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sábado, 12 de julio de 2014

El triunfo de la Revolución en 1979 y los setenta años del socialismo revolucionario en Nicaragua

El triunfo de la Revolución en 1979  y los setenta años del  socialismo  revolucionario en Nicaragua
Por Abel Rodríguez Mendoza*

Salvo excepciones, como la obra testimonial de Pérez Bermúdez y Guevara  en 1977, la del historiador progresista Jeffrey Gould (1984) y la más reciente del historiador marxista Rafael Casanova (2013), la mayor parte de los relatores nicaragüenses, ignoran los aportes del socialismo revolucionario en el país. La historia del movimiento revolucionario en Nicaragua, es asumida como la historia del movimiento sandinista. Los narradores más conocidos, dan las convencionales zancadas  desde la gesta heroica del Gral. Augusto C. Sandino entre 1927 y 1934 hasta la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) entre los años de 1961 y 1963. Pretendiendo objetividad, el historiador Jesús Miguel blandón, realiza un inventario de los movimientos armados antisomocistas entre 1934 y 1961, ignorando –como los anteriores- tanto los movimientos sindicales, como el surgimiento y desarrollo de  los partidos obreros: Trabajador Nicaragüense (PTN entre 1931 y 1938) y Socialista Nicaragüense (PSN entre 1944 y 1979).

Veamos esta observación desde una perspectiva dialéctica. Se considera, sin duda, que el primer movimiento revolucionario que surgió en el país,  fue la lucha encabezada por el Gral. Augusto C. Sandino, a través del Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN). El mismo, provino de un proceso de radicalización del liberalismo tradicional, iniciado en 1912 y surgió en el marco de la Guerra Civil de 1926-1927, evolucionando hacia una guerra de liberación nacional contra la intervención militar norteamericana. Entre otras, a este movimiento se le pueden atribuir las siguientes fortalezas: a) la extensión de su lucha del Departamento de Nueva Segovia, a la mitad del territorio nacional  entre 1927 y 1933, situación que obligó a los marines a desocupar el país sin lograr derrotarlo. Por el contrario, los norteamericanos sufrieron su primer derrota táctica; b) lograr que su lucha fuera conocida a nivel internacional, convirtiéndose en un símbolo para todo el continente Americano; c) sentar las bases de un programa político, no solo en defensa de la soberanía nacional, sino de liberación social, identificado en esencia, con los contenidos básicos el socialismo.
 
Pero tal como se ha señalado anteriormente, el movimiento, -en correspondencia con su época y sus particularidades- careció de una dirección político -ideológica grupal. De allí, que, primero, al finalizar la intervención militar directa en 1933, el movimiento integrado en su mayoría por campesinos, pasó a ser desmovilizado por los acuerdos de paz. Cuando Sandino trataba de imprimirle formas políticas al  movimiento, fue que se produjo su asesinato, en febrero de 1934. La vasta represión criminal, que desarticuló y dispersó a los mandos y bases campesinas del EDSN -carentes de experiencia organizativa y formación político-ideológica- no permitieron su resurgimiento en las décadas subsiguientes. Esta conclusión, no obra en demérito de los heroicos movimientos armados, que protagonizaron veteranos del EDSN, como Juan Gregorio Colindres en 1948 y Ramón Raudales en 1958, pero si analizamos sus propuestas políticas -cuando las tuvieron- estas no son propiamente una continuidad o resurgimiento específico de la propuesta original de Sandino y el EDSN, de los años de 1927 a 1934.

A diferencia del movimiento de Sandino, la segunda alternativa revolucionaria, no emergió de forma repentina, en el marco de una guerra civil, tal como surgieron Sandino y el EDSN, escindido a su vez del liberalismo tradicional. Por el contrario, constituyó un largo proceso evolutivo de las formas organizativas artesanales de las clases populares urbanas y las huelgas de los trabajadores de los enclaves madereros y mineros, que transitaron de las formas asociativas mutuales a inicios del siglo XX, hacia la organización sindical que adquirió gran pujanza, en las décadas de los años 30, 40 y 50. Luchas que tuvieron como culminación, la constitución primero del Partido Trabajador Nicaragüense (PTN) en 1931 y después en 1944 el Partido Socialista Nicaragüense (PSN). 

Tal experiencia organizativa, aunque fue propia de las clases populares son vistas hasta ahora de forma marginal, -cuando no  obviadas- por los mencionados narradores. Acuden en auxilio de esta práctica, no solo el atraso político-ideológico que influye en los mismos, sino también, los prejuicios sectarios, alimentados a lo largo de las décadas de los años sesentas y setentas, en que se polemizaba sobre los métodos de lucha a seguir. Tal polémica fue protagonizada por parte de las dos principales organizaciones de la  izquierda nacional: El PSN y el FSLN. El PSN sostuvo desde los inicios de 1960 que el eje principal de la lucha era el político-organizativo, para crear las condiciones subjetivas en las masas para la toma del poder y consideraron que  la absolutización de la lucha armada del FSLN Por su parte los dirigentes de la primera, señalaron al FSLN de “aventurero” y “ultraizquierdista”. Por el contrario el FSLN sostuvo que el eje principal de la lucha, para lograr este mismo objetivo debería ser la lucha armada y acusaron a los socialistas  de “reformistas”, “pacifistas” y “economicistas”.

No se pueden negar, por las mismas evidencias, que en el proceso de desarrollo de este Partido hubo una etapa reformista, marcada entre los años de 1944 a 1948, en la que sus jóvenes e inexpertos   fundadores, consideraron que, para las condiciones de Nicaragua, se requería de un proceso de modernización de las fuerzas productivas, para que de las mismas surgieran los nuevos agentes  sociales que deberían empujar las transformaciones de la sociedad, es decir el proletariado moderno. Una concepción que los llevó concebir, como el mal menor al Dictador Somoza García, investido de ribetes populistas, con relación a una  oposición conservadora, fuertemente arraigada de prejuicios anticomunistas. El PSN surgió entonces el 3 de julio de 1944, afectado por una coyuntura muy compleja, en que había una vasta movilización anti dictatorial por un lado y la política social demagógica del Dictador Somoza García, por el otro. Pronto, el Dictador, se percató que aunque novatos, los socialistas, eran indómitos y en concordancia con la política de Guerra Fría, inició una vasta represión en 1948 contra el joven partido y el movimiento sindical.

Tampoco se pueden negar que en lo interno del Partido, hubo a lo largo de su existencia, una fuerte lucha entre corrientes oportunistas que trataron de convertir las reivindicaciones economicistas en un fin; las alianzas políticas con la burguesía opositora en una estrategia y las corrientes radicales que surgieron desde fines de la década de 1950, -particularmente  en 1959- que pugnaron por colocar al Partido dentro de su rol histórico, como fuerza revolucionaria. Esta última fue la fuerza representativa del socialismo revolucionario, cuyos integrantes, durante generaciones, organizaron a las masas populares, alrededor de sus reivindicaciones inmediatas; trasmitieron, y divulgaron de forma clandestina  las ideas libertarias del socialismo, hasta tornarla, en atractivas para un amplio sector de la juventud.

Los socialistas revolucionarios, consideraron que había que realizar un programa político para organizar concientizar al pueblo y prepararlo para la toma  del poder político, por la clase obrera y campesina, sin desdeñar entre las formas de lucha, la violencia armada. En estos afanes, crearon organismos de lucha, sindical, campesino, femenil, juvenil, estudiantil, etc. colocándose a la cabeza de muchos movimientos en todo el territorio, entre los que podemos mencionar: las luchas campesinas entre 1964 y 1979 en Rivas, Carazo, León, Chinandega, Jinotega y Matagalpa, las grandes huelgas hospitalarias y de la construcción de 1973-1975. Se incorporó a la lucha armada, primero con el experimento de las FARN entre 1967 y 1970 y la OMP entre 1978 y 1979. Rompieron con las posiciones reformistas de 1967 y 1976-77 para que el PSN jugara un papel efectivo como fuerza revolucionaria. Todo ello le costó la cárcel y la tortura a centenas de cuadros y militantes del Partido y, en un extremo, la vida a decenas de cuadros políticos y militares, como Jacinto Baca Jerez, Bernardino Díaz Ochoa, Efraín González, Álvaro Montoya Lara Clara Luz Montes, etc.

Carentes de una visión dialéctica y científica, estos narradores convencionales, cometen dos  errores: 1) omiten que fue el paso por el Partido Socialista Nicaragüense  de jóvenes como Carlos Fonseca, Silvio Mayorga, Oscar Turcios, Oscar Danilo Rosales, Tomás Borge y otros, lo que permitió la forja de una nueva generación de revolucionarios que fundaron la tercera alternativa revolucionaria, el FSLN, la misma organización, que encabezó la insurrección armada y la victoria contra la Dictadura el 19 de julio de 1979; 2) también, soslayan que fue el trabajo paralelo  del PSN con los sectores populares, en los procesos organizativo-confrontativos a la patronal capitalista y al sistema somocista -que se mantuvo continuó desde su fundación hasta 1979-, lo que permitió el desarrollo de las condiciones subjetivas o la concientización de los amplios sectores de la población. Los mismos que se integraron, a los procesos insurreccionales de 1978 –1979, encabezados por el FSLN, y al sostenimiento de la misma Revolución Popular Sandinista, en los años ochenta.

Sin esa escuela política y formación ideológica en el PSN, las nuevas generaciones y dirigentes revolucionarios, pudieron haber devenido en heroicos opositores armados, sin una propuesta revolucionaria. Surgió una tercera alternativa revolucionaria (el FSLN en 1961-63), porque hubo una primera (Sandino 1927-1934) y segunda alternativa revolucionaria (el PSN, fundado en 1944). En segundo lugar, sin ese proceso de acumulación de fuerzas políticas y sociales, entre 1959 y 1979 hubiera sido imposible el triunfo revolucionario y quizás las ofensivas guerrilleras, hubieran tenido el destino de los heroicos movimientos guerrilleros y conspirativos de los años cuarentas y sesentas, aplastados impunemente por el Somocismo, sin ningún respaldo popular. Estos fueron entre otros los principales aportes del socialismo revolucionario en el país, surgido hace setenta años.

Engels  en su tiempo histórico, nos trazó una propuesta metodológica, para comprender de mejor manera estos procesos, que son aparentemente contradictorios: “se trata de investigar las fuerzas motrices que se hallan tras los impulsos de los personajes históricos-conscientes o, -como ocurre muy a menudo inconscientemente- de investigar las fuerzas  que en, última instancia, forman los verdaderos resortes de la historia, hay que tomar en cuenta no tanto los  impulsos de los individuos, aunque sean los más eminentes, como los impulsos que ponen en movimiento a grandes  masas de hombres de pueblos enteros y a su vez dentro de cada pueblo, a clases enteras”

C. Marx y F. Engels Obras Escogidas. Tomo II Moscú, 1955, p. 373. Manual de Marxismo Leninismo. Pág. 184-185.


*Militante sandinista y Ex socialista revolucionario

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