Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

viernes, 30 de agosto de 2013

Siria y el Fraccionamiento Normativo del Mundo Árabe

(Lecciones claras para los miembros del ALBA)
Siria y el Fraccionamiento Normativo del Mundo Árabe
Manuel S. Espinoza J.

No es la primera vez, que un país árabe se ve sólo en sus guerras contra enemigos fuera de su región. Esta vez le toca a Siria y ante la pregunta sobre ¿Qué país de la región puede acudir en su ayuda contra la OTAN? inmediatamente  surge otra interrogante de mayor complejidad ¿Por qué los países árabes no se unen contra los occidentales? ¿Por qué más bien se termina de encontrar las respuestas en países no árabes como en Rusia, China e Irán?

El tema de Siria refleja, a viva vos, las debilidades del Medio Oriente como sistema regional. Y no porque Siria no encaje en alguna de las variables básicas que establecen especialistas en la región usan para definirlo como sistema en las Relaciones internacionales, del cual Siria es miembro lógico tanto por geografía como propone Stephen Waltz, como por el patrón de pertenencia cultural,  procedente del imperio otomano (Carl Brown); por ser miembro de la Liga Árabe que expone Michael Barnett y por el arabismo y el islamismo como componente transnacional, que identifican Gamil Matar y Ali al- Din Hilal; que al final deberían consolidar al sistema regional.

La fatalidad actual de Siria demuestra la desintegración de todo un sistema regional que, por criterios cuasi naturales expresados anteriormente, deberían de activarse ante amenazas de tal magnitud  como las vividas en Libia y hoy en Siria.

Variables dependientes como las de alianza y alineamiento interregional,  nos ayudan a entender que tan unido es el sistema. Sobre todo al chocarlas con factores como la influencia externa  y la existencia  de una diplomacia regional producto de eslabones culturales y de valores políticos de la región.

Por ejemplo. En los años 50 se prohibía el claro alineamiento con las potencias occidentales, bajo una visión arabista. Pero aún así, Iraq ingresó al Pacto de Bagdad, Arabia Saudita, apoyó la Doctrina Einsenhower y Líbano y Jordania invitaron a tropas norteamericanas e inglesas a sus territorios respectivamente.

Producto de tal  comportamiento, “la contracción normativa” de lo que suele llamarse el arabismo operativo marca otros aspectos de unidad relativa dada en ciertos periodos como el plan de unidad de los hashemitas en los años 40 y 50, la de  Egipto, Siria e Iraq en 1963. O  Egipto, Libia y Siria cuando declararon  un  programa similar  en 1971.  Y otros más, hasta llegar a expresiones de mayor contracción como la invasión de Iraq a Kuwait en 1990, por motivos de unificación.

Las variables independientes como la amenaza, colocan bajo mayor complejidad las intenciones de alianzas entre estos países. La dificultad reside  en determinar cómo los Estados árabes identifican  y  se unen alrededor de éstas, dejando muchas veces una sensación más que de balancing de  bandwagoning.  Ejemplo de ello es la decisión de Jordania de  unirse al alineamiento en contra de Israel en 1967 ¿Fue por (balancing) enfrentar la amenaza israelí o bandwagoning  con un Egipto políticamente dominante? La alianza de Arabia Saudita con Iraq en los 80s contra Irán, fue ¿porque Irán es un Estado persa  y luchaba contra un estado árabe, o por que Iraq era una potencia militar regional?

La NORMA DEL ARABISMO, aún puede explicar cambios en la política exterior  de los estados árabes  en asuntos como sus relaciones con Israel u Occidente, pero no explica la problemática socio económico y estructural en estos países y, por ende, las protestas, levantamientos, golpes, manifestaciones de desencanto con los regímenes monárquicos y teocráticos de la región. 

A la intensión de unificación a través del arabismo, la han sucedido el islamismo político y las relaciones monopólicas de los líderes árabes con occidente. Una por una, las cúpulas oligárquicas de estos países han facilitado la destrucción de  la visión regional y, con ello, la capacidad de hacerle frente a las amenazas extranjeras. Con esto, le han facilitado a Occidente construir su propia balanza de poder regional para proteger a Israel.

Enfrentados a lo interno producto de las diversas causas (internas y externas) y de la  fallida “primavera árabe”; y  fraccionados entre sí por su relación con Occidente, hoy por hoy, no existe un país árabe capaz de liderar la región, mucho menos de enfrentarse a Israel. El único es Irán por ahora, pero este no es árabe sino persa, y no es parte del Medio Oriente, pero que, según su participación en el apoyo a Siria y en contra de Israel y la respuesta o papel de este último, podría crear la condición que el arabismo o el islamismo necesitan para reenfocarse.

Es importante entender los puntos de solidez de un sistema regional sobre todo para aquellos  que aspiran a consolidarlo en nuestra región.

Msc. Manuel S. Espinoza J.
Presidente del Centro Regional de Estudios Internacionales

(CREI)

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