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viernes, 27 de diciembre de 2013

Defendamos la vida, desterremos la guerra

Defendamos la vida, desterremos la guerra
Manuel Moncada Fonseca

En pocos días, el año 2013 se habrá marchado. Estuvo cargado de amenazas bélicas en extremo peligrosas que, obviamente, tensionaron a la mayoría de los seres humanos, con credos o sin credos de algún tipo; incluso, más allá, en cierto sentido, de los ingresos percibidos y de las diferencias de “fortuna”, que de naturales no tienen nada, aunque los “ricos”, mejor dicho los enriquecidos, crean en esta falacia y la propaguen por doquier.

Desde luego, muchos millones de personas vieron pasar de noche las acechanzas del dios Marte y sus adoradores en la tierra. Podría pensarse que ello es una dicha; y quizá lo sea, pero es, en todo caso, muy limitada; porque, viendo de otra forma el fenómeno acusado, entre más personas conscientes haya de los problemas que nos envuelven a escala internacional, mayor será la resistencia contra los invasores del planeta que, claro está, no proceden del espacio exterior… No son hombres grises, en definitiva.

Siria, Irán, Corea del Norte y otros territorios del mundo, fueron puestos en la mira destructiva de la OTAN, las grandes transnacionales, el Club Bilderberg y el Lobby sionista que domina EEUU. Mas, la resistencia férrea de estas naciones contra sus atacantes –que son enemigos de toda la humanidad, aunque decirlo parezca verdad de Perogrullo-; así como la acción oportuna de Rusia y China en distintos campos –lo que incluye el despliegue de poderío militar y de contundentes acciones diplomáticas por parte de estas potencias no occidentales-, se tornaron factores disuasivos para contener a las bestias apocalípticas de Occidente y sus aliados de Oriente Medio. Por supuesto, el peligro subsiste, pero -como puede deducirse de lo que hemos señalado- es posible superarlo.

Puede parecer fuera de lugar hablar de estos asuntos en estos días en que la tónica la marcan las felicitaciones por Navidad y Año Nuevo. Sin embargo, por nosotros, los seres humanos, por la niñez de hoy y las generaciones venideras; por nuestros hermanos animales y plantas; por la preservación de todas las expresiones de vida; debemos bregar, incansable, tenaz y sostenidamente, por impedir, de una buena vez, las guerras desencadenadas por el egoísmo, la egolatría, la misantropía, la competitividad -como competencia convertida en fin en sí mismo-; el afán de acumulación de riquezas a costa de cada vez más naciones y del medio ambiente y, ahora, en pro de un nuevo orden internacional, que  implique el dominio total sobre los seres humanos, sus mentes, sus riquezas y su fuerza de trabajo, sueño dorado de las fuerzas del imperio.

La lucha por la paz es hoy la tarea más trascendental que debemos asumir los seres humanos, pasando por encima de diferencias político-ideológicas, religiosas, culturas y otras.

Si hablamos de prójimo, debemos asumir que hablamos no sólo del coterráneo, del compatriota, sino de todo ser humano, independientemente del país, región o continente en que viva. Todos vivimos bajo un mismo techo planetario; todos somos hijos e hijas de la tierra, de la Pachamama. Somos una misma especie. Debemos, pues, preocuparnos por la suerte que -en conjunto y por separado- podamos correr en nuestro peregrinar por la vida. La tierra es nuestra común habitación. No puede, ni debe ser, en ningún sentido, patrimonio de unos cuantos; de cada vez menos personas.

Rusia y China pueden estar lejos de las expectativas de los que sustentamos principios socialistas, comunistas y semejantes; en fin, de los que abogamos por erradicar las relaciones de explotación que, hoy por hoy, dominan el ambiente humano. Acá no hay equívoco de ninguna suerte. Pero, más allá de ello, en tanto que son fuerzas que hacen contrapeso a los propósitos de dominio absoluto del mundo que atesora el imperio capitalista occidental, objetivamente, resultan aliadas de toda la humanidad en la lucha por extirpar, de raíz, una guerra atómica que nos lleve a todos de encuentro, derechito hacia el infierno.

Expuesto lo anterior y sobre su base, deseamos a todos y todas, un año nuevo que, en definitiva, establezca los cimientos de una paz real entre las naciones; que, por tanto, siembre, como principio básico entre ellas, la autodeterminación de los pueblos, base real para construir un mundo que nos incluya a todos y todas sin excepciones de ningún tipo.

¡Por la paz mundial!

¡Por la autodeterminación de los pueblos!

¡Por la hermandad entre las naciones!

¡Feliz Navidad!

¡Feliz Año Nuevo!

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