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sábado, 29 de marzo de 2014

El Gambito Ucraniano en los juegos Geoestratégicos contemporáneos. (No es aconsejable jugar ajedrez geopolítico con Rusia)

El Gambito Ucraniano en los juegos Geoestratégicos contemporáneos.
(No es aconsejable jugar ajedrez geopolítico con Rusia)
Manuel S. Espinoza J.

Los estudiosos y especialistas en las Relaciones Internacionales no se pueden quejar. Tienen la oportunidad de vivir la reconfiguración del mapa europeo, no visto desde inicios de la Segunda Guerra Mundial. El derrumbamiento del campo socialista, la desintegración de la URSS, la división de Checoslovaquia, el desmembramiento territorial de Yugoslavia y la aparición de varios pequeños estados como Bosnia– Herzegovina, Montenegro, Serbia y Kosovo, tienen eco hoy en Ucrania.

Ucrania no es una situación aislada. Es parte de una serie de estrategias de EE.UU y sus aliados occidentales, que tiene su lógica en la fracturación de los Estados por la vía étnica-cultural en función de su debilitamiento y control por separado, como  premisas básicas para la reconfiguración de balanzas de poder regional. Esta estrategia en la lucha por el poder no es nueva. Nos la enseñan desde Tzun Tzu, Kautilya, Gengis Khan, Maquiavelo, Napoleón, Hitler y hasta asesores de seguridad nacional como el polaco- norteamericano Zbigniew Brzezinski.

Otra ventaja y oportunidad atractiva que la dinámica de lucha geopolítica actual permite  a los estudiosos, es aprender a jugar el ajedrez normal y el ajedrez geopolítico que la escuela de estrategia rusa está enseñando a puertas abiertas. Más que humor es una realidad,  que puede fortalecer nuestra capacidad analítica sobre asuntos internacionales en el gran tablero mundial de la confrontación internacional. Hablo muy en serio. Esto no lo enseña las universidades donde se imparte esta carrera, a menos que  el catedrático sepa jugar ajedrez y conozca mucho de geopolítica y, sobre todo, sobre el sistema de estrategias en forma de gambito, que tejen a diario las acciones de política exterior rusa.

Desde luego, que no profundizaré en el sistemas de aperturas denominadas “gambitos” en el ajedrez, ni de cómo desde la visión de entregar piezas en plena apertura del juego, desde los flancos de la reina o del rey, crean un deseo casi irresistible de tomar, sin considerar los riesgos, que ese impulso traerá. El objetivo del gambito es la desorganización del plan trazado por el adversario, su desgaste e incapacidad posterior de defender posiciones estratégicas en el tablero.

Al lector, desde luego, le será mucho más productivo revisar todo este tipo de sistemas para luego asociarlas a las acciones de política exterior de un Estado en una situación como la que se vivió en la Crisis de los Misiles en el 62 en Cuba, en el 2008 en Abjasia y Osetia del Sur,  y hoy día en Ucrania y Crimea.

Este tipo de análisis nada tiene que ver con los intentos de ciertos colegas, que se sientan frente a las cámaras a “comentar” (como un juego de beis bol o boxeo) las noticias internacionales, para luego casi arrastrarnos a su conclusión. El análisis internacional sin técnicas o instrumentos analíticos nos lleva a laberintos fatales. Un ejemplo de esto fue lo expresado por George Friedman de Stratford, una agencia de análisis de inteligencia sobre asuntos internacionales abierta. “Los Estados Unidos han sorprendido a Rusia en trasladarle en sus costillas un conflicto como el de Ucrania en pago por su actuación en Siria”.

Cabría hacerse una pregunta sencilla: ¿Realmente sorprendieron a Rusia? Con ese nuevo acto de desestabilización, derrocamiento de un gobierno vía revueltas disque “populares” organizadas y financiadas desde los centros como la NED, USAID, INRI y hasta el mismo Departamento de Estado por mencionar algunos instrumentos en función de esos propósitos. ¿No habrán sido otros los sorprendidos con la posibilidad que la separación de Crimea y su unión a Rusia continúe en un efecto dominó en toda la parte oriental de Ucrania?

Resulta entonces que no solo deberíamos saber jugar ajedrez, sino también dominó y billar, también por aquello del tiro y efecto de bandas, pues son muchos los actores involucrados y los réditos y pérdidas que derivan de esta nueva situación internacional que atrae nuestra atención.
                                                  
No sé si el hecho que la Subsecretaria de Estado estadounidense Victoria Nuland y el senador John MacCain anduvieran repartiendo galletas en las calles de Kiev, o el que en una conversación descifrada entre ella y su embajador en Ucrania, mandando largo a la Unión Europea, alcanzaron el protagonismo deseado, pero Putin no sólo logró generar mayor popularidad y aceptación a lo interno, sino que  despertó la conciencia histórico-geográfica de Rusia.

En el exterior, más que ver la situación de Crimea como parte del expansionismo de Moscú, se observa el freno al expansionismo de la OTAN a partir de 1991. Mientras, EE.UU y occidente de nuevo se ven involucrados en la desestabilización de gobiernos legalmente instituidos y en el apoyo a fuerzas criminales en su afán expansionista. En Kosovo apoyaron al ELK constituido de traficantes de armas y drogas en Europa. En las “Revueltas árabes” a varias agrupaciones terroristas, comenzando por Al-Queda, hoy a la derecha ultranacionalista y fascista en Ucrania.

La situación se ha tornado más compleja con las intenciones de, “Internacionalmente sancionar económicamente” a Rusia y desprestigiarla ante la comunidad internacional. Strobe Talbot, un especialista estadounidense en asuntos de Rusia, criticaba el enfoque y la oportunidad perdida de integrar a Rusia a una alianza mayor. Obama proclamaba un “Reset” (reinicio) de las relaciones con Rusia. Hoy la tónica y los conceptos son otros. Como son otros los actores que, dentro de la elite de poder estadounidense (monopolios, transnacionales, oligopolios etc.) tienen un mayor peso en la toma de decisión en las administraciones de EEUU. Empresas como Coca-Cola y Snikers no serán pro rusas, pero son parte de la canasta alimenticia de la Federación Rusa, así como muchas empresas relacionadas con el petróleo y el gas ruso le están enviando mensajes al presidente Obama de no entusiasmarse mucho con los niveles de sanciones que los políticos sueñan. Hay que dejarlos soñar y nada más, pues ni ellos ni los golpistas fascistas en Ucrania representan mayor interés a su beneficio empresarial.

De tal manera, que mientras los funcionarios del Departamento de Estado y la CIA repasan los sistemas de Gambito en ajedrez y cómo los utiliza Rusia en sus acciones de política exterior, a EE.UU y occidente no les queda más que esperar y observar cómo Rusia y China consolidan sus relaciones económicas, políticas y militares. Si nuevas regiones de Ucrania se cruzan a Rusia y si sus nuevas aventuras desestabilizadoras no le permiten a Rusia reconquistar otros espacios geopolíticos perdidos o, en el peor de los casos, que el efecto bumerang se dé en sus propios países.

Msc. Manuel S. Espinoza J.

Presidente del Centro Regional de Estudios Internacionales.

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