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lunes, 21 de abril de 2014

La soledad de América Latina

La soledad de América Latina
Juan J. Paz y Miño Cepeda

EL TELÉGRAFO - Primer Diario Público
Ecuador, lunes 21 de abril de 2014

En 1982, el colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014) y latinoamericano por ser de todos, recibió el Premio Nobel de Literatura. En la ceremonia de entrega del premio, el recientemente fallecido escritor pronunció un célebre discurso al que tituló “La soledad de América Latina”. En él hizo referencias, como si fueran escenas de la fantasía, a algunos hechos históricos que pintaban el novedoso e incomprendido camino de Latinoamérica en la construcción de su propia identidad. García Márquez sostuvo que de esas fuentes históricas, de esa realidad que sobrepasa cualquier imaginación, se nutría la obra de los creadores literarios, capaces de interpretar y reflejar al mundo concreto con la poesía.

Reclamaba de Europa la comprensión de América Latina, una región que ni era el eco de los acontecimientos europeos, ni tiene por qué ser una pieza de ajedrez de otros, pues su búsqueda de independencia y originalidad es parte de la vida del mundo occidental.

García Márquez pintó, además, la tremenda realidad latinoamericana inmediata, con dictaduras militares que acabaron con la vida de miles de hombres y mujeres, en su locura por liquidar toda búsqueda de transformación social. También pintó, con rápida lucidez, la herencia histórica de la pobreza y la miseria. Y supo plantear el desafío de la utopía latinoamericana por un mundo nuevo: “una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Pero ese mismo 1982 comenzó la crisis de la deuda externa en América Latina y en los años sucesivos la región se vio sometida por las imposiciones del FMI y la afirmación del modelo neoliberal, que se suponía daría fin al curso de la historia, en aras del mercado libre, la empresa privada absoluta y el retiro del Estado.

Las condiciones laborales y sociales de América Latina se derrumbaron en dos décadas. La democracia se deterioró y la región lucía ingobernable. El discurso de García Márquez, apenas se iniciaba la década de los ochentas, no solo reflejaba un presente, sino que se había anticipado a pintar el futuro.

Felizmente para la región, con el avance del nuevo milenio y los gobiernos de la Nueva Izquierda, América Latina comenzó a romper el cerco que parecía condenarle a cien años más de soledad.


Gabo pintó la herencia histórica de la pobreza y la miseria. Y supo plantear el desafío de la utopía latinoamericana por un mundo nuevo.

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