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viernes, 3 de febrero de 2017

Con el auténtico Comandante Chávez no hay quien pueda



Con el auténtico Comandante Chávez no hay quien pueda

03/02/2017

Lo que hoy se está viviendo en Latinoamérica y el Caribe no es solo una ofensiva política y económica neoliberal con el derivado de la instalación, por vías diversas, de gobiernos derechistas, sino que en realidad avanza a paso firme por el continente una gigantesca contrarrevolución cultural. No es de ahora sino que ya lleva años modelándose, y que puede provocar tanto o más daño que una embestida militar reaccionaria. Esta iniciativa deformante del pensamiento se cuela por todos los huecos que le ofrece el sistema y también aprovecha, claro está, las debilidades y carencias formativas de los propios ciudadanos y ciudadanas. A la cultura popular, liberadora y revolucionaria que puja por consolidarse allí donde pudo hacer pie en las últimas décadas, el aparato distorsionador y alienante manejado desde las entrañas mismas del pensamiento imperial, trata de oponerle (con una persistencia y continuidad apabullantes) un discurso disociador, anestesiante, plagado de mentiras. Para ello, utiliza dosis de meta-lenguaje que genera confusión, desencanto, desunión, parálisis, desmovilización. Todo vale para envilecer o desprestigiar cualquier avance anti colonial y antiimperialista en la región.

Ahora mismo, desde Colombia, la maquinaria audiovisual infectada por el anti-chavismo lleva adelante un nuevo ataque. Se trata de un nauseabundo serial denominado “El Comandante”, producido por Moisés Naim, pseudo escritor y periodista venezolano residente en Colombia, gran amigo de fundaciones estadounidenses y colaborador activo de medios de comunicación que abominan de la Revolución Bolivariana. Es así que este escuálido de la Cuarta República, sostiene un guión de 60 capítulos donde de lo que se trata es de destruir la digna historia de rebeldía encarada públicamente por el Comandante Hugo Chávez. Para ello, parte de vulgares anécdotas, historias distorsionadas y una endeblez argumental que provocarían risa si no tuviera como objetivo querer ensuciar a uno de los grandes del continente. En realidad, desde el aliciente de una inversión millonaria gestada en entre Nueva York, Miami y Bogotá, se busca destruir el legado de Chávez y todo lo que su ejemplo libertario significa para Latinoamérica y el mundo. Primero lo fueron matando lentamente hasta lograr su desaparición física aquel fatídico 5 de marzo de 2005, ahora tratan de volver a asesinarlo a través de intoxicar su verdadera historia.

Es importante recordad que Naim es un gran amigo de Alvaro Uribe Vélez y que en una entrevista televisiva a quien viene monitoreando desde hace años el narcotráfico y el paramilitarismo colombiano, ambos convinieron en que “Venezuela es una dictadura con votos”. Se comprende, Uribe odiaba y odia al Comandante del 4F, esa gesta que el pueblo venezolano celebra por estos días y que marcó el puntapié inicial de una gesta aún inacabada. Nunca pudo, el creador de los “falsos positivos” y la motosierra, desde su mediocridad y altanería facciosa llegarle a la suela de las botas a quien no sólo se convirtió en jefe de miles de militares patriotas sino que supo enamorar a millones para enrrumbarlos en el camino maravilloso de la Revolución. Uribe es una excrecencia del Imperio, y lo único que sabe hacer es generar terror y muerte a través de sus paracos de las “Autodefensas”. Naím, por su lado, es peón de esa estrategia que no sólo aborrece la paz en Colombia sino que ahora trata, desde la mentira televisiva, burlarse del bravo pueblo bolivariano.

En esta versión Obama-Trumpista o Uribe-Santista (seguro que no le disgusta al reciente Premio Nobel) de “El Comandante”, producida por la multinacional Sony Pictures, Naim no está solo en su enaltecimiento del rencor y el revanchismo “cultural”, sino que ha recibido importante apoyo económico desde Estados Unidos, donde un traidor a la Revolución y al propio Chávez se movió para conseguir dólares a fin de que el engendro televisivo saliera al aire. Se trata del militar y ex ministro de Alimentación y también de Transporte Acuático y Aéreo, Hebert García Plaza, al que el Vicepresidente Diosdado Cabello acusó de estar ligado a actividades de la CIA contra Venezuela.

Si faltara algo para el menú de la serie, es la presencia en el rol de Chávez del actor colombiano Andrés Parra, al que todos en la calle conocían hasta ahora como “Pablo Escobar”, asociándolo con el papel protagonista que tuvo en otra serie en la que sibilinamente se ensalzaba la vida del narco. No es casualidad que lo hayan elegido a Parra ya que en el plan de destrozar el mensaje revolucionario del Comandante del Movimiento Revolucionario Bolivariano 200 y de tantas otras patriadas, nada mejor que asociarlo con un asesino serial como Escobar.

De todas maneras, por más esfuerzo publicitario y gastadera de millones de dólares, lo que queda claro es que con Chávez no pudieron ni podrán. Su fuerza está en lo que hizo por los más humildes de su país pero también por los esfuerzos para rescatar la idea de la unidad nuestroamericana y caribeña. Eso no se borra de un día para el otro con falsas imitaciones. El estreno de la serie en Colombia, su plaza fuerte, donde la derechista RCN actuó de canal de emisión, fue un contundente fracaso. Quedó relegada al puesto 16 en las mediciones de audiencia, y los periodistas especializados se burlaron de la misma, expresando que si el primer capitulo “funcionó” de esa manera, cuando llegue al número 60 (altamente improbable) los espectadores se van a ver reducidos a un par de familiares de Parra y poco más.

Sin embargo, qué sirva esta provocación en el campo mediático-cultural para que quienes están al frente de los estamentos populares de la cultura revolucionaria (al margen de que la anquilosada burocracia oficial mueva sus caderas y actúe) deberán apelar urgentemente a crear productos que den la batalla en este frente. Como dijo el Presidente Nicolás Maduro, se hace necesario contar una y mil veces la verdad sobre Chávez, defender su legado y mostrarle a las nuevas generaciones que el Comandante es hijo de Bolívar, de Ezequiel Zamora y Guacaipuro y no de Santander ni la oligarquía mantuana.

sábado, 13 de agosto de 2016

Fidel, la llama con que siempre nos hemos iluminado

13/08/2016 


Fidel, la llama con que siempre nos hemos iluminado
Fidel lo repitió siempre, la medicina es tener conciencia revolucionaria y convicción de que se libra una batalla justa

Fidel, la estrella más roja del mapa latinoamericano y caribeño, esa enorme figura que supo hacer de la Revolución una posibilidad no lejana y a la vez logró transmitir esperanzas para que otros y otras en cualquier rincón del mundo pudieran alzarse contra las injusticias. Ese gigantesco corazón sensible en el que han cabido todas las tristezas de los más necesitados y también las alegrías por las pequeñas y grandes victorias conquistadas. En Fidel, digo, y en su forma de generar conciencia, formación, coraje y toda la audacia necesaria para conquistar el poder y no servirse del mismo, están concentrados todos los anhelos de quienes jamás se habrán de dar por vencidos en la lucha por un mundo diferente. Socialista, sin más aditamentos, al decir y el hacer del Comandante.

Justamente ahora, que la situación internacional no parece la más favorable para los pueblos y hay dudas sobre el futuro que le espera a la Humanidad, vale la pena buscar respuestas a la existencia de este inagotable referente del campo revolucionario que sigue dando lecciones de sabiduría y humildad.

¿Cuántos Fideles hay en este Fidel que en estos días cumple 90 años de muy vivida existencia? Seguramente que muchos. Tantos que no alcanza la memoria para evocarlo. Hay un Fidel -menos conocido-, que desde muy joven se puso en marcha para, en los claustros universitarios, comenzar un intenso camino de agitación que lo llevó pocos años después a militar activamente – haciendo honor a un internacionalismo al que luego abrazaría con pasión- contra el dictador dominicano Leónidas Trujillo.

Hay otro Fidel que se dio cuenta enseguida que todas las teorías del mundo no son suficientes si no se ejerce una práctica audaz e inteligente contra el autoritarismo, y junto con un puñado de valientes asaltó el Moncada, abriendo así un sendero que no se detendría más hasta la toma del poder, una meta imprescindible si se quiere hacer una Revolución con mayúsculas. Pero qué decir de ese Fidel, que con Raúl, el Che y otros tantos patriotas desembarcó del Granma, y cuando todo parecía venirse abajo, entre cadáveres de sus mejores hermanos y las balas del enemigo, contó los fusiles y se repitió varias veces, como para que lo oyeran los esbirros de la dictadura batistiana, que con esa decena de hombres que quedaban en pie, ganarían la batalla.

Del Fidel de Sierra Maestra habría mucho para contar. Él mismo lo ha hecho, con su estilo locuaz y sumamente descriptivo, en dos libros de lectura imprescindible para entender de qué se trató esa epopeya: “La contraofensiva estratégica” y “La victoria estratégica”.

Allí, en aquellas montañas victoriosas, apareció con toda claridad el Fidel combatiente, el estratega militar capaz de convertir en triunfo aplastante lo que minutos antes iba camino a convertirse en derrota, el Fidel compañero de sus compañeros, severo cuando se trataba de hacer que se cumplan sus órdenes, sabedor de que cualquier duda en un combate tan desigual como el que libraban, podía hacer capotar el proyecto revolucionario.

Pero también supimos en esos pocos años de batalla directa contra la soldadesca de Batista, de ese Fidel que respetaba la vida de sus enemigos una vez que eran capturados en combate, marcando de esa forma un territorio de humanidad, que en varias ocasiones provocó deserciones masivas entre los uniformados del régimen, y generó las bases para que pocos miles de rebeldes vencieran a un ejército regular y bien equipado de cien mil soldados, que contaban con tanques, aviones bombarderos, y la ayuda internacional de los imperios yanqui e inglés.

Después, cuando los barbudos felizmente marcharon victoriosos hacia La Habana, en aquellos días memorables del 59, comenzó a desarrollarse la vida de un Fidel que terminó asombrando al mundo. Revolucionario hasta la médula, liberó a su pueblo de la opresión y de la cultura gringa que lo asfixiaba, expropió y nacionalizó todo lo que antes era de cuatro magnates subordinados a la mafia norteamericana, y ejerció el internacionalismo con la misma potencia que antes había desarrollado para derrotar al tirano.

Codo a codo con el Che, no dudó de emprender una prolongada marcha para conquistar la por ahora pendiente segunda Independencia latinoamericana. Venció al Apartheid sudafricano, ayudó a liberar Angola, abrazó a Salvador Allende y apretó los puños de rabia, como pocos, cuando se enteró que su hermano Guevara caía en combate en Ñancahuazu.

Cuántos rebeldes del continente se sienten enormemente agradecidos por lo que hizo Cuba por ellos, cuántos luchadores por el socialismo no hubieran podido gestar múltiples hazañas en sus países sin la decisión solidaria y comprometida de Fidel y sus compañeros. La lista es extensa y a través de ella, Cuba y su Revolución fueron escribiendo páginas de dignidad imposibles de olvidar.

En esos años y en los venideros, Fidel debió multiplicarse, para que la Isla no se hundiera tras la caída del bloque socialista, para intervenir con clarividencia en temas de deuda externa, anunciando antes que ninguno, que la misma era impagable por ilegítima. También propuso soluciones para cuidar y defender el medio ambiente, o encarar gigantescas iniciativas en temas de educación y salud para su pueblo, que luego fueron y son derivadas de manera solidaria hacia el resto del mundo.

Sin embargo, la madre de toda las batallas fue la que libró Fidel, abrazado con su pueblo, contra el criminal bloqueo imperialista.

Medio siglo de obligadas carencias, que fueron derrotadas a punta de digno coraje y la convicción de que a las revoluciones verdaderas se le oponen miles de escollos. Para que semejante agresión no pueda salir airosa, Fidel lo repitió siempre, la medicina es tener conciencia revolucionaria y convicción de que se libra una batalla justa, forjar una inmensa unidad de los de abajo, y sacrificarse hasta las lágrimas.

“Después de Dios, Fidel”, dijo emocionado un agradecido ciudadano de Haití, al defender las misiones médicas y alfabetizadoras que el gobierno cubano derramó por todo el mundo, llegando allí donde nadie se atrevía. Eso es lo que en estos días todos los que agradecemos su necesaria vigencia tenemos la obligación de recordar cuando nombramos a Fidel. Nunca, pero nunca, nos falló.

Lo decimos desde la constatación de saber en que clase de mundo vivimos, donde la felonía, la corruptela, el transfuguismo y la claudicación se han convertido en moneda corriente. Frente a esas lacras, Fidel, Cuba, su pueblo, la vieja guardia y las jóvenes generaciones revolucionarias, siempre han mostrado que se puede. Que con voluntad política y conciencia revolucionaria no hay enemigo invencible.

Ahora, que el Comandante, ese mismo al que su pueblo llama cariñosamente “el caballo”, sigue galopando con tantas ansias de futuro, ahora que ese enemigo al que le soportó la mirada, a pesar de tenerlo a sólo 90 millas, simula acercarse y “flexibilizar relaciones” para seguir apretando la soga de formas diversas, ahora que ya no tenemos a Hugo Chávez espalda con espalda con Fidel, como amigo, hijo, hermano, compañero, ahora que el Imperio se lanza a la ofensiva en lo que sigue considerando su “patio trasero” y Cuba se nos aparece, como siempre, intacta, inabordable por sus enemigos que son los nuestros, ahora, cuando las reflexiones de Fidel en defensa de la vida contra la muerte son más que necesarias, es momento de detener la marcha por un instante, y reconocerle a este hombre excepcional todos sus méritos.

Decirle, sin rubores de ningún tipo, que lo queremos por todo lo hecho, y por todo lo que seguramente seguirá haciendo. No es cursilería, ni obsecuencia señalar esto, no somos ni una cosa ni la otra y sabemos de ambas por vivir en países donde se practican con desmesura, sólo se trata de hacer justicia con alguien al que desde que nos apareció la conciencia, siempre tuvimos de nuestro lado.

Por eso, cuando las dificultades nos apabullen, cuando creamos que nos estamos quedando sin fuerzas, cuando a veces nos falten respuestas, cuando la confusión reinante nos haga dudar sobre quién realmente es el enemigo, en esos momentos de oscuridad y desazón, volvamos a Fidel, a sus ideas, a su ética, a su audacia, a su coraje, a su lógica revolucionaria y empinémonos nuevamente en la maravillosa aventura de querer tomar los cielos por asalto.

Por muchos años más, Fidel. Para que nuestros enemigos sigan rabiando, y los de abajo y a la izquierda (como diría el Subcomandante Marcos) festejen con ganas tu noble y vital existencia.

Texto completo en: 

http://www.lahaine.org/fidel-la-llama-con-que

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