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domingo, 8 de enero de 2017

“El Capital” de Marx, más actual que nunca



07-01-2017

Chile, un país fascinado por el fetichismo del dinero
“El Capital” de Marx, más actual que nunca
Punto Final

En 2017 conmemoraremos los 150 años de la publicación del primer tomo de El Capital, de Carlos Marx. Se trata de un hito mundial que no debe pasar inadvertido, entre otras razones porque la obra magna de Marx continúa siendo criterio ineludible a la hora de entender el tiempo en que vivimos. Con El Capital Marx logró el objetivo fundamental que se propuso: realizar una “crítica a la economía política”, entendida como aquellas relaciones de producción que involucran a las clases sociales. Se trata de una “crítica” en el sentido que Kant le da a este término: someter al juicio de la razón resolver, en lo posible, las distintas interpretaciones de un fenómeno. Y Marx propone su propia interpretación, que en estos 150 años ha obligado a derramar literalmente miles de litros y litros de tinta, tanto para intentar rebatirle, reinterpretarle o para reafirmar sus argumentos.

¿Puede haber, luego de tantos años, algo nuevo que decir sobre El Capital? Por supuesto, en tanto esta obra no es un punto de llegada, sino el inicio de un método. Marx no buscó dar respuesta a lo que describe en los dos primeros tomos de su obra. Las propuestas de salida sólo quedaron insinuadas y bosquejadas en el tomo III, que quedó inconcluso por su muerte. Por eso El Capital es ante todo una compleja lección de anatomía del capitalismo, y más ampliamente, de las relaciones políticas y cul s argumentos constituyen hipótesis de trabajo, no son dogmas ni creencias, sino líneas de investigación. De esa manera, si aplicamos algunos de los conceptos que acuña Marx en El Capital podríamos entender mejor una serie de procesos del Chile actual, que la ciencia económica y sociológica que normalmente se enseña en las Facultades no logra descifrar. Veamos algunos casos:

Vivimos bajo un “modo de producción ”: Para mucha gente, incluso gente muy bien formada, sólo hay una “economía”. Se habla de la opinión de los “economistas”, entendiendo por ello a los economistas ortodoxos, que asumen como natural e inevitable el mundo en que vivimos. No les importa cómo hemos llegado a este punto en la evolución económica. Sólo les interesa saber cómo funciona, y a partir de eso hacerla funcionar mejor, dentro de su propia lógica de funcionamiento. Pero Marx nos recuerda que existen muchos modos de producción que cambian y evolucionan históricamente. Y por lo tanto, la economía es fruto de relaciones de poder, de intereses de clases, de confrontaciones entre actores sociales que usan distintas tecnologías, formas de distribución e intercambio.

Marx nos diría que Chile ha devenido en lo que hoy es. No nació así. Por siglos fuimos la más pobre colonia española en América, mucho más pobre que Perú y Bolivia, ricas en minas de oro y plata. Pero esta pobre colonia podía producir trigo, cueros y alimentos para abastecer esos mercados más ricos. Paradojalmente, esta relación económica fue favoreciendo a la clase agrario-latifundista de nuestros fundos. Entusiasmados por esta nueva relación económica, nuestra oligarquía fraguó una alianza con el capital transnacional, especialmente el inglés, para arrebatar a nuestros vecinos del norte buena parte de su territorio y riquezas. Chile se estructuró entonces como una “mesa de tres patas”: una pata en la agricultura en el sur, otra pata en la minería en el norte y la última pata, en el sector financiero exportador en Santiago y Valparaíso. Poco a poco, en este baile empezó a emerger un actor nuevo: la industria. Un actor que reclamaba mercados protegidos para desarrollarse. Y para eso un Estado desarrollista, activo, fuerte. Al amparo de esa industria naciente fue surgiendo una clase obrera,distinta a la clase campesina y a los trabajadores mineros. La demanda social exigió entonces grandes reformas al orden tradicional, las que llegaron en plenitud entre 1970 y 1973. El golpe de Estado, por lo tanto, no fue sólo el golpe contra un gobierno. Fue la reacción de las patas tradicionales de la mesa chilena, que volvieron al ciclo inicial: mataron el ciclo industrializador, y volvieron a hacer de Chile un país exportador de recursos naturales. Un gran fundo, equipado con la última tecnología, pero con relaciones laborales propias del siglo XIX. A pesar del aparente “desarrollo”, para Marx el Chile de hoy no sería un país capitalista moderno. Inglaterra en el siglo XIX nos aventajaría por mucho. Somos un país extractivista, que mantiene una estructura social que no es plenamente “capitalista”, porque mantiene fuertes rasgos oligárquicos que le impiden entrar en los parámetros de la verdadera “modernidad”.

Nada se entiende en Chile sin la “acumulación originaria”: El Capital de Marx nos permite entender fenómenos que la economía ortodoxa no quiere ni mirar. Por ejemplo, ¿cuál es la raíz del conflicto entre el Estado de Chile y el pueblo mapuche? Los analistas funcionalistas dirían que es por la pobreza de unas comunidades atrasadas en el sur. Y ahí se quedan.Nunca explican cómo unas comunidades que hasta el siglo XIX eran riquísimas, porque controlaban millones de hectáreas en Argentina y Chile, se vieron reducidas a pequeñas parcelas de tierra pobrísima, al margen de toda posibilidad de crecer. Este proceso, que los historiadores chilenos llamaron “pacificación de La Araucanía” y los de Argentina “conquista del desierto”, Marx lo llama “acumulación originaria” y describe el ciclo por el cual se produce la desvinculación del productor de sus medios de producción, mediante la violencia, la conquista, la piratería y el robo.

Chile entero no se entiende en absoluto sin esos procesos de “acumulación originaria”, respecto a los pueblos indígenas en primer lugar, y luego a los nuevos habitantes de los demás territorios. Es lo que David Harvey llama la “acumulación por desposesión”, que consiste en el despojo violento de un bien común que pasa a ser una mercancía. Los ejemplos nos rodean: la educación y la salud que eran un servicio público, fueron arrebatados para convertirse en mercancías en los nuevos mercados de los servicios. Las pensiones, que no eran más que un mecanismo de solidaridad intergeneracional, se convirtieron en fondos especulativos, basados en el ahorro forzoso de los trabajadores, para alimentar a la industria financiera. Todo lo susceptible de ser apropiado, cercado, envuelto y comercializado, ha sido arrebatado a sus dueños originales para ser puesto a la venta. El desarrollo de todas las grandes fortunas de Chile sólo se puede explicar por esta acumulación originaria. Incluyendo la enorme privatización de recursos y empresas públicas entre 1973 y 1989, que pasó a ser patrimonio de capitales chilenos en alianza con las transnacionales.

Un país fascinado por el fetichismo del dinero y la mercancía: A los economistas funcionalistas y neoliberales les es imposible explicar un fenómeno que ocurre a cada instante ante sus ojos. ¿Cómo es posible que objetos y mercancías cuyo “valor de uso” es tan bajo, incrementen su “valor de cambio” hasta niveles absurdos, por razones inexplicables? Por ejemplo, producir en China un par de zapatillas Nike Air no supera los 1.800 pesos chilenos. Pero en nuestras multitiendas se venden a 45.000 pesos. ¿Qué es lo que realmente se está vendiendo ahí? ¿Un calzado o un fetiche mágico? Para Marx no hay duda: es un fetiche, en el sentido duro del término. Un fetiche es un objeto al que se le atribuyen poderes mágicos o sobrenaturales que benefician a su dueño o portador.

El comprador del fetiche Nike cree firmemente que al usarlas se le reconocerá de otra manera. Si es un joven poblador se le abrirán puertas cerradas en las mentes y corazones de quienes le observen. La mujer que compra un bolso Louis Vuitton cree entrar por un instante en un paraíso de elegancia, bienestar, admiración. El futbolista que compra el último Ferrari vive un éxtasis de autoestima increíble. Pero a los pocos días el poblador descubre que sus Nike no le eximen de la detención por sospecha, la señora descubre que el Louis Vuitton no le protege de los chismes de sus amigas y el futbolista se da cuenta que su nuevo auto no es más que alimento para los periodistas de farándula. Por lo tanto, los objetos anhelados pierden su poder mágico, y hay que volver a comprar otros que los sustituyan.

Marx se dio cuenta hace 150 años de algo que los economistas de hoy saben aprovechar muy bien, pero no saben explicar. Las mercancías no se consumen por su valor de uso sino por las características fetichistas que adquieren como valor de cambio, ya que bajo el capitalismo uno vale por lo que tiene, no por lo que es o lo que hace; lo cual lleva a que las personas se expresen por medio de sus posesiones. Chile es un país donde esta dinámica perversa ha llegado a niveles aberrantes. La prensa financiera informa que “el mercado del lujo en 2015 alcanzó los 500 millones de dólares de ventas en nuestro país”, y se espera que crezca un 53% entre 2016 y 2019. Es el mismo país donde el 10% más rico gana 26 veces más que el 10% más pobre.

Y la noción de plusvalía: Tal vez el concepto más integrador de toda El Capital es la idea de plusvalor, que Marx expone en su teoría del valor-trabajo. Sin ella no se entienden las relaciones de explotación bajo el capitalismo. Por años se dijo que este concepto estaba superado, que era necesario abandonarlo, pero inevitablemente, regresa a escena, corregido, matizado, pero igualmente real y concreto. El último testigo de su existencia es el famoso economista francés Thomas Piketty en su colosal obra El Capital en el siglo XXI , donde por sus propios cálculos y medios de investigación llega a formular lo que llama “la primera ley del capitalismo”. En qué consiste esta ley: Piketty resume esta idea en su fórmula r > g ,donde r representa la tasa media anual de rendimiento del capital (es decir, beneficios, dividendos, intereses y rentas) y g representa la tasa de crecimiento económico. En otras palabras, la riqueza acumulada crece más rápido que los ingresos del trabajo. Por tanto, los ricos se hacen más ricos, mientras todos los que dependen de los ingresos de su trabajo, quedan atrás. Es la renta del capitalista. Nada conceptualmente nuevo para Marx. Pero algo muy novedoso para toda la economía ortodoxa que no puede explicar el extraño residuo oculto que explica la desigualdad y la miseria, la extrema riqueza y la extrema pobreza bajo el reinado del capitalismo.

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 868, 6 de enero 2017.


Tomado de: 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=221357

lunes, 8 de agosto de 2016

Marxismo básico: distinguir entre valor y riqueza



Marxismo básico: distinguir entre valor y riqueza
Rolando Astarita

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En más de una oportunidad, dando clase en la UBA, me encontré con alumnos que están convencidos de que, de acuerdo a la teoría de Marx, la riqueza depende del valor producido. También muchos marxistas parecen participar de esta idea. Sin embargo, Marx (también Ricardo) es muy claro al distinguir entre valor y riqueza. De hecho, no encuentro que ninguna de las personas que confunden valor y riqueza, pueda citar algún pasaje de El Capital (o de los Principios de economía política y tributación) que diga que la riqueza depende del valor. ¿En dónde se origina entonces esta tesis, que se ha expandido en Argentina? Hasta donde alcanza mi conocimiento, el lío lo ha metido el profesor Juan Iñigo Carrera. Por ejemplo, escribe:

[…] el PBI a precios constantes se limita a reflejar de manera gruesa la evolución seguida por la producción material realizada en el país. Es, en el mejor de los casos, un indicador de la escala que tiene la producción de valores de uso en una economía. Pero, como sabemos, en las sociedades donde impera el modo de producción capitalista, la riqueza presenta una forma social general muy distinta a la de ser un mero cúmulo de valores de uso. Aquí, la riqueza tiene la forma social general de ser una masa de valor. O dicho más groseramente, nadie es más rico simplemente porque produzca más; su riqueza depende también del valor unitario relativo de lo que produzca. (¿Qué crisis?, Razón y Revolución, nº 9, 2002, pp. 3 y 4, énfasis añadido.)

Como puede verse, Iñigo Carrera afirma que la riqueza depende (en el sentido de identidad, esto es, si no se produce más valor, no hay más riqueza) del valor unitario relativo de lo que se produce. Considero que es un error pensar que esto pueda tener algo que ver con la teoría del valor trabajo. Veamos el asunto con algún detalle.

Valor de uso, riqueza y valor en Marx

Apenas iniciado el capítulo 1 de El Capital, Marx escribe: Los valores de uso constituyen el contenido material de la riqueza, sea cual sea la forma social de esta. En la forma de sociedad que hemos de examinar [donde predomina el modo de producción capitalista], son a su vez portadores materiales de valor de cambio (pp. 44-5, Siglo XXI). Dos cuestiones a remarcar: primero, los valores de uso son los que verdaderamente integran la riqueza material (además de El Capital, véase, por ejemplo, la Crítica del Programa de Gotha). En segundo lugar, el valor es la forma social que adquiere el valor de uso –o sea, la riqueza material- en la sociedad capitalista. Por eso, solo al precio de confundir contenido material y forma social se puede decir que la magnitud de la riqueza puede medirse por el valor.

La realidad es que la fuente de la riqueza material es tanto la naturaleza como el trabajo, en su carácter de trabajo concreto. Por eso dice Marx que el trabajo no es la fuente única de los valores de uso que produce, de la riqueza material (p. 53); también en Contribución a la crítica de la Economía Política: Es un error decir que el trabajo, en cuanto produce valores de uso, es la única fuente de la riqueza que ha producido, es decir, de la riqueza material (p. 19). En cambio, la fuente del valor es el trabajo en tanto trabajo abstracto, o sea, en tanto gasto humano de energía: Todo trabajo es, por un lado, gasto de fuerza humana de trabajo en sentido fisiológico, y es en esta condición de trabajo humano abstractamente humano, como constituye el valor de la mercancía (p. 57). Dicho de otra manera, el trabajo del sastre produce valor no en tanto trabajo sastreril (o sea, en su determinación material como actividad productiva) sino como trabajo abstracto general, el cual pertenece a un contexto social que no ha enhebrado el sastre (Contribución a la crítica de la Economía Política, Siglo XXI, p. 19).

Esta distinción entre trabajo concreto y trabajo abstracto permite, a su vez, entender que con el aumento de la productividad del trabajo se pueda incrementar la riqueza material, sin que aumente el valor. Lo explica Marx: […] supongamos que el trabajo necesario para la producción de una chaqueta se duplica, o bien que disminuye a la mitad. En el primero de los casos una chaqueta valdrá tanto como antes dos; en el segundo, dos de esas prendas valdrán lo que antes una… En sí y para sí, una cantidad mayor de valor de uso constituirá una riqueza material mayor; dos chaquetas, más riqueza que una. (…) No obstante, a la masa creciente de riqueza material puede corresponder una reducción simultánea de su magnitud de valor. Este movimiento antitético deriva del carácter bifacético del trabajo. Por eso, y en tanto la fuerza productiva es siempre fuerza productiva de trabajo útil, concreto, un cambio en la fuerza productiva del trabajo en nada afecta el trabajo representado en el valor (pp. 56-7; énfasis añadido). Por eso la riqueza real de la sociedad y la posibilidad de ampliar constantemente el proceso de su reproducción dependen de la productividad del trabajo y de las condiciones más o menos fecundas en que este se lleva a cabo (véase, por ejemplo, El Capital, t. 3, p. 1044).

Por otra parte, Marx se refiere al oro como la existencia material de la riqueza abstracta, o el representante material de la riqueza material (Contribución a la crítica de la Economía Política p. 113), en tanto es directamente convertible en el objeto de cualquier necesidad. Esto es, en su carácter metálico puro contiene, oculta, toda la riqueza material desplegada del mundo de las mercancías. Lo cual también significa que en la medida en que aumenta la productividad, y por ende baja el valor individual de las mercancías, aumenta la riqueza. Por ejemplo, supongamos que x cantidad de oro permite adquirir 2 A; supongamos luego que se duplica la productividad del trabajo aplicado a producir A, de manera que la misma cantidad x de oro permite adquirir ahora 4 A. El oro es convertible en mayor cantidad de objetos A, que constituyen la riqueza material. El incremento de la riqueza se ve entonces tanto en el aumento de la cantidad de valores de uso A, como en el poder de adquisición del oro.

Interludio: Ricardo sobre riqueza y valor, y Say

A pesar de que Ricardo no hizo el análisis del doble carácter del trabajo, distinguió sin embargo entre valor y riqueza. En los Principios de economía política y tributación, y en una formulación muy similar a la que vimos en Marx, escribe: […] la riqueza difiere esencialmente del valor, ya que este depende no de la abundancia sino de la facilidad o dificultad de la producción. El trabajo de un millón de hombres en la industria producirá siempre el mismo valor, pero no siempre la misma riqueza (p. 205). También: […] dos países que poseen precisamente la misma cantidad de todas las cosas necesarias y comodidades de vida son igualmente ricos, pero el valor de sus riquezas respectivas depende de la relativa facilidad o dificultad con que fueron producidas (Principios de economía política y tributación, FCE, p. 208).

La cuestión tiene, por supuesto, consecuencias sobre la teoría del valor, como observa Ricardo en crítica a Say. Es que si se mide la riqueza (o sea, la masa de valores de uso) por el valor, se debe concluir que la medida de la utilidad es el valor. Con lo cual llegaríamos a la tesis, que defendía Say, de que las cosas son valiosas en la medida en que tienen utilidad (véase Principios de economía política y tributación, pp. 209-210).

Marx sobre riqueza, valor y las contradicciones del capitalismo

La distinción entre valor y riqueza es esencial para comprender el carácter inherentemente contradictorio del desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo. Es que el medio –desarrollo de la producción de valores de uso- entra en constante conflicto con el objetivo, la valorización del capital (véase Marx, El Capital, t. 3, p. 321). Esto es, el valor de uso y el valor, se desarrollan de forma contradictoria. Pero es imposible entender la contradicción si se pone un signo igual entre los polos contradictorios. Y esta distinción entre producción de riqueza y generación de valor, a su vez, es esencial para entender el carácter antagónico de la producción capitalista: a medida que se desarrollan las fuerzas productivas se incrementa la acumulación de riqueza burguesa en un polo, y miseria, trabajo enajenado o embrutecedor, ignorancia, en el otro. Para ponerlo con un ejemplo, si el aumento de la fuerza productiva del trabajo permite duplicar la producción de A, y si ese incremento en bienes materiales va a parar a manos de la clase capitalista, habrá aumentado la distancia entre la riqueza apropiada por la clase capitalista en relación a la que posee la clase trabajadora, independientemente de que el valor de A haya bajado a la mitad. Es la base de la tesis de Marx sobre que, a medida que se desarrolla la acumulación capitalista aumenta la polarización social.

Es entonces en este sentido –esto es, de relación contradictoria– que se puede decir que la producción de riqueza depende del valor: si peligra, o no se produce, la valorización del capital, se frena y retrocede la producción de riqueza material. Pero eso no significa que la magnitud de la riqueza material (o sea, la producción de valores de uso) se mida por la producción de valor.

Estamos al nivel de los conceptos elementales. Por supuesto, muchas personas pueden discrepar con la teoría de Marx; pero en ese caso, hay que decirlo claramente, y no pretender hacer pasar gato por liebre, como reza el dicho. No hay forma de hacerle decir a El Capital El Capital que la riqueza se mide por la producción del valor. La lectura de cualquier texto –clásico, o no– exige un mínimo de rigurosidad.

Ya en una entrada anterior sostuve que en el fundamento de mis diferencias con el profesor está el concepto de valor: según Marx, el valor es una categoría social, no individual (véase aquí). Pero es un error todavía más básico, si se quiere, confundir valor y riqueza. Y lo más lamentable es que el error se ha instalado en muchos sectores de la izquierda, incluso más allá del marxismo.

Rolando Astarita

26 de julio de 2016

https://www.boltxe.eus/marxismo-basico-distinguir-valor-riqueza/

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