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miércoles, 23 de octubre de 2013

Banderas Rojas


EL TELÉGRAFO - Primer Diario Público

Ecuador, lunes 21 de octubre de 2013

Banderas Rojas

Juan J. Paz y Miño Cepeda


Un día como hoy, 21 de octubre, pero en el año 1794, aparecieron colgadas en las cruces de piedra que se han conservado en el centro histórico de Quito, unas banderas rojas con una inscripción en latín: por un lado decían “Liberi esto Felicitatem et gloriam consecuto”; y por el reverso, “Salva cruce”.

Entre varios historiadores se ha discutido si ese texto en latín estuvo correctamente escrito. O si, además, es fiel y completo. También se ha discutido su traducción. Lo más acertado parece ser: “Libres seremos con felicidad y gloria conseguidas.” “Salve Cruz”. Pero más importante en aquella época fue la idea que transmitieron esas palabras en latín sobre las banderas rojas: un cuestionamiento a la autoridad y una convocatoria para que, bajo el amparo de la cruz católica, el pueblo de Quito alcanzara su libertad, con la que se lograría, al mismo tiempo, felicidad y gloria.

La alarma de las autoridades explotó. Un desliz de Juan Pablo Chúshig, sacerdote hermano de Eugenio Chúshig, ambos apellidados como Espejo, contribuyó para descubrir a los posibles autores. Aunque fue torturado, el artesano Marcelino Pérez guardó silencio; también aparece comprometido Vicente Peñaherrera, amigo de los Espejo; Juan Pablo fue confinado; y Francisco Eugenio de Santa Cruz y Espejo, fue inculpado como el autor y mentalizador principal, por lo cual fue encarcelado. Incluso existe cierta presunción de que tales banderas fueron colocadas por las mismas autoridades para inculpar de ello a Eugenio Espejo, algo que resulta poco creíble.

Lo cierto es que la casa de los Chúshig o Espejo, era un centro de reuniones, que acogía a una elite intelectual quiteña. Eugenio Espejo lideraba el ambiente. Era un crítico de primer orden y las autoridades ya lo tenían como subversivo y peligroso. Sus libros reflejaban esa conciencia. También había sido el primero en publicar un periódico, “Primicias de la Cultura de Quito” (1792), en cuyos números (solo circularon siete) valoró el sentido y la identidad de lo quiteño, que no solo hacía alusión a la ciudad, sino al país que entonces llevaba el nombre de Audiencia de Quito.

Con sus ideas, Eugenio Espejo (1747-1795) fue el mayor exponente del pensamiento ilustrado a fines del siglo XVIII. Con ellas se volvió un precursor de la independencia del país. Sus discípulos fueron quienes ejecutaron la revolución del 10 de agosto de 1809 en Quito, con la que se inició la primera fase del largo proceso de la independencia del Ecuador.

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