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domingo, 19 de agosto de 2012

Fundamentos de la Posición y Acciones Diplomáticas de Rusia hacia la Guerra contra Siria


4 de febrero de 2012: Vetan Rusia y China resolución de Consejo de Seguridad contra Siria  


Fundamentos de la Posición y Acciones Diplomáticas de Rusia hacia la Guerra contra Siria
Manuel S. Espinoza J.


Es innegable que una de las razones principales por la cual el régimen de Bashar Al- Assad en Siria no ha sido derrocado, tal como ocurrió en Libia, es simplemente porque Rusia  ha logrado impedirlo. Ahora bien,  quien quiera explicarse el porqué esta gran nación se ha colocado del lado de Siria, debe necesariamente utilizar vectores y patrones analíticos que pertenecen al campo analítico de una disciplina que se denomina política exterior del Estado.


Desde luego, que la utilización de estos vectores y patrones analíticos facilitan en gran medida el tema a escudriñar, pero mucho mejor sería si el analista fuera especialista en, por lo menos, uno de los países involucrados en el tema o, aun  mejor, si lo es de toda región en la que se desatan los sucesos conflictivos. Lamentablemente, esta constelación de posibilidades, a menudo es muy poco posible, pues, por muchas razones obvias, en su mayoría los analistas no solo desconocen al país o la región que atienden, sino que tampoco dominan los vectores, patrones y matrices inherentes a la especialidad indicada. Peor aún, los análisis están inclinados a uno que otro hegemón. De ahí que, a menudo, muchos intentos de análisis periodísticos no provienen necesariamente de especialistas de Relaciones Internacionales.


Se aduce mucho, al hacerse referencia a la participación estadounidense en Siria, lo que se da en llamar sus intereses geopolíticos, pero a Rusia no se le quiere colocar en ese mismo campo, ello pese a su cercanía a Siria y a que su  presencia en Oriente Medio es muy anterior a la estadounidense.  Sin embargo, hoy, más allá de los intereses sustentados en relación con Siria, la geopolítica está marcando posiciones contrapuestas en Oriente Medio: la de la Federación rusa, por un lado, y la de EEUU, por el otro.


Más concretamente, debe recordarse el valor comercial que tenían para Rusia los estrechos y salidas a los mares por los cuales luchó, logrando abrirse paso durante todo el siglo antepasado. Por poner algún ejemplo, la cruenta guerra contra el imperio otomano y la llegada de las tropas rusas hasta Constantinopla que tuvo como resultado el conflicto en los Balcanes a fines del siglo XIX, a lo cual se opuso Inglaterra al punto de influenciar el primer sistema de alianzas de Bismark, llevando a Rusia y a Alemania a perder todo tipo de confianza entre sí para el futuro de sus relaciones.


Traigo este ejemplo a colación porque tanto Alemania, Inglaterra y Francia, pensaban en términos de equilibrio y  balanza de poder. Términos que ocupan un lugar céntrico en la configuración del orden global que se trata de moldear  actualmente. Las relaciones actuales entre Alemania y Rusia, así como los  términos acusados, por difícil que sea analizarlos desde esta óptica, son parte inseparable de esta historia. (Ver http://librepenicmoncjose.blogspot.com/2012/04/por-que-especificamente-iran-debe-ser.html)



Siria es un país que, aún tras el derrumbe de la URSS, continuó respondiendo a los intereses geopolíticos de Rusia en Oriente Medio. La actual base naval rusa en Tartus–Siria alberga a la armada rusa (antes soviética) desde 1971. Sobre todo después de 1977, que puertos similares en Egipto (Alejandría y Mersa Matruh) tuvieron que ser evacuados cuando Egipto pasó a la órbita estadounidense en la Guerra Fría. Para nadie resulta difícil comprender lo para una potencia nuclear como la URSS significaba contar con puntos de apoyo militar en el extranjero. En este caso, para su flota de barcos y submarinos atómicos en el Mar Mediterráneo.


Las pretensiones de los EE.UU de un mundo unipolar han servido como incentivo principal para que la diplomacia rusa sea uno de los frentes principales en el nuevo entorno internacional a partir del derrumbe de la URSS.


En 2002, Joseph S. Nyes (jr.) (decano de la Kennedy School of Government  de la universidad de Harvard, Presidente del Consejo Nacional de Inteligencia de EE.UU y Secretario adjunto de Defensa durante la administración Clinton) escribió que se EEUU tendría que dar muestra de un comportamiento muy torpe (aunque no sea imposible) para motivar la alianza entre China y Rusia; “Cuando más autoritarios seamos, más ayudaremos a que Rusia y China superen sus diferencias”.


Y, al parecer, en vez de escuchar a Nyes, obedecieron a Charles Krauthammer, nombrado en el 2006 por el Financial Times como uno de los comentaristas más influyentes en la política exterior estadounidense durante las dos últimas décadas (1986 -2006). Krauthammer no solo formuló y desarrolló la doctrina Reagan, sino que, tras la caída del muro de Berlín, definió el papel hegemónico estadounidense en su ensayo titulado “Un Momento Unipolar” que tanto preocupa hoy día a China y Rusia. Además, se le reconoce a  Krauthammer crear el marco general del mundo después del ataque terrorista del 9 de Septiembre del 2001, marco que colocó como centro de su estrategia la promoción de la democracia en el Medio Oriente. Por eso, ese mismo año, aseguró que “La primera tarea del Nuevo gobierno [refiriéndose al de G.W. Bush] era reafirmar la libertad de acción estadounidense”.


Esa libertad de acción se ha venido observando de manera tangible desde el inicio de la guerra contra Afganistán, pasando por Iraq, Libia y, hoy, en Siria, y con grandes posibilidades de que ello se extienda a Irán. Y como suele conocerse históricamente, cuando un país se hace demasiado fuerte, otros se unen para equiparar y superar su poder.  (http://librepenicmoncjose.blogspot.com/2012/08/la-libertad-de-accion-estadounidense-en.html)


Y es eso lo que sucede con China y Rusia en la actualidad. Considérese sobre todo la diferencia asimétrica que dejó  la caída de la URSS,  Estado que durante la Guerra Fría, poseía el mayor territorio del mundo; la segunda economía mundial; la tercera mayor población con el mayor número de personas dedicadas a la investigación y desarrollo; el país con mayor ejército después del EE.UU. En contraste, tras el derrumbe de la URSS, Rusia se quedó con el 70% del territorio, el 50%, de población y 33% del personal militar de la URSS. Su economía era 26 veces menor, sus gastos en investigación y desarrollo 70 veces menor y sus gastos militares 9 veces menores que los EE.UU.


Ante esta clara desventaja y la libertad de acción vista en Yugoslavia en 1999; en Afganistán desde 2001 y contra Iraq desde 2003, pasando por las guerras impuestas a Libia, Siria y, en lista de espera, seguiría Irán, para chinos y rusos la estrategia estadounidense y su puesta en práctica estaban claras y están muy claras, tal y como describía el  ensayo de Krauthammer. Su objetivo, entonces, es hoy que esta supremacía unipolar dure a lo máximo las tres décadas que suponía este “ensayista”.


El vector geopolítico se une al aspecto estructural cuando se analiza el papel de la Diplomacia en la Política Exterior de Rusia  a partir del derrumbe de la URSS. El factor de alianza con China, por ejemplo, es hoy día el más claro. La situación de unipolaridad en el sistema internacional y la disposición de actuar libremente en el plano internacional ha venido favoreciendo que China y Rusia se unan: 


1) Desde 1992 cuando ambos países bautizan sus relaciones como “Una Asociación Constructiva”.


2) La proclamación de “Una Relación Estratégica” en 1996.


3) El “Tratado de Amistad y Cooperación” de 2001.


4) La Organización para la Cooperación de Shangai, un grupo de China, Rusia y cuatro países del Asia Central,  hizo un anuncio sin precedentes en la reunión cumbre del 5 de julio de 2005 en Kazajstán, pidiendo a Estados Unidos poner una fecha límite para quitar sus  bases militares de Asia Central.


5) En marzo de 2005, ambas potencias apoyaron tácitamente al gobierno uzbeco, que había colaborado cercanamente con Estados Unidos, cuando aplastó brutalmente una rebelión en la ciudad de Andijan.


6) Como complemento a las declaraciones de la cumbre de Astana arriba señalada, Rusia y China llevaron a cabo ejercicios militares conjuntos, denominados Misión de Paz 2005, del 18 al 26 de agosto de 2005, bajo los auspicios de la Organización para la Cooperación de Shangai (OCS). Según el sitio de inteligencia Stratford, Washington observó con nerviosismo y trató de determinar cuán fuerte es aún el aparato militar ruso y qué tan fuerte puede llegar a ser el de China, además de qué tan serias son las determinaciones de ambos países sobre  la cooperación militar.


7) Hasta llegar al acuerdo de “Alianza Estratégica Militar de 2011”.


Todo esto sin tocar los temas de interés comercial entre Rusia y China y los que tienen cada uno de ellos con Siria o Irán. Imagínense que solo en octubre de 2004, China firmó un acuerdo de largo plazo por 70 mil millones de dólares con Terán para obtener el 51% de participación en el mayor campo petrolero iraní.


Siria le garantiza a Rusia presencia comercial en el mar Mediterráneo; es un socio importante como comparador de armamento ruso, lo que no deja de tener un impacto en la economía rusa. Y ya que la confrontación no es ideológica, sino comercial, con mucha más razón, Rusia no está dispuesta que le arrebaten a un socio comercial y geopolítico.


Por la libertad de acción propuesta por Krauthammer, ejecutada bajo la administración de George W. Bush en Afganistán en 2001 y de nuevo Iraq en el 2003, cuyo régimen fue atacado y destruido  acusándosele sin prueba alguna de poseer armas de destrucción masiva; y ante el hecho que ahora Obama tenga a Libia en sus manos y que Romney and company aspiren a hacer lo mismo con Siria e Irán; Rusia y China, no tienen otra alternativa, pese a sus diferencias, que enfrentarse conjuntamente  en el terreno diplomático a EEUU y la OTAN. Para Rusia está claro, que “quien tiene de aliado a China ya tiene la mitad de la guerra ganada.”


Aun con todos los reveses sufridos por antiguos aliados de la URSS, traducidos éstos en victoria para los EE.UU y sus aliados occidentales, la diplomacia rusa ha tratado de influir en el desarrollo y conclusión de estos conflictos. Aun que  no se puede negar el grado de consolidación, y experticia que ha experimentado la diplomacia rusa tras la caída de la URSS, lo que ha sido muy relevante en los casos de Libia, Siria e Irán. No en vano, a menudo aparecen en medios de comunicación masiva global, críticas y elogios  a su capacidad de gestión diplomática.


Aunque las críticas actuales son hacia  Rusia y a China en conjunto,  las que se hacen contra Rusia, por varias razones, son más virulentas.  En lo que concierne a sus posición respecto a Libia, el descontento proviene de muchos sectores remanentes de la izquierda internacional que, alguna vez, estuvieron cohesionados al rededor de la Unión Soviética, por no haber hecho nada para salvar al régimen de Muamar el Gadafi. Estos sectores aseguran que Rusia lo entregó sin ejercer presión alguna sobre las potencias rapaces que lo atacaron y asesinaron.



Estiman que lo único que hizo Rusia fue abstenerse de votar a favor de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, misma que permitía la creación de una zona de exclusión aérea en Libia para, pretendidamente, proteger a los civiles, cuando en verdad ello sirvió de excusa para la intervención militar directa de la OTAN en este país árabe. También se rechazó el doble discurso que sostenían el ex presidente Dimitri Medvedev  y Vladimir Putin, cuando éste fungía como primer ministro de la Federación Rusa. A diferencia de Medvedev, Putin denunció la guerra de agresión contra libia como una guerra de sometimiento y expansión colonial. Rusia posteriormente demandó que se llevara a cabo una investigación sobre el asesinato del gobernante libio, mas parece ser que no fue escuchada.




En la Federación Rusa hubo cambio de presidente. En marzo del presente año, asumió Vladimir Putin. De tal manera que es obligatorio analizar la conducta de Rusia y sus acciones de política exterior hacia el caso sirio desde la perspectiva del nuevo tipo de estadista que se aloja en el Kremlin  hoy día. Lógicamente Putin no es Medvedev y su aproximación hacia la solución del conflicto en Siria desde ya es muy diferente a la que se practicó hacia Libia. 


Por eso no es extraño que, en el plano de la diplomacia multilateral, la crítica hacia Rusia en su relación con Siria crezca cada día más. Pero esto tiene una doble vía. Le achacan  las potencias occidentales y sus aliados, así como los simpatizantes de la derecha,  defender el régimen de  Bashar al-Assad. Más de 100 países amigos de Siria se reunieron en julio en Francia y la crítica general se basa en el intento de Rusia y China de defender y mantener en el poder a un dictador.


Rusia ha demostrado mayor firmeza diplomática al vetar las resoluciones del Consejo de Seguridad en la ONU, lo cual no ha permitido que la OTAN siguiera el mismo guion que en Libia; demostró la presencia militar de sus tropas al desembarcar y reforzar su base naval en ese país, una maniobra que elevó el prestigio de Rusia y su capacidad militar. La entrega de los misiles antiaéreos S-300 para detener cualquier intento de ataque aéreo de la OTAN y que al parecer funcionó y tuvo, por lo menos, el efecto en detener un ataque inminente como ocurrió en Libia.


Por otro lado, ha brindado asistencia al régimen de Assad en materia de inteligencia y contrainteligencia para luchar contra los grupos de Al-qaeda y de miles de mercenarios contratados por países colindantes que participan en la destrucción del gobierno sirio; también lo ha asistido en su lucha para contrarrestar las operaciones clandestinas que los servicios occidentales secretos  realizan tanto a lo interno como en países cercanos a Siria.


Para acentuar el nivel de cuestionamiento hacia Rusia y China sobre su apoyo a Siria, se pueden mencionar las advertencias  directas que emitiera la Secretaria del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, Hillary Clinton durante la conferencia de los amigos de Siria el 6 de julio en Paris, al expresar: “Yo no creo que Rusia y China estén pagando precio alguno por apoyar al régimen de Assad. La única forma de que cambien es que cada nación aquí representada de manera directa y urgentemente deje claro que China y Rusia pagaran un precio”.


Uno de los últimos intentos de los EE.UU fue propiciar una votación contra Siria en el seno de la Asamblea General de la ONU, donde 133 votaron a favor de sanciones  contra Siria y 12 en contra, con 31 abstenciones, lo que obliga a Rusia a redoblar sus esfuerzos diplomáticos.


Otra fuente de descontento, provine no solo de la  izquierda que simpatiza aun con Rusia, sino  también  de aquéllos que, en general, repudian con claro entendimiento cómo EE.UU y varias potencias occidentales pretenden repartirse Siria y reconfigurar el orden mundial. Estos sectores de demandan de Rusia mayor decisión; le critican por lo aceptado durante la reunión cumbre en Ginebra. Sobre todo, por permitir que se excluyera a Irán de las conversaciones sobre Siria; por no presionar contra el hecho que varios países continúen armando a los “rebeldes” en Siria y por el último anuncio de suspender todo tipo de suministro de armas a Siria hasta que todo vuelva a la calma en ese país.


Para muchos analistas, será difícil ver a pilotos rusos peleando junto a las fuerzas aéreas sirias como lo hicieron en la Guerra de Corea o en Vietnam. Cuando la guerra en Corea escaló lo suficiente a otro nivel de confrontación, le cedieron el terreno a la China continental para apoyara a militarmente a los coreanos del norte. Más bien opinan que se está viendo un escenario como el de Egipto en su Guerra contra Israel, donde la participación militar de la URSS fue la gran ausente.


¿Pero qué realmente se esperó de Rusia en los casos de Yugoslavia (1999), Iraq (2003) o el caso de Libia (2011)? ¿Y qué se espera en el caso actual de Siria? ¿Qué tan lógico hubiese sido, o será que Rusia y China hubieron mandado tropas a Libia o hoy día a Siria y que sus tropas comiencen a abatir aviones de la OTAN o hundir sus naves en el mar? O lo que puede ser lo más raro, eslavos y chinos peleando a la par de árabes musulmanes cristianos contra árabes musulmanes islámicos. Parece, en todo caso, que las expectativas producto del repudio a la guerra rapaz de la OTAN y el análisis de los intereses geopolíticos de Rusia y China, sobrepasan la lógica y medios para tratar de solucionar este tipo de guerras. (http://librepenicmoncjose.blogspot.com/2012/03/siria-atrapada-entre-la-diplomacia-y-la.html)


Las expectativas anteriores surgen cuando el conflicto se trata de solucionar con el uso de la fuerza y no con los medios diplomáticos y jurídicos pacíficos de solución de controversia en un marco político se solución. Por eso siempre es preferible establecer un marco de solución del conflicto antes que éste inicie en niveles más graves, establecía el vice-ministro ruso S. Ryabkov.


Con base en esa lógica, aunque se dice que “en política, hasta los ríos retroceden”, difícilmente veremos a tropas chinas y rusas desembarcar en  Siria o en Irán cuando a éste le toque el turno de ser destruido como ya pasó en Iraq, Afganistán, Libia, etc.


Mientras tanto, Rusia hace uso de la diplomacia para contener las victorias de las guerras de la OTAN, que hoy parecen ser no solo rápidas en tiempo de lograrse, sino que inevitables e incontenibles. Si en Iraq y Afganistán las tropas norteamericanas ya cumplieron la década, en Libia la guerra solo duró 8 meses en un país que muchos esperaban que resistiera más. En siria ya se cumplieron los 15 meses y la guerra ha ido modificando sus niveles de comportamiento. Hasta hoy día, nadie puede asegurar cuánto más se mantenga Assad en el poder, o cuánto podría durar una guerra contra Irán. Lo que sí se sabe, es que si esto sucede, traería gravísimas consecuencias  no solo para Siria, sino también  para el sistema internacional en su conjunto.


Rusia está clara de que la lógica del avance de Occidente es incendiar y confrontar a las repúblicas árabes musulmanas de Asia Central que colindan con su territorio y que antes eran parte de la URSS. Por otro lado, el avance de la OTAN  con la inclusión de países adyacentes a la frontera occidental de Rusia, para los rusos constituye un escenario ya vivido y ensayado en las guerras de Chechenia y Georgia, que pueden ser controladas, solo si aquellos países árabes musulmanes, que han caído, uno tras otro en la última década, y por estar bajo el control de occidente, no se lanzan en apoyo decidido a éstos contra Rusia.


Para cuando acabara la guerra contra Irán, la lógica a largo plazo del actuar por la vía diplomática de la Federación Rusa, consistiría en asegurar que el desgaste de la imagen y preponderancia de los EE.UU y resto de países de la OTAN estén prácticamente tan marcadas tanto dentro y fuera de sus países, así como su economía y capacidades militares. En resumen, su poder duro y su poder blando se vería limitados dentro de la comunidad internacional.


A manera de conclusión, la realidad geopolítica apoyada en la historia y la configuración de poderío internacional actual, así como el tipo de estadista que gobierna a Rusia, la capacidad estructural no solo de la cancillería rusa, sino de otras instituciones relacionadas con  política exterior y sobre todo el interés social que la situación en Siria genera a lo interno de Rusia, le dan forma a la actuación diplomática de la Federación Rusa que, sin duda alguna, es la mejor respuesta a la política agresiva y rapaz de los EE.UU y resto de aliados de la OTAN, que continúan moldeando el mundo a su gusto y antojo, sin importar  las normas mínimas del Derecho Internacional y los deseos de paz de los pueblos del mundo.


Msc. Manuel S. Espinoza J.


Agost0 2012.

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