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lunes, 10 de abril de 2017

Irak y Siria: de las armas de destrucción masiva al gas sarín



10/04/2017 :: MEDIO ORIENTE


Irak y Siria: de las armas de destrucción masiva al gas sarín

¿Acaso estás de acuerdo con el asesinato de niños y población civil? ¿Apoyas a un tirano? ¿El mundo no estaría mejor sin Bashar Asad?

Como ya es costumbre, las disyuntivas que presentan los países que avalan el bombardeo de EEUU en Siria se fundamentan en un hecho controvertido. Nadie puede asegurar que el ataque con gas sarín fuera una verdad irrefutable, de allí que los medios de comunicación se curen en salud y antepongan la coletilla presunto ataque con gas sarín. El resto ya lo conocemos. La fuerza aérea del "régimen de Bashar Asad" bombardeó la población de Jan Sheijun.


La noticia saltó a los medios de comunicación mediante una nota divulgada por la agencia Reuters, citando como fuente fidedigna al Observatorio Sirio de Derechos Humanos, en manos de la Coalición Nacional de Fuerzas Opositoras, y el frente Al Nusra. A partir de ese momento cobró fuerza y se esparció por todo el mundo. Las fuerzas gubernamentales, se dice, habrían bombardeado con gas sarín a la población civil, causando centenares de heridos y decenas de muertos.

Pero un artículo publicado por Javier Benítez, citando a Juan Aguilar, experto internacionalista, ponía en duda tal hecho. Con un título llamativo: 'Ataque químico en Siria, estamos ante un montaje', se limitaba a describir las imágenes proporcionadas por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Mirando con detenimiento, dice, se puede ver que las personas que prestan socorro no llevan guantes ni trajes de protección, ni escafandras, elementos imprescindibles ante un ataque con gas sarín. Entre otras consecuencias, el gas sarín se pega a la piel, produce intoxicación y puede terminar causando la muerte. Sin protección, la exposición al gas sarín afectará a toda persona que estuviera a su alrededor.

Es posible que la intoxicación se haya producido por la presencia de cloro, componente habitual en los depósitos donde se fabrican o guardan armas químicas. Ello daría credibilidad al gobierno de Asad negando el uso de gas sarín y reconociendo que bombardeó un depósito de armamento químico, donde posiblemente se ocultara gas sarín.

Curiosamente, Seymour Hersh, periodista estadunidense, galardonado, entre otros, con el Premio Pulitzer y uno de los más respetados por la profesión, señaló en una entrevista publicada por la página web Conjugando Adjetivos, el 5 de febrero de 2016, lo siguiente: Hillary Clinton aprobó el envío de gas sarín a los rebeldes sirios. Según cuenta, la administración Obama buscó acusar al gobierno de Siria de realizar ataques con gas sarín para utilizarlo como excusa para invadir Siria. Igualmente, manifestó, Hillary Clinton había aprobado el suministro de armas químicas a los rebeldes sirios. La CIA y el M16 británico asumieron la misión, subraya Hersh, de trasladar las armas de los arsenales procedentes de Libia a Siria.

Nada de lo apuntado ha sido puesto sobre la mesa. Los medios de comunicación se han limitado a reproducir las afirmaciones de los rebeldes y dar por bueno el ataque de Donald Trump a la base militar de Shairet. Europa Occidental, la OTAN y los aliados fieles, Gran Bretaña, Francia, se han apresurado a dar el visto bueno a un ataque que vulnera todos los principios del derecho internacional.

Parece ser que cualquier duda razonable cae en el saco del maniqueísmo. Inmediatamente surgen los cuestionamientos. ¿Acaso estás de acuerdo con el asesinato de niños y población civil? ¿Apoyas a un tirano? ¿El mundo no estaría mejor sin Bashar Asad? Cualquier argumento en sentido contrario se desvanece en medio de un aluvión de insultos y la consabida descalificación.

Lo dicho me recuerda la campaña lanzada por EEUU para justificar la segunda invasión a Irak: la existencia de armas de destrucción masiva. Todos los informes realizados por científicos, analistas y comisiones señalaban su inexistencia. A pesar de las manifestaciones y de los millones de personas que en todo el mundo salieron a protestar bajo el grito de ¡No a la guerra!, desmontando tal afirmación, el trío de las Azores procedió a invadir Irak en nombre de la lucha contra el terrorismo internacional. Su argumento central era irrefutable: que Sadam Hussein y sus ejércitos tenían dichos arsenales.

No pasó mucho tiempo para que se demostrara la falsedad y la inexistencia de las armas de destrucción masiva. Pero ninguno de los conocidos como el trío de las Azores, Blair, Bush y Aznar, han asumido responsabilidades ni han sido juzgados por crímenes de guerra. Siguen defendiendo la invasión argumentando que Irak es un país seguro (sic).

Hoy se pretende hacer nuevamente lo mismo: ocultar la verdad a cambio de conseguir el objetivo final, que es invadir Siria bajo el pretexto de poseer arsenales, bombardear con armas químicas y gas sarín. El negocio será, como siempre, para las multinacionales. Ya se están frotando las manos y repartiéndose el botín.

La Jornada

Texto completo en: 

http://www.lahaine.org/irak-y-siria-de-las

sábado, 3 de septiembre de 2016

La información basura o el totalitarismo en la red


02/09/2016 :: MUNDO


La información basura o el totalitarismo en la red
En un reciente libro publicado por el grupo Ippolita, sus autores acuñan el concepto de informática de la dominación para expresar el nuevo totalitarismo de la red
Son muchas las novedades aparejadas al uso de Internet, entre otras, tener datos sobre cualquier cosa, la mayoría de las veces irrelevantes, tópicos o falsos. La superproducción de información puebla sus páginas. El llamado big data inunda la vida cotidiana: desde publicidad encubierta, experiencias místicas, terapias alternativas, métodos antiestrés, mejoramiento de la memoria, hasta consejos para adelgazar, restaurantes, etcétera. Hasta aquí nada nuevo. Pero a medida que profundizamos se abre un mundo siniestro y oscuro. El dato por el dato, acompañado de los inevitables me gusta o no me gusta, incluido el comentario sobre el comentarista, su vida privada, las descalificaciones mutuas, los chats, transforman la red en un basurero mundial en el cual se depositan las excrecencias.

Las múltiples aplicaciones y los aparatos que lo hacen posible (teléfonos móviles, portátiles, tablets) favorecen la producción de información irrelevante a escalas exponenciales. El voyerismo social se incrementa. Muchos confunden el significado de la información con opiniones personales. Son fotógrafos, reporteros, informadores. Un accidente de coche, una pelea callejera, un atasco de circulación, un beso furtivo, cualquier cosa puede ser objeto de filmación, comentario en red y más tarde mutar en un éxito 'viral'. Así logra relevancia y se recoge en los informativos de todo el mundo, en horas de máxima audiencia. Sin olvidar los comentarios en Twitter de quienes guardan anonimato con seudónimos peculiares como indignado furioso, revolucionario para siempre, Carlos Marx, anarquista confeso, socialdemócrata convencido, etcétera.

Por otro lado, entrar en Internet es abrir la ventana a cualquier tipo de datos mezclados entre lo riguroso, lo banal y fútil. Así, nos encontramos con descripciones sobre el uso de medicamentos, la calidad de un restaurante, el estreno de una obra de teatro, el servicio médico de un hospital, las condiciones de atención en las administraciones públicas, el estado de las cárceles, la justicia, la educación, la violencia de género, compras online, etcétera. En este maremágnum, las opiniones se multiplican y la circulación de basura copa todos los espacios. A este despropósito se le ha llamado democracia en red.

Una falsa democratización que pasa por el tamiz de las grandes empresas. Google, Amazon, Facebook, Twitter son quienes controlan y deciden. Realizan perfiles sicológicos donde emergen gustos, obsesiones, preferencias literarias, itinerarios de viajes. Si en algún momento usted consultó una agencia de viajes, recibirá ofertas para sus vacaciones, hoteles, horarios de tren, autobús y avión. Asimismo, si entró para verificar la disponibilidad de un libro, no podrá escapar a las ofertas literarias de las más variopintas. Esta plaga es difícil de combatir. No hay manera de bloquearlos, traspasan todos los límites del decoro.

Seguramente, muchos hemos utilizado Wikipedia para consultar fechas, hechos históricos o la secuencia de presidentes de un país. Su acceso soluciona problemas básicos y facilita información superficial. Es una herramienta útil, pero no sustituye el conocimiento ni la necesidad de corroborar lo expuesto. Sin embargo, se ha popularizado, dejando de lado otras fuentes, como la enciclopedia temática que solía adornar las estanterías de las casas más modestas, tanto como un diccionario. Su consulta era un goce. Su redacción estaba a cargo de especialistas, desde luego con carga ideológica y política. Pero ello formaba parte de la selección y posterior fijación de la información obtenida. Era una manera de articular la reflexión. El argumento, el relato, las evidencias, el lenguaje, las maneras de razonar, el método, las contradicciones, la refutación. Era una construcción destinada a favorecer la capacidad crítica del lector y realizar nuevas preguntas.

Una aventura del conocimiento.

Hoy, trabajos académicos, tesis de licenciatura, maestrías y doctorados están llenos de referencias a Wikipedia. Datos irrelevantes como fecha de nacimiento, premios obtenidos, escuela de pensamiento, grupo político o currículum profesional. No hay, y hablamos de un nivel de educación superior, citas a biografías contrastadas o autobiografías. Sea Darwin, Einstein, Marx, Keynes, Julio Cortázar, Borges, Juan Rulfo, todos terminan en Wikipedia. Eso sí, acompañados por cantantes pop, futbolistas, artistas y cuanto personaje accede a Wikipedia.

Buscar documentación en la web es válido y pedagógico. Estudios y trabajos se han digitalizado y están a disposición de los usuarios para ser leídos y compartidos, pero ello requiere una formación previa. Estar informado no es sinónimo de estar formado. Sin capacidad de seleccionar, fijar y construir pensamiento, los datos se trasforman en un arma para el control y la manipulación desde el poder.

La necesidad de compartir información acerca de amistades desconocidas, fechas de matrimonio, cumpleaños, novias o las declaraciones de actores, empresarios, deportistas, intelectuales, políticos y gente de la farándula no aporta nada, salvo hacer mucho ruido, desviar la atención y fortalecer el control del pensamiento. En un reciente libro publicado por el grupo Ippolita, Ídolos: ¿la red es libre y democrática?, ¡falso!, sus autores acuñan el concepto de informática de la dominación para expresar el nuevo totalitarismo de la red. La democracia no está en la red ni la red es democrática. De lo contrario, ¿por qué las grandes compañías que controlan los datos permiten su acceso gratis? Eso sí, a lo que les interesa.

La Jornada

Texto completo en: 

http://www.lahaine.org/la-informacion-basura-o-el

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