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jueves, 13 de abril de 2017

12 de abril de 2017: el mundo está de nuevo al borde de la guerra



NOTICIERO DEL CAMBIO DE ORDEN MUNDIAL #14

12 de abril de 2017: el mundo está de nuevo al borde de la guerra
por Thierry Meyssan

La Casa Blanca se alinea finalmente junto a la coalición de los neoconservadores alrededor del Reino Unido y de varias grandes transnacionales. Estados Unidos retoma la política imperialista que había adoptado en 1991 y reactiva la OTAN. La ruptura con Rusia y China se consumó el 12 de abril de 2017. El mundo se halla nuevamente al borde de la guerra nuclear.

RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 13 DE ABRIL DE 2017 


En dos semanas de intensa lucha en el seno de la administración Trump, Estados Unidos atacó ilegalmente la base aérea de Shayrat, en Siria, y multiplicó posteriormente las señales contradictorias antes de mostrar sus cartas. En definitiva, Washington vuelve a su política imperialista.

En menos de 2 semanas, la administración Trump defendió 7 posiciones diferentes sobre la República Árabe Siria [1].

Estados Unidos realizó otro importante cambio de posición el 12 de abril de 2017.

Al mismo tiempo, el secretario de Estado Rex Tillerson viajaba a Moscú para intentar un último acercamiento pacífico mientras que el Consejo de Seguridad de la ONU se reunía en Nueva York y tomaba nota del enfrentamiento y el presidente Trump volvía a lanzar la OTAN contra Rusia.

El consejero especial del presidente Trump, Steve Bannon, y su adjunto, Sebastian Gorka se preparaban para correr la misma suerte que el general Michael Flynn mientras que la prensa que anteriormente defendió a Trump hacía un balance de las actividades de los tres. Según los rumores, Jared Kushner, el yerno del presidente, es el único que goza ahora de verdadera influencia sobre Donald Trump, información que por el momento no es verificable.

Parece que la Casa Blanca ha modificado su posición bajo la influencia de los británicos, empeñados en preservar a toda costa el sistema yihadista que ellos mismos crearon [2]. El ministro británico de Exteriores Boris Johnson se apoyó en los dirigentes europeos que se habían dejado convencer por los neoconservadores durante la Conferencia de Munich, el 19 de febrero [3].

Para justificar la agresión contra un Estado soberano miembro de la ONU, Rex Tillerson pudo referirse solamente a una síntesis de los servicios de «inteligencia» estadounidenses sobre el incidente químico de Khan Shaykhun. Pero esa síntesis no presenta ningún indicio que permita sospechar de Siria sino que se limita a mencionar la existencia de información clasificada para terminar con una exhortación a derrocar el «régimen» [4].

El carácter irreversible de ese brusco cambio de actitud se hace patente en el proyecto de resolución que presentó la OTAN al Consejo de Seguridad de la ONU, que se ganó un nuevo veto ruso [5]. Presentado en Occidente como un simple pedido de investigación neutral sobre el incidente químico de Khan Shaykhun, ese proyecto de resolución en realidad estipulaba que la fuerza aérea de Siria tendría que ponerse bajo control del número 2 de la jerarquía onusiana, el estadounidense Jeffrey Feltman. Este ex adjunto de Hillary Clinton es el autor de un plan de capitulación total e incondicional de Siria [6].

El texto del proyecto de resolución presentado el 12 de abril retoma el contenido del borrador presentado el 6 de abril, sin que Estados Unidos llegasen a someterlo a votación en aquel momento. Ese texto no tiene en cuenta el intento de mediación de los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, que trataron de volver a un pedido normal de investigación por parte de la ONU [7].

El intento tendiente a poner la fuerza aérea de la República Árabe Siria bajo control de la ONU reedita la táctica aplicada contra Serbia hace 19 años, en 1998, hasta el momento de la intervención ilegal de la OTAN.

El presidente Donald Trump culminó su cambio de postura al recibir en la Casa Blanca al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. En una conferencia de prensa conjunta, Trump dijo que ya no cree que la alianza atlántica sea obsoleta, agradeció su respaldo contra Siria y dijo que se dispone a trabajar en estrecha coordinación con sus aliados [8].

En respuesta, Rusia anunció que acaba de actualizar el 60% de su fuerza nuclear y que está lista para la guerra [9].

Nos hallamos así de vuelta en el mismo punto de hace 6 meses, cuando los Estados Unidos de Barack Obama se negaban a trabajar con China, Rusia y sus aliados –la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). Washington se disponía entonces a dividir el mundo en dos partes completamente separadas, que ya no tendrían contacto alguno entre sí [10].


[1] «Las 6 posiciones de la administración Trump sobre Siria», Red Voltaire, 11 de abril de 2017.

[2] Sous nos Yeux. Du 11-Septembre à Donald Trump, Thierry Meyssan, éditions Demi-Lune, 2017. Ver fundamentalmente la segunda parte de este libro, por el momento disponible únicamente en francés y en proceso de traducción a otros idiomas con vista a su pronta publicación en varios países.

[3] «El secuestro de la Conferencia de Seguridad de Munich», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 21 de febrero de 2017.


[5] “US, UK & France Resolution on Syria (Russian vetoed)”, Voltaire Network, 12 de abril de 2017.

[6] Sous nos Yeux. Du 11-Septembre à Donald Trump, Thierry Meyssan, éditions Demi-Lune, 2017. Páginas 238-244 y 249-251.


[8] «Donald Trump reactiva la OTAN», Red Voltaire, 13 de abril de 2017.

[9] «Rusia está lista para una guerra nuclear», Red Voltaire, 13 de abril de 2017.

[10] «Noticiero del cambio de orden mundial #13: Dos mundos separados», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire, 8 de noviembre de 2016.

http://www.voltairenet.org/article195982.html

¿De verdad cambió Trump de casaca?



¿De verdad cambió Trump de casaca?
por Thierry Meyssan

Las cancillerías y la prensa aseguran que el presidente Trump ha cambiado su política y que traicionó a sus electores al aceptar la renuncia del general Flynn y con el bombardeo contra la base aérea siria de Shairat. Por su parte, Thierry Meyssan expone una serie de incoherencias que hacen pensar lo contrario: la agresión militar estadounidense contra Siria podría en realidad estar dirigida contra los aliados de Washington.

RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 11 DE ABRIL DE 2017 






Michael T. Flynn y su amigo Sebastian Gorka muestran cada uno el libro del otro. El general Michael Flynn, representante de la política anti-yihadistas, se vio obligado a renunciar a sus funciones como consejero de seguridad nacional. Sebastian Gorka se mantiene como consejero adjunto del presidente Trump. Según Gorka, las apariencias del bombardeo de Shairat disimulan la realidad en cuanto a la política actual de la Casa Blanca.

Después de ser electo presidente de Estados Unidos gracias a un programa tendiente a poner fin al imperialismo y a servir los verdaderos intereses de su pueblo, ¿es posible que Donald Trump haya cambiado bruscamente de casaca, sólo 3 meses después de su llegada a la Casa Blanca?

Esa es la interpretación ultramayoritaria del bombardeo del 6 de abril de 2017 contra la base siria de Shairat. Todos los aliados de Estados Unidos han aprobado esa acción en nombre de supuestos principios humanitarios. Todos los aliados de Siria la condenaron en nombre del Derecho Internacional.

Sin embargo, durante el debate en el Consejo de Seguridad de la ONU, el representante del secretario general de Naciones Unidas no apoyó el argumento de un ataque químico supuestamente perpetrado por Damasco. Ese funcionario de la ONU resaltó, por el contrario, que era por el momento imposible saber cómo pudo tener lugar ese ataque. El representante de Bolivia incluso puso en duda la existencia misma de ese incidente químico, reportado únicamente por los White Helmets, o “Cascos Blancos”, que no son otra cosa que un grupo de al-Qaeda que el MI6 británico utiliza para cubrir sus necesidades en materia de propaganda contra Siria. En todo caso, todos los expertos militares subrayan que los gases de combate se utilizan mediante disparos de obuses pero nunca, absolutamente nunca, mediante bombardeos aéreos.

Como quiera que sea, el ataque estadounidense contra la base siria de Shayrat se caracterizó por su aparente brutalidad: los 59 misiles BGM-109 Tomahawk utilizados representaban una potencia total equivalente a casi 2 bombas atómicas como la de Hiroshima. Pero el ataque se caracterizó también por su ineficacia: aunque hubo mártires que murieron tratando de apagar un incendio, los daños fueron muy poco importantes, tanto que al día siguiente la base ya estaba funcionando nuevamente.

O sea, la US Navy es un «tigre de papel» o esta operación no fue más que una puesta en escena.

De ser así, sería más fácil entender por qué la defensa antiaérea rusa no reaccionó, ya que esa ausencia de reacción implicaría que los sistemas de misiles antiaéreos rusos S-400 –cuyo funcionamiento es automático– habían sido voluntariamente desactivados antes del ataque.

Todo se desarrolló como si la Casa Blanca hubiese imaginado una artimaña cuyo objetivo final sería arrastrar a sus aliados a una guerra contra los utilizadores de armas químicas, o sea contra los yihadistas. En efecto, hasta ahora, según Naciones Unidas, los únicos casos realmente comprobados de uso de ese tipo de arma en Siria e Irak son los que se atribuyen a los yihadistas.

Durante los 3 últimos meses, Estados Unidos rompió con la política del republicano George Bush hijo –quien firmó la declaración de guerra contra Siria contenida en el texto de la Syrian Accountablity Act– y del demócrata Barack Obama –quien respaldó la «primavera árabe», o sea la reedición de la «Gran Revuelta Árabe», organizada por los británicos en 1916. Pero Donald Trump no había logrado convencer a sus aliados –principalmente a los alemanes, británicos y franceses– para modificar esa política.

Aprovechando lo que parece ser un cambio radical de la política de la Casa Blanca, Londres ha multiplicado sus declaraciones contra Siria, Rusia e Irán. El ministro británico de Exteriores, Boris Johnson, incluso canceló su visita a Moscú.

Pero, si Washington ha cambiado de política, ¿por qué, haciendo exactamente lo contrario que su homólogo británico, el secretario de Estado Rex Tillerson confirma su próximo viaje a Moscú?

¿Y por qué el presidente chino Xi Jinping, quien se hallaba precisamente con su homólogo estadounidense durante el bombardeo contra la base aérea siria de Shairat, reaccionó tan pasivamente a pesar de que China ha hecho uso 6 veces de su derecho al veto en el Consejo de Seguridad para proteger a Siria?

En medio de este unanimismo oratorio y de tantos hechos contradictorios, el consejero adjunto del presidente Trump, Sebastian Gorka, multiplica además los mensajes en sentido opuesto. Gorka asegura que la Casa Blanca sigue considerando al presidente Assad como legítimo y a los yihadistas como el enemigo a liquidar. Sebastian Gorka es un amigo muy cercano del general Michael Flynn, quien había concebido el plan de Trump contra los yihadistas en general y, en particular, contra el Emirato Islámico (Daesh).


Fuente



http://www.voltairenet.org/article195919.html

martes, 21 de febrero de 2017

El secuestro de la Conferencia de Seguridad de Munich

A las 23 horas del 18 de enero de 2017, se celebra la cena de Estado de la Conferencia de Seguridad de Munich


El secuestro de la Conferencia de Seguridad de Munich
por Thierry Meyssan

La Historia lo demuestra: cada vez que un sistema se derrumba, sus dirigentes no lo perciben hasta que la tempestad los arrastra. Es por eso que los responsables políticos de la Unión Europea reunidos en la Conferencia de Seguridad de Munich, se sintieron sorprendidos de oír al ministro ruso de Exteriores Serguei Lavrov hablar de un orden mundial post-occidental. Esos dirigentes no acaban de darse cuenta de que el mundo sobre el que están parados está derrumbándose bajo sus pies: los pueblos árabes resisten tenazmente frente a guerras y falsas revoluciones, mientras que el pueblo estadounidense acaba de poner en la Casa Blanca a un político que no es parte del establishment y que se ha pronunciado contra el sistema imperialista. Sin embargo, los organizadores de la Conferencia de Seguridad de Munich se niegan a ver esas realidades: ellos siguen defendiendo los intereses del Estado profundo estadounidense, en contra de la administración Trump.

RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 21 DE FEBRERO DE 2017 


La Conferencia de Seguridad de Munich tuvo lugar del 16 al 19 de febrero [1]. Como cada año, acudieron al encuentro más de 500 ministros y parlamentarios europeos, así como diversos invitados extranjeros. Se trata del encuentro internacional más importante que se realiza en Europa en materia de política exterior y de defensa.

Hace 10 años, en 2007, Vladimir Putin provocó gran conmoción en ese foro al subrayar que el interés de los europeos no reside en marchar tras las huellas del Pentágono en sus aventuras militares sino en actuar de manera independiente. [2]. Y también recordó entonces que Rusia, aunque la hayan excluido de la Unión Europea, es también un Estado europeo. En 2007, los demás participantes se rieron de él y de sus pretensiones, manteniéndose todos bajo las faldas de la OTAN.

Este año fue Serguei Lavrov quien provocó revuelo al llamar a un orden mundial post-occidental. Si se es realista, el hecho es que la OTAN ha perdido su superioridad en materia de guerra convencional –aunque sigue disponiendo de mayores medios en el plano nuclear. También es un hecho que, al cabo de 15 años de guerra constante en el «Medio Oriente ampliado», el milagro de un rediseño regional tendiente a dividir esa área geográfica en varios micro-Estados de menos de 10 millones de habitantes y el intento de acabar con los Estados laicos para favorecer la dictadura de la Hermandad Musulmana han fracasado estrepitosamente.

Pero, de manera extremadamente sorprendente, los europeos se obstinan en querer alcanzar ese objetivo, un objetivo que Washington les impuso inicialmente pero que el Pueblo estadounidense y el presidente Donald Trump ya no quieren aplicar. Así que los europeos apoyan ahora al Estado profundo estadounidense –o sea, al Gobierno de Continuidad de Raven Rock Mountain que orquestó los atentados del 11 de septiembre de 2001. Sus dirigentes políticos se dedican ahora a la constante denuncia –preventiva– del racismo y la islamofobia atribuidos a Donald Trump, a pesar de que ellos mismos aplaudieron a George W. Bush y Barack Obama mientras estos últimos mataban más de 3 millones de personas en el «Medio Oriente ampliado». Y su prensa insulta constantemente a Donald Trump presentándolo como un aturdido, fantasioso e incapaz [3].

Horrorizados ante las declaraciones en las que Donald Trump calificó a la OTAN de «obsoleta», los dirigentes europeos sintieron alivio al escuchar a los enviados del nuevo presidente estadounidense… quienes de hecho les dijeron lo mismo: la OTAN, bajo su actual configuración, ya no tiene razón de ser; hay que transformarla en una alianza defensiva y, quienes quieran seguir formando parte de ella, tendrán que dedicar el 2% de su PIB a sus presupuestos militares.

Obcecados por su propio delirio imperialista, los europeos sintieron espanto ante un posible abandono de sus inversiones anti-rusas en Ucrania y en Siria. Y también se sintieron más tranquilizados al respecto por una serie declaraciones que en realidad no podían ser más imprecisas. Los ministros de Trump presentes en Munich les dijeron que en Ucrania no cederán ningún interés vital… de Estados Unidos, y que seguirán buscando una «solución política en Siria».

Entonces, ¿cómo entendieron los europeos que el pueblo de Estados Unidos tiene intereses vitales en las márgenes del Dniéper y que una «solución política en Siria» significa reemplazar la República por la Hermandad Musulmana? Simplemente porque ese fue el guión que les enseñó la administración Obama, cuya sucesora designada –Hillary Clinton– fue rechazada por el Pueblo estadounidense.

Por supuesto, ya es evidente el forcejeo que actualmente existe en Washington entre la administración Trump y el «Gobierno de Continuidad». Tembló la tierra cuando Donald Trump excluyó a la CIA y al Estado Mayor Conjunto de las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional [4]. Todos pudieron observar que, en represalia, la CIA negó a 6 consejeros del presidente la autorización que debía darles acceso a documentos y encuentros vinculados a la seguridad nacional, acusó al consejero de Seguridad Nacional del presidente de ser un espía ruso –forzando así su renuncia– y mantiene la persecución contra otros 4 responsables del equipo presidencial. Pero perder algunas batallas no significa que se pierda la guerra y da lástima ver como los europeos –desde hace mucho sometidos– no parecen tener conciencia de ello. ¿Cómo puede creer alguien que Donald Trump iba a barrer en unos días el poderosísimo «Estado profundo» estadounidense? ¿Y cómo puede alguien creer también que los primeros tropiezos lo harán renunciar? [5]

Durante los últimos años, esta Conferencia de Seguridad fue simplemente para Alemania una manera de servir de correa transmisora entre Estados Unidos y sus socios europeos. Este año, su único objetivo fue obligar a los dirigentes europeos a confirmar su sumisión ante el Estado profundo estadounidense, ignorando la voluntad que el Pueblo de Estados Unidos ya ha expresado y el cambio de equipo en la Casa Blanca.

Los participantes recibieron un documento preparatorio, redactado por los organizadores alemanes de la conferencia, documento que la prensa puso extremo cuidado en no mencionar. En ese documento aparece un artículo de Volker Perthes, el autor alemán del plan Feltman de capitulación total e incondicional de la República Árabe Siria [6]. Este eminente «experto» expresa en el artículo su visión del «Medio Oriente ampliado», o más bien la visión del «Gobierno de Continuidad estadounidense» [7].

[Aunque no se logró rediseñarla,] esta región no saldrá indemne de las guerras y de la «primavera árabe». [O sea, no habremos hecho todo esto inútilmente.]

El conflicto entre Arabia Saudita e Irán se ha convertido en un conflicto sectario entre sunnitas y chiitas [que sirve para esconder nuestras ambiciones geopolíticas].

Mientras que todos están inmersos en ese conflicto religioso, nadie se ocupa de la situación de los palestinos [para el mayor beneficio del Estado colonial israelí].

Mientras los europeos están unánimemente cansados de todo el derramamiento de sangre lejos de sus países y desean que por fin triunfe la Hermandad Musulmana, en el Medio Oriente ampliado nadie se da todavía por vencido.

Durante la guerra en Siria, han sido constantes el surgimiento y la desaparición de alianzas en el plano regional, siendo la más reciente la que une a Rusia, Turquía e Irán, la cual no debería [felizmente] durar mucho más que las otras.

Siria e Irak sólo podrán vencer el terrorismo y recobrar la paz aceptando la formación de «gobiernos inclusivos» [léase, aceptando que al-Qaeda y el Emirato Islámico (Daesh) estén representados en sus gobiernos].

La única manera de poner fin a todo esto, para el conjunto de poblaciones del Medio Oriente ampliado, será una gran conferencia internacional en la que los occidentales decidirán el futuro de esas poblaciones, exactamente como en el Congreso de Viena –realizado en 1814– donde la Cuádruple Alianza decidió el futuro del resto del mundo.

Decididamente, a pesar del voto del Pueblo estadounidense y de la resistencia de los Pueblos árabes, los dirigentes europeos no cambiarán el rumbo. Sólo los Pueblos europeos podrán modificar el curso de los acontecimientos… sacándolos del poder.


________________

[1] Münchner Sicherheitskonferenz, sitio web oficial de la conferencia.

[2] «Querer regentar el mundo de manera unipolar es ilegítimo e inmoral», por Vladimir Putin, Red Voltaire, 11 de febrero de 2007.

[3] «Contra Donald Trump, la propaganda de guerra», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de febrero de 2017.


[5] «La OTAN suspende sus operaciones en Siria», Red Voltaire, 16 de febrero de 2017.

[6] «Alemania y la ONU contra Siria», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire, 28 de enero de 2016.

[7] «No order, no hegemon. The Middle East in flux», Volker Perthes, Security Challenges (Germany), Voltaire Network, 16 de febrero de 2017.

viernes, 17 de febrero de 2017

Trump: los negocios contra la guerra


Donald Trump inaugura el “Strategy and Policy Forum” en la Casa Blanca, el 3 de febrero de 2017.



Trump: los negocios contra la guerra
por Thierry Meyssan

Thierry Meyssan nos invita a que observemos a Donald Trump sin juzgarlo según los criterios de su predecesor sino tratando de entender su propia lógica. Y observa que el nuevo presidente estadounidense está tratando de restaurar la paz y de reactivar el comercio mundial, pero sobre una nueva base, totalmente diferente a la actual globalización.


RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 14 DE FEBRERO DE 2017 


Tratando de echar por tierra el poder que le precedió y que se aferra al control en contra suya, el presidente Donald Trump no puede conformar su administración apoyándose en la clase política ni en altos funcionarios. Por eso está recurriendo a nuevas personalidades, a empresarios como él, a pesar de los riesgos que eso implica.

Según la ideología puritana en boga desde la disolución de la Unión Soviética, es un crimen mezclar la política de un Estado con los negocios personales, razón por la cual se instauró una estricta separación entre ambas cosas. En siglos anteriores, por el contrario, la política no se abordaba bajo una perspectiva moral sino siguiendo el principio de la eficacia. En esos tiempos se consideraba normal asociar los empresarios a la política. El enriquecimiento personal de estos últimos se calificaba de «corrupción» sólo si se enriquecían en detrimento de la Nación, no cuando la desarrollaban.

En lo que concierne a sus relaciones con los Dos Grandes, el presidente Trump aborda el tema de Rusia en el plano político y el tema de China en el plano comercial. Por eso recurre a Rex Tillerson –el ex patrón de Exxon-Mobil–, amigo personal de Vladimir Putin, como secretario de Estado; y a Stephen Schwarzman –el mandamás de la firma de inversiones y capital Blackstone–, amigo personal del presidente Xi Jinping, nombrándolo presidente del nuevo órgano consultativo encargado de proponer la nueva política comercial estadounidense: el Foro Estratégico y Político (Strategy and Policy Forum), inaugurado personalmente por el presidente Trump en la Casa Blanca, el 3 de febrero [1]. Ese Foro reúne a 19 empresarios de muy alto nivel. Contrariamente a las prácticas anteriores, esos consejeros no fueron designados teniendo en cuenta si apoyaron o no al presidente en su campaña electoral, ni tampoco en función de las empresas que dirigen, del tamaño de estas o de su influencia. Sólo se tuvo en cuenta la capacidad personal de dirección de los seleccionados.

Rex Tillerson

Como director de ExxonMobil, Rex Tillerson concibió una forma de asociación con sus homólogos rusos. Gazprom y, posteriormente, Rosneft autorizaron a los estadounidenses a trabajar en Rusia, a condición de que los estadounidenses hicieran lo mismo autorizando esos consorcios a trabajar con ellos en otras partes del mundo. Los rusos cubrieron así un tercio de las operaciones de ExxonMobil en el Golfo de México, mientras que la transnacional estadounidense participó en el descubrimiento de un gigantesco campo de hidrocarburos en el Mar de Kara [2].

Fue ese éxito lo que le valió a Rex Tillerson recibir la Medalla de la Amistad de manos del presidente Vladimir Putin. Pero la prensa prefiere resaltar los vínculos personales que Tillerson estableció con el presidente ruso y con Igor Sechin, hombre de confianza de Putin.

A la cabeza de ExxonMobil, Tillerson se enfrentó a la familia Rockefeller, fundadora del emporio. Pero logró hacer valer su punto de vista y los Rockefeller comenzaron a vender sus acciones para abandonar la compañía [3].

Según los Rockefeller, el petróleo y el gas son recursos finitos, o sea limitados, que están a punto de agotarse –conforme a la teoría divulgada en los años 1970 por el Club de Roma. El uso de esos recursos provoca emisiones de carbono hacia la atmósfera y así da lugar al calentamiento climático del planeta –teoría difundida en los años 2000 por el GIEC y el ex vicepresidente demócrata estadounidense Al Gore [4]. Y es hora de pasar a fuentes renovables de energía.

Por el contrario, para Rex Tillerson, nada permite validar la idea de que los hidrocarburos son una especie de compost de detritus biológicos. Constantemente siguen apareciendo nuevos yacimientos en zonas donde no parecía que pudiese haber yacimientos y a profundidades cada vez mayores. Nada demuestra que los hidrocarburos vayan a agotarse en los próximos siglos. Nada prueba tampoco que el carbono proveniente de las actividades humanas sea la causa del cambio climático. Los dos bandos inmersos en ese debate han financiado un intenso cabildeo para convencer a los políticos que toman las decisiones porque ninguna de las dos partes dispone de un argumento determinante [5].

Pero los dos bandos también defienden, por otro lado, posiciones diametralmente opuestas en materia de política exterior. Es por eso que la lucha entre los Rockefeller y Tillerson tuvo un impacto en la política internacional. Veamos:

En 2005, los Rockefeller aconsejeron a Qatar –cuyos ingresos provienen de ExxonMobil– que apoyara a la Hermandad Musulmana. Después, en 2011, aconsejaron a Qatar que se implicara en la guerra contra Siria. Y Qatar dilapidó decenas de miles de millones de dólares en apoyo a los grupos yihadistas.

Tillerson, por el contrario, consideró que la guerra clandestina es buena para la política imperial, pero no hace avanzar los negocios. Desde la derrota de los Rockefeller, Qatar ha venido retirándose paulatinamente de la guerra y dedica sus gastos a los preparativos de la Copa Mundial de fútbol.

En todo caso, la administración Trump no ha tomado, hasta ahora, ninguna decisión sobre Rusia, exceptuando la abrogación de las sanciones adoptadas en reacción a una injerencia en la campaña electoral estadounidense, injerencia supuestamente observada por la CIA.

Stephen Schwarzman

El presidente Trump inicialmente incomodó a China al aceptar una llamada telefónica de la presidenta de Taiwán, a pesar del principio de «Una China, dos sistemas». Recientemente ofreció excusas al presidente Xi Jinping, deseándole calurosamente un «Feliz año del Gallo de Fuego».

Pero antes le hizo un regalo de lujo al anular la participación de Estados Unidos en el Tratado Transpacífico. Ese acuerdo, que ni siquiera estaba firmado aún, estaba concebido –como todo el conjunto de la globalización de los 15 últimos años– para excluir a China del poder de decisión.

El presidente Trump ha abierto un canal de negociación con las principales autoridades comerciales y financieras chinas, a través de los miembros de su Foro Estratégico y Político. Un 9,3% de la empresa de Stephen Schwarzman, Blackstone, pertenece desde 2007 al fondo soberano chino China Investment Corp. [6], cuyo director de aquella época, Lou Jiwei, es el actual ministro de Finanzas de la República Popular China.

Schwarzman es miembro del Consejo Consultativo de la Escuela de Economía y Gestión de la Universidad Tsinghua [7]. Y ese Consejo, bajo la presidencia del ex primer ministro Zhu Rongji, reúne en su seno a importantísimas personalidades chinas y occidentales. Basta con citar a Mary Barra, de General Motors; Jamie Dimon, de JPMorgan Chase; Doug McMillon, de Wal-Mart Stores; Elon Musk, de Tesla Motors; e Indra K. Nooyi, de PepsiCo; quienes además son ahora miembros del nuevo Foro Estratégico y Político de la Casa Blanca.

En un artículo anterior, indiqué que desde su encuentro con Jack Ma –de Alibaba e igualmente miembro del Consejo Consultativo de la Universidad Tsinghua–, Donald Trump se plantea la posibilidad de que Estados Unidos se incorpore al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (Asian Infraestructure Investment Bank o AIIB). Si esa posibilidad se concretara, Estados Unidos estaría iniciando una verdadera cooperación para desarrollar las «rutas de la seda», lo cual haría inútiles los conflictos en Ucrania y en Siria [8].

La cooperación a través del comercio


Desde la disolución de la URSS, la política de Estados Unidos se trazaba según la «doctrina Wolfowitz». Para garantizar que Estados Unidos fuese «el primero», las sucesivas administraciones no vacilaron en librar de manera consciente toda una serie de guerras que empobrecieron el país [9].

Por supuesto, ese empobrecimiento no fue para todos. Por eso se vio un conflicto intestino del capitalismo entre las empresas que se benefiaban con la guerra –actualmente BAE, Caterpillar, KKR, LafargeHolcim, Lockeed Martin, Raytheon, etc.– y las que sabían que podían beneficiarse con la paz.

La administración Trump pretende reactivar el desarrollo de Estados Unidos rompiendo con el ideal de ser «el primero» y fijando como objetivo ser «el mejor». Para eso hay que actuar rápido. Se necesitarán años para abrir las «rutas de la seda», aunque su construcción ya está ampliamente iniciada. Por consiguiente, Estados Unidos no tiene tiempo para ponerse a renegociar los grandes tratados comerciales multilaterales ya existentes. Tiene que concluir sin demora acuerdos bilaterales para que los contratos se apliquen de inmediato.

Consciente de que es extremadamente difícil convertir una economía de guerra en economía de paz, Donald Trump asoció a su Foro Estratégico y Político un empresario proveniente de una de las grandes firmas que podrían desarrollarse tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra:: Jim McNerney, de Boeing.

[1] “Remarks by President Trump in Strategy and Policy Forum”, The White House, 3 de febrero de 2017.
[2] «Rosneft exploitera le pétrole du golfe du Mexique », por Juliana Gortinskaïa, Оdnako (Rusia) , Réseau Voltaire, 8 de marzo de 2013.
[3] “The Rockefeller Family Fund vs. Exxon”, David Kaiser y Lee Wasserman, The New York Review of Books, 8 de diciembre de 2016.
[4] «1997-2010: La ecología financiera», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia) , Red Voltaire, 28 de abril de 2010.
[5] “Exxon Mobil Accuses the Rockefellers of a Climate Conspiracy”, John Schwartz, The New York Times, 21 de noviembre de 2016. “Rockefeller Foundations Enlist Journalism in ‘Moral’ Crusade Against ExxonMobil”, Ken Silverstein, The Observer, 16 de enero de 2017.
[6] Annual Report 2008, p. 40 & 56, The Blackstone Group.
[8] “The Geopolitics of American Global Decline”, Alfred McCoy, Tom Dispatch (Estados Unidos) , Voltaire Network, 22 de junio de 2015.
[9] La doctrina Wolfowitz se elaboró en el marco de la Defense Policy Guidance for the Fiscal Years 1994-1999. Aunque ese documento no ha sido desclasificado, su contenido fue revelado en el artículo «U.S. Strategy Plan Calls For Insuring No Rivals Develop», por Patrick E. Tyler, The New York Times, el 8 de marzo de 1992. Ese mismo diario publica largos pasajes del informe en la página 14: «Excerpts from Pentagon’s Plan: "Prevent the Re-Emergence of a New Rival"». Informaciones adicionales aparecen en «Keeping the U.S. First; Pentagon Would Preclude a Rival Superpower», por Barton Gellman, The Washington Post, 11 de marzo de 1992.

http://www.voltairenet.org/article195245.html

jueves, 26 de enero de 2017

Trump: ¡Basta ya con el 11 de septiembre!


¿RECONQUISTARÁN SU LIBERTAD LOS ESTADOUNIDENSES?
Trump: ¡Basta ya con el 11 de septiembre!
Por Thierry Meyssan

Negándose a revestir la misma casaca que sus predecesores, Donald Trump pronunció un discurso de investidura en el que criticó duramente el Sistema y anunció un cambio de paradigma. El nuevo presidente de Estados Unidos ha conformado su equipo de seguridad alrededor de 2 temas: la erradicación de Daesh y la oposición al 11 de septiembre. Con ello ilustra su intención de poner fin al proceso de globalización.

RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 25 DE ENERO DE 2017 


Donald Trump se convirtió en presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 2017. Aunque acababa de prestar juramento, y antes de que tuviese tiempo de hacer absolutamente nada, ni bueno ni malo, los patrocinadores de Hillary Clinton organizaron al día siguiente una gigantesca manifestación en Washington contra el nuevo presidente.

Demostrando que lo que está en juego no sólo concierne a Estados Unidos, manifestaciones idénticas tuvieron lugar en numerosos países, sobre todo en el Reino Unido. Por supuesto, los manifestantes no reaccionaban ante ningún acto en particular sino que se limitan a expresar su angustia. Muchos portaban carteles donde podía leerse simplemente: «Estoy aterrado».

Donald Trump, presentado por sus adversarios como un personaje voluble, carente de línea de conducta, ha dicho desde hace tiempo lo que quiere hacer. Comenzó mostrándolo y después lo dijo de manera simultáneamente alegórica y clara: quiere restituir al Pueblo estadounidense el Poder que le fue confiscado el 11 de septiembre de 2001 [1].

Ya antes de lanzarse en la carrera por la presidencia, Donald Trump trató de abrir el tema del Poder usurpado patrocinando el movimiento a favor de la verdad sobre el nacimiento del presidente Barack Obama [2]. Utilizando el testimonio de la abuela del presidente, y posteriormente el hecho que no existía ninguna huella de su nacimiento en los registros de Hawái, así como de las irregularidades de su certificado oficial, Donald Trump demostró que Barack Obama nació como súbdito de la Corona británica en Kenya. 

Sin embargo, durante la campaña electoral, cuando tuvo la impresión de que realmente podía ganar la elección, prefirió cerrar ese tema y evitó a partir de entonces todo tipo de provocación vinculada al presidente saliente. También puso fin a las alusiones sobre la diarquía del Poder y centró su mensaje en la usurpación del Poder real por una camarilla cuya cabeza visible es Hillary Clinton.

Sus posiciones, que parecen carecer de sentido desde la perpectiva de los bandos que tradicionalmente existen en Estados Unidos, ya sea en materia de política exterior –¿es intervencionista o aislacionista?– o de economía –¿está a favor del libre comercio o del proteccionismo?– son sin embargo límpidas para quienes sufren la usurpación del Poder [3]. 

Trump ha repetido constantemente, de manera lo suficientemente clara como para obtener el apoyo de sus conciudadanos pero de forma bastante alegórica… como para evitar el choque frontal, que todas las decisiones adoptadas desde el 11 de septiembre de 2001 fueron ilegítimas. Y eso nada tiene que ver con el antagonismo entre republicanos y demócratas ya que esas decisiones tuvieron el aval tanto del republicano George W. Bush como del demócrata Barack Obama. Pero sí tiene mucho que ver con una división civilizacional entre la casta que toleró las decisiones vinculadas al 11 de septiembre y quienes sufren las consecuencias de todo eso, entre los adeptos del Puritanismo del Mayflower y los defensores de la Libertad [4].

Al contrario de sus predecesores, Donald Trump escribió su discurso de investidura él mismo y lo centró en lo siguiente:

«La ceremonia de hoy tiene un sentido muy particular, porque no se trata solamente de transferir el poder de una administración a otra o de un partido a otro. (…) Lo verdaderamente importante no es quién tiene el poder en el gobierno sino el hecho que el gobierno esté en manos del pueblo estadounidense.» [5].

Los generales Michael Flynn, James Mattis y John Kelly.

Desde el primer día, y en contradicción con la tradición estadounidense, Donald Trump implantó un equipo de seguridad nacional que se compone de militares de alto nivel: los generales James Mattis, John Kelly y Michael Flynn. Aunque la prensa los presenta como un montón de personalidades designadas de manera incoherente y sin relación entre sí, ese equipo fue conformado con vista a recuperar el Poder confiscado por una facción del complejo militaro-industrial.

El general James Mattis, nuevo secretario de Defensa, fue confirmado por el Senado y prestó juramento de inmediato. Sus pares lo consideran un verdadero erudito y uno de los mejores estrategas de su generación. Durante la campaña electoral, fue contactado para que se nominara como candidato a la elección presidencial por el Partido Republicano. Después de un corto periodo de vacilación y luego de descubrir los entresijos de la política en Washington, Mattis se retiró sin dar explicaciones [6]. Su regreso, como miembro del equipo de Trump, ha sido acogido con entusiasmo en el seno de las fuerzas armadas, lo cual resulta especialmente importante dado el hecho que de cada 3 militares estadounidenses 2 votaron por Trump. Durante los 2 últimos años, el general Mattis trabajó como investigador en la Hoover Institution –un think-tank republicano con base en la universidad de Stanford. Estuvo realizando un estudio sobre las relaciones entre civiles y militares que demuestra su voluntad de poner las fuerzas armadas al servicio del Pueblo. 

A su llegada al Pentágono, Mattis hizo circular un corto Mémorandum donde afirma que «los militares y las agencias de inteligencia son los centinelas y guardianes de la Nación», frase cuyo objetivo es tanto aplacar el conflicto sobre Rusia surgido entre Trump y el director saliente de la CIA, John O. Brennan, como reorientar el trabajo de las fuerzas armadas hacia la defensa de la Nación, en vez de seguir persiguiendo la quimera imperial y de dedicarse a proteger los intereses de las transnacionales [7].

Dado que Mike Pompeo, nominado para el cargo de director de la CIA, estaba en espera de su confirmación por parte del Congreso, el ya presidente Donald Trump fue personalmente hasta la sede de la agencia. Entre todo lo que dijo, se las arregló para indicar claramente el rumbo: «erradicar el terrorismo islámico de la faz de la Tierra» [8]. Dio además la impresión de estar al tanto de los debates que durante los 4 últimos años han sacudido la CIA sobre la locura de apoyar al Emirato Islámico (Daesh); debates que por demás le costaron su puesto de director de la inteligencia militar al general Michael Flynn, quien ahora regresa como consejero de seguridad nacional. Trump no mencionó la polémica sobre una supuesta injerencia rusa en la campaña electoral, ni tampoco el papel de «agentes rusos» que la prensa atribuyó a su ex director de campaña, Paul Manafort, y a 2 de sus consejeros, Carter Page y Roger Stone. 

Al no estar presente Pompeo, el presidente no abordó el tema de la reforma estructural de la CIA. El Memorándum del general Mattis, la presencia del general Flynn junto al nuevo presidente y la manera como este último se refirió a Pompeo –quien fue un alumno brillante en la academia militar de West Point– dan la impresión de que este nuevo equipo tiene intenciones de poner a la CIA en la órbita del Pentágono más que en la del Departamento de Estado, opción tendiente a cortar las posibilidades de intervención de Hillary Clinton, quien aún goza de influencia en la secretaría que ocupó durante 4 años.

Donald Trump solicitó a unos 50 miembros de la administración Obama que se mantengan en sus puestos. Figuran entre esos responsables: 

el enviado especial ante la coalición anti-Daesh, Brett McGurk, 

el subsecretario del Tesoro a cargo de la lucha contra el finaciamiento del terrorismo, Adam Szubin; 

el director del Centro Nacional Antiterrorista, Nicholas J. Rasmussen; 

y el jefe del estado mayor particular de la Casa Blanca, Dab Kern. 

Ello indica que la Casa Blanca quiere disponer de inmediato de un equipo capaz de luchar contra el Emirato Islámico.

El general Joe Dunford, jefe del Estado Major Conjunto, anunció que está listo a presentar al presidente Trump diferentes opciones de ataque contra Daesh. Una de ellas consistiría en tomar la ciudad siria de Raqqa –actualmente bajo control de Daesh– utilizando un ejército de 23 000 mercenarios árabes, ya formados por el Pentágono. Dunford se hallaba el 16 de enero en París, donde presidió una reunión de jefes de estado mayor de los miembros de la coalición.

Independientemente de lo que decida, Donald Trump tendrá que tener en cuenta el hecho que la administración Obama entregó a Daesh grandes cantidades de armamento. Además, el Emirato Islámico dispone de una experiencia combativa que no tienen los nuevos mercenarios. Y antes de atacar Raqqa, Trump también tendrá que decidir lo que quiere hacer en Irak y en Siria.

El presidente Donald Trump nombró a la cabeza del Departamento de Seguridad de la Patria Homeland Security al general John Kelly, ya confirmado por el Senado y actualmente en funciones. Según la prensa estadounidense –fuente muy poco confiable y que se debe manejar con extrema precaución– este ex jefe del SouthCom fue seleccionado debido a su gran conocimiento sobre la frontera con México y todo lo relacionado con esta. Es posible…

Pero no hay que olvidar que el general John Kelly fue jefe adjunto del general Mattis en Irak. En 2003, estos dos generales entraron en conflicto con Paul Bremer, el jefe de la «Autoridad Provisional de la Coalición» –que, a pesar de lo que parece indicar su nombre, nunca dependió de la coalición sino de los hombres que organizaron el 11 de septiembre [9]. Los generales Mattis y Kelly también se opusieron a la guerra civil que John Negroponte organizó –creando el «Emirato Islámico en Irak», hoy convertido en Daesh– para desviar la resistencia iraquí de la lucha contra la ocupación estadounidense. Mattis y Kelly trataron, por el contrario, de reconocer a los jefes de las tribus del centro de Irak para evitar ser considerados como ocupantes. Para lograrlo se apoyaron en el jefe de la inteligencia militar estadounidense en Irak… el general Michael Flynn. Pero al final, los tres tuvieron que plegarse a las órdenes de la Casa Blanca, favorable al plan de guerra civil de Negroponte.

El general Michael Flynn es ahora consejero de seguridad nacional de Donald Trump, un cargo que no requiere la aprobación del Senado, razón por la cual Flynn entró en funciones de inmediato. En trabajos anteriores ya precisamos que Flynn es un defensor de Estados Unidos como Nación y el principal opositor al uso del terrorismo islámico por parte de la CIA [10].


Tratando por todos los medios de cuestionar la autoridad del general Flynn, Hillary Clinton y su director de campaña John Podesta hicieron correr el rumor de que él o su hijo, Michael Flynn Jr., son incapaces de ser discretos y que nos ayudaron a redactar un artículo sobre la reforma de la inteligencia estadounidense [11]. Y por si no bastara con esa acusación, utilizaron un tweet en el que Michael Flynn Jr. menciona uno de nuestros artículos para acusarlos a él y a su padre de «complotismo», o sea de querer aclarar los hechos del 11 de septiembre de 2001 [12].

Aunque la prensa estadounidense diga lo contrario, los generales Flynn, Mattis y Kelly se conocen desde hace mucho y están al servicio del mismo objetivo –lo cual no quiere decir que las relaciones serán siempre fáciles entre ellos. Sólo oficiales superiores de la envergadura de estos tres generales son capaces de ayudar al presidente Donald Trump a recuperar el Poder usurpado desde el 11 de septiembre de 2001. Para lograrlo tendrán que limpiar el Pentágono e incluso instituciones internacionales como la OTAN, la Unión Europea y hasta la ONU, en las que se han infiltrado los hombres del 11 de septiembre.

Los millones de personas que participaron en las manifestaciones contra el nuevo presidente de Estados Unidos tienen razón en querer expresar sus temores. Pero no porque el nuevo inquilino de la Casa Blanca sea misógino, racista y homófobo, lo cual no es, sino porque estamos aproximándonos al momento del desenlace y porque quienes usurparon el Poder en Estados Unidos pueden ser capaces de cualquier cosa para conservarlo.

Y ese enfrentamiento no tendrá lugar en el Medio Oriente ampliado sino en Occidente, sobre todo en Estados Unidos.


[1] L’Effroyable Imposture suivi de Le Pentagate, por Thierry Meyssan, Editions Demi-Lune, primera edición 2003.


[3] «15 años de crímenes», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 12 septiembre de 2016.

[4] «Estados Unidos, ¿se reforma o se desgarra?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 26 de octubre de 2016.

[5] «Discurso de investidura de Donald Trump», por Donald Trump, Red Voltaire, 21 de enero de 2017.

[6] «Mattis contra Trump», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire, 3 de mayo de 2016.

[7] “James Mattis Memo”, by James Mattis, Voltaire Network, 21 de enero de 2017.

[8] “Donald Trump at CIA Headquaters”, by Donald Trump, Voltaire Network, 21 de enero de 2017.

[9] «¿Quién gobierna Irak ?», por Thierry Meyssan, Intervención en la Conferencia Internacional de Solidaridad con la Resistencia Iraquí, Red Voltaire, 31 de mayo de 2005.

[10] «Michael T. Flynn y el islam», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire, 22 de noviembre de 2016.

[11] «La reforma del sistema de Inteligencia según el general Flynn», por Thierry Meyssan, Contralínea (México) , Red Voltaire, 27 de noviembre de 2016.

[12] «Podesta & Clinton versus Flynn », Red Voltaire, 18 enero de 2017.

http://www.voltairenet.org/article195040.html

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