Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

lunes, 29 de septiembre de 2014

"¿Ya has matado a tu Tutsi?"

"¿Ya has matado a tu Tutsi?"
Por Antonio J. Martínez Fuentes*

Construir las bases  del enfrentamiento

Ruanda es considerada una nación predominantemente cristiana, donde tres de cada cuatro personas se dice católica después de más 100 años de exposición intensa a misioneros blancos. En 1994, el país se convirtió en un cementerio enorme. Se estima que en 100 días, 800,000 hombres, mujeres, niños y ancianos fueron masacrados  al enfrentarse grupos tribales locales lo que resulto en uno de los más terribles  genocidios de nuestra época.


En Ruanda coexisten  tres comunidades de desigual peso demográfico: twas 1%, tutsis 14%, y hutus 85%. Atendiendo a un criterio  étnico, la mayoría hutu, son personas de origen nigero-congoleño cuya labor principal es la agricultura,  la minoría tutsi  (14%), pueblo nilo-sahariano con labor fundamental la ganadería y que tradicionalmente ocupaba el ejercicio del poder y los pobladores originarios del territorio, los Twa un grupo pigmeo que seguía una forma de vida de subsistencia mediante la caza y la recolección.  con solamente  un 1%.

Antes del régimen colonial, los hutu y los tutsi no eran grupos étnicos tal y como existen hoy. La relación entre diferentes pueblos ruandeses era compleja y mutable. En el centro del estado había un tribunal poderoso, centralizando, basado en el linaje Nyiginya (tutsi). En el campo, los tutsi eran dueños del ganado y los representantes del tribunal; los hutu eran granjeros, y  podían, convertirse en tutsi cuando los jefes se incorporaban a la elite dirigente, o los granjeros se enriquecían y adquirían ganado. De esta manera, los tutsis y los hutus se distinguían por el carácter terrateniente y agricultor respectivamente.

Cuando los alemanes llegaron como los primeros conquistadores coloniales, las estructuras sociales vigentes  estaban muy organizadas y eran de naturaleza piramidal.

Hay poca diferencia entre la raíz cultural de los tutsis y hutus. Hablan el mismo idioma que se llama Kinyarwanda y tienen las mismas creencias religiosas, ya que la mayoría de ambos grupos es cristiana con unas creencias tradicionales. El índice de matrimonios mixtos entre los tutsi y los hutu ha sido muy alto y las relaciones entre los dos grupos eran generalmente pacíficas hasta cuando ocurrió la colonización por parte de Alemania y Bélgica. Culturalmente, se trata de una división prácticamente artificial, basada más en la clase social que en la etnicidad, dado que las diferencias son mínimas y se traducen en algunos  aspectos físicos como la estatura.

Los belgas, los alemanes y los británicos querían la posesión del territorio. No obstante, en 1910, Alemania obtuvo el control sobre Ruanda y Burundi.  Sin embargo, durante la Primera Guerra Mundial, los belgas ganaron el control y el día 23 de agosto de 1923, la Liga de Naciones dejó a Ruanda y Burundi bajo la supervisión de Bélgica.

Fue la colonización la que creó el etnicismo al promover y exacerbar diferencias, que eran menores, entre los distintos grupos humanos con los que se encontraron en Ruanda. De esta manera, la etnicidad fue algo inventado y amplificado por la administración colonial y por los misioneros católicos.

Alemania y Bélgica convirtieron la relación tradicional entre los hutus y los tutsis en un sistema de clases, favoreciendo a la minoría tutsi  sobre los hutus para imponer su dominio e hicieron que  pasara de ser una casta superior a una minoría dictatorial. Con la llegada de los belgas la división racial se consolidó y comenzaron a interesarse por las diferencias entre hutus y tutsis. En 1920, se realizaron estudios antropológicos  de estos grupos basándose en la medición del cráneo y su estatura Los tutsis eran más altos, su cráneo era más grande, y tenían la piel más clara que los hutus. Por ello, los europeos creyeron que los tutsis tenían ascendencias caucasianas, y que por lo tanto eran superiores a los hutus.

La influencia occidental, a través de la introducción artificial por los belgas de un carné étnico (1934) que otorgaba a los tutsis mayor nivel social y mejores puestos en la administración colonial, acabó institucionalizando, definitivamente, las diferencias sociales. Mientras tanto, los pigmeos twas, gozaron de un relativo buen trato por parte de la casta tutsi que consideraba a los cazadores de las montañas por encima de los hutus en la pirámide social.

No podemos dejar de tener en consideración que las etnias allí existentes  padecieron la apropiación por parte de las grandes potencias de sus tierras, pero además sufrieron  “la clasificación y posterior desestructuración de las relaciones tradicionales de las que eran parte estos pueblos, convirtiendo su trato común en una interacción, dándole el carácter de conflictivo a las relaciones establecidas...”.

Es de considerar que tras estas concepciones,  el sistema implantado entonces  se encuentre relacionado directamente con el ejercicio de la ciencia, especialmente las humanas, y por ende también con la antropología.

El proceso de etnización y racialización y el establecimiento de diferencias entre hutus y tutsis, es fundamental para entender la violencia política entre ambos grupos. Estas estratificaciones de las poblaciones fueron elementos importantes para las pretensiones y políticas coloniales, que se extienden hasta hoy y no solamente en África como podemos constatar en el presente.

Cuando la metrópolis belga  consideró que las reclamaciones tutsis eran desmesuradas, cambió de comportamiento y comenzó a apoyar a la mayoría hutu. Finalmente, la rivalidad entre los dos grupos se agudizó con la creación, por iniciativa belga, de varios partidos políticos sobre bases étnicas. También  se debe resaltar el papel de los misioneros europeos por legitimar el sistema social y la dominación colonial, con nuevas normas que no limitaban el comportamiento injusto y la explotación de unos por parte de otros.

Ese fue el escenario en el que nació y se enraizó el odio entre hutus y tutsis, hasta que, tras obtener Ruanda y Burundi la independencia de Bélgica en 1962, los enfrentamientos entre ambos grupos étnicos se fueron intensificando, dando paso a una época en las que las violaciones de derechos humanos y los golpes de Estados se convirtieron en la norma común. Los tutsis, en su mayoría ganaderos, habían sido favorecidos por los colonialistas alemanes y, después,  por los belgas, que siguieron con la misma política, en detrimento de los hutus, que siendo mayoritarios en el país, eran sometidos por la minoría tutsi que los trataba como a siervos. Fueron los misioneros y colonizadores europeos quienes interpretaron a estos dos grupos sociales como poblaciones distintas. Adoptando los criterios utilizados por la antropología decimonónica,

Los misioneros católicos, se dedicaron a adoctrinar a los hutus y a inculcarles el sentimiento de ocupar su lugar mayoritario en el país. Ambas etnias estaban repartidas en dos países Ruanda y Burundi. En 1962, al acceder a la «independencia» Burundi, los jefes y cabecillas hutus, fueron casi exterminados por los tutsis. Al mismo tiempo, en Ruanda, fueron los hutus los que masacraron a miles de tutsis, exilándose otros cuantos miles a Uganda y Ruanda.

Un incidente, el 1 de noviembre de 1959 entre jóvenes tutsis y uno de los líderes hutus se convirtió en la chispa de una revuelta popular, en la cual, los hutus quemaron propiedades tutsis y asesinaron a varios de sus propietarios.

La administración belga, durante dos años de enfrentamientos de bajo nivel entre unos y otros, contabilizó un total de 74 muertos, de los cuales, no obstante, 61 eran hutus, asesinados por nuevas milicias tutsis que pretendían acabar con el movimiento revolucionario, el cual respondió con más fuerza ante la represión y, durante los dos años siguientes, alrededor de 20.000 tutsis fueron  asesinados.

En 1965, por ejemplo, ocurrió una matanza de hutus,  que volvió a repetirse en 1972 con más virulencia incluso: fueron asesinadas más de 200.000 personas. En agosto de 1988 y en diciembre de 1991 se repitieron las matanzas. Según un informe de Amnistía Internacional, más de medio millón de hutus fueron ejecutados entre 1965 y 1991.

Grégoire Kavibanda fue el primer presidente de una Ruanda liberada del dominio colonial. Los datos de crecimiento económico y estabilidad social eran esperanzadores. A pesar de las diferencias acumuladas durante siglos, tutsis y hutus lograban convivir sin llegar a enfrentamientos generalizados. No obstante el odio entre partidarios de la república, de mayoría hutu, y partidarios del régimen anterior a ésta, mayormente de la etnia tutsi, aumentaba y aunque  principios de la década de los 70, el enfrentamiento no era exacerbado, ya se estaba fraguando una división social pronunciada que produciría conflictos mayores.

La población comenzó a exigir a su presidente Grégoire Kavibanda mano dura contra la anterior clase dominante en el país y la respuesta insatisfactoria por parte del presidente y los casos de corrupción en el gobierno, provocaron el golpe de Estado del general Habyarimana (de origen hutu), en julio de 1973.

En octubre de 1990, el Frente Patriótico Ruandés compuesto por exiliados tutsis expulsados del país por los hutus con el apoyo del ejército, invade Ruanda desde su vecina Uganda.

El genocidio (Algunas imágenes)

En los años 90 del pasado siglo comienzan una cadena  de episodios de violencia  en Ruanda, cuando el gobierno dirigió un movimiento apelando a la primacía hutu.

El 6 de abril de 1994, el avión en el que viajaban los presidentes de Ruanda (Juvenal Habyarimana, y de Burundi (Ciprian Ntayamira) fue derribado por dos misiles cuando se disponía a aterriza en Kigali, ello provocó el inicio de una cruel masacre en toda Ruanda, al día siguiente la primera ministra y 10 soldados belgas de las fuerzas de las Naciones Unidas que la custodiaban fueron asesinados por la guardia presidencial.

La ONU, que en 1993 había enviado  una misión al país (MINUAR) con la finalidad de contener la escalada de violencia, optó por la pasividad cuando se inició el genocidio -visiblemente preparado y cuidadosamente organizado-Las fuerzas de MINUAR no recogieron las armas que se distribuían entre los milicianos, a pesar de tener el mandato correspondiente y, en el momento inicial de las matanzas, evacúan el terreno y dejan desprotegida a la población.

El crimen, progresivamente se prolongó contra todos los tutsis y hutus moderados. Aun así, familias hutus escondían en sus casas a vecinos y conocidos tutsis. En todo este proceso eran de gran importancia las tarjetas de identificación personal establecidas en épocas coloniales, ya que los hutus se servían de ellas para identificar a los tutsis y proceder a su exterminio.

Entre el 9 y el 11 de abril, alrededor de 3.300 extranjeros [norte] americanos, franceses, italianos y belgas, fueron evacuados. Mientras tanto, la misión de Naciones Unidas, UNAMIR, debido a órdenes superiores tuvo que mantenerse al margen del conflicto puesto que su mandato no les permitía intervenir.

La táctica de los genocidas de Ruanda era reunir a un gran número de víctimas en lugares cerrados con escasos números de medios para defenderse. Las iglesias y los estadios deportivos eran los lugares predilectos por los genocidas para realizar la masacre.

El 21 de abril, el Consejo de Seguridad de la ONU (CdS) aprueba la retirada de sus tropas excepto 270 oficiales. El 30 de abril, el Consejo emite una resolución sobre los asesinatos que se estaban llevando a cabo en Ruanda, no considerando la situación como “genocidio”. Mientras tanto, miles de ruandeses, se refugiaban en países vecinos como Tanzania, Zaire y Burundi.  Sólo en un día huyeron 250.000 personas.

El 17 de mayo, una resolución de la ONU consideró que habían sido cometidos “actos de genocidio” y trató de enviar a 5.500 soldados. Pero no fue hasta el 22 de junio que el CdS autorizó a tropas francesas desplegarse en el suroeste de Ruanda, creando un área segura para refugiados, llamada “Zona Turquesa”.

El 28 de junio se publicó un informe en Ginebra señalando que las masacres habían sido planificadas y constituían una campaña de genocidio. Posteriormente se ordenó su investigación.

Aproximadamente, el 14 de julio un millón de personas huyeron a Zaire y 6.000 accedieron a la zona de seguridad francesa (incluyendo miembros del gobierno). Finalmente el FPR, tomó Gisenyi y Kigali el 17 de julio de 1994, culminando con  esto el genocidio. Dos días más tarde  se crea un nuevo gobierno de unidad nacional y se anuncia el final de las tarjetas de identificación personal.

En noviembre de 1994 el CdS adoptó la resolución 955 sobre el restablecimiento de un Tribunal Penal Internacional para los criminales de Ruanda. Datos aproximados de diferentes ONGs y Organismos Internacionales revelan que, en los cien días que duró el genocidio, se eliminó al 75% de los  tutsis. El medio principal para llevar a cabo la matanza fueron armas rústicas, palos, machetes, piedras. La brutalidad con la que se perpetró el genocidio dejó lacras tanto físicas como psicológicas en los pobladores de Ruanda.

Las masivas violaciones, muertes, abusos sexuales a niñas y mujeres, mutilaciones genitales, y demás actos inhumanos y tratos crueles propiciados a los individuos de la etnia tutsi y hutu moderados, constituyen una grave violación a numerosos convenios de las Naciones Unidas.

En la ocasión el diario belga «Le Soir», escribía al respecto «... se trataba de arrastrar al mayor número posible de personas [de hutus] en esa locura criminal, con el doble propósito de comprometer al máximo de gente, y de ser lo más eficaces posible. El resultado es elocuente: un millón de muertos y miles de asesinos».

Las causas de esa matanza tienen que ver con la posesión de las riquezas naturales del país por  potencias coloniales presentes en la zona, que en vez de intervenir y parar la matanza, retiraron sus tropas bajo el pretexto de no injerencia. Se conoce que la ineficacia e indiferencia de actores internacionales como la ONU, la Organización de la Unidad Africana, los Estados Unidos de América, Francia, Bélgica y Egipto para dar término a este horrendo  conflicto.

Probablemente nunca se sabrá el número exacto de muertos, pero dando por cierta la cifra de 800.000, eso equivaldría al 11% de la población, un 80% de los tutsis. La violencia en Ruanda ha tenido carácter intermitente y de apariencia étnica: afecta el país desde finales de la época colonial hasta la actualidad. La historia de  Ruanda es una historia de manipulaciones, de etnicismo fomentado, de mistificación de la historia, con una finalidad muy concreta y evidente. Esta mirada sobre el mundo proviene de un modelo donde este, ése tipo de constelaciones simbólicas y conceptuales, raíces, identidad, tradición, tierra…, pueden transformarse en instrumentos de muerte, y no solo de conflictos sociales y políticos.

*Sociedad Cubana de Antropología Biológica.

Enviado por su autor para Cubacoraje

En el próximo número> 

IV Parte: Guías, manuales y masacres

Lic. Rosa Cristina Báez Valdés "La Polilla Cubana"

Moderadora Lista Cuba coraje, miembro de Red Social

Hermes y miembro fundador de la Red de Trincheras Amigas

Twitter @LaPolillaCubana

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