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miércoles, 26 de febrero de 2014

Bolívar y Sandino con Venezuela en el lado correcto de la Historia

Bolívar y Sandino con Venezuela en el lado correcto de la Historia
Edwin Sánchez

Enviado por tortilla en Mar, 25/02/2014 - 11:36

Edwin Sánchez, 25 de febrero 2014


Los últimos informes anunciados por el presidente Nicolás Maduro revelaron que el 95% de los municipios de Venezuela se encuentran en paz, es decir, apenas un 5%  es donde la ultraderecha ha sembrado el terror, magnificado por los galeones mediáticos que quieren volver a la patria de Bolívar a su antigua condición de colonia. El 85.3% de la población consultada por la firma independiente ICS, está en desacuerdo con la violencia.

La triste herencia subcultural de la colonia nos llega con todo su poder para tratar de demostrar que nada ha cambiado: que sus herederos, ahora en la dirección de la hidalga derecha, se resisten a perder el control de la palabra, que son dueños de la “verdad” S.A., y como en una producción de Hollywood, eligen, con sus titulares, quién es el “bueno” y quién es el “malo”.

Este es el esquema de su Democracia Plástica: la única autorizada por la “gracia divina” para gobernar, invariablemente, es su linaje, ampliado por el mestizaje político. Pero se esfuerzan por conservar la pureza ideológica. Esto quiere decir que los morenos, zambos, indios y todo aquel con pringue africano, puede ondear sus siglas, pero dejando intactos los viejos siglos, codearse en las calles en el día, pero nunca dormir con la misma noche y los mismos sueños, mucho menos tocar con las manos sucias el sustrato del que su nutre la oligarquía.

Cuando un pueblo piensa por sí mismo es declarado indocumentado, o bandolero como se descalificó a Sandino, sin ninguna portada multinacional para exponer su bandera. La derecha reclama libertad de prensa exclusiva para ella, nunca para la mayoría. Que un pueblo ose contar con su propio relato de la Historia es desobedecer a los dioses, vale decir los descendientes de la vieja alcurnia.

Ni el presidente Nicolás Maduro ni Diosdado Cabello, Elías Jaua o Jorge Rodríguez, por ejemplo, cuentan con los escudos de armas de las “distinguidas familias”. Si el finado presidente invicto Hugo Chávez no hubiese sido de “cuna desconocida”, ni tocado la historia, los que aún se creen propietarios de Venezuela lo venerarían como santo y prócer.

Cuando los movimientos llevan pueblo y las cifras con que los informes especializados deshidratan las miserias nacionales ---para evitarles a los altos funcionarios internacionales el trago amargo de imágenes inapropiadas --- se vuelven en hombres y mujeres con acceso a las misiones sociales, eso es “dictadura”.

La mentira

Hay una narración de la mentira que no escatima medios ni recursos para aplastar a una nación que decidió ponerse las botas de Bolívar, y colocarse en el pecho la tricolor de las ocho estrellas.

La mentalidad de vieja colonia que en Venezuela y Nicaragua todavía, lamentablemente, padecen algunos, siendo de origen humildes unos, los lleva a sentir una nostalgia activa de las antiguas cadenas con que las metrópolis engrillaron el pensamiento. Si alguien se atreve a cortar la mitad de un solo de los eslabones, es “dictatorial”, “antidemocrático”, y quiere llevar el país rumbo al “desastre”.

Como los pueblos que se levantan son difíciles de contener y ya no existen los granaderos, fusileros, alférez, ni artilleros de la Real Armada española para sofocarlos con sus cañones de casi 4 toneladas, surgen los baluartes mediáticos para defender los últimos vestigios del Siglo XIX.

Las corporaciones de prensa lanzaron por la borda la objetividad y el profesionalismo. La primera víctima es el periodismo en su sentido clásico. Hoy es cualquier cosa. Lo que prevalecen son los partidos multimedia e impresos, y en vez de periodistas, políticos que exportan “levantamientos” enlatados en horario estelar, con la implantación de imágenes trágicas de realidades en otros países, como si fueran en Caracas.

Paralelo a ello,  el ala ultra radical de la derecha ejecutó sabotajes a la infraestructura, apagones y terrorismo económico, mientras se engaña al mundo con una supuesta defensa del Estado de Derecho, que no es más que el intento de recuperar los opulentos privilegios del vetusto Estado de Derecha.

De 19 elecciones, 18 victorias democráticas sostienen la Revolución Bolivariana. Es el proceso más votado en la historia. Comicios y referéndum para todo. Plazas y avenidas colmadas.

Un auténtico demócrata -- no el que quiere embalsamar los viejos tiempos de la Democracia Plástica-- defendería el proceso bolivariano. Por eso, el liderazgo sandinista de Nicaragua, el presidente Daniel Ortega y Rosario Murillo, con la juventud, se han solidarizado con la tierra del Libertador.

Si unificar las 13 colonias que serían el embrión de los Estados Unidos fue un acto heroico de los Padres Fundadores, ¿por qué las metrópolis consideran un acto arbitrario y delictivo promover la unidad entre las antiguas colonias de América Latina y el Caribe?

Venezuela misma, con la actual dirección política, no hubiera dudado en abrazar la causa de Washington, Jefferson, Adams, Hamilton, Madison y Franklin. Es decir, Bolívar y Sandino, sus hijos e hijas, están en el lado correcto de la historia.


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