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miércoles, 11 de junio de 2014

El capitalismo está en riesgo de implosionar advierte presidenta del FMI en foro de plutócratas capitalistas

CHRISTINE LAGARDE, DIRECTORA DEL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL (FMI)
Crédito: politico.com

El capitalismo está en riesgo de implosionar advierte presidenta del FMI en foro de plutócratas capitalistas
Por: Chrystia Freeland

Aporrea.org | Miércoles, 11/06/2014 03:20 PM | 11 de Junio.-

Un artículo de Chrystia Freeland, publicado en politico.com, titulado "Ya no es solo George Soros. ¿Qué significa cuando la vanguardia capitalista empieza a hablar de la desigualdad?", revela lo extenso de la crisis que está enfrentando el Capitalismo a nivel global y como a sus máximos representantes, les preocupa la supervivencia del mismo.

A continuación, partes de lo escrito por Freeland:

"Ya no es sólo George Soros, el multimillonario de los fondos de cobertura, que alegremente se describe como "un traidor a su clase" y se ha preocupado durante mucho tiempo por las deficiencias de lo que él llama "el fundamentalismo del libre mercado". Entre los plutócratas, esta perspectiva que antes fue vista como radical, se ha ido convirtiendo en la corriente principal.

Esto se pudo ver en Londres a finales de mayo, en una conferencia sobre "El capitalismo Inclusivo", en las elegantes habitaciones, doradas del Guildhall (sede histórica de la Ciudad, y uno de los dos centros del mundo de las finanzas), los inversionistas internacionales que controlan 30 trillones de dólares de activos -un tercio del total global- se reunieron para discutir, lo que el director ejecutivo de Unilever, Paul Polman, llamó "la amenaza capitalista al capitalismo".

Polman y Lynn Forester de Rothschild, organizadores de la conferencia, escribieron en un ensayo introductorio, que el Capitalismo "a menudo ha resultado de gran manera, disfuncional. A menudo alienta la miopía, contribuye a las grandes disparidades entre los ricos y los pobres, y tolera el tratamiento irresponsable del capital ambiental. Si estos costos no pueden ser controlados, el apoyo al capitalismo puede desaparecer".

Eso fue sólo el preludio. El debate fue iniciado por
 Fiona Woolf, alcaldesa de la ciudad de Londres, quien advirtió que el capitalismo tenía que ser "para todos, no sólo para los pocos dorados". El siguiente fue el príncipe Carlos, que dijo que el triunfalismo del Capitalismo cuando colapsó la Unión Soviética, había sido un error y que "el trabajo a largo plazo del capitalismo es servir a la gente, y no al revés".

El discurso de la mañana estuvo a cargo de
 Christine Lagarde, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional. Ella citó tanto la predicción de Carlos Marx de que el capitalismo "acarrea las semillas de su propia destrucción", como la caracterización que hizo el Papa Francisco, del aumento de la desigualdad como "la raíz del mal social". Ella habló en contra de una reacción centrista que favorece el aumento de la desigualdad, diciendo que "en última instancia, debemos ocuparnos de la igualdad de oportunidades, no de la igualdad de resultados". El problema, dijo la señora Lagarde, es que las oportunidades nunca podrían ser iguales en una sociedad profundamente desigual, y pidió más sistemas progresivos de impuestos, y un mayor uso de los impuestos sobre la propiedad.

Estas recetas vinieron de la directora gerente del FMI, organización que ha sido durante mucho tiempo el villano en la cosmovisión del movimiento anti-globalización, el cerebro diabólico de los esfuerzos de la "doctrina de shock" de la plutocracia, para asumir el control del planeta.

En Guildhall, el día terminó con un discurso de apertura de la cena dado por otro de los arquitectos y perros guardianes del capitalismo global,
 Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, quien dijo que el aumento de la desigualdad de los ingresos era real e internacional: "Dentro de las sociedades, casi sin excepción, la desigualdad de ingresos tanto dentro, como entre las generaciones, ha aumentado demostrablemente". Él refutó el argumento de que todo se trata de meritocracia: "Ahora es el momento de ser famoso o afortunado", y advirtió, con un lenguaje fuerte, que el sistema capitalista estaba en riesgo: "Así como toda revolución se come a sus propios hijos, el fundamentalismo de mercado no supervisado, puede devorar el capital social esencial para el dinamismo a largo plazo del capitalismo".

Para los plutócratas estadounidenses, aceptar que el capitalismo no funciona para todo el mundo puede ser una píldora más amarga de tragar que para muchos de sus pares globales, porque, en Estados Unidos más que en cualquier otra parte del mundo, en las últimas décadas la riqueza y su acumulación han llegado a ser vistas como una virtud cívica.
 Como Nick Hanauer, el empresario e inversor de Seattle, ha señalado, "ser rico significa, por definición, que eres bueno". (Esto, dice Hanauer, ha hecho que sea particularmente agradable para un norteamericano, ser rico,  tú disfrutas tanto de moral como de bienestar material).

Parte importante de esta historia es la llamada "meritocracia".
 En Estados Unidos, más que en ninguna otra parte, los plutócratas se definen como inventores y luchadores hechos por sí mismos. Ellos se construyeron ellos mismos. Esto es especialmente aplicable a Silicon Valley, y no es casualidad que sus magnates de la tecnología sean la cara más aceptada y aun amada, de la plutocracia estadounidense.

Este aspecto del aumento de la plutocracia no recibe mucha atención de parte de los estudiantes del fenómeno, de tendencia izquierdista, y por muy buenas razones: el rico hecho por sí mismo, sobre todo cuando adquiere la riqueza a través de la creación de un producto que todos amamos -Gmail, el iPad- es difícil de criticar.

Es por eso que los discursos de Lagarde y Carney en la conferencia "El capitalismo inclusivo", y la tendencia intelectual más amplia de la que ellos forman parte, son tan significativos. La "igualdad de oportunidades" es la política pública de elección de los  plutócratas meritócratas, no es casualidad que la educación sea el foco de atención del filantrocapitalismo estadounidense. Pero Lagarde -y recordemos que es la directora gerente del FMI- argumentó que la igualdad de oportunidades no es suficiente, y que es probablemente imposible de lograr con las condiciones de desigualdad en aumento. Carney enfrentó la justificación de la meritocracia, afirmando que "las ganancias en un mundo globalizado han amplificado las recompensas a las superestrellas y, aunque pocos de ellos se inclinarían a admitirlo, a los que tienen suerte," e invitó a los directores ejecutivos y los inversionistas a que se reunieran para juzgar la política pública a través del velo de la ignorancia de Rawls, "no saber sus futuros talentos y circunstancias".

Considerado junto a Thomas Piketty, cuyo principal sello de contribución a la política ha sido la idea de que, si se le deja seguir su propia lógica interna, el capitalismo va a crear una sociedad de cada vez mayores, y eventualmente heredadas disparidades de riqueza, estos argumentos representan un cambio radical en la forma en que pensamos en el mercado economía. Para estar seguro, siempre ha habido voces en la izquierda que sostienen que el capitalismo debe ser desechado por completo. Pero esa no es la posición de Piketty. Él tiene el cuidado de identificarse a sí mismo como un hijo de la era posterior a 1989, para los que el capitalismo es el único sistema económico plausible.

Lo nuevo en el argumento de Piketty es su divergencia de la crítica del capitalismo depredador que ha sido dominante entre los progresistas, sobre todo desde el año 2008. Para él, el problema no es sólo unos pocos codiciosos, vacas gordas, sino es el sistema mismo que está corrompido.

Curiosamente, este es ahora el mismo argumento que algunos de los propios plutócratas están haciendo; muchos más de ellos le están prestando atención. Desde el príncipe Carlos a Polman de la Unilever, desde el FMI hasta al Banco de Inglaterra, un grupo influyente en el corazón del capitalismo global está argumentando que el capitalismo tiene que ser cambiado con el fin de salvarlo.

Las mareas intelectuales están cambiando, y, con el tiempo, eso podría significar un cambio de rumbo político también. Extrañamente, al menos para la época de la posguerra, los estadounidenses no están a la vanguardia. Pero es un error pensar que la version Gordon Gekko, o incluso la Steve Jobs, del capitalismo, es la única manera en que los estadounidenses han pensado sobre su economía política.

Estamos acostumbrados a asumir que los estadounidenses culturalmente aceptan con normalidad las grandes disparidades de riqueza, y que los europeos nacen ya siendo socialdemócratas.

Pero no siempre ha sido así. Aquí está Thomas Jefferson (rodeado de esclavitud, por supuesto), escribiendo desde Monticello en septiembre de 1814: "No tenemos pobres ... La gran masa de la población es de trabajadores; nuestros ricos, que pueden vivir sin trabajar, ya sea manual o profesionalmente, son pocos, y de riqueza moderada. La mayor parte de la clase trabajadora posee bienes, cultivan sus propias tierras, tienen familias, y gracias a la demanda de su trabajo, pueden exigir de los ricos suficientes recursos que les permitan alimentarse abundantemente, vestirse decentemente, laborar  moderadamente y criar a sus familias... Los ricos, por su parte, y los cercanos a serlo, no tienen idea de lo que los europeos llaman lujo. Tienen sólo un poco más de las comodidades y propiedades que aquellos que se las suministran. ¿Puede cualquier condición de la sociedad ser más deseable que esta?"

Eso me suena mucho a "capitalismo inclusivo".

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La autora es miembro del parlamento canadiense y ex editora en jefe del Financial Times y Reuters. En 2012 publicó el libro "Plutocrats: The Rise of the New Global Super-Rich and the Fall of Everyone Else" (Plutócratas: el surgimiento del nuevo súper rico global y la caída de todos los demás).

El artículo completo puede leerse en:


Traducción: Aporrea.org

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