domingo, 16 de septiembre de 2018

Los Pueblos Hacen la Historia, las Revoluciones y su Propia Independencia



Real Palacio en la ciudad de Guatemala, donde se firmó el acta de Independencia en 1821 (Foto: Miguel Alfredo Álvarez Arévalo)

Los Pueblos Hacen la Historia, las Revoluciones y su Propia Independencia 

Revista Libre Pensamiento


El pasado histórico alumbra, mucho más de lo que a menudo se piensa, al presente histórico. No se debe obviar que en él se establecieron las bases firmes de lo que hoy se vive. De esta suerte, el segundo lleva en su ser las huellas indelebles de lo ya transcurrido en otras épocas. De ahí su importancia vital para comprender la contemporaneidad, sin que se niegue, con ello, que nuestra actualidad se alimenta también de sus propios acontecimientos y de la compleja trama de fenómenos que se están desenvolviendo ante nuestra mirada y que, forzosamente, habrán de observarse igualmente en el devenir. 

Preguntémonos: ¿las atrocidades que se registraron a partir de los mal llamados descubrimientos geográficos a fines del siglo XV, en África, Asia, Oceanía y América, no son acaso la base histórica de los no menos atroces que ahora asoman por doquier?

Entremos en materia. 

Para iniciar, hagamos un breve examen de dos de los puntos que contempla el Acta de Independencia de Centroamérica para ver, con relativa objetividad, lo que encierra su contenido.

Reza el primero de ellos: “Que siendo la Independencia del Gobierno Español la voluntad general del pueblo de Guatemala, sin perjuicio de lo que determine sobre ella, el Congreso que debe formarse, el Señor Jefe Político le mande publicar para prevenir las consecuencias, que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo

Enlazado estrechamente con lo anterior, aparece esto otro, el décimo punto: “Que la religión católica, que hemos profesado en los siglos anteriores, y profesaremos en los siglos sucesivos, se conserve pura e inalterable, manteniendo vivo el espíritu de religiosidad que ha distinguido siempre a Guatemala, respetando a los Ministros eclesiásticos, seculares y regulares, y protegiéndoles en sus personas y propiedades.[1]

En consecuencia, si hay algo que nunca debe relegarse es el hecho que la Independencia se proclamó desde arriba, porque los criollos centroamericanos, al igual que sus congéneres del resto del continente, deseaban evitar que la Independencia fuera el corolario de la lucha de las masas populares. La abolición del Régimen de Servidumbre en la Rusia zarista, en 1861, obedeció exactamente a lo mismo, al pánico que en los terratenientes ricos de este país provocaba la rebelión campesina que había encabezado Emiliano Pugachov, entre 1773 y 1775.

Existe entonces una ley histórica; a saber, hubo antes y después de la Independencia, hubo y hay en la actualidad, en todas partes del orbe, temor exacerbado a los de abajo por parte de los opresores, mismos que, ilusamente piensan que, con sus medidas excluyentes, pueden evitar lo ineludible, olvidándose de esta máxima de la vida y de Fidel: “Los pueblos son como volcanes se encienden solos”. 

El otro punto de la Independencia repara en la necesidad de mantener incólume los cimientos colonialistas de Centroamérica, confesando que se busca respetar “a los Ministros eclesiásticos, seculares y regulares”, brindando protección a “sus personas y propiedades”. Entonces, se dibuja acá, con nitidez, que quienes actúan en función de sí mismos, llámense élites eclesiásticas o seglares, no hacen más que reflejar, a cada instante, su naturaleza opresora, individualista, egocéntrica, inhumana.

La lucha entre anexionistas e independentistas (1821-1823)

Apenas proclamada la Independencia, los chapetones (personas procedentes, en este caso, sobre todo de España) y las fuerzas más acaudaladas de entre los criollos, anexaron Centroamérica al imperio mexicano de Agustín Iturbide (1783-1824). A fin de comprender las causas que condujeron a hecho semejante, resumiremos las consideraciones que aporta, al respecto, José Dolores Gámez:

- El apego al pasado que caracterizaba al partido tradicionalista o conservador, el cual se vio obligado por la presión de las masas, primero a tolerar la independencia; luego, a pronunciarse a favor de la república.

- Esta misma fuerza, siendo consciente de la inestabilidad de su dominación, sintiéndose amenazada por la muchedumbre que le inspiraba temor, decidió la anexión a México, pensando que, de esa forma, salvaguardaría sus privilegios.

- El otro partido, el de los criollos liberales (menos pudientes), se pronunciaba no en contra de la anexión en sí misma, sino en virtud de que identificaba su realización con la continuidad del dominio que sobre ellos ejercían los chapetones y los criollos serviles.[2]


Otra, muy distinta, fue la actitud asumida por las masas populares. Su lucha contra la anexión a México tuvo un carácter abiertamente clasista; es decir, que, de manera franca, el pueblo, mediante esa lucha, aspiraba a realizar sus propios intereses sobre todas las facciones de la clase dominante. Lo hacía de forma instintiva, espontánea. Pero la incapacidad de la clase dominante para defender la Independencia abonaba el terreno sobre el cual la necesidad de mantener el estatus de Nicaragua como Estado independiente, tendría en ellas la fuerza social que no sólo defendería este estatus sino que, además, buscaría como realizarlo plenamente.

De esta suerte, en Nicaragua, la anexión a México no sólo fue repudiada sino que generó una rebelión popular encabezada por Cleto Ordóñez, la cual adquirió la dimensión de un levantamiento de la multitud, de largos meses de duración. La rebelión de Ordóñez lanzó la consigna “se acabaron los dones”, pronunciándose, de esta suerte, contra los elementos más acaudalados de Granada. Mas las cosas fueron más allá de un simple lema. Se actuó directamente en favor del pueblo y en contra de aquéllos, como apunta Carlos Fonseca Amador: 

-Los rebeldes arrancaron los escudos nobiliarios de las casas de los ricos y los destruyeron.

- Los habitantes de los barrios populares y comarcas rurales bajaron a expropiar los productos de los almacenes pertenecientes a los principales comerciantes.

- De las despensas de los ricos se extrajeron viandas y vino y, en las calles, se sirvieron comilonas para la multitud.

Todo ello evidencia claramente el sentido clasista de la rebelión encabezada por Ordóñez en la ciudad de Granada en 1822.[3]

El levantamiento de Ordóñez contra la anexión a México fue en Nicaragua el más relevante, pero no el único. Poco antes del mismo, también durante ese año, en León un grupo de artesanos de Sutiaba y varios estudiantes asaltaron y se apoderaron del cuartel de la compañía provincial. Este movimiento perseguía, al parecer “... llevar a cabo el movimiento popular... [que] el pueblo se reuniera en cabildo abierto y pudiera ejercer el mismo las atribuciones del poder y proceder a elegir una junta de once individuos que ejercieran todas las funciones del mando”.[4]

EEUU se opuso a Independencia de América Latina y Caribeña, como hoy se opone a su Autodeterminación

Aunque oficialmente EEUU proclamó su neutralidad ante la guerra de las colonias latinoamericanas por su independencia de España, en los hechos se convirtió en su cómplice. Sustentamos esta afirmación con lo siguiente: 

Bolívar y un emisario estadounidense, Irving, sostuvieron una correspondencia con motivo de dos barcos estadounidenses detenidos por Venezuela debido a que, en ellos, habían transportado armas para los españoles. La protesta venezolana, no obstante, no detuvo el envío de armas a los colonialistas, que se mantuvo hasta el fin de la guerra. Todo porque EEUU se oponía a la liberación de las colonias americanas de España; tratando, de esta suerte, de impedir que sus vecinos pudieran convertirse en estados fuertes e independientes. De ahí que advirtiera a Bolívar que no consentiría un desembarco en Cuba y Puerto Rico que pudiera librarlos del dominio colonial.[5]

No en vano Bolívar se opuso a que en el Congreso Anfictiónico  de Panamá, instalado entre el 22 de junio y el 15 de julio de 1826, se invitara a EEUU...



[2] Gámez, José Dolores. Historia Moderna de Nicaragua. Complemento a mi Historia de Nicaragua. Colección Cultural Banco de América. Serie Histórica Nº 7, Nicaragua, 1975. p. 113-114.
[3] Fonseca, Carlos.  Viva Sandino.  DEPEP-FSLN, 1984. pp. 18-20.
[4] Wheelock Román, Jaime. Raíces Indígenas de la Lucha Anticolonialista en Nicaragua. Editorial Nueva Nicaragua, Managua 1985. p. 331.
[5] Volski, Víctor. “La hazaña de Bolívar”. En: Venezuela: Desde Bolívar hasta nuestros días. Tomo I. Redacción de “Ciencias Sociales Contemporáneas”, Academia de Ciencias de la URSS. Moscú 1983. pp. 32-50.

1 comentario:

  1. ES LAMENTABLE COMO LA FALTA DE VISIÓN DE NUESTROS ANTEPASADO POLITICOS PERMITIERON QUE ESTE MÉXICO FUERA UNO DE LOS MAS GRANDES DEL MUNDO, LA AMBICION, LA ANAQUIA Y OTROS GRANDES DEFECTOS DE LOS MEXICANOS HEMOS REDUCIDO ESTE TERRITORIO A UNA CUARTA PARTE DE LO QUE DEBIÓ SER, Y ESTO NO SE ACABA EN ESTE PERIODO ES POSIBLE HACER PERDIDO MAS TERRITORIO, QUE PASO CON LOS MEXICANOS ODIAN SU PAIS, NO LO DEFIENDEN POLÍTICAMENTE, SE DEJAN COMPRAR POR UNOS CUANTOS DOLARES, MEXICANOS APRENDAMOS DE LAS LECCIONES DEL PASADO ESTA PATRIA ES NUESTRA VIDA, PROTEGERLA DE LOS TRAIDORES Y CODICIOSOS POLITICOS.

    ResponderEliminar