicaragüenses.

De ahí que por experiencia propia, la derecha fundamentalista, a la que se suscriben paradójicamente algunas organizaciones que dicen defender a la mujer, cuestione el informe donde Nicaragua es el mejor país de América Latina en Igualdad de Género. (Foro Económico Mundial).

II

Ahí está, pues Cardenal, el político, pero uno amargamente opuesto a la Revolución que él dio por “perdida”. Empero, los grandes cambios en la historia no obedecen a la do-nación de algunas “famas”, sino a la nación.

Por supuesto, en el camino van quedando algunos porque ya los intereses personales no concuerdan con los movimientos supuestamente fracasados, como se “profetizó”, después de la derrota electoral de 1990, el “derrumbe” del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Un “vaticinio” fallido más.

Según el relato de estas personas, el Frente, al “desplomarse”, debía tomar otros rumbos, y por eso aparecieron los disidentes, entre ellos Cardenal. Pero el sandinismo, en el año electoral de 1996, no colapsó sino que comenzó a recuperar espacios en el pueblo. Y los que apostaron a darle el disparo de gracia al FSLN, resulta que les salió el tiro por la culata.

El desplome de este grupo es un retrato en piedra. El pueblo de Nicaragua, del que arbitrariamente se considera su “representante”, ni el beneficio de la duda le da: no ha pasado del 0.2% desde aquel malhadado año, cuando Roberto Rivas ni soñaba ser presidente del Consejo Supremo Electoral.

Decimos que cuando Cardenal con toda la amargura maldice el Canal Interoceánico de Nicaragua, no ocupa el púlpito del clérigo, ni el ateneo de los portaliras, menos el oficio más solitario del mundo, como dijo Gabo, sino la consigna.

Quien habla es alguien identificado con una pequeñísima organización, digamos un epigrama que nadie lee desde hace 18 años en las boletas electorales. Y 18 años tenía el FSLN, el 19 de Julio de 1979, cuando derrocó a la Dictadura Militar Somocista.

Él puede amar las siglas que quiera. Lo discutible es la delirante pretensión de que su perniciosa repetición de maldiciones contra el Gran Canal la escuche el mundo, aunque sea un irresponsable “Urbi et Orbi”, que en ese nivel se siente cuando de suyo habla.

III

Hagamos abstracción y pensemos que Cardenal realmente está “preocupado” por el Gran Lago.

Todas las supersticiones sobre el Canal son las mismas reacciones de los españoles medievales, tanto de los que se quedaban en tierra firme, y “plana”, como los que abordaron las naos de Colón. Cien leguas adelante de Las Azores, “existía” un mar lleno de monstruos, enormes abismos, espíritus malignos y mil leyendas terribles que padecían aquellos asustados tripulantes de la ignorancia.

A esos asustados hombres con los que Colón debió lidiar y enfrentar amotinamientos, se les podía perdonar sus disparates, pero no ahora cuando las ciencias y las tecnologías han avanzado: ¿qué estudiante de ingeniería hidráulica tomará en serio que el “agua dulce” se “irá al mar”?

Si a Cardenal le importara Nicaragua, no las portadas de la derecha conservadora, debiera bajarse de su peaña, abandonar la ramplona manipulación y buscar la verdad con los que hacen ciencia, no desinformación.

Pero una “vaca sagrada” siempre mirará a los demás como “terneros paganos”, sobre todo si son veraces. Por eso, prefiere repetir estos “vaticinios” envenenados no por amor al Cocibolca, sino por el sentimiento contrario que le provoca el Frente Sandinista al salir fortalecido tras cada augurio apocalíptico de sus adversarios:

“Tampoco se podrá beber el agua del lago”. “Las isletas van a desaparecer”. “El país quedará dividido en Nicaragua del Norte y Nicaragua del Sur. “Estoy comiendo bastante pescado porque después solo enlatados por los chinos”.

De haber ido Cardenal en la nao Santa María, ¿qué tal le hubiera ido a Colón?

http://www.el19digital.com/articulos/ver/titulo:23645-cardenal-la-falacia-contra-el-canal-y-los-vaticinios-fallidos

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