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miércoles, 10 de septiembre de 2014

OBAMA, LA MÁSCARA DEL FARISEO


OBAMA, LA MÁSCARA DEL FARISEO
Por Miguel Urbano Rodrigues 

 ¿Qué quedará en la historia del paso por el poder de Barak Obama en el inicio del siglo XXI cuando el fin de la hegemonía de Estados Unidos comenzaba a ser transparente? 

Creo que la imagen del hombre y el estadista será muy negativa. Admito que será responsabilizado por las futuras generaciones en el mundo y en su propio país del agravamiento de una estrategia imperial criminal que empujo a la humanidad hacia una crisis civilizatoria que amenaza su continuidad.

Pero en estos días, en los países de la Unión Europea, la imagen de un Obama inexistente fue  tan profundamente asimilada por millones de personas, desde Lisboa hasta Budapest, de Londres hasta Varsovia, que es muy difícil persuadir a la mayoría de que el actual presidente de USA es lo opuesto al ciudadano ejemplar a quien la Academia de Oslo atribuyo el Premio Nobel de Paz.

Una campaña masacrante, de ámbito mundial, fabricó y difundió la imagen de un Obama dispuesto a cambiarlo casi todo en los EUA y a promover la paz en el mundo, un político con matices revolucionarios.

El senador Barack Obama llamo la atención, aún joven, por ser un hombre muy inteligente, ambicioso, gran orador. Candidato por el Partido Demócrata, sabía, en plena crisis, capitalizar el descontento de la mayoría del electorado, con un discurso progresista que sintetizó las aspiraciones de los más pobres y  de la clase medio, que  habían sido duramente afectadas por el escándalo de los subprime.. Ataco el Wall Street, responsabilizó a la Banca y a las grandes transnacionales, por el sufrimiento de las víctimas del engranaje. Su famosa frase yes, we can (si, nosotros podemos) las admoniciones al congreso, las denuncias de una política diferente, orientada hacia la Paz fueron decisivas para la gran victoria electoral que alcanzo.

Una ola de esperanza recorrió EUA

El hecho de ser negro también contribuyó para que los intelectuales progresistas, incluyendo muchos comunistas, admitieran que el país podría estar en vísperas de un cambio.

Mientras tanto, para sorpresa de la mayoría, su campaña fue generosamente financiada por el gran capital. Wall Street conocía al hombre; sus críticas y promesas y su oratoria popular no impresionaron la Finanza.

Los señores del capital actuaron con inteligencia.

Instalado en la Casa Blanca, Obama olvido, engavetó o violó la mayoría de los compromisos asumidos.

No cerró la cárcel de Guantánamo, mantuvo la legislación represiva de Bush, promulgo una ley que, en la práctica, autoriza la tortura y otra sobre la prisión de sospechosos de relacionamiento con posibles terroristas (diploma que en palabras de Michel Chossudovsky confiere al Estado un carácter totalitario), y llamó para el gobierno y cargos de su confianza políticos a  economistas relacionados íntimamente con el engranaje del Wall Street.

UNA POLÍTICA EXTERNA IMPERIAL Y AGRESIVA

La nominación de Hillary  Clinton para el Departamento de Estado fue el prólogo de una política internacional profundamente reaccionaria.

La esposa del ex-presidente imprimió a su acción un estilo más agresivo y bélico que el de Condoleeza Rice.

Obama apoyó su defensa del sionismo, sus críticas desabridas a China, su abierta hostilidad hacia el mundo islámico.

Una de las primeras decisiones estratégicas del presidente fue el envío de más de 100.000 militares para Afganistán.  No dudo  en presentar como prioridad la victoria en la guerra de agresión allí iniciada por Bush hijo. El resultado negó el proyecto. Posteriormente, el fracaso de sucesivas ofensivas- dos comandantes regionales fueron despedidos- desembocó  en el compromiso de retirar todas las tropas estadounidenses hasta final de 2014. Sin embargo, al final, van a permanecer allí varios miles  de soldados.

Hoy en día, las fuerzas que combaten en el país a los ocupantes norte-americanos y a la OTAN controlan casi todo el territorio con excepción de Kabul y de las principales ciudades.

En cuanto a la producción de opio aumentó bastante desde la invasión en 2001.

La agresión a Libia, también concretizada  en nombre de la defensa de los derechos humanos y el amor por la libertad y la democracia, fue en realidad una guerra imperial, preparada con antecedencia con características genocidas. De acuerdo con el proyecto, viabilizado por el Consejo de Seguridad de la ONU, el resultado después de la destrucción del país y del asesino de Muamar Khadafi  sería un  «régimen democrático», tutelado por Washington, por los aliados de la Unión Europea y por las grandes empresas petrolíferas.

Pero las cosas no ocurren de acuerdo con los deseos de Obama.

Los gobiernos fantoches instalados por los ocupantes perdieron  rápidamente el control del país. La situación existente es anárquica, con diferentes milicias involucradas en combates fratricidas. El desorden alcanzó tales proporciones que una de estas milicias tribales ocupó en Trípoli edificios de la embajada de los EUA cuyo personal diplomático había prudentemente abandonado el país.

En Iraq, una campaña estruendosa anuncio al mundo que, cumplidos los objetivos de la invasión del país, e instalado en Bagdad «un régimen democrático estable», EUA, honrando una promesa, había retirado, finalmente todas las tropas de combate.

Otra grosera mentira. Decenas de miles de mercenarios, controlados por empresas mafiosas de los EUA, sustituyeron las fuerzas del ejército.

La situación en Bagdad y en las provincias es caótica. Las últimas elecciones, como las anteriores, fueron una farsa. Pero la negativa del primer ministro Nouri Al Malik en abandonar el poder generó  una crisis, marcada por escenas propias de un teatro del absurdo que sólo terminó con un ultimátum de Washington. La violencia es endémica en todo el territorio.

En Siria, Obama intentó repetir, recurriendo a un método diferente, la «operación» desestabilizadora que en Libia tenía por objetivo el derrocamiento del régimen.

La fase inicial fue una campaña mediática montada a nivel mundial para mostrar que el país estaba sometido a una feroz dictadura. El presidente Bashar al Assad fue satanizado, presentado como un monstruo responsable por los crímenes en contra de la humanidad.

La segunda fase fue el desencadenamiento de una “rebelión”. Grupos de mercenarios, armados y financiados por EUA, por Israel y por Turquía, atacaron el ejército, destruyeron instalaciones públicas, ocuparon ciudades y aldeas.

Crímenes cometidos por los «rebeldes» fueron atribuidos por los gobernantes y por los medios de EUA y la Unión Europea a las fuerzas armadas Sirias.

Obama llegó a anunciar en un discurso incendiario, que tomó la decisión de bombardear Siria para instalar en el país la democracia y las libertades.

Sin embargo, el contexto difería de lo planeado. La gran mayoría del pueblo Sirio y su ejército infligieron severas derrotas a las organizaciones terroristas, señaladas por Washington. Y la firmeza de Rusia forzó a Obama a renunciar al anunciado bombardeo.

Esta derrota política coincidió con otra. El gobierno norte-americano, que en semanas anteriores multiplicaba las amenazas a Irán, y aprobaba paquetes de sanciones a Teherán por no ceder a sus exigencias, cambio súbitamente de táctica y discurso y decidió abrir negociaciones con el gobierno del presidente Hassan Rohani.

OBAMA Y EL CAOS UCRANIANO

En una demostración de irresponsabilidad, Barack Obama tomó iniciativas en la frente europea que agravaron las relaciones con Rusia, ya bastante tensas, en el momento en que en el Medio Oriente  acumulaba derrotas.

El escenario escogido para la confrontación fue Ucrania. No supo extraer lecciones del fracaso Georgiano.

Todo comenzó a principio de febrero con las manifestaciones en Kiev tendientes a desestabilizar el país. En la plaza Maidán grupos paramilitares, financiados por la CIA provocaron disturbios, asaltaron ministerios, destruyeron edificios públicos y entraron en choques armados con la policía.

Washington alcanzó el objetivo. El presidente legitimo, Víktor Yanukóvich – de hecho un aventurero corrupto, tal como la ex primera ministra Timochenka, de la ultraderecha- fue derrocado el 24 de Febrero.

Una junta de políticos fascistas, creada ad hoc, asumió temporalmente el gobierno del país.

Los EUA festejaron, y una farsa electoral llevó a la presidencia al multimillonario Petró Poroshenko, conocido por el apodo de «rey del chocolate».

La farsa democrática fue recibida con reservas por algunos de los aliados europeos de los EUA.

Quedó claro que el Parlamento y la Junta son controladas por partidos de extrema-derecha, algunos de los cuales exhiben con orgullo símbolos nazis.  La caza de los comunistas fue oficializada.

Ucranianos que lucharon en las SS hitlerianas contra la Unión Soviética son ahora convertidos póstumamente en héroes nacionales.

En el este del país, en provincias donde la mayoría de la población es de habla rusa, la resistencia encontrada por el gobierno fantoche de Kiev fue inmediata. Exigían garantías de una amplia autonomía.

Poroshenko no supo extraer de lo sucedido en Crimea las conclusiones que se necesitaban.

Con el aval de Washington y confiando en promesas de una ayuda financiera generosa, garantizo que iba a controlar a los «rebeldes » en pocos días.

La bravata fue luego desmentida. Las ofensivas del ejército de Kiev, apoyadas por brigadas de voluntarios que se asumen como nazis y anti rusos, fueron derrotadas.

La propia prensa de los EUA reconoce que la deserción de soldados y oficiales del ejército de Kiev  es masiva.

En el momento en que escribo –inicios de septiembre- la situación militar, política, económica y social es catastrófica.

Las insistentes apelaciones para conseguir ayuda militar y el pedido de ingreso de la OTAN, formulados por la junta, expresan el desespero de la camarilla instaurada en el poder.

Las declaraciones del presidente de EUA y del secretario de Estado John Kerry –un republicano  muy conservador y de mediocridad inocultable-  dejan ver la confusión existente en Washington.

Obama esclareció que, de momento, no tiene una estrategia definida para la región.

No puede confesar que todas las opciones son negativas.

EUA refuerza la presencia militar en las Repúblicas Bálticas, en Polonia y va a instalar cinco nuevas bases militares en los países del este. Al mismo tiempo, la Unión Europea escoge para presidente del consejo de ministros, como sucesor del belga Rompuy, al polaco Donald Tusk, un anti ruso  que en su juventud militó en Solidarnosc de Lech Walesa.

Pero las arrogantes amenazas de Obama a Rusia son en la realidad tiros de pólvora seca. Las sanciones perjudican sobre todo a la Unión Europea.

El presidente sabe de sobra que las acusaciones contra unidades militares rusas en las provincias separatistas ucranianas son falsas.

Los generales del Pentágono consideran impensable el involucramiento de EUA en Ucrania en una guerra convencional contra Rusia. Y el uso mismo de armas nucleares, siendo tácticas, sería probablemente el prologo de una tragedia planetaria.

La desorientación que se instaló en la Casa Blanca, en el pentágono y en el departamento de Estado se justifica.

En el auge de la crisis de Ucrania, la situación existente en Iraq y en Siria se agravó peligrosamente.

La proclamación de Califato en territorios de la media luna fértil por una organización  yihadista que se auto titula Estado Islámico  desencadenó pánico en Washington y en las capitales europeas. Surgiendo repentinamente como vendaval de violencia, estas organizaciones de yihadistas fanáticos, liderados por Abu Bakr Al Baghadi  (que afirma ser descendiente del Profeta Muhammad) ocupó en pocas semanas un área del nordeste de Siria y casi un tercio de Iraq. Provocó derrotas demoledoras al ejército Iraquí e invadió territorios del Kurdistán autónomo, aliado de EUA.

La situación, tal como se presenta nos recuerda una tragicomedia.

Reaccionando a los SOS lanzados por el nuevo primer ministro de Bagdad, Haida al Abadi, hombre de confianza de la casa blanca, EUA decidió realizar bombardeos quirúrgicos, alegando reaccionar así para evitar el exterminio de los Yazidís, una minoría de religión preislámica (serán como máximo unos 300.000) con rituales del  mazdeísmo persa.

Omitieron los medios de comunicación que los Yazidís fueron bombardeados en el 2007 en circunstancias más esclarecidas y que, en ese entonces, el gobierno de EUA ignoró el asunto.

Obama informó que, por ahora, EUA no enviará tropas terrestres para la región.

Los monstruosos actos de barbarie practicados por el Estado Islámico, (ya degollaron dos periodistas estadounidenses- provocaron la justa indignación de millones de musulmanes en todo el mundo. Los gobiernos de Irán y de Siria hicieron pública su disposición para combatir los criminales del Califato fantasma.

La posición de EUA, enfrentando una situación de pesadilla, inimaginable hace pocos meses, es, por lo tanto, más que incomoda, dilemática. Todas las opciones –repito- son negativas.

No pueden aceptar la ayuda militar de Siria, de Irán y de otros Estados enemigos que definen como terroristas y forman aquello que llaman «el eje del mal».

Tampoco pueden reenviar tropas de la US Army para Iraq después de haber utilizado la retirada de éstas como prueba de cumplimiento de su misión «democrática y civilizadora».

¿Que hacer entonces?

Barack Obama  no tiene respuesta para esta pregunta.

Pienso que los historiadores que identifican en la Historia,  la madre de las ciencias, llegarán en el futuro a la conclusión de que Obama fue el más nocivo, hipócrita y peligroso para la humanidad de todos los presidentes del país.


Villa Nueva de Gaia,  3 de Septiembre de 2014

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