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lunes, 20 de septiembre de 2010

El Cartel anarco/zapatista de la Plaza principal de Mérida, colocado en enero de 1994, sigue de pie

El Cartel anarco/zapatista de la Plaza principal de Mérida, colocado en enero de 1994, sigue de pie

Pedro Echeverría V


1. Además de escribir casi diariamente, una tarea que me propuse en la primera semana de enero de 1994, a raíz del levantamiento zapatista del EZLN, fue mantener semana tras semana un gran cartel de 1.50 por 2.20 metros en la esquina principal (Frente a Palacio de Gobierno y la iglesia Catedral) donde cada siete días se interpreten desde las posiciones anarco-zapatistas las cinco o seis notas principales de carácter nacional, internacional y local. En los primeros meses los colocaba solamente durante 14 horas en “Mérida en domingo”, pero luego, con un marco resistente de madera y lámina, con cadena y candado, pude dejarlo asegurado bajo el frondoso laurel de la esquina de parque. Ha sido retirado y semidestruido por gobiernos en varias ocasiones (unas siete veces) El marco fue destruyéndose con la lluvia y el mal trato y hace poco más de un mes decidí renovarlo; pero antes de finalizar septiembre debe regresar a su sitio.


2. A pesar de que es leído, como digo: por simple curiosidad, morbosidad o por “enterarse del chisme”, hay personas que están pendiente de él. Hubo un tiempo que colocaba dos carteles del mismo tamaño: uno en la Plaza Principal y otro en el parque del Mercado Municipal. El 21 de diciembre de 1994, cuando nos preparábamos unos 20 zapatistas para hacer una huelga de hambre el la Plaza Principal, después de que muchos protestamos contra la represión y la devaluación monetaria, el jefe policiaco comandante Rabaza, en un arranque de cólera porque no nos podía reprimir, para desquitarse ordenó la destrucción de mis dos carteles. En otra ocasión tuve que ir a recogerlo en los patios del departamento de desarrollo urbano del ayuntamiento panista y las más de las veces simplemente destruido en plena plaza a la vista de la guardia de gendarmes del palacio de gobierno.


3. Pero a pesar de las denuncias radicales en los textos podría decir que después de mil y tantos números los gobiernos de Yucatán han sido en lo general respetuosos con el cartel. Pienso que si tratara de colocarlos en los movilizados Oaxaca, Morelia o el DF, no pasarían más de tres noches sin ser arrancados. La realidad es que el Cartel –a pesar de su anarco/zapatismo o su radicalidad- en Yucatán no provoca tumultos, protestas, una organización, nada. Aunque sea leído por cientos de curiosos, es inofensivo y quizá los gobiernos se burlan de él. Quizá en las primeras semanas de 1994 causó expectativa, pero luego la gente se acostumbró y ahora es como un mueble más de la plaza. Llegué pensar en broma que era tan inofensivo el Cartel que los gobiernos del PRI llegarían a ponerle luces de adorno. Lo que sucede es que a los gobiernos yucatecos les resbala todo.


4. Poseo algunas anécdotas sobre el Cartel: los primeros meses los elaboraba en la casa y lo transportaba sobre el techo de mi destartalado Wolskwagen, pero el fuerte viento llegó a tirármelo en plena calle o avenida; lo comencé a escribir con plumón y la lluvia lo borraba todo hasta que inventé un tinta imborrable que inyecto al plumón. El primer domingo que coloqué en Cartel, para cuidarme de la policía fue toda mi familia; ví ese día que más de diez personas copiaban el texto y me sentí importante, ignorando que eran policías que hacían su informe. En los siguientes domingos ví a un joven amigo copiándolo y creí que también él era policía; fenomenal error y sorpresa porque más adelante me enteré –cuando me obsequiaron 20 ejemplares coleccionados del periódico “Tribuna” que yo no leía- que todos los lunes salía el texto del cartel, la fotografía y los comentarios favorables de mi amigo Rubén Darío que se iniciaba en el periodismo.


El 4 de mayo de 2002, hace más de ocho años, fue publicada en La Jornada la siguiente protesta favorable que dice todo: “Destruyen cartel informativo en Mérida. Señora directora: Desde hace más de ocho años, la primera semana de 1994, la misma del levantamiento del EZLN, apareció en una esquina de la plaza principal de Mérida (calle 60 por 61), en la confluencia de la catedral y el palacio de gobierno, un cartel con mensajes anarco-zapatistas. Semana tras semana en ese cartel, de 2.20 por 1.50 metros, se ha venido denunciando el papel de los gobiernos priístas, panistas y perredistas; la situación del país desde el punto de vista económico, político y social, y la alianza de grandes empresarios, clero y el imperialismo norteamericano contra el pueblo explotado”.


“Después de ocho años y cuatro meses, el cartel se ha ganado un espacio, no sólo porque son cientos las personas que a diario lo leen, sino porque nunca ha fallado a la ciudadanía. Es importante manifestar que durante los gobiernos priístas de Dulce María Sauri, Federico Granja y Víctor Cervera, el cartel fue respetado, aunque los presidentes municipales panistas de Mérida lo retiraron en cinco ocasiones. Hoy, 1º de mayo, que el gobernador y presidente municipal de Mérida pertenecen al PAN, no hay duda de que fue ese partido de derecha confesional el que destruyó y violó de manera fascista los derechos ciudadanos consagrados en la Constitución”.


“En el cartel destruido esta semana se centraba en que el presidente Vicente Fox era un mentiroso; que la presidenta municipal de Mérida había autorizado un exagerado aumento en el precio del autobús urbano; que Bush es un asesino que prepara más golpes de Estado, y que el pueblo de Yucatán es uno de los cuatro más miserables de la República. La destrucción del cartel, que hace desde hace más de ocho años el profesor universitario Pedro Echeverría, es una violación constitucional, una ofensa a todos los yucatecos y una amenaza a los derechos de opinión de los mexicanos. Gerardo Camacho (FZLN), Pedro Quijano y Esther Muñoz (Frente Nacional contra las Privatizaciones), Rommel González (Cooperativa Chac Lol) y varias firmas más.”


5. Esa fue sólo una de las protestas contra el retiro y la destrucción del Cartel; en otras ocasiones se repartieron volantes de denuncia contra los gobiernos haciendo énfasis en la libertad de publicación e información, hasta lograr que sea respetado. Hoy, a tres meses de cumplir 17 años –junto al levantamiento zapatista-  se extraña el Cartel porque al parecer forma ya parte del paisaje de la plaza principal, aunque casi no faltan los rayones, las mentadas de madre y cuestionamientos en mi contra, aunque también los apoyos a los textos y las felicitaciones. La próxima semana, después de encargar un nuevo marco, volverá a salir a la luz para curiosos, turistas, policías y la gente interesada. Otra vez se llenará el hueco que durante más de un mes dejó un vacío. Espero que la elaboración me distraiga otros 17 años, aunque –por mis ausencias- ahora no sea semanal.

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